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miércoles, 6 de septiembre de 2023

ESPIAS VOLANDO

 


Celebre avión espía norteamericano U2. Aún en servicio desde aproximadamente 1960.



DESDE EL PUNTO DE VISTA SOVIETICO



Hoy parece que todas los "encuentros" aéreos entre aviones Rusos y de la OTAN se venden como auténticos duelos de gladiadores donde, curiosamente, siempre sale "huyendo" el mismo bando. 


Pero lo que hoy nos venden de una manera llena de épica, es un tipo de encuentros que llevan décadas y décadas a cuestas. Desde los años 50, para ser exactos. 


Aviones soviéticos que se acercaban al limite o de la OTAN que hacían lo mismo, siempre sobre aguas internacionales. Y siempre iba una pareja de cazas a interceptarlos para que dieran la vuelta. Encuentros en los que no había ninguna épica, nadie salía "huyendo", ni nadie se ponía a hacer maniobras agresivas y arriesgadas. Eran maniobras rutinarias que seguían un guión conocido por ambos bandos. Se saludaban, se fotografiaban, se median los tiempos de reacción y cada uno volvía a su casa tranquilamente. Luego los técnicos de ambos bandos tomaban buena nota de las frecuencias y los detalles. 


Y este es un ejemplo muy claro de que, siendo rivales, eran unos encuentros civilizados y llenos de profesionalidad y, con muchas dosis de mutua curiosidad:


Esta es una imagen de un encuentro entre oponentes en 1970 tomada desde el punto de vista de un avión soviético.


En la imagen vemos como el WSO (operador de sistemas de armas) de un F-4E Phantom de la Fuerza Aérea de los EEUU del escuadron 57º FIS (base en NAS Keflavik, Islandia) esta tomando fotos de un Tupolev Tu-142 del escuadron 76 OPLAP (basado en Kipelovo).





Esto muestra cuan cerca se solían poner los aviones de EEUU y la URSS en las interceptaciones ya desde hace 50 años.


...Y nadie contaba entonces sandeces épicas de hacer huir a nadie ¡¡¡ sobre aguas internacionales!!!


NOTA: Otra cosa muy diferente es si uno de los bandos entraba ESPECIFICAMENTE sobre territorio del otro bando. Entonces las reglas de interceptación cambiaban y ahí sí podías acabar derribado. Y eso lo sabían perfectamente los pilotos de entonces ...y los de ahora también. 



Archivo de Dmitriy Filonenko a través de Dmitriy Ermolin para Nova Barcelona




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Ilustración que representa un avión comercial argentino sobrevolando la flota inglesa que se dirigía a las Islas Malvinas en 1982. Un Harrier inglés hostigando desde cerca. Tales escenas se repitieron varias veces




miércoles, 15 de febrero de 2023

LA PRIMER MALVINENSE

 


El 5 de febrero de 1830 nació en las Islas Malvinas Matilde "Malvina" Vernet, hija de Luis Vernet y María Sáez Pérez.


Matilde Vernet y Sáez nació en Puerto Soledad, Islas Malvinas, el 5 de febrero de 1830, apodada "Malvina", fue la primera persona de la que se tenga registro oficial en nacer en las Islas Malvinas y primera descendiente de argentinos antes de la ocupación británica del territorio en 1833. Matilde siempre fue llamada Malvina por su familia y amistades, ya que prefirió utilizar dicho apodo en lugar de su nombre de bautismo.


Era hija del comerciante alemán y primer gobernador-comandante argentino de las Islas Malvinas, Luis Vernet, y María Sáez Pérez, oriunda de Montevideo. Tuvo seis hermanos, tres de ellos nacidos antes de ella. Cuando Vernet fue nombrado gobernador-comandante en 1829 se trasladó a Puerto Soledad con sus tres hijos y con su esposa embarazada de dos meses.​ María Sáez contaría desde el 15 de julio en su "Diario de 1829 en Malvinas", no solo la vida cotidiana de la colonia argentina, sino también todo el embarazo de Matilde.


Matilde y su familia se retiraron de las islas tras el ataque de la Lexington contra la colonia en 1832,​ el 19 de noviembre, a bordo de la goleta lobera Harriet. Tras retirarse de las islas, Vernet y su familia se trasladaron a Brasil y a Uruguay. Luego Matilde se caso en Montevideo con el capitán naval estadounidense Greenleaf Cilley, se mudaron a EEUU. Tuvieron 6 hijos (3 mujeres y 3 varones uno de ellos nacidos en USA el resto en Uruguay. 


Dos de sus hijas fueron las primeras Malvinas de la historia registradas de forma oficial: Déborah Malvinas Cilley Vernet y Malvina Justa Cilley Vernet.




Matilde siempre reivindicó ante el periodismo mundial, su nacimiento en el archipiélago y los reclamos argentinos. Su esposo también la apoyó en su defensa de los derechos argentinos en las islas. Cilley, ante el consulado de Estados Unidos en Buenos Aires, protocolizó de puño y letra su desagravio personal​. Se hizo tradición que en cada generación subsiguiente, al menos una integrante de la familia Vernet llevará el nombre de las islas en conmemoración.


Matilda finalmente falleció el 24 de noviembre de 1924 a sus 94 años, en San Isidro, provincia de Buenos Aires.



Fuentes: 


Herrera-Vegas, Diego Jorge; Jáuregui Rueda, Carlos (1 de enero de 2006). Familias argentinas. Volumen 2. Ediciones Callao 1823.

Sosa de Newton, Lily (1986). Diccionario biográfico de mujeres argentinas: aumentado y actualizado. Plus Ultra.

María Sáez de Vernet, Ernesto Greenleaf Cilley Hernández (1989). Cronista de nuestra soberanía en Malvinas: primera edición bilingüe español - inglés de su valioso diario de 1829. Ediciones Puerto Luis. p. 96.

Malvina Vernet Sáez». Genealogía Familiar.

Céliz, Julio (29 de julio de 2006). De las Malvinas a San Isidro, por la senda de Luis Vernet. Buenos Aires: Diario La Nación.


Bibliografía

Lorenz, Federico (2014). Todo lo que necesitás saber sobre Malvinas (1° edición). Buenos Aires: Paidos




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Bono/moneda de las Malvinas



Casa de los Vernet en San Isidro, Prov. de Buenos Aires. Hoy museo



Puerto Soledad en 1830




Bóveda de los Vernet en el Cementerio de la Recoleta. Ciudad de BuenosAires






lunes, 18 de octubre de 2021

A LA GUERRA DE MALVINAS HASTA CON AVIONES CIVILES

 

Aviones de lujo en Malvinas. Cuando los pilotos de Amalita Fortabat y de otros empresarios formaron un escuadrón de guerra



El Escuadrón Fénix enfrentó a la poderosa Royal Air Force sin armas, pero con valentía y mucho ingenio




18 de octubre de 2021

Autora: Constanza Bengochea

PARA LA NACION. https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/aviones-de-lujo-en-malvinas-cuando-los-pilotos-de-amalita-fortabat-y-de-otros-empresarios-formaron



Pilotos civiles, con aviones de lujo, sin armamento, jugando “al gato y al ratón” con los cazas de la Royal Air Force. La idea bien vale una película en Hollywood. Pero sucedió en el mundo real, en el Atlántico Sur.

Se trata de un capítulo de la historia de Malvinas poco conocido. A mediados del mes de abril de 1982, Amalia Lacroze de Fortabat y Carlos Pedro Blaquier, entre otros empresarios argentinos, pusieron sus aviones particulares “a disposición” de la Fuerza Aérea. Al mismo tiempo, las tripulaciones civiles de estas aeronaves fueron citadas al Edificio Cóndor donde las invitaron a participar de una operación militar sin precedentes. Así, nació el Escuadrón Fénix.

“La unidad estaba formado por civiles, con aviones sin armamento, que fueron a la guerra. Era un escuadrón de aviación civil. Si hoy quisieran rearmar el Escuadrón Fénix con todos los aviones de los empresarios del país, sin dudas sería la unidad más grande de la Fuerza Aérea Argentina”, explica Claudio Meunier escritor historiador especialista en temas aeronáuticos, que resalta apasionado lo asombroso del caso


Carlos Rodríguez (71), piloto de Metro Merlin III LV-MRL de Astilleros Alianza, aún recuerda el día que recibió la convocatoria. “Me llegó el telegrama que decía que tenía presentarme en el Edificio Cóndor. Fue el 25 de abril de 1982 y cuatro días más tarde, el 29, ya estaba volando con el avión de Astilleros a Comodoro Rivadavia. Estaba muy entusiasmado de poder participar de la gesta de Malvinas, aunque mi señora estaba preocupada”, recuerda. Apenas llegó a destino, lo ubicaron en un hangar de YPF junto a otros civiles. “Éramos un montón, entre pilotos y técnicos, más de cien”.

Nadie llegó forzado, contra su voluntad. “En aquella época, a todos desde chicos nos habían enseñado un par de cosas fundamentales: que había que ahorrar para garantizarte un futuro y que las Malvinas eran argentinas”, asegura Rodríguez.


Finalmente, el Escuadrón Fénix quedó constituido por 36 aeronaves pertenecientes a empresas privadas, estatales e instituciones públicas como la Policía Federal Argentina.

Allí, en aquél viejo galpón, recibieron uniforme y rango militar. “Todos volábamos con licencia civil, pero para quedar alcanzados por los Convenios de Ginebra se nos dio un rango. Los civiles, que no tenían experiencia militar, fueron incorporados con el grado de alférez”, explica Ignacio Arcidiacono (76), piloto jubilado de Cessna Citation C500 LQ-MRM de la Policía Federal, otro integrante de la unidad y actual presidente de la Asociación Civil Escuadrón Fénix.



En Comodoro Rivadavia con el uniforme que las FAA les entregó a los tripulantes de las aeronaves

El origen del nombre del escuadrón se remonta a 1978. Ante un posible conflicto bélico con Chile, el Comando de Operaciones Aéreas utilizó aeronaves comerciales para vuelos exploración, transporte y reconocimiento de la frontera. En aquel entonces el capitán Jorge Páez Allende pensó el nombre Fénix, e ideó su escudo, inspirado en la efímera existencia de la unidad que desaparecería en tiempos de paz y cobraría vida, otra vez, cuando la defensa de la Nación lo requiriese.

Durante la guerra, el Escuadrón Fénix cumplió varias misiones, principalmente de logística en la segunda línea de combate, que consistían en el recambio de pilotos o de repuestos y traslados de soldados. También, ejecutaron labores de exploración y reconocimiento cercano, aunque sus mayores éxitos fueron en las “tareas de diversión”, también conocidas como “blanqueo de radar enemigo” o “empaste”



El arte de engañar al enemigo


Más de 500 años antes de Cristo, el general y filósofo chino Sun Tzu escribió que “la guerra es el arte de engañar al enemigo”. Los pilotos del Escuadrón Fénix se convirtieron en maestros del engaño: con sus aviones de lujo confundieron a los británicos ejecutando lo que técnicamente llaman “tareas de diversión”.

“Era peligroso lo que hacíamos, pero a esa edad todos éramos más inconscientes”, concluye Rodríguez.

Las “tareas de diversión” o engaño consistían en acercarse a un objetivo hasta el límite que tenían los radares británicos: unas 200 millas, el equivalente a 360 kilómetros. Cuando el radar de un buque detectaba a los aviones argentinos, la flota inglesa entraba en alarma y activaba sus mecanismos de defensa. Al mismo tiempo, los portaviones hacían despegar a los cazas. Mientras tanto, los aviones del grupo Fénix esperaban en el aire, subiendo y bajando, sabiendo que los aviones británicos tardarían alrededor de 40 minutos en atacarlos.


“Generaban una alarma y se iban. Parece una tontería, pero cuando tenés un montón de esos avioncitos haciendo esas maniobras mañana, tarde y noche, y sos tripulante de un barco con la alarma constante no podés dormir y empezás a decaer en tu capacidad y rendimiento. Cuando eso ocurría, aparecían de otros rumbos los aviones de ataque”, explica Meunier.

Por esas ironías de la vida, la primera misión de diversión la realizó el piloto Jimmy Harvey, nacido en Gran Bretaña. El 1° de mayo, con el Lear Jet 24, LV-JTZ, de la empresa Orue S.A, Harvey llegó hasta setenta millas náuticas al noroeste del Estrecho de San Carlos.


LV-ALF: el avión de Amalita



Una de las naves que integraron el Escuadrón Fénix fue el Learjet bureau 35-371 de Amalia Lacroze de Fortabat. El avión fue construido en los Estados Unidos y adquirido por Loma Negra 1981.

“Fue un jet ejecutivo muy conocido por su matricula, pues las iniciales finales LV-ALF hacían referencia a su propietaria Amalia Lacroze de Fortabat. Tan solo un año después de su uso Fortabat lo puso a disposición de la Fuerza Aérea Argentina. La tripulación del LV-ALF se componía de tres pilotos, Edgardo Acosta, Juan Redonda, Teodoro Delorme y el mecánico de a bordo Florencio Cano. Dicha tripulación integró el grupo de aviones guías a cazas de combate que eran llevados hacia las Islas Malvinas ante la falta de equipos de navegación. Otras de las misiones que realizó fueron las comúnmente llamada ‘empaste’ o ‘blanqueo de radar enemigo’”, explica Meunier y añade que, finalizado el conflicto, el Learjet de Loma Negra, como el resto de las aeronaves privadas, fue devuelto a su propietaria y se reincorporó a su trabajo habitual en la compañía Loma Negra hasta que en 1991 fue vendido al Banco Interfinanzas.


Otras aeronaves pertenecientes a privados fueron los Lear Jets 24, 25 y 35 de Aeromaster, DAHM Automotores, Editorial Sarmiento, Establecimiento Modelo Terrabusi S.A., Banco de Italia y Río de la Plata, Banco de Intercambio y Bunge y Born. También el Hawker Siddeley HS-125 de la empresa YPF. ODOL S.A. puso a disposición su Turbo Commander y Massalin y Celasco S.A.C.E.I. un Cessna Citation.

“La unidad estaba compuesta por una serie de aviones y helicópteros. Dentro de esta flota había cuatro aviones Learjet 35 de la II Brigada Aérea (matrículas T-21 a T-24) y algunos aviones más de otras unidades. Los reactores y algunos de los turbohélices (de los modelos más veloces) eran los que hacían los vuelos a las islas para “tareas de diversión” y de guiado hasta las cercanías de las islas de las escuadrillas de aviones de combate de la Fuerza Aérea que iban a atacar a la flota británica”, detalla Horacio J. Clariá, historiador y fotógrafo especializado en aeronáutica.

En términos generales, la flota del Escuadrón estaba compuesta por aviones a reacción: Lear Jet LR-24, LR-25, LR-35 y LR-36, Cessna Citation, Hawker Siddeley HS-125. Aviones a turbohélice: Turbo Commander 690, Mitsubishi MU-2, Guaraní y Swearingen Merlin IIIB. Aviones a motor alternativo: Aerostar TS-600/601 y Aerocommander 500. También actuaron helicópteros Bell 212, 205 y 206, Bolkow BO 105, Sikorsky S58 y S-61N, Hughes 500 y Agusta 109.


“Ese día, quedamos de cama”


Si bien la totalidad de los civiles que formaron el Escuadrón Fénix regresaron a sus hogares, el 7 de junio la unidad sufrió una baja que quedó grabada en sus memorias. Aquel día, el Lear Jet 35 matrícula T-24, con el indicativo Nardo 1, que pertenecía a la Fuerza Aérea (por lo que su tripulación eran militares) fue interceptado por un misil de un buque británico mientras realizaba una misión de exploración y relevamiento aerofotográfico.

“Me dieron, no hay nada que hacer”, comunicó por radio el jefe del Escuadrón Fénix, comodoro (PM) Rodolfo Manuel de la Colina. El Learjet estaba volando a 41.000 pies sobre el estrecho San Carlos, cuando advirtió dos explosiones sobre la superficie de la bahía y luego, dos estelas de misil que ascendían. Rápidamente, realizaron un viraje escarpado por izquierda para intentar evadirlos, pero el avión fue alcanzado por un misil Sea Dart lanzado desde el destructor HMS Exeter.

“Cuando hay un accidente en aeronáutica hasta el último momento el piloto está tratando de resolver el problema. Acá en cambio, quedaron atrapados. Estos aviones no tenían paracaídas ni asientos eyectables. Faltaba la parte de la cola del avión y entró en caída. Los audios son terribles. Ni siquiera pedían ayuda, sino que se despedían de sus seres queridos”, cuenta Meunier sobre la trágica muerte de De la Colina, su copiloto, mayor Juan José Falconier, el capitán Marcelo Pedro Lotufo, el suboficial auxiliar Guido Antonio Marizza, navegante, y el suboficial auxiliar Francisco Tomás Luna, radiooperador.

“Cuando nos enteramos quedamos de cama”, recuerda Rodríguez y Arcidiacono coincide sobre el desconsuelo que generó la noticia a todos los integrantes del Escuadrón Fénix.




El Escuadrón Fénix se reúne en la sede la asociación civil en el Centro Universitario de Aviación (Aeródromo La Matanza)



Actualmente, los veteranos que integraron el Escuadrón Fénix conservan su espíritu de camaradería a través de una asociación civil que crearon en la década de los ´90. La asociación cuenta con más de 70 socios activos que todos los meses se reúnen en su sede en el Centro Universitario de Aviación o en el Círculo de la Fuerza Aérea Argentina. Previo a la pandemia los veteranos daban charlas en los colegios sobre su participación en el conflicto bélico. “Me queda la satisfacción de hacer algo que me llena el alma. Queremos mantener la llama encendida del recuerdo de los 649 caídos en la guerra”, sostiene Arcidiacono.





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martes, 12 de octubre de 2021

LA OPERACIÓN "ALGECIRAS"




Con el conflicto por Malvinas desatado, la Armada Argentina evaluó y ejecutó operaciones de inteligencia para conocer los movimientos de la Flota Inglesa y de distracción para dificultar el despliegue de su fuerzas hacia el Atlántico Sur; entre otras operaciones, se planificó atacar un objetivo inglés en Europa, con la idea de mostrarle a la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y a sus integrantes en Europa, los riesgos de tener a una parte importante de la flota de la OTAN (la Inglesa), operando tan lejos de sus apostaderos habituales.Desde la finalización del conflicto, el episodio nunca fue reconocido oficialmente, pero en 2003 el cineasta español Jesús Mora consiguió que los entonces (1982) presidente español, Leopoldo Calvo Sotelo y Jefe de la Armada argentina, almirante Jorge Anaya, confirmasen la existencia de la "Operación Algeciras", título que empleó para su documental.


La operación estuvo desde su inicio bajo el mando directo del Almirante Jorge Isaac Anaya, Comandante en Jefe de la Armada y mentor de la recuperación del archipiélago malvinense. El 22 de abril Anaya convocó a su despacho en el Comando de la Armada, en el edificio “Libertad”, en la zona de Retiro, al Contralmirante Eduardo Morris Girling, por ese entonces Jefe del Servicio de Inteligencia Naval. En la reunión le propuso golpear en Europa a los ingleses, con el fin de que los europeos advertirán que los buques destinados a protegerlos, por ejemplo de los rusos, estaban a miles de millas de distancia, cerca del Polo Sur, y presionarían a Inglaterra para que regresen o, al menos, disminuyeran su número.


El ataque planeado por Anaya consistía en hundir un buque inglés en Europa, y para aumentar el impacto del incidente, este debía ser un buque de guerra, evitando así, además, posibles condenas internacionales por atacar un navío civil. 


En cuanto a la elección de la base naval inglesa, no era factible una en el Reino Unido, ya que unos argentinos deambulando en sus proximidades levantarían demasiadas sospechas, por lo que se encontró como aceptable la base naval ubicada dentro de la colonia inglesa del territorio español de Gibraltar, en proximidades del puerto español de Algeciras. Además, la elección de ésta ofrecía la ventaja de un entorno mucho más favorable al operar el comando desde España, un país donde no tendrían problemas de idioma y llamarían mucho menos la atención.


Pese a todo, la operación no se presentaba sencilla, el riesgo de ser descubiertos era elevado y se necesitaba de cualquier forma separar a la Argentina de la comisión del ataque, por lo que la Armada se dedicó a conformar un grupo comando especial que además de estar en capacidad de llevar con éxito la operación, no pudiera ser fácilmente relacionado oficialmente con la argentina. 


Según Anaya si la "Operación Algeciras" tenía éxito, nadie culparía a la Argentina: "Todos sospecharían de los enemigos de la OTAN, la Unión Soviética y sus aliados de la cortina de hierro, los islámicos del Líbano, o del Coronel Gadafi" presidente de Libia, en el Norte de África. Pese a esto, con esta operación, Argentina pudo implicar a España en el conflicto de las Malvinas, justo en el momento que España era finalmente aceptada como miembro pleno de la OTAN.


Gibraltar

El Almirante Anaya confió la planificación de la operación y el armado del grupo comando al Contralmirante Girling, quien designó al mando al Capitán de Corbeta Infante de Marina y Buzo Táctico Héctor Rosales, junto a tres guerrilleros ex Montoneros, Máximo Nicoletti, Antonio Nelson Latorre alias “el Pelado Diego”y otro experimentado alias “el Marciano”, todos con experiencia en buceo.


Además de tener gran conocimiento del buceo, en las operaciones encubiertas y en la ejecución de atentados con explosivos, el hecho de ser antiguos guerrilleros y no miembros de las fuerzas armadas argentinas, en caso de ser descubiertos, el gobierno Argentino podría negar cualquier relación con ellos.


El componente del grupo comando con mayor experiencia en ataques a buques era Nicoletti quien había nacido en Puerto Madryn, ciudad costera y sureña de Argentina, donde, con el tiempo, se había convirtió en buzo profesional.


A Nicoletti el tema de atacar embarcaciones de forma inusual le venía de familia, su padre, buzo táctico italiano, había participado en el proyecto de torpedos humanos de la “Regia Marina” italiana durante la Segunda Guerra Mundial, que desembocó en Diciembre de 1941 en el ataque a la Base Naval Inglesa en Alejandría, Egipto, en el Norte de África y el hundimiento con explosivos de los Cruceros Pesados HMS “Queen Elizabet” y HMS “Valiant”.


Ya en los inicios de los años 70 comenzó a militar en la agrupación guerrillera argentina Montoneros. Esta organización desarrolló su mayor actividad guerrillera, en forma de atentados con explosivos y secuestros extorsivos entre 1970 y 1977 y Nicoletti participó en algunos de ellos.



Nicoletti


Sus virtudes como buzo se prestaron a la realización de dos atentados bastante famosos en esos tiempos. Por un lado, el 1 de Noviembre de 1974, durante la presidencia de Maria Estela Martinez de Perón, en proximidades de San Fernando, en el Río Lujan, colocó una carga de explosivos accionada por control remoto dentro de la embarcación deportiva del Jefe de la Policía Federal Argentina, el Comisario General Alberto Villar. La explosión mató a Villar y a su esposa.


El otro atentado fue contra un buque de la Armada Argentina. El 22 de Septiembre de 1975, también durante la presidencia de Maria Estela Martinez de Perón, mientras se encontraba amarrado en el “Astillero de Río Santiago” finalizándose su construcción, el Destructor ARA “Santísima Trinidad, sufrió una explosión a causa de cargas de Trotyl colocadas entre el caso y el fondo por los buzos. Si bien esto no impidió la finalización de su construcción, sí le acarreó problemas futuros que con el tiempo fueron subsanados en los arsenales navales argentinos.


Paradógicamente, el ARA “Santísima Trinidad” era un buque gemelo del Destructor ingles HMS “Sheffield”, hundido seis años después, el 4 de Mayo de 1982, por un misil Exocet AM-39 durante la guerra de Malvinas, luego de un ataque de la Aviación Naval Argentina.


Por estos hechos, Nicoletti fue detenido y con el tiempo, sus relaciones con las autoridades argentinas mejoraron, hasta el punto de que se le encomendó la misión de realizar junto a dos compañeros un ataque similar al perpetrado contra el ARA “Santísima Trinidad”, pero en este caso, contra un buque de guerra chileno en la Base Naval de Valparaíso, en la zona central chilena. Para este caso no había nada de improvisación, sino que ya se tenían los blancos marcados, casas seguras, vías de entrada y salida e inteligencia previa sobre los objetivos.


Esta planificación se debió a las crecientes tensiones entre Argentina y Chile a causa de las discusiones por la soberanía de islas en el Canal de Beagle, en el Sur de ambos países durante 1978; no obstante, la mediación del Papa Juan Pablo II, evitó el conflicto armado y el ataque a la flota chilena fue cancelado. Abortada la operación Valparaíso, Nicoletti viajó a Estados Unidos quedándose en Miami, en cambio sus compañeros se desperdigaron en países de Sur América.


El 2 de Abril de 1982, se enteró a través de los noticieros de la recuperación de las Malvinas por parte de Argentina, sus otros compañeros se encontraban en Ecuador y en Venezuela. Esa misma tarde los llamaron desde Buenos Aires para avisarles que ya estaban analizando una posible acción contra los invasores ingleses. Se pensaba en atacar algún buque de abastecimiento británico en Montevideo o en un puerto del Brasil, pero surgió la idea de hacerlo en Europa. "Nos preguntaron si era factible o no, y con uno de mis compañeros, Nelson Latorre, el "Pelado", dijimos que, si nos ponían las cargas en España la operación era factible".


La Planificación de la Operación Algeciras:


Conformado el grupo comando, se diseñó la operación Algeciras cuyo plan era trasladarse y montar la base en la ciudad portuaria española de Algeciras, ya que dada su cercanía geográfica, era la localización ideal. Allí pasarían por inofensivos turistas, aficionados a la pesca, teniendo así una excusa para pasar horas en su embarcación pescando, y analizar cuidadosamente los movimientos dentro de la base naval inglesa de Gibraltar.




Las directivas recibidas indicaban que, una vez analizada la situación de la base inglesa y el entorno, se aguardaría el arribo de algún barco militar británico, se consultaría con Anaya y se actuaría en base a las órdenes que les impartieran.


Para hundir el blanco seleccionado, se recurriría a tres minas magnéticas de fabricación Italiana cada una con 25 kilogramos de Trotyl, en la planificación se había desechado las minas magnéticas de fabricación argentina para eliminar toda pista del origen del atacante. El problema de introducirlas en España se solucionó recurriendo al sistema de la valija diplomática de la embajada argentina. Desde el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, se enviaron vía aérea las tres minas magnéticas disimuladas dentro de una boya marítima, dirigida a la embajada argentina en Madrid, evitándose así cualquier intromisión aduanera.


Las directivas para el grupo comando argentino, indicaban que una vez que se contase con un objetivo que cumpliese con los requisitos del plan (buque militar ingles de importancia), habrían de aguardar a una noche oscura (sin luna o nublada), e internarse en el agua con ayuda de un gomón (bote inflable), una vez en las proximidades de la base, se acercarían con el bote hasta una distancia segura, tras lo cual Nicoletti y el Marciano se lanzarían al agua, continuando la aproximación buceando para evitar ser detectados, quedando en la embarcación Latorre y Rosales, que tenían instrucciones de hundir el bote y huir en solitario si tras un tiempo estipulado, los buzos no volvían. Colocadas y programadas las minas magnéticas, volverían al bote y se dirigirían a la playa. Desde allí, el grupo se dirigiría por tierra y en diferentes vehículos a Barcelona, cruzarían Francia y luego hasta Milán - Italia, desde donde volverían a la Argentina.


Conocido el plan y ajustados lo detalles, el grupo comando destacó la acción planeada por el mando naval: "La decisión de Anaya es una de las más revolucionarias que se tomaron en la Argentina, porque íbamos a atacar a la OTAN, a Estados Unidos; atacar en Europa era una decisión muy pesada, había que rescatarla desde ese punto de vista. Lo más importante era que mostraba hasta dónde quería llegar la Armada en su enfrentamiento con Inglaterra”. “Era una operación para llegar, ejecutarla en dos días e irse”.



Anaya


Comienza la Operación:


Finalizada la planificación y la organización logística de la operación, solo restaba iniciarla, a partir del 24 de Abril del 82 el grupo de cuatro buzos tácticos viajó hacia Europa desde el Aeropuerto de Ezeiza en dos vuelos de Aerolíneas Argentinas diferentes, el Capitán Rosales y El Marciano volaron directamente a Madrid, en cambio Nicoletti y Latorre partieron hacía París, donde transbordarían de vuelo para llegar a Málaga y luego por tierra a Madrid.


El grupo de Latorre y Nicoletti, en lo que se supone que debía ser una mera escala en París, tuvo el primer contratiempo. Para desvincular totalmente la operación con el gobierno argentino, se recurrió a pasaportes falsificados. Estos fueron confeccionados por otro ex-montonero, Víctor Basterra, aunque los talentos del falsificador eran muy respetados, todo indica que en este trabajo no se habría alcanzado la calidad suficiente.


Cuando llegaron a la capital francesa, oficiales de inteligencia sospecharon de los argentinos, los pasaportes falsos llamaron la atención, no parecían totalmente auténticos y la cooperación francesa hacia Inglaterra había comenzado, todos los argentinos arribados eran verificados especialmente. Luego de demorarlos un buen rato, se resolvió dejarlos continuar viaje. Aunque el incidente no pasó a mayores, siempre quedó la sospecha de que la inteligencia francesa pudo haber alertado a los servicios ingleses y españoles sobre la presencia de los argentinos.


La operación en territorio español:


Una vez en Málaga, se hospedaron en un hotel en Estepona. Tras unos días empleados en preparar el terreno y observar el entorno, se dirigieron a Madrid donde pasaron unos días y se encontraron con Rosales y el Marciano. Tras ello se dirigieron a la oficina del Agregado Naval Argentino en Madrid, que ya había recibido las minas magnéticas italianas desde la embajada.


En ese momento terminaba la etapa “sencilla” de la operación, ya que hasta entonces, no habían tenido que preocuparse demasiado, pero desde el momento en que recibieron las minas, el comando tenía que transportar en un largo viaje de más de 550 kilómetros los 75 kilogramos de alto explosivo en forma de minas submarinas, que además eran bastante voluminosas (60 centímetros de diámetro).


Otro agravante del entorno era que, en breve tiempo, se celebraría el mundial de fútbol en España 82 y las autoridades españolas temían por la concreción de un atentado de la banda terrorista ETA, por lo que se había incrementado la seguridad y por ende los controles policiales en todas las carreteras. En ese ambiente especial de inteligencia y contraterrorismo debía moverse el grupo comando argentino, sin la información previa de la que sí disponían para otros blancos.


Para moverse por España, el capitán Rosales había alquilado dos autos en Madrid y Nicoletti uno en Málaga. Para evitar ser descubiertos habían decidido hacer el traslado en silencio sin usar las radios para no ser detectados en el trayecto, en cambio para superar los controles carreteros, el grupo estableció un sistema de viaje seguro, el primer automóvil hacía las veces de vigía seguido por el segundo a 10 minutos de distancia y finalmente el tercero, en el cual se transportaban camufladas las minas, a otros 20 minutos.


Si el primero se topaba con un control policial, sólo debía dar la vuelta y, al cruzarse en el camino con los otros dos vehículos, sus compañeros entenderían el mensaje de que por allí no podía avanzarse. Si ese automóvil adelantado levantaba sospechas, podía pasar una revisión policial, porque no llevaban nada que los comprometiera. Con esta disposición, no fueron escuchados por la policía española ni tomados por sorpresa por los operativos policiales y pudieron burlar todos los controles de las carreteras, dando tiempo al coche con las minas a variar su rumbo sin levantar sospechas y alcanzar finalmente su destino.


El viaje de Madrid hasta Algeciras se desarrolló sin incidentes y allí se alojaron en un hotel. Para moverse por la costa compraron en el Corte Inglés un bote inflable a motor y que posteriormente usarían para realizar el minado del objetivo. En sus salidas de pesca, en las que se movían con total libertad por la zona, comprobaron que las medidas de seguridad eran bastante escasas y por tanto estimaron que la operación era finalmente realizable.


A la espera del mejor blanco:


El primer objetivo que cumplía parte de los requisitos (buque militar ingles importante) era un pequeño minador atracado en puerto, pero por un lado se trataba de un objetivo bastante modesto, y por otro, en aquellos momentos, Argentina buscaba una solución diplomática al conflicto, que habría fracasado en el momento que se produjese el ataque a la base inglesa; la mediación del Presidente Peruano Dr. Fernando Belaunde Terry, estaba muy avanzada y había alcanzado un gran consenso en la comunidad internacional.


Es por esto que a pesar de la llegada a puerto de otros posibles objetivos que sí cumplían los requisitos planificados, como un destructor ingles y algunos buques logísticos, siempre que el comando solicitaba permiso para ejecutar la operación, éste le era denegado desde Buenos Aires.


Todo cambió cuando a las 16:01 del 2 de Mayo el Crucero ARA “General Belgrano” de la Armada Argentina fue torpedeado y hundido por el Submarino atómico ingles HMS “Conqueror” encontrándose fuera del área de exclusión establecida por Reino Unido, sin ser un riego para la flota inglesa y alejándose de la zona del conflicto navegando a baja velocidad, lo que cumplió con la meta política inglesa de destruir cualquier posibilidad de solución pacífica y obligar a la argentina a meterse en una guerra.


Al no haber vuelta atrás y quedando claro el fracaso de la vía diplomática, el 3 de Mayo Anaya dio luz verde al Capitán Rosales para atacar al primer blanco que cumpliera los requisitos, a partir de ese momento, el primer barco militar inglés que entrase en Gibraltar sería minado.


Tras el visto bueno para la operación, llegó a la base de Gibraltar la Fragata HMS “Ariadne” que se convirtió en el objetivo. La noche del lunes 8 de Mayo, la fragata entró en el puerto y se fijó para la noche del 9 el ataque en caso de que continuase ahí.



Fragata Ariadne


A la noche siguiente, tenían la fragata en el puerto con las condiciones meteorológicas adecuadas y la luz verde de Buenos Aires para proceder”, prepararon los explosivos y todo el equipo, iniciaron el desplazamiento pero al poco tiempo de navegar, el cielo se descubrió y una luna llena que iluminaba toda la bahía, amenazó con delatarlos, por lo que abortaron la operación para la noche siguiente


Para ese entonces, luego del hundimiento el 2 de Mayo, del Crucero ARA “Gral. Belgrano”, se había producido el 4 de Mayo el hundimiento del Destructor ingles HMS “Sheffield”, por medio de un misil aire superficie Exocet AM-39, lanzado desde un avión Super Etandart de la Tercer Escuadrilla de Caza y Ataque de la Aviación Naval Argentina.


El 10 de Mayo por la mañana, el Capitán Rosales y Latorre fueron a renovar el alquiler de los coches que, con tantos retrasos en obtener la luz verde para la operación, se había vencido el día anterior y era necesario para garantizar la huida sin problemas en los controles ruteros, mientras que Nicoletti y El Marciano permanecerían durmiendo para estar descansados para la noche del ataque ya que les tocaba el trabajo más duro al tener que bucear un tramo prolongado.


Para pagar el alquiler utilizó dinero en efectivo, aunque en estos casos es habitual pagar con tarjeta de crédito, y la policía española andaba tras la pista de unos argentinos y uruguayos presuntos planificadores y ejecutores de un asalto a un banco local, así que, tras haber pagado en efectivo al alquilar el primer coche en su llegada a España, la policía solicitó a la empresa de alquiler que les avisasen si volvían por sus oficinas, y así lo hicieron la mañana del 10 de Mayo, donde finalmente detuvieron a Rosales y a Latorre, luego, 4 agentes despertaron a Nicoletti y al Marciano a las 12:30 mientras aún descansaban en el hotel, uno de ellos les hizo saber a los agentes, que era oficial de la Armada Argentina para tratar de solucionar la situación, sin poder lograrlo.



Calvo Sotello


En la detención solo participaron efectivos españoles, los que propinaron un trato ejemplar a los argentinos. Cuando los miembros de la operación fueron capturados y se identificaron, el trámite de detención comenzó a demorarse mucho, por lo que terminaron almorzando junto con ellos. 

Según relataron los mismos miembros de la operación,“Fue un almuerzo muy divertido, los policías españoles lamentaban que este hecho hubiera llegado a sus superiores, y de no haber sido así, los hubiesen dejado libres”, “los españoles nos trataron muy bien, de hecho, se nos acercó su comandante y nos dijo: "Hombre, si yo sabía que ibais a hundir un barco inglés os dejaba libres para que cumplierais la misión...Después de todo, el Peñón de Gibraltar también es territorio Español usurpado por Inglaterra”.


Luego del almuerzo, y después de brindar por la recuperación de Malvinas y del Peñon con los agentes españoles, el capitán y los ex guerrilleros miembros de esta operación fueron transportados por tierra hasta Málaga, donde en aquellos momentos se encontraba el presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, quien regresaba a Madrid tras un mitin de la UCD y que para evitar cualquier fuga de información y que el asunto trascendiese más, y provocará incidentes internacionales para España, que por esos momentos esperaba ser admitida en la OTAN, ordenó desembarcar la custodia de su avión, embarcar a los 4 argentinos y a otros 4 efectivos policiales y despegar inmediatamente rumbo a Madrid.


Eso fue a las cuatro de la tarde, poco más de 3 horas tras la detención. Una vez en la capital, salieron desde el aeropuerto de Barajas rumbo a las Islas Canarias acompañados de la policía, donde hacían escala para su destino final, Buenos Aires, viaje que ya harían los cuatro buzos argentinos, solos hasta Ezeiza. Para salir de España, utilizaron los mismos pasaportes falsos con los que entraron.


El incidente se saldó a satisfacción de todos: los argentinos porque, aunque no lograron su objetivo, preocuparon seriamente a sus enemigos y no se vieron envueltos en ningún escándalo internacional; los españoles evitaron problemas con sus recién estrenados socios en la OTAN sin tener que enfrentarse con sus hermanos latinoamericanos, y los ingleses, felices también porque que no se produjo el atentado y evitaron un papelón militar.


Con esto finalizaba la “Operación Algeciras”, quedando en el aire grandes incógnitas como ¿qué fue lo que puso tras la pista del grupo comando a la policía española? y más importante aún, si Anaya estaba acertado en su planteamiento de atacar a la Marina Británica en Europa, con la posibilidad de dejar a España muy complicada con sus aliados de la OTAN? y ¿cuál hubiera sido la reacción de Inglaterra al mostrarse vulnerable en su territorio?, de lo que no hay dudas, es que militarmente, hubiera sido un golpe magistral al corazón británico.


Con el tiempo Nicoletti se convirtió en especialista en asaltos a camiones blindados transporte de caudales. En eso estaba cuando en 1994 fue detenido como jefe de una superbanda que se alzó con 1.800.000 pesos de un solo golpe. Pasó cinco años tras las rejas y no está claro por qué recuperó la libertad, dice a quienes se lo cruzan que no tiene sentencia firme y se benefició con la aplicación del dos por uno de las leyes penales argentinas.


Para 2004, de los cuatro componentes del comando, solo seguían vivos Nicoletti y el Marciano, desconociéndose al día de hoy su identidad, ya que siempre prefirió mantenerla en secreto, el “Pelado Diego” y el Capitán Rosales, que, según Nicoletti, era un tipo extraordinario, murieron hace tiempo.



Para escuchar la grabación efectuada por Nicoletti sobre este operativo, copia y pegar el siguiente link en una nueva página: https://youtu.be/P-3z7MpjDf4

y

Largometraje Documental https://youtu.be/s7jzN1Y8z7o



Recopilación efectuada sobre diversas fuentes:


“Flotillas Secretas - Vol II”- Brooks Richards - Londres 1985

"La Guerra por las Falklands" - Nigel West - Londres 1998

“Operación Algeciras” - Jesús Mora - Madrid 2004

“Documental Operación Algeciras" - Jesús Mora – Madrid 2004

“Cambio 16” - Madrid 1983.

“The Sunday Times”- Londres 1999.

“La Nación” - Buenos Aires 2004



dp 





Explosión del Sheffield en el Atlántico Sur