Mostrando las entradas con la etiqueta MUSICA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta MUSICA. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de mayo de 2026

UNA VOZ UNICA



El 19 de abril de 2016, la ciencia finalmente le dio la razón al mundo entero: Freddie Mercury no era humano, era un fenómeno de la naturaleza.


Un equipo de científicos de Austria, la República Checa y Suecia decidió que ya era hora de dejar de teorizar y empezaron a estudiar la voz del líder de Queen con rigor académico. Lo que descubrieron dejó a los expertos en logopedia con la boca abierta.


Freddie no solo cantaba; él hacía vibrar su garganta de una forma que desafiaba la biología.


El Dr. Christian Herbst reveló que el secreto estaba en el uso extremo de su sistema vocal. Mientras que el vibrato de un cantante profesional suele oscilar entre 5.4 y 6.9 Hz, el de Mercury alcanzaba los 7.04 Hz. Es una frecuencia tan alta y un vibrato tan rápido e irregular que incluso el legendario Luciano Pavarotti habría tenido problemas para intentar reproducirlo.


Pero eso no fue lo más asombroso.


Los investigadores descubrieron que Freddie dominaba los subarmónicos, una técnica de canto "de garganta" extremadamente difícil, generalmente reservada para los cantantes tradicionales de Tuva (Mongolia). Él lo hacía con una facilidad desconcertante, permitiéndole crear esa impresión de una voz llevada al límite absoluto, pero con un dominio total.


Esa combinación de vibrato supersónico y subarmónicos fue lo que forjó su carácter teatral, excéntrico y único.


La conclusión científica fue contundente: Freddie Mercury poseía una voz que no tiene comparación en toda la historia del rock’n’roll. No fue solo un artista singular; fue un sistema vocal perfecto que decidió regalarnos las canciones más memorables de nuestras vidas.



Fuentes: varias



dp




martes, 10 de febrero de 2026

ROCK MASÓNICO: ADRIAN OTERO




Adrián Otero fue el primer rockero argentino en ser maestro masón.

El líder de Memphis La Blusera fue miembro de la Gran Logia Argentina. Su pertenencia a la orden se conoció recién después de su muerte y hoy la Masonería lo recuerda como uno de sus hermanos ilustres



Adrián Otero, el rockero argentino reconocido por la Masonería (Crédito: ChatGPT)



Durante años, Adrián Otero fue sinónimo de blues barrial, voz potente y canciones que marcaron a una generación. Como líder de Memphis La Blusera, dejó una huella indeleble en el rock nacional. Sin embargo, tras su muerte en junio de 2012, salió a la luz una faceta desconocida incluso para muchos de sus seguidores: su vínculo profundo y sostenido con la Masonería.

 Nació en Buenos Aires el 31 de julio de 1958.

La confirmación llegó de manera oficial. La Gran Logia de Argentina de Libres y Aceptados Masones informó que Otero había alcanzado el grado de Maestro Masón y que formaba parte de la Respetable Logia Renovación Universal Nº 365, con sede en la Ciudad de Buenos Aires. El dato se hizo público a través de comunicados y avisos fúnebres en los que la institución expresó su pesar por la muerte del artista y lo despidió como “hermano”, término con el que se identifican entre sí los miembros de la orden.


En vida, Otero nunca habló públicamente de su pertenencia a la Masonería. Mantuvo ese aspecto de su vida en estricta reserva, una actitud coherente con el perfil discreto que caracteriza a muchos de sus integrantes. Recién después de su fallecimiento, la Gran Logia lo incorporó oficialmente al listado de “Masones Ilustres”, sorprendiendo a buena parte del público rockero que no lo asociaba con ese mundo.

Aunque no hay referencias explícitas a la simbología masónica en sus letras, quienes reconstruyen su recorrido señalan afinidades claras entre su formación intelectual y los valores de la orden. Otero no solo fue músico: estudió Psicología, fue sociólogo, poeta y un viajero incansable que recorrió América, Europa y África, desempeñándose en distintos oficios. El interés por el conocimiento, el librepensamiento y la fraternidad son principios que atraviesan tanto su vida personal como el ideario masónico.

Incluso algunos episodios de su carrera adquieren hoy una lectura curiosa. La primera presentación en vivo de Memphis La Blusera, en 1978, tuvo lugar en el Teatro Unione e Benevolenza, un edificio histórico de Buenos Aires cargado de simbología vinculada a la tradición masónica y mutualista. Si bien no hay pruebas de que haya sido algo deliberado, la coincidencia suma una capa más al mito.

Dentro de la Masonería, Otero tuvo una participación activa. Como Maestro Masón asistía a las tenidas, las reuniones rituales de la logia, y colaboraba en las actividades culturales y filantrópicas propias de la institución. Semanas antes de su muerte, incluso había iniciado gestiones para trasladarse a una logia de Córdoba, ya que planeaba mudarse a esa provincia para comenzar una nueva etapa de su vida personal, artística y también masónica. El accidente vial que le costó la vida ocurrió justamente cuando se dirigía hacia esa región.

A lo largo de los años, la Masonería Argentina mantuvo viva su memoria. Hubo homenajes institucionales, tenidas blancas abiertas al público y conciertos en su honor dentro del propio Palacio Cangallo, sede central de la orden en Buenos Aires. En esos encuentros, músicos, familiares y hermanos masones lo recordaron como artista, amigo y referente cultural.

El accidente que le costó la vida ocurrió el 12 de Junio de 2012 de la autopista Rosario – Córdoba, cuando se dirigía a Capilla del Monte.

Hoy, Adrián Otero ocupa un lugar singular en la historia del rock nacional: el de un músico popular, profundamente urbano, que también formó parte de una de las instituciones más enigmáticas y antiguas del mundo.


Fuente: https://bardeo.news/entretenimiento/adrian-otero-fue-el-primer-rockero-argentino-en-ser-maestro-mason_a


dp 



jueves, 20 de noviembre de 2025

EL GRANJERO DE WOODSTOCK





Cuando se enteró de que sus vecinos nunca volverían a comprarle nada si permitía que los hippies llegaran, Max Yasgur miró a su esposa. Y ella supo, con solo ver sus ojos, que ya había tomado una decisión.


Agosto de 1969. Bethel, Nueva York.


Max Yasgur, un granjero lechero de 49 años, había pasado toda su vida construyendo algo real en las colinas del condado de Sullivan: seiscientas acres de tierra fértil, un rebaño de vacas premiadas y una reputación de hombre justo y buen vecino.


Entonces, un grupo de jóvenes de la ciudad de Nueva York le preguntó si podían usar uno de sus campos para un festival de música.

La reunión del pueblo fue brutal.


Vecinos que conocían a Max desde hacía décadas le dijeron sin rodeos:

“Si permites ese festival, boicotearemos tu granja. Nadie comprará tu leche. Nadie hará negocios contigo. Estás acabado.”


Su esposa, Miriam, lo observó mientras escuchaba aquellas amenazas.

Y vio algo cambiar en él.


“En ese momento supe,” diría más tarde, “que Max iba a hacerlo, sin importar lo que dijeran.”

Max Yasgur era un hombre que se volvía más terco cuanto más lo presionaban.


En lo más profundo de su alma de granjero, creía que los jóvenes tenían derecho a reunirse pacíficamente, aunque tuvieran el pelo largo y escucharan una música que él no entendía.


Cuatrocientas mil personas llegaron a Woodstock.

Pisotearon sus campos.

Derribaron sus cercas.

Dejaron sus pastizales devastados.

Los daños fueron enormes.


Pero durante el festival, ocurrió algo increíble.

Max subió al escenario —un granjero judío de mediana edad, con ropa de trabajo— frente al mayor encuentro juvenil de la historia estadounidense, y dijo:


“Lo que ustedes han demostrado al mundo es que quinientas mil personas jóvenes —y los llamo jóvenes porque tengo hijos mayores que ustedes— pueden reunirse durante tres días de música y alegría, y no tener nada más que eso: música y alegría. ¡Dios los bendiga por ello!”

La multitud le respondió con una ovación de pie que duró varios minutos.


Pero luego vino la realidad.

El servicio postal se negó a atenderlo.

Max tuvo que cambiar su dirección a un pueblo vecino solo para poder recibir su correo —incluidas las notas de agradecimiento y las flores que le enviaron artistas como Jimi Hendrix, Janis Joplin y The Who, agradeciéndole su valentía.

La tienda local lo rechazó.

Amistades de toda una vida se disolvieron de la noche a la mañana.

El 7 de enero de 1970, algunos de sus propios vecinos lo demandaron por los daños que los asistentes del festival habían causado en su propiedad.

Max nunca se echó atrás.





A los periodistas que le preguntaban si volvería a organizar un festival, respondió con calma:

“Hasta donde sé, volveré a mi granja.”

Un año después, recibió 50 000 dólares como compensación por los daños.

No era suficiente para reemplazar lo que había perdido —no los cercos ni el pasto, sino la comunidad que lo había abandonado por negarse a odiar a los jóvenes.


En 1971, Max vendió la granja que había sido la obra de su vida.

Él y Miriam se mudaron a Marathon, Florida, con la esperanza de que un nuevo comienzo aliviara su corazón —el físico, que ya estaba débil, y el metafórico, quebrado por sus vecinos.


El 9 de febrero de 1973, un año y medio después de dejar Nueva York, Max Yasgur murió de un ataque cardíaco. Tenía 53 años.

La revista Rolling Stone le dedicó uno de los pocos homenajes de página completa que ha hecho a alguien que no fuera músico.

Porque Max Yasgur había hecho algo que importaba:

se había interpuesto entre los jóvenes y quienes querían silenciarlos.


Hoy, el Bethel Woods Center for the Arts se alza en ese mismo campo donde 500 000 jóvenes demostraron que la paz era posible.

Desde 1996, miles de personas regresan cada verano al antiguo terreno de Max, para recordar —no solo la música, sino al hombre que la hizo posible.


Sus vecinos pensaron castigarlo dándole la espalda.

No entendieron que Max Yasgur ya había elegido de qué lado de la historia quería estar.

Eligió a los jóvenes con flores en el cabello antes que a los adultos con piedras en el corazón.

Eligió la música antes que el silencio.


Eligió quedarse solo con sus principios antes que unirse a una multitud que le pedía traicionarlos.

Y cuando esas 400 000 almas se levantaron para aplaudirlo en aquella colina embarrada en 1969,

Max Yasgur recibió algo más valioso que la aprobación de sus vecinos:

Recibió la gratitud de una generación que nunca olvidaría al granjero que les dio un campo y les pidió una sola cosa: demostrar que la paz era posible.


Lo hicieron.


Y él también. 



Fuente: @La Casa del Saber



dp




lunes, 11 de agosto de 2025

DE SARANDI AL MUNDO

Nota de dp:

Desde mediados de los años 60, tendría 8 o 10 años, me detenía en la vereda de una casa a escuchar a un "loco" que practicaba con un violín (calle O'Higgins al 1000). Vivìa a la vuelta, a unos 100 mts de mi hogar y me fascinaba la música y la dulzura contagiosa de sonidos que no tenía idea de quien los producía.

Mi padre me mandaba el kiosko de Don Mateo a comprarle sus cigarrillos y yo, de paso, me compraba alguna golosina. El kiosko estaba al lado y yo me detenía escuchando esos ensayos que parecían no tener límites de tiempo y circunstancia. Siempre sonaban.

Había algo mágico también, porque los sonidos venían de un primer piso, del cielo, dando esto una sensación casi angelical.

Hasta que un dìa no lo escuché más. No me enteré que pasó, pero me llegó el rumor que ese virtuoso violinista se fue del país. Esto debío de pasar casi comenzada la década de los 70.

Hoy me entero, más de 50 años ya pasaron, que este músico triunfó en el mundo entero y que ahora regresó a vivir al país, al barrio de Palermo.

Como se pueden llegar a cerrar las historias de un individuo. Recuerdos sabrosos que eran vividos con curiosidad, pero sin tener conciencia de las repercusiones que se verían a futuro. Vivía sin saber que estaba formando dulces recuerdos.

Gracias Horacio que llegar a mi casa el día de hoy y hacerme ver esta historia que, al mismo tiempo, me hizo recordar a tu mamá, una mujer maravillosa, enfermera de profesión, que aplicaba inyecciones a todo el mundo, sin importarle nunca el horario o el clima. Ella siempre estaba dispuesta. Querido Horacio hoy vivís en San Juan, pero tu alma se quedó en nuestro Sarandí. Y volviste a caminar sus calles con la alegría a flor de piel.

Llegaste preguntando por mi hermana, que falleció hace cinco años, pero me regalaste unos minutos de tu tiempo, cosa que te agradezco infinitamente.

Nos hace bien recordar. Reverdecer historias que nos marcaron y que hoy se recrean con nostalgia, tristeza, pero también con alegría. Todo junto y al mismo tiempo, porque solo importa lo vivido.


A continuación les copio un artículo que habla de la vida de Gintoli y su trascendencia mundial.





Rafael Gintoli nació en Buenos Aires y estudió con Emilio Pelaia, Humberto Carfi y Szymsia Bajour. En 1968 ganó el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires´, en 1972 recibió una beca otorgada conjuntamente por el "Mozarteum Argentino" y el Ministerio de Ciencia, Cultura y Educación de los Países Bajos para realizar estudios superiores en La Haya, Holanda. Desde los 16 años actuó como solista con las orquestas más reconocidas de Argentina, América del Sur y Europa. Entre ellos se encuentran la Filarmónica de Buenos Aires, la Cámara Bariloche (Argentina), la Sinfónica de Sao Paulo (Brasil), la Sinfonía de La Paz (Bolivia), la Sinfonía de Simón Bolívar (Venezuela), la Orquesta Estatal de México, las orquestas residentes en el Teatro Massimo de Palermo y el Teatro La Fenice de Venecia (Italia), la Sinfónica del Estado de Tesalónica de Salónica (Grecia), el Conjunto Das Neue Werk de Hamburgo, la Filarmónica de Bremen (Alemania), la Sinfónica de Zúrich, la Orquesta Tonhalle (Suiza), la Orquesta de Radio y TV de Cracovia (Polania), la Sinfónica Nacional de Irlanda (en Dublín), la Orquesta Sinfónica Nacional de Reikia de Reikiavik (Islandia), la Orquesta Filarmónica de Rusia de Moscú, la Sinfónica de Kaohsiung (Taiwán).


Rafael Gintoli ha asistido y actuado en muchos festivales célebres en Italia, como Fermo, Pisa, Lecce, Udine y Salerno. La eminente pianista argentina Martha Argerich lo ha invitado a menudo a acompañarla en la actuación durante el Festival Argerich celebrado en el Teatro Colón, Buenos Aires y en 2018 en el Centro Nacional CCK de Buenos Aires y el Auditorio Santa Cecilia en Roma, Italia. Durante 2005 fue invitado de nuevo a unirse al Mozart Festwochen en Lucerna (Suiza) y al Festival Alberto Ginastera celebrado en St. James' Church en Piccadilly, Londres.


Ha recorrido ampliamente como solista o con el Trío de Buenos Aires, tocando música de cámara. En los Estados Unidos, ha actuado en el Kennedy Center (Washington), en Los Ángeles, en Nueva York y en Nueva Orleans. En Europa, ha jugado en Amberes, Sofía, Kiev, París, Milán y Roma. Fue nombrado líder y primer violín en el Teatro Massimo de Palermo, el Teatro La Fenice de Venecia, la Orquesta Haydn en Bolzano, la Sinfonietta perteneciente al Teatro Lirico di Cagliari y la Sinfonietta de Roma y líder y solista de la Orquesta Nacional de Música Argentina "Juan de Dios Filiberto"


Dentro de sus actividades docentes, ha impartido clases magistrales en la Asociación Filarmónica de Trento, la Asociación de Jóvenes Intérpretes de Roma, el Festival Internacional de Bilbao (España), en Lucerna y en Eslovenia.


Ha grabado para RAI (Radio y TV Italiana), Radio Bern, Radio Maastricht (Holanda), TV Globo (Brasil) y para el Sistema Nacional de Radiodifusión de Islandia. Junto con el pianista Aldo Antognazzi, grabó obras para violín y piano de Mozart y Clementi para el sello Cascade. Durante 1998 grabó el Concierto para violín de Alicia Terzian con la Orquesta Sinfónica de Zúrich para el sello D.O.M. En 2000, el sello londinense de ASV grabó a Gintoli en "Histoire du Tango" de Piazzolla con la guitarrista Maria Isabel Siewers. Este CD tiene distribución mundial en toda Europa, Estados Unidos y Japón.


Durante su carrera ha sido distinguido con el Premio de la Asociación de Críticos al Mejor Intérprete Argentino (1999) y también recibió el Lifetime Premio al Logro de la Academia Argentina de Música.

 

En 2000, Rafael Gintoli ganó el Premio "Estirpe" de música clásica. En 2002 la Asociación de Críticos lo seleccionó de nuevo, esta vez como Mejor Artista de Música de Cámara y en 2003, con la pianista Paula Peluso recibió el premio al Mejor Conjunto de Cámara Argentino. En 2007 recibió el Premio a la Personalidad Sobresaliente en las Artes, otorgado por la Oficina del Alcalde de la Ciudad de Buenos Aires.


En 2008 actuó con la Filarmónica de Buenos Aires, la Sinfónica de Bari en Italia y en el Festival de Morelia de México. También celebró un taller intensivo en Keshet Eilon en Israel invitado por el Maestro Shlomo Mintz





Rafael Gintoli participó como Director Artístico y miembro del Jurado del Concurso Internacional de Violín de Buenos Aires 2010 y 2012, Presidente del Jurado en el Concurso Internacional de Violín "Luis Sigall" 2010 en Chile y miembro del Jurado en el Concurso Internacional de Violín "Lipizer" en Italia, y en el Concurso Internacional de Violín HKIVS Shlomo Mintz y profesor en el Campus Masterclass del Conservatorio Central de Beijing en China, así como en el Primer Concurso de Violín Latinoamericano en Tucumán y como Presidente del Jurado en el Concurso Internacional "Postacchini" en Fermo, Italia 2023. Fue invitado a actuar en el Festival Cervantino (México), acompañado por Kaoshiung Sinfonica en Taiwán, Filarmónica Rusa en Bilbao, España.


En 2021 desarrolló un Mastercourse de Tango para violinistas para la plataforma digital iClassical Academy.


En 2009 fundó el conjunto de cámara "Estación Buenos Aires" con el que ha hecho una gira por todo el país y recientemente completó la grabación y el estreno mundial en 2022 de los dos "Cuartetos de Cuerda Modernos" del compositor ganador del Oscar, Lalo Schifrin, y dedicado al conjunto.




Fuente:https://www.soundespressivocompetition.com/judges-panel/rafael-gintoli



dp



Aquí vivió Gintoli