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domingo, 23 de noviembre de 2025

SOLDADOS QUE NUNCA SE RINDIERON




Entre el bosque y el olvido: el caso de Vasily Rambowski y la persistencia del cautiverio más allá de la Segunda Guerra Mundial.


El hallazgo en marzo de 1947 del prisionero de guerra ucraniano Vasily (Vasyly) Rambowski, oculto durante casi tres años en los bosques de Trøndelag, Noruega, constituye uno de los casos más singulares de supervivencia prolongada e involuntaria tras el colapso del Tercer Reich. A diferencia de otras historias de combatientes que permanecieron escondidos por convicción o desconocimiento —como los célebres soldados japoneses Hiroo Onoda o Shoichi Yokoi—, la prolongada clandestinidad de Rambowski se explica por la combinación de trauma extremo, desarraigo lingüístico, miedo fundado a la repatriación forzosa a la URSS y una excepcional capacidad de supervivencia desarrollada desde su infancia en la Ucrania del Holodomor.


La Segunda Guerra Mundial generó millones de desplazados, prisioneros y combatientes desarraigados. Si bien la capitulación alemana en mayo de 1945 marcó el cierre formal del conflicto europeo, para muchos individuos el fin de la guerra fue un proceso discontinuo, condicionado por fronteras cambiantes, estructuras represivas como el NKVD y el temor —a menudo justificado— de persecución política. El destino de Rambowski ilustra cómo la victoria militar no significó necesariamente la reintegración inmediata de quienes habían sido absorbidos por la maquinaria bélica.


Vasily Rambowski nació en Rybky, Ucrania, región azotada por el Holodomor (1932–1933). La hambruna forzada no solo configuró un trauma temprano sino también habilidades de supervivencia en condiciones ecológicas y sociales extremadamente adversas, elemento clave para entender su resistencia posterior en los bosques noruegos.


En 1939, Rambowski se incorporó al Ejército Rojo, y fue hecho prisionero durante la ofensiva alemana de 1941. Su paso por campos de prisioneros en Polonia y Alemania se inscribe en la política genocida aplicada por la Wehrmacht y las SS contra los prisioneros soviéticos, cuya tasa de mortalidad superó el 50%. Haber sobrevivido a ese circuito de violencia biopolítica ya situaba a Rambowski en un grupo reducido.


En 1944 fue trasladado al campo Moan, cerca de Levanger (Noruega), uno de los varios enclaves destinados a prisioneros soviéticos utilizados en trabajos forzados bajo supervisión alemana.


En otoño de 1944, Rambowski escapó del campo sin mapas, sin lengua común (no hablaba alemán ni noruego) y sin conocimiento del territorio. Las circunstancias explican que la huida no derivara en una búsqueda de contactos locales o resistencia organizada, sino en una desaparición literal en el paisaje.


Durante dos inviernos, Rambowski vivió casi en completa soledad en los bosques del área de Trondheim, sobreviviendo mediante, recolección de alimentos, refugio improvisado en cobertizos o graneros abandonados, ropa improvisada y extremadamente deteriorada (lachmans), robos ocasionales en granjas cercanas.

Su resistencia fisiológica y psicológica resulta excepcional, comparable a la de otros individuos sometidos a aislamiento prolongado —pero sin el apoyo logístico o cultural que caracterizó a los soldados japoneses ocultos en el Pacífico.

Rambowski fue encontrado por casualidad en un granero en Bymarka, cerca de Trondheim. Las fuentes describen a un hombre, aterrorizado, extremadamente demacrado, con percepción alterada del tiempo y firmemente convencido de que la guerra continuaba.


La fotografía tomada por la policía —donde se observa cómo se le entrega un ejemplar de Pravda para demostrarle que la guerra había terminado— simboliza el encuentro entre dos temporalidades: la del mundo ya en reconstrucción y la del soldado que aún vivía en un estado de supervivencia bélica.


El temor de Rambowski ante una posible deportación a la URSS no era irracional. El gobierno soviético consideraba a la mayoría de los prisioneros de guerra como potenciales traidores bajo la Orden Nº 270 y posteriores regulaciones del NKVD. La deportación a campos de filtración o incluso al Gulag fue habitual.


Por ello, Rambowski afirmó ser polaco y se negó a la repatriación. Su negativa coincide con decenas de miles de casos de prisioneros soviéticos que buscaron evitar el regreso forzoso.


Una posguerra difícil: marginalidad, institucionalización y fragilidad psicológica.

Establecido en Noruega, Rambowski nunca logró una plena inserción social. Su vida osciló entre: periodos de indigencia auto voluntaria, internamientos psiquiátricos forzosos, ataques de paranoia, pequeños delitos como robos y momentos de mayor estabilidad en los que incluso formó una familia y tuvo una hija.


Su progresiva desorientación social es coherente con el trastorno traumático complejo que afectó a numerosos supervivientes de campos de prisioneros soviéticos y alemanes.


En 1962, compareció ante la justicia por fugas, robos y hurtos en las zonas de cabañas de los alrededores de Levanger. Fue condenado a cinco años de prisión. Durante el juicio, conoció a Birgitte, con quien se casó y tuvo una hija, Anita. La familia vivía en Lillehammer. Rambovski quedó traumatizado por las experiencias de la guerra y sufrió problemas de salud mental. El matrimonio terminó.


Después de cuatro años, regresó a Levanger y trabajó en una granja. Quienes lo conocieron lo describieron como un hombre inteligente y amable. En 1970, Rambovski recibió la ciudadanía noruega y una pensión de guerra. Compró una pequeña granja en Nesset, Levanger, y comenzó a criar conejos.


Con la independencia de Ucrania en 1991, Rambowski finalmente confesó su verdadera nacionalidad. Inició los preparativos para volver a su pueblo natal, pero falleció poco antes de su viaje en 1992. Solo una hermana menor, residente cerca de Odesa, sobrevivía en Ucrania.


El caso de Rambowski pertenece a un grupo heterogéneo de individuos cuyo aislamiento posbélico se prolongó durante años. Entre los ejemplos más conocidos se encuentran.


Soldados japoneses del Pacífico





-Hiroo Onoda, encontrado en Filipinas en 1974, convencido de que la guerra continuaba.


Aunque sus motivaciones diferían —obediencia al código militar y falta de información—, comparten con Rambowski el elemento de desconexión temporal prolongada.


Miles de ex-prisioneros del Ejército Rojo intentaron evitar la repatriación entre 1945 y 1947 debido a la represión del NKVD. Algunos se ocultaron durante años en Europa occidental, integrándose en comunidades campesinas o de desplazados.


En Francia y Alemania se documentaron casos de soldados errantes que vivieron como vagabundos durante años después de 1945, incapaces de reintegrarse o temerosos de represalias.


Un caso particularmente similar es el de Johann Scheer, un soldado alemán que vivió oculto en Baviera hasta 1951 por miedo a represalias aliadas.


Estos paralelos permiten situar el caso Rambowski en un espectro más amplio de desajuste bélico prolongado, donde la frontera entre guerra y paz se difuminó en la experiencia individual.


La historia de Vasily Rambowski evidencia cómo la experiencia de la guerra puede extenderse más allá del conflicto armado y transformarse en una condición vital que altera identidades, percepciones y trayectorias biográficas. Su prolongado aislamiento en los bosques noruegos, su resistencia a la repatriación, sus dificultades de adaptación y su muerte justo antes de reencontrar su hogar reflejan una vida marcada por la violencia estructural del siglo XX.


El estudio de casos como el suyo —y de otros soldados que permanecieron “fuera del tiempo”— permite comprender que la Segunda Guerra Mundial no terminó realmente en 1945 para todos. Para ciertos individuos, como Rambowski, la guerra continuó en el interior de su mente y en los márgenes de la sociedad durante décadas.



Fuentes y lecturas:


https://s2pu.com/.../the-history-of-ukrainian-prisoner-of...

https://digitaltmuseum.no/021016.../pagripelse-av-losgjenger

-Lowe, Keith. Continente salvaje: Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2014.

(Profundiza en el caos social y la violencia que persistió en Europa entre 1945 y 1947.)

-Judt, Tony. Posguerra: una historia de Europa desde 1945. Madrid: Taurus, 2006.

(Análisis estructural del continente en los años de desmovilización y reconstrucción.)



Fuente: @Vientos de Guerra: Segunda Guerra Mundial



dp




domingo, 2 de marzo de 2025

TRUMP TRAIDOR A OCCIDENTE

 




Lo que hizo Trump contra el Presidente de Ucrania mostró su traición a Occidente para beneficiar a su antiguo socio, el dictador, criminal, mafioso e imperialista de Putin.

Con este gesto está pagando viejas cuentas que le debe al ruso desde la campaña de su primera elección presidencial.

Además Trump eligió un escenario público, frente a periodistas y funcionarios en la oficina donde reside su poder, como muestra de su machismo y gangsterismo extremo.

Esto es inaudito. Seguramente no fue la primera vez en la historia que un dirigente de este calibre se enfrenta verbalmente a otro, pero hasta donde sé, esto solo paso en un ámbito reservado y cuando termina el enfrentamiento ambos polemistas se muestran juntos y en paz.

Trump rompió elementales normas de convivencia, frente a un aliado necesitado, pero esto oculta que frente a un rival de envergadura seguramente solo puede agachar la cola.

Zelensky reaccionó con dignidad, con se amilanó y se fue dando un portazo, sin firmar los acuerdos comerciales que iban a discutir, en señal de clara dignidad soberana de la resistencia ucraniana.

El mundo está en manos de gansters. Los chinos siguen haciéndose los distraídos, sabiendo que nada tienen para perder en todo esto. Y mucho para ganar.

Los europeos están con Zelensky porque saben que si le va muy mal a Ucrania, irán por ellos, mientras Trump, como buen traidor a Occidente, no hará nada.





Los europeos saben que deberán pagar las peores consecuencias cuando la nueva orda staliniana los invada.

Siempre el gran e interminable problema de Europa fue Rusia. Desde la Primer Guerra Mundial hasta ahora. De ahí vienen las amenazas, la crueldad, el salvajismo y la aún primer potencia, Estados Unidos, esta vez no estará para respaldarlos.

Ucrania es la primer línea defensiva de Europa, que además esta asediada por los musulmanes que ellos mismo recibieron desde un primer momento, pero que ahora solo buscan imponer sus ideas y formas de vida, destruyendo el baluarte de Occidente para imponer su oscurantismo medieval.

Más que nunca debemos de apoyar a Ucrania, ya sabiendo que se cayó la careta al gran embustero de Trump. Como se deben de sentir los cientos de miles de inmigrante ucranianos y sus descendiente en los Estados Unidos?.

La traición duele  muchísimo, pero más duele la caída al traidor.

Trump acaba de condenar a su país a la decadencia de su estatus de única gran potencia. Los chinos se refriegan las manos.

Donde quedaron los históricos "principios yanquis" de defender la libertad, la democracia, proteger al débil? Cosa que los habilitó siempre para intervenir donde quisieron y sin importar las circunstancias. Algunas veces para bien, pero otras para causar mucho daño justamente a esos principios.

Europa sostendrá a Ucrania, hasta donde pueda. No se ceró aún este capítulo. Es más, esto ayuda a unificar aún más a los europeos y asumir una real y distinta cuota de poder en el mundo. No se han acobardado y van para adelante.

Podremos estar viendo el fin del imperio de más corta duración en la historia de la humanidad?. Porque esto podrá pasar con Estados Unidos.

Zelensky se convirtió en un verdadero Hetman (jerarquía de caudillo, líder) de todo un país y de una causa universal que va contra el autoritarismo, el exterminio humano, la destrucción material, la libertad, la democracia y los valores de Occidente.



dp





domingo, 15 de diciembre de 2024

ARMAS PSIQUICAS




LOS ARSENALES GUARDAN ARMAS MUCHO MAS PODEROSAS QUE LAS BOMBAS NUCLEARES


Las armas psíquicas que todas las grandes potencias poseen, aunque nadie habla de ello


En 2022 publicamos este artículo con el título “Todas las grandes potencias conocen las armas psíquicas y las utilizan contra la población”. Por su interés y vigencia hemos considerado rescatarlo del archivo, actualizarlo y ofrecerlo nuevamente a los lectores.


Por MAGDALENA DEL AMO 




“La mayor astucia del Diablo es hacer creer que no existe”. La conocida frase del poeta Charles Baudelaire solía repetirla Alexandre de Marenches, director del Servicio de Inteligencia Exterior de Francia (SDECE) durante las legislaturas de Georges Pompidou y Giscard d’Estaing; asesor de Ronald Reagan y cofundador durante el gobierno de George Bush del Safari Club, un proyecto de cooperación de los servicios secretos de varios países. ¿Por qué Marenches hacía uso de esta frase? La sentencia es extrapolable a todo aquello que el siniestro Poder en la sombra que domina el mundo oculta a la humanidad, con el objeto de mantenerla sumida en la ignorancia, y así trabajar con total impunidad en proyectos lesivos que, oficialmente, “no existen”.

El desconocimiento de la realidad y la credulidad ciega en quien no merece nuestra confianza nos hace vulnerables y nos convierte en presa fácil a merced de los depredadores. La situación distópica de hoy es consecuencia de esta circunstancia. Por eso estamos viviendo momentos de incertidumbre, de miedo, de inversión de valores y de psicosis colectiva, sin entender el porqué. Pero lo cierto es que nadie sabe qué ocurrirá mañana, excepto “ellos”. Aunque no creo que, al final, les salgan las cuentas como esperan. ¡Esto no ha terminado y estamos en pie!

Se está librando una gran guerra mental y espiritual, pero la humanidad aún no es consciente de ello. ¡A pesar de las señales!

Los programas de dominio nos asustan con los virus, la economía, la energía y el cambio climático, diseñados ad hoc por los psicópatas que dirigen el mundo. La solución, por tanto, no puede provenir de los creadores del caos. En realidad, por extraño que parezca, la clave está en los ciudadanos. Sí, en nosotros, en el desarrollo de nuestra conciencia. Esto no tendrá solución si no caemos en la cuenta de que en este presente que nos ha tocado vivir, se está librando una guerra espiritual, psíquica, mental. Hay muchos indicios que apuntan a ello. Otra cosa es que desarrollemos la perspicacia suficiente para descorrer el velo y la valentía para afrontarlo.

El citado Alexandre de Marenches, en posesión de información privilegiada y conocedor de los programas en los que diferentes servicios secretos –su especialidad— estaban trabajando, aseguraba en 1988 que se estaba librando la Tercera Guerra Mundial, en la que aparte de las clásicas armas al uso: subversivas, psicológicas, ideológicas o climáticas, capaces estas últimas de crear a voluntad sequías, terremotos, ciclones o inundaciones a fin de desestabilizar el mercado de alimentos y castigar a naciones enteras –eso decía ya entonces—, aludía a la guerra psíquica, a la que calificaba de terrorífica, capaz de contaminar mentalmente a grandes estratos de la población.

¿Y por qué al ciudadano no se le cuenta esto?, se preguntan los ingenuos. La respuesta es obvia: porque las armas psíquicas son para utilizarlas contra la humanidad, como de hecho ya se está haciendo de manera amplificada con ayuda de la nanotecnología y la geoingeniería. En este campo, lo físico y lo psíquico se yuxtaponen y complementan. Lástima que sea para el mal.


La sociedad conoce los fusiles, las metralletas, las bombas, los misiles e incluso el napalm, pero desconoce todo sobre estos cañones de nuevo cuño, invisibles e intangibles, que aparentemente “no existen”, creados a base de algo que “tampoco existe”, relacionado directamente con nuestro cerebro y nuestra mente, expresado como “habilidades PSI”, es decir, clarividencia, precognición, telequinesia, telepatía, poder mental, y otras cualidades que escapan a la comprensión de nuestro universo tridimensional y a la lógica humana. Por eso a los grandes poderes les ha resultado tan fácil ridiculizar estas potencialidades y ocultarlas.

Los fenómenos extraños, el mundo del misterio, de lo inexplicado, de los ovnis, de la parapsicología, de lo no tangible, de lo insólito y de lo invisible es catalogado por  la ciencia oficial positivista como meros delirios mentales de personas desequilibradas, superchería, superstición, propio de personas poco desarrolladas e intelectos escasamente cultivados. Sin embargo, la  ciencia avanzada, cuyos descubrimientos se mantienen ocultos al gran público y a los propios científicos de a pie, dista mucho de este pensamiento.


Hace mucho tiempo que la gran ciencia conoce la realidad de estos fenómenos, y ha aprendido a reproducirlos, no para beneficio del ser humano, sino con fines de control, militares y bélicos. Eso sí, invirtiendo, a la par, cantidades ingentes de dinero público en propaganda y estrategias para que el pueblo siga creyendo que se trata de puro folclore y se avergüence incluso de hablar de ello o de contar vivencias personales en este campo. Los medios de comunicación han hecho mucho daño en este sentido.

El viejo sueño de unos y el temor de otros se está cumpliendo a los ojos de todos. El robot humano transhumanista es casi un hecho. El físico y experto en sociedades secretas y proyectos de control humano, Jacques Bergier decía: “… la posibilidad de dominar el mundo por medios psíquicos es un peligro mucho mayor que todos los que ha conocido la humanidad”. Y advertía a los gobiernos sobre ciertas armas que algunos científicos escondían, mucho más peligrosas que las bombas atómicas. En efecto, estaba hablando de las armas psíquicoespirituales.

A lo largo de las últimas décadas del siglo pasado se han ido filtrando documentos sobre el estudio de la parapsicología con fines militares. En plena Guerra Fría, el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja de Estados Unidos aseguraba que las potencias que más invirtiesen en el estudio de la parapsicología aplicada y que primero desarrollasen esas técnicas no convencionales obtendrían una ventaja frente a otras.

Con el fin de investigar las posibilidades de las facultades paranormales, como las enumeradas: telepatía, telequinesia, clarividencia y otras, el gobierno de Estados Unidos creó el Proyecto Stargate. De paso, el programa servía de pantalla para la justificación de fondos que se estaban desviando a otros “menesteres” al margen de la ley. Secretamente, se estaba experimentando con microondas y ELF sobre los cerebros de personas aisladas y capas de población, y otros programas ilegales de manipulación y control bajo la denominación de MK-Ultra y sus subprogramas, entre ellos el “Control Intracerebral Radio Hipnótico” (RHIC, por sus siglas en inglés) y el “Disolución Electrónica de la Memoria” (EDOM, por sus siglas en inglés). Estos experimentos consistían en borrado de memoria, inserción de historias no vividas, estimulación eléctrica del cerebro, bombardeos de microondas y ultrasonidos y modificación de la conducta sexual y social.

En 2017 la CIA liberó miles de documentos sobre el tema, aparte de los que se habían desclasificado anteriormente, en virtud del Acta de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés). Esta información ayuda a comprender la dinámica actual de los campos electromagnéticos en todo el planeta y el internet de las cosas, máxime si adicionamos el complemento de ciertos adyuvantes de las inoculaciones –prohibido nombrar esto—, cuyo fin es la interacción y modificación de los circuitos neuronales, implantar pensamientos e historias ficticias y borrado de recuerdos. Es decir, los experimentos llevados a cabo en EE. UU. y otras potencias –por lo cual el jefe de la CIA tuvo que declarar ante el Senado— se están poniendo en práctica con toda la población. Pero estas armas no están censadas y, por tanto, no se necesita licencia para operar con ellas, ni existe ningún tipo de normativa internacional, porque “no existen”.



Alemania empezó la investigación psíquica mucho antes que Estados Unidos. Hitler era un forofo de esta temática y el Tercer Reich realizó numerosas investigaciones, así como búsquedas de objetos de poder, como el santo Grial, creación de prototipos ovni, o canalizaciones con otros planos. Debido a los aciertos de un vidente del führer sobre la guerra, Rusia profundizó en las investigaciones en este campo. De hecho, los rusos siempre estuvieron por delante de los estadounidenses, reconocido por ellos mismos en un documento secreto de la CIA.

El hecho quedó demostrado en el experimento internacional Kosmos Ziemia, que consistía en la comunicación telepática de psíquicos de todo el mundo con el astronauta Edgar Mitchel desde el Apolo 14. El ruso Avtandil Lomsadze fue el telépata mejor dotado. El informe sobre este experimento es muy detallado e interesante.

En 1954, los rusos ya estaban muy avanzados en el espectro de estas capacidades humanas. En el laboratorio secreto Academiah, próximo a la ciudad de Novosivirsk, científicos y unidades especiales de la KGB trabajaron activamente durante años en la investigación psíquica y avanzaron en la dermoóptica –en la que el desaparecido Jacobo Grinberg era un experto—, en la visión remota y en lo que más tarde se denominaría radiónica o actuación a distancia sobre la materia. También se hicieron ensayos con armas psíquicas para bloquear sistemas de radar. (En otra ocasión hablaré de la implicación de Andrija Puharich y un grupo de psíquicos, entre ellos Uri Geller, en la Operación Entebbe, para rescatar a los rehenes en el aeropuerto de Uganda, en 1976. Una misión llevada a cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel, siguiendo las instrucciones del Mossad).

Y anterior a todo esto, en 1882, el físico William Barrett y otros eruditos de la Universidad de Cambridge habían fundado la Society for Psychical Research (Sociedad para la investigación psíquica), al que también perteneció el médico y fisiólogo, premio Nobel de medicina, Charles Richet, autor del famoso Tratado de Metapsíquica. Algo que se inició para descubrir las potencialidades del ser humano y utilizarlas para su evolución y desarrollo, se convirtió en un arma peligrosa en manos de los oscuros manipuladores del mundo.

Paradójicamente, mientras la ciencia oficial sigue catalogando el estudio y conocimiento de estas cualidades humanas como seudociencias, la  ciencia avanzada –que nunca dice todo lo que sabe— y los servicios secretos de las principales potencias, en conjunto con los organismos al servicio de la Defensa de los Estados respectivos, no solo conocen su realidad, sino que las utilizan como armas de guerra. Y esto es lo realmente grave.

“El único poder verdadero es el del espíritu sobre el espíritu”, decía John Buchan, seudónimo del prolífico escritor británico Lord Tweedsmuir, gobernador general de Canadá. Lo decía desde su visión objetiva sobre las guerras, su dilatada experiencia política y su visión del mundo.

Hablamos de guerra mental o psíquica y espiritual porque lo mental afecta a lo espiritual; todo forma un conjunto que debe estar conectado y en armonía. Estas armas no solo pueden destruir los átomos materiales de los que está formado nuestro cuerpo físico, sino producir desajustes vibracionales en los niveles atómicos más sutiles y romper el “puente” que une el alma con nuestros cuerpos inferiores, convirtiéndonos en meros “cascarones” vacíos, zombis, muertos en vida. Por eso es tan importante mantenernos conscientes y cultivar nuestra parte divina.

Muchas veces me preguntan si quienes nos dominan en estos tiempos de distopía y se apoderan de nuestras mentes, podrían también arrebatarnos el alma. Estoy lejos de conocer la verdad última, pero puedo asegurar que NO, aunque sería muy largo argüir ahora las razones. Ahora bien, hoy más que nunca, sabiendo que están al acecho –tanto los humanos como los extrahumanos—, tenemos que estar alertas, cultivar y cuidar el alma, como nuestro gran tesoro; el bien más preciado que tenemos.


Fuente: https://www.periodistadigital.com/politica/opinion/20241212/armas-psiquicas-grandes-potencias-poseen-nadie-habla-noticia-689405043876/


dp