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martes, 4 de junio de 2024

LA ABSURDA GUERRA DE ESPAÑA CONTRA MEDIA SUDAMERICA



La pelea de bar que desencadenó la guerra más absurda de la historia de España

Se trata de una de las campañas militares más inexplicables de la historia, donde el honor, la influencia sobre las colonias y el guano parecen ser los detonantes más importantes


Por Álvaro Hermida



El siglo XIX en España fue un auténtico galimatías. Cierto es que en todos los siglos, en todos los países de la tierra han ocurrido cosas, muchas, más o menos importantes. Lo mismo se aplica a la historia de nuestro país, pero el XIX se lleva, con creces, todos los premios a la época más convulsa: guerras de independencia, constituciones, reyes odiados (y, al mismo tiempo, inexplicablemente deseados), regentes, espadones, repúblicas, pérdida de las colonias, pronunciamientos (en enorme cantidad), leyes sálicas y sus consiguientes guerras civiles... Vamos, un siglo en nuestra historia con más conflicto que una partida de Risk. Pero uno de los eventos que menos se estudian en los institutos españoles, además de porque el temario del siglo XIX ya es bastante extenso, tal y como es, por su final irrelevancia histórica, fue la Guerra Hispano-Sudamericana que tuvo lugar entre los años 1865 y 1866 (aunque el armisticio no se firmó hasta 1871 y la última paz no llegó hasta más de una década después, en 1885). "Esta humillación fue demasiado para Pareja, que se suicidó a bordo de su buque insignia, el Villa de Madrid, dos días después" Las causas de este conflicto armado están, todavía a día de hoy, poco claras. 


Según reputados historiadores como el contralmirante de la Armada Española, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia, Julio Guillén Tato, "la campaña del Pacífico (1863-66), por los continuos errores de uno y otro bando, desembocó en una guerra estúpida, de la que un historiador nuestro afirma que fue sin objeto ni objetivos y que nadie pone en claro de qué modo empezó".


Pero la situación no estalló porque sí. Según explica el historiador Spencer C. Tucker en un libro, durante la década de los años 50 del siglo XIX el gobierno de Isabel II aumentó mucho el gasto militar español, con el objetivo de revitalizar una fuerzas armadas muy deterioradas después de las sucesivas guerras de independencia de las colonias americanas a principios del siglo XIX. Del mismo modo, Tucker explica que a finales de 1862, España mandó una expedición 'científica' (aunque tremendamente armada) a las aguas del Pacífico sudamericano que, en realidad, tenía el objetivo de ayudar a los ciudadanos españoles que todavía continuaban viviendo en América.


El comandante de la expedición era un Almirante perteneciente a una de las estirpes marineras más famosas del mundo, Luis Hernández-Pinzón Álvarez, descendiente directo (explica Tucker) de los tres hermanos Pinzón, naturales de Palos de la Frontera (Huelva), que acompañaron a Colón en el descubrimiento de América. 


La primera parada en la expedición española fue el puerto de Valparaíso, en las costas chilenas donde, cuenta el historiador, fueron recibidos amigablemente tanto por la población local como por las autoridades, dado que España mantenía buenas relaciones diplomáticas con Chile desde que reconociera su independencia a principios de los años 40 del siglo XIX. Tras llegar a Valparaíso el 18 de abril, la expedición volvió a zarpar hacia el norte en Julio, llegando ese mismo mes a Callao, en Perú. A pesar de que todavía el Gobierno Español no reconocía la independencia de Perú, el recibimiento fue igualmente amistoso, zarpando poco después en dirección a San Francisco, en California en Estados Unidos.


La historia 'oficial', según explicaba en un artículo el historiador y escritor Rodolfo Aguado Cantero, dice que el 4 de agosto de 1863 "el colono español Marcial Miner y el hacendado peruano Manuel Salcedo se vieron envueltos en un pleito". Al parecer, en la Hacienda Talambo, en la población de Lambayeque en Perú. Tras sentirse ofendido, Salcedo mandó apresar a Miner, que se encontraba con otros colonos españoles. El mayordomo de la hacienda, "acompañado por varios peones armados", asaltó al grupo español. Esto desembocó en una trifulca en la que se desenfundaron pistolas y murieron, según el historiador, un ciudadano español y un peruano. Después de que la policía apresara a los involucrados, "los jueces peruanos absolvieron a Salcedo". 



En noviembre, mientras todavía navegaba dirección norte hacia California, las noticias del incidente llegaron a Pinzón, que dio media vuelta el día 13, regresando a Perú y reclamando al Gobierno peruano una disculpa además de una compensación a los ciudadanos españoles afectados. El Gobierno del país sudamericano consideró que se trataba de un asunto completamente interno, y que debía quedar en manos de la justicia y de la policía peruanas, así que se negó a ofrecer ningún tipo de disculpa. Después de que estas noticias alcanzaran Madrid, el Gobierno español decidió, no solo apoyar las reclamaciones del Almirante español, sino reclamar a Perú compensaciones pendientes por la Guerra de Independencia y enviar a un representante español a Lima para negociar directamente con el gobierno peruano. 


El hispanista británico Raymond Carr lo definió así: "La guerra con Chile y Perú... fue estúpida por sí misma" La situación se tensó más, explica el historiador peruano Fabián Novak Talavera, porque el enviado español, Eusebio Salazar y Mazarredo, llegó a Perú en marzo de 1864 con el título oficial de 'comisario especial y extraordinario de la reina' y no como embajador. Esto tiene especial relevancia dado que los comisarios eran representantes para las colonias, no para países independientes. Las negociaciones, como cabía esperar, se fueron rápidamente al traste. El 14 de abril, dada la negativa de Perú al pago de cualquier tipo de compensación, la flota española invadió las islas Chincha, 92 yermas hectáreas situadas a 20 kilómetros del continente. 


En ella desembarcaron un total de 400 infantes de marina, que tomaron el control absoluto del territorio, apresaron, como explica Novak, al gobernador local, Ramón Valle Riestra, e izaron la bandera española. ¿Pero por qué tres pequeños islotes en los que no crece ni una sola brizna de hierba podían suponer una medida estratégica efectiva? Porque estaba llena, a rebosar, de excrementos de ave.


Hasta que en la primera década del siglo XX el químico alemán y ganador del Premio Nobel, Fritz Haber (caído luego en desgracia por ayudar a inventar y promover el uso del Gas Mostaza en la primera guerra mundial y ser, además, uno de los responsables —se inventó en su instituto— de la creación del Zyklon B, el gas que los nazis usaron para ejecutar a millones de personas) inventase un procedimiento para producir amoníaco directamente del aire (compuesto en un 78% por nitrógeno), la única forma, realmente viable de fertilizar los campos del planeta era el guano o, dicho de otro modo, los excrementos de aves, principalmente marinas, acumulados en las rocas de zonas costeras o de islas. En estos lugares las heces, ricas en nitrógeno, se solidifican y se acumulan, lo que posibilita su minado y posterior comercialización. A mediados del siglo XIX, las Islas Chincha suponían más del 60% de todos los ingresos de Perú. 


Este no fue un golpe nada suave. Al mismo tiempo, la flota española bloqueó todos los puertos peruanos: la victoria estaba asegurada. Pero, cuando estas acciones militares llegaron a oídos del nuevo presidente del Consejo de Ministros de España, Ramón María Narváez, el Gobierno español decidió sustituir a Pinzón por el vicealmirante Juan Manuel Pareja, nacido en Perú, creyendo que esto aliviaría tensiones. A pesar de esto, Narváez hizo lo que se conoce como 'dar una de cal y otra de arena' pues al mismo tiempo mandó cuatro fragatas más para reforzar el grupo naval español. Esto terminó de firmar el (temporal) éxito español en el conflicto, dado que tras la llegada de Pareja en diciembre, tras un mes de negociaciones, se firmó la paz el 27 de enero, aceptando Perú las reclamaciones españolas.


Esto, a su vez, tuvo repercusiones políticas en el país sudamericano, que consideraba la paz una afrenta a su honor nacional. El Congreso se negó a ratificar el tratado y el Gobierno de Juan Antonio Pezet, el presidente peruano, cayó el día 7 de noviembre de ese año. 


Pero España parecía tener ganas de más. Los beligerantes actos de la Armada Española no pasaron desapercibidos para nuestras antiguas colonias, especialmente para Chile, Bolivia y Ecuador, que tenían la impresión (posiblemente justificada) de que España intentaba restablecer el Imperio. Esto provocó que cuando la cañonera Vencedora, una de las embarcaciones de la flota española, atracó en el puerto de Lota para llenar sus reservas de carbón, el gobierno chileno se lo negó, alegando que esta materia prima estaba considerada un recurso de guerra y que no debía vendérsele a un país beligerante. 


Esto, sumado a la salida desde el puerto de Valparaíso de dos embarcaciones militares peruanas que cargaban armas y voluntarios chilenos, llevó a pensar a España que Chile ya no se trataba de un país neutral en el conflicto. Pareja reclamó a Chile compensaciones, explica Fabián Novak, "incluso mayores que las que le había reclamado a Perú". Para terminar de forzar la situación, Pareja entró en el puerto de Valparaíso a bordo del buque insignia español Villa de Madrid el 17 de septiembre de 1865, un día antes del Día Nacional de Chile (ligado a su proceso de independencia) y, como explica el historiador Robert N. Burr, "reclamó 21 salvas de artillería como saludo". El gobierno chileno rechazó la petición y la guerra le fue declarada a Chile una semana después, el día 24.


El 'nuevo' presidente del Consejo de Ministros de España (oh, sorpresa: ya habíamos dicho que el XIX en España fue, cuanto menos, convulso), Leopoldo O'Donnell, ordenó a Pareja retirarse, pero el Vicealmirante desoyó la orden directa. Dada la carencia de fuerzas de invasión, Pareja ordenó un bloqueo de los principales puertos chilenos, lo que conllevó un grave impacto económico, tanto para Chile como para otras potencias como EEUU o Reino Unido, que emitieron protestas formales al Gobierno Español. 


Pero la autoridad de Pareja estaba a punto de llegar a su fin. En el mes de noviembre una corbeta chilena capturó la goleta española Covadonga, arrestando a los marineros españoles y apropiándose de la correspondencia de guerra del Almirante español. El historiador estadounidense Bruce W. Farcay escribe que "esta humillación fue demasiado para Pareja, que se suicidó a bordo del Villa de Madrid dos días después". EL mandó pasó al capitán de navío Casto Méndez Núñez, que fue ascendido a contraalmirante inmediatamente.


Estas acciones de guerra forzaron la mano de Perú, Ecuador y Bolivia, que también entraron en guerra con España, llevando a cabo algunas escaramuzas que no llevaron a nada como la Batalla de Abtao, donde se enfrentaron las flotas conjuntas de Perú y Chile contra la Armada española. Este enfrentamiento, debido a las poco profundas aguas, tuvo lugar a tal distancia que la artillería se consideró inefectiva y el almirantazgo español consideró que la pérdida de munición y otros recursos no valía la pena. La única acción 'militar' efectiva tuvo lugar en el puerto de Valparaíso en Chile. Dada la imposibilidad de desembarcar tropas y con los recursos disminuyendo día a día, Méndez Núñez ordenó represaliar a los puertos de la alianza sudamericana. 


Quien se llevó la peor parte fue el puerto de la ciudad mencionada el 31 de marzo de 1866. La artillería naval española, según se explica en este artículo bombardeó con fiereza el puerto, destruyendo toda la flota mercante chilena que allí estaba atracada. En total 33 navíos fueron hundidos. Esto supuso la práctica desaparición de la marina mercante chilena que, 12 años después todavía no era ni la mitad de grande que en 1865.





A pesar de que Méndez Núñez intentó llevar a cabo algunas acciones más (como la Batalla de Callao el 2 de mayo de 1966), todas infructuosas. El hecho de tener todos los puertos al sur de Colombia cerrados y la consiguiente escasez de municiones y recursos, forzó la retirada de las tropas estacionadas en las islas Chincha y la vuelta a casa de la flota española. A pesar de que ni Colombia, ni Argentina ni Brasil habían entrado en la guerra (dado que tenían su propio conflicto militar con Paraguay), el almirante español ordenó poner rumbo a las Filipinas (todavía una colonia española) regresando a la Península tras realizar una circunnavegación del globo. Como escribió el hispanista británico Raymond Carr, "la guerra con Chile y Perú... fue estúpida por sí misma". España no obtuvo ningún tipo de beneficio, mientras que Perú alcanzó (no de manera oficial hasta unos años después, pero sí práctica) su independencia, mientras que Chile aumentó considerablemente su gasto militar (que utilizó en la Guerra del Pacífico, que lo enfrentó a sus antiguos aliados, Perú y Bolivia). 


La situación política en España era pésima. Isabel II destituyó a O'Donnell tras la sublevación del cuartel de San Gil en junio de 1866 nombrando a Narváez (oh, sorpresa) nuevo presidente del Consejo de Ministros. En efecto, el siglo XIX en España fue, en muchos sentidos, un total despropósito.



Nota de dp: El contexto general y sus consecuencias.


Chile ambicionaba la conquista de gran parte de las Islas de Polinesia, por aquel entonces independientes por completo. Debido a esta guerra con España tuvo que centrar sus escaso recursos en esta, dejando de lado sus pretensiones globales en el Pacífico Sur hasta otro momento.

Ante esta "vía libre" oceánica, Francia decidió apropiarse de casi todas las islas, que hoy constituyen el Departamento de Ultramar de la Polinesia Francesa, con los grandes tesoros naturales de Tahití y Bora Bora, y los Atolones (islas) naturales que le sirvieron para probar sus bombas atómicas en décadas posteriores, entre otros.

Tremendo error de objetivos nacionales por parte de los chilenos, solo compensado en parte con la anexión de la Isla de Pascua, casi dos décadas después.


Pero no fue único error. A los pocos años Chile se sumerge en una guerra contra sus ex aliados Perú y Bolivia, bajo el pretexto de la explotación del guano también (si bien con el paso del tiempo comienzan a explotar los ricos yacimientos de cobre del norte del país, cosa, que constituye al día de hoy, la mayor fuente de riqueza chilena).

En es momento, aprovechando la nueva "distracción" chilena, la Argentina decide emprender la ocupación de la Patagonia (1879), por entonces sin dominación concreta por parte de nadie, perdiendo de esta forma definitivamente la posibilidad de reclamar este inmenso territorio, sin disparar un solo tiro.


El guano que lograron "conquistar" en el norte dejo de tener uso comercial por haberse logrado la fabricación industrial de fertilizantes.

Otro tremendo error geopolítico que repercute al día de hoy. Todo por no tener en claro sus prioridades y deseos nacionales.



Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-08-11/guerra-hispano-sudamericana-guano_3471658/




dp 





martes, 18 de mayo de 2021

FIEBRE DEL CAUCHO




La codicia del hombre blanco en busca del caucho se llevó la vida de miles de indios y mestizos en la selva amazónica. En los laberintos del río Putumayo, en la selva colombiana, la tribu de los huitotos fue prácticamente exterminada… Los supervivientes fueron sometidos a un sistema esclavista donde la violación de los Derechos Humanos era constante e insufrible. La sangre de estas víctimas dio lugar a juicios e informes que todavía hoy escuecen en el recuerdo. Los `señores del cauchohan pasado a la historia como auténticos genocidas.


Por Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS


Un episodio especialmente terrible de esta fiebre fue el exterminio de los indios huitoto, en el río Putumayo (Colombia). Un censo del año 1849 estimaba la población de «racionales» -como se designaba a los funcionarios, comerciantes y colonos- de esta región en 242 personas. Los indios «civilizados», es decir aquellos en alguna forma influidos por las misiones católicas, eran 16.549. El resto del territorio estaba habitado por gentes que los censos describían de forma etnocéntrica como «salvajes», «antropófagos» e «irracionales», grupos que vagaban por el bosque y cuyo número se desconocía. Esos fueron las principales víctimas de la codicia de los “señores del caucho”.

Uno de ellos fue uno de los comerciantes más afamados de Iquitos, Julio César Arana, “el socio de Dios”, que llegó a superar en crueldad a su contemporáneo Fitzarraldo, en su afán de riqueza. En 1901, Arana entró en negocios con algunos caucheros colombianos de la Colonia Indiana (La Chorrera) para explotar el caucho. Arana había conocido años atrás el Putumayo, negociando y transportando el caucho hacia Iquitos y Manaos. En 1904 contrató a doscientos guardianes negros de las islas Barbados -entonces colonia británica- y se internó con ellos en las tierras de los huitotos para extraer el caucho utilizando a los indios como esclavos. Su milicia apoyaba militarmente a los caucheros, a quienes se les permitía ‘civilizar’ a los indios a sangre y fuego. Por medio de las «correrías», les cogían por la fuerza matando a los que huían. No les permitían sembrar sus cultivos tradicionales, confiscaron sus armas y les obligaban a hacer penosas travesías llevando grandes cargamentos de caucho hacia los centros de acopio.




El antropólogo Davis describe así su “modus operandi”: “los caucheros atacaban al alba, atrapando a sus víctimas en las malocas (cabañas) y ofreciéndoles regalos como excusa a su esclavitud. Una vez en garras de deudas que no podían comprender y a riesgo de la vida de sus familias, los huitotos trabajaban para producir una sustancia que no podían usar. Los que no cumplían con su cuota, los que veían que la aguja de la balanza no pasaba de la marca de los diez kilos, caían de bruces a la espera del castigo. Se sometían, porque si oponían resistencia sus esposas y sus hijos pagarían por ello. Para que no hubiera rebeliones ordenó que asesinaran a todos sus líderes y si algún indígena escapaba se obligaba a su propia familia a perseguirlo. En caso de no atraparlo todos los familiares del huido eran ejecutados”.

La somera descripción que Davis, y otros investigadores como Javier Reverte, hacen sobre los castigos y torturas a los que eran sometidos los indios pone los pelos de punta: «Azotes con látigo, el aprisionamiento en cepos, el encarcelamiento en celdas sin agua y luz durante días, el semiahogamiento delante de los parientes de la víctima; la violación de las mujeres ante sus maridos e hijos, la mutilación de los dedos, manos y orejas; la exposición de las víctimas en la entrada de las estaciones, colgadas de las manos y desnudas; la crucifixión, el lanzamiento a corrientes del río de indígenas atados de pies y manos; la aplicación de sal en las heridas, la incineración de gente viva con queroseno; la muerte por hambre y el aperreamiento, esto es hombres, mujeres y niños arrojados como comida para los grandes mastines de los capataces…». Se calcula que cada tonelada de caucho extraído en esa zona costó la vida a 10 indios.


JUICIO


Los laberintos del Putumayo se regaron con tanta sangre que, por fin, uno de esos héroes anónimos se jugó la vida para denunciarlo. Fue el periodista peruano Benjamín Saldaña el primero en hacerlo en 1907 en una serie de artículos que publicó en varios periódicos de Iquitos, la ciudad donde la Casa Arana se había convertido en ama y señora. En 1909, el periódico londinense Truth publicó bajo el título de “El paraíso del diablo”, el testimonio de un joven ingeniero norteamericano, W. Hardenburg que, de paso por el Putumayo, presenció el asalto a mano armada de un centro cauchero colombiano por las huestes de Arana, secundadas por el ejército peruano. La publicación de estas atrocidades desató un escándalo internacional y la apertura de una investigación sobre la situación de la Casa Arana por parte del Foreign Office británico.

El gobierno británico comisionó a Sir Roger Casement -recientemente rescatado del olvido por el escritor Mario Vargas Llosa en su libro “El sueño del celta”-, cónsul inglés en Río de Janeiro, para que investigara los hechos sobre el terreno. Casement viajó al Putumayo en 1910 y recorrió gran parte del área de La Chorrera. Entrevistó directamente a los trabajadores negros provenientes de Barbados, y constató la situación de los indígenas y el funcionamiento de la Compañía. Presentó ante su gobierno un informe pormenorizado en el cual corroboraba las afirmaciones de Hardenburg. “El régimen de trabajo -insistía Casement- es un verdadero sistema social fundado en el terror, y provocará el genocidio total de los indios, si no se tomaban las medidas correctivas adecuadas lo antes posible”.




En 1912, una comisión del Parlamento británico abrió una investigación pública para determinar el grado de responsabilidad de los directivos de la Peruvian Amazon Company. Uno a uno los grandes protagonistas del Putumayo, incluido Arana, fueron llamados a declarar. Casement se presentó al juicio con dos indios huitoto, Omarino y Ricudo, que le fueron “dados como un regalo” por los caucheros. Uno de ellos fue conseguido a cambio de una camisa y dos pantalones mientras el otro resultó de una apuesta en un juego de cartas. El periódico ‘Daily News’ hizo un gran reportaje y por la primera el mundo supo de la existencia de los crímenes del Putumayo Pero el estallido de la I Guerra Mundial desvió la atención de la opinión pública internacional hacia otras latitudes.

La “fiebre del caucho” acabó cuando un alemán llamado Fritz Hofmann, logró sintetizar la fórmula del caucho y lo fabricaron a gran escala con el petróleo entre los dos grandes conflictos bélicos. Con la llegada de la II Guerra Mundial, la demanda de caucho por parte de la industria armamentística creció de nuevo y hubo una segunda y efímera “fiebre del caucho”. En Brasil, miles de trabajadores del emprobrecido y seco nordeste fueron llevados a la selva para trabajar en las mismas condiciones precarias de sus compañeros peruanos y colombianos. Los llamaron “soldados del caucho”.

En 1943, el magnate Henry Ford hizo un postrero intento de recuperar la hegemonía perdida del caucho cerca de Santarem. Consiguió que el gobierno brasileño le cediese 4.000 hectáreas donde inició una plantación de heveas y construyó un pequeño pueblo “made in USA”. Pero el experimento fracasó causa de las enfermedades en los árboles. Al final la Ford abandonó la explotación, dejando tras sí un aire fantasmal de tristes calles entre árboles heridos. La fiebre de la borracha terminó de ser enterrada. Jamás se podría competir con Malasia, patria adoptiva del caucho amazónico.


La Casa Arana subsistió hasta finales de la década de los años treinta del siglo pasado. A pesar del número de víctimas y la crueldad de las torturas verificados con abundantes testimonios y pruebas forenses y judiciales, nunca se sancionó a la empresa ni a su propietario. El juicio se perdió y los crímenes del Putumayo quedaron impunes en la historia. El árbol del caucho dejó definitivamente de llorar sangre pero siempre estará de luto.



Fuente: https://www.geaphotowords.com/blog/100-anos-de-la-fiebre-del-caucho-y-ii





En Brasil se vivió otro boom del caucho. Este dejó un teatro consagrado para la opera, en la ciudad de Manaos, ubicada en medio del Amazonas y que por muchos años estuve sin actividad. Nadie quería ir a actuar a tan salavaje y lejano lugar, donde solo se llegaba por barco luego de semanas de trayecto,

Los barones del caucho se daban todos los lujos, sin reparar en gastos o la construcción de faraónicas obras sin sentido alguno.



dp 



sábado, 6 de junio de 2020

DEBATE JUNTO A VENEZOLANOS: EL ENCUENTRO DE GUAYAQUIL



JUNTO A LA COLECTIVIDAD VENEZOLANA EN ARGENTINA, DEBATIREMOS SOBRE EL ENCUENTRO DE GUAYAQUIL, ENTRE SAN MARTÍN Y BOLIVAR. ALGO QUE DARA LUZ SOBRE ESTA REUNION HISTORICA. 

MARTES 9 DE JUNIO, A LAS 20 HS, POR LA CUENTA "LAZOS DE LIBERTAD" DE INSTAGRAM.










dp


Monumento en Guayaquil que conmemora el encuentro




jueves, 18 de diciembre de 2014

FINAL DE LAS REVOLUCIONES CUBANA Y BOLIVARIANA Y DEL POPULISMO SUDAMERICANO

El reciente acuerdo de levantamiento del embargo por parte de los Estados Unidos y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, vigentes desde hace más de 50 años, marca el final de la Revolución Cubana tal cual la conocíamos hasta ahora, para abrir una nueva etapa, incierta aún, de como evolucionará el castrismo en su nueva forma de supervivencia.
Con el levantamiento del embargo se terminaron los pretextos para el estancamiento del desarrollo socio-económico de Cuba. Ya el castrismo no podrá echarle la culpa al demonio norteño de todos sus males.
Puede que marchen hacia la conservación de la dictadura del partido único y hacia la liberalización del sistema económico, al mejor estilo chino, o puede que todo desemboque en un proceso que termine el régimen en forma definitiva.
Cuba, los Castro, han asumido que fracasaron. Que degradaron al país por décadas, que los sacrificios a los cuales condenaron a su pueblo fueron en vano, que reprimieron, torturaron, privaron de la libertad y hasta masacraron a decenas de miles, solo para ahora decir, sin remordimientos y con una caradurés infinita, que se cambiará el sistema.
Después de la caída de la URSS, Cuba cayó en una  casi Edad Media desde el punto de vista de la supervivencia cotidiana, hasta que encontró algunos socios ocasionales en pocos países de Europa, con España a la cabeza, más Canadá, para lograr campear el desastre.
Al poco tiempo aparece el pichón de dictador de Chávez con ese aborto antinatural de la Revolución Bolivariana para darle a Cuba los recursos que carecía y así llegar a nuestros días chupando la sangre del empobrecido pueblo venezolano.
Pero el chavismo se está terminando, Maduro asume y acentúa la crisis absoluta del sector productivo y no puede darse el lujo de sostener al insaciable parásito cubano.
Los Castro se dan cuenta, desde hace largo tiempo, del agotamiento de esta fase de sobrevivencia y como no les queda ningún auxilio externo que les de el maná necesario para seguir viviendo, dan una vuelta de timón y pactan con su peor enemigo, los Estados Unidos y su Presidente Barak Obama.
Todo esto ayudado por el Vaticano y un Papa Latinoamericano que contribuyó a acercar a las partes en disputa, que ve la posibilidad de recuperar territorio religioso en la isla, pero que también gusta de jugar a la alta política internacional.
Francisco puede ser un mini Juan Pablo II, con relación al rol que jugó este en la caída del comunismo mundial, y logrará ponerse en el podio de los estadistas, al ayudar a hacer caer el último bastión de Occidente del comunismo dinosáurico.
Claro, salvando las distancia entre una hecatombe (URSS-Comunismo) y la otra (Cuba), pero pasando en limpio, a su manera de entender, sus intensiones con relación a su tierra de origen: Latinoamérica.
Maduro y la Revolución Bolivariana están agonizando, aunque aún muy aferrados a los respiradores artificiales y su desgaste y futura caída dejará sin sustento de solidaridad a los regímenes populista que son sus aliados en Sudamérica.
Evo, Correa, los K de Argentina, Mugica, Dilma, con el pase de Cuba al “otro bando”, con Maduro boqueando por oxígeno, irán desinflando sus ínfulas y desintegrándose lentamente.
El acontecimiento del levantamiento del embargo a Cuba, será el vaciado de contenido revolucionario de muchos proyectos autoritarios que se extendieron a lo largo de Sudamérica y el Caribe, bajo banderas de nacionalismo, justicia social, latinoamericanismo, combate a la pobreza.
El engaño que lograron imponer levantando estas banderas, que en verdad ocultaban los propósitos de sometimiento de la clase media, sumergir a los pueblos en la ignorancia de las masas, empobrecimiento para mantener controladas a las mismas con planes sociales y subsidios masivos, mantenimiento de los pueblos bajo el sopor del consumo de drogas, extrema violencia ciudadana, mostrará crudamente la mentira con la cual dominaron estas tierras por casi 15 años, según los casos.


Caerá la Revolución Cubana, la Bolivariana, los populismo autoritarios sudamericanos y quedarán descubiertos los males que nos dejan por herencia, muy difíciles de subsanar.
Pero se terminó la era de echarle la culpa a otro, de la manipulación de la historia, del clientelismo militante mercenario.
Intentarán hacernos creer con su discurso manipulador que el Imperio Yanqui fue vencido y que los pueblos recuperaron su plena soberanía, pero solo como otro intento de vender una realidad que no existe y de mentir al mejor estilo de su maestro del engaño, Goebbels.
Así como Europa se sacó el cáncer de la Cortina de Hierro, Latinoamérica se sacará el cáncer de los “revolucionarios de Armani” que corrompieron a la sociedad hasta el extremo y drogaron las mentes de las futuras generaciones de dirigentes sociales y gobernantes de naciones.
Caerá Cuba, seguirá Venezuela y luego los demás proyectos similares de esta parte del mundo. Será un “efecto dominó” libertario. De ahí avanzaremos a un real sistema democrático y hacia el republicanismo.


dp