miércoles, 15 de abril de 2026

ARGENTINOS EN EL TITANIC

LA HISTORIA DEL UNICO ARGENTINO FALLECIDO EN EL TITANIC Y SU VALIJA RESCATADA. 


Edgar era un adolescente de 17 años de Villa General Belgrano, Córdoba. Antes de embarcarse escribió: "desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano.




Nombrar a Edgar Andrew en el Valle de Calamuchita de Córdoba es referirse a una personalidad que fue reconocida post mortem debido a que fue el único argentino fallecido en el hundimiento del Titanic, en aguas del Océano Atlántico en la madrugada del 15 de abril de 1912 en su viaje inaugural.


Es que Andrew vivió en una estancia cerca de Río Cuarto, pero su familia se radicó en Villa General Belgrano, donde una sobrina-nieta relata las vivencias que le contaron sus antepasados, con gran emoción, recordando cada paso de su tío-abuelo en los días previos al naufragio del por entonces barco más grande del mundo.


Violet Jessop es la otra argentina que estuvo a bordo del Titanic, aunque la suerte para la bahiense fue distinta. Era una de las 23 camareras y una de las 712 personas supervivientes que se salvaron embarcando en uno de los botes salvavidas.


En diálogo con Télam, Marianne Dick contó sobre Edgar: "Mi abuelita, Ethel, era su hermana, dos hermanos que se llevaban súper bien y se querían muchísimo".


"Se levantaba de la siesta, nos contaba todas esas historias familiares, que hay muchas, y contaba con mucha tristeza del hermanito que había fallecido en el Titanic, ella vivía enfrente nuestro y siempre charlábamos. Como buena descendiente de ingleses era bastante parca, pero le sacábamos estas historias tan interesantes", recordó Dick sobre su abuela fallecida en 1990 a los 101 años.




Edgar tenía apenas 17 años cuando murió en el naufragio.


El hermano de Marianne, Enrique Dick, era quien junto a ella escuchaban los relatos que contaba Ethel, y él es quien escribió el libro 'Una valija del Titanic', basado en la historia de Edwar Andrew.


Dick comentó que la familia de Andrew era descendiente de ingleses, por lo que los ocho hermanos fueron enviados oportunamente a Inglaterra a estudiar, ya que era una tradición familiar, con la particularidad de que en su momento, Edgar no estaba de acuerdo con ir a Europa, ya que se sentía a gusto "trabajando en el campo".


Los Andrew vivían en Estancia El Durazno, propiedad de el ex gobernador de Córdoba Ambrossio Olmos y a unos 25 kilómetros de Río Cuarto, hasta que Edgar con 16 años viajó a Inglaterra para estudiar, como lo habían hecho oportunamente sus otro siete hermanos.

Estando en Inglaterra, su hermano mayor, Silvano Alfredo, un ingeniero naval que vivía en Estados Unidos, contó a su madre que iba a casarse con una norteamericana y que invitaba a Edgar a la celebración y luego, si no quería estudiar, lo pondrían a trabajar en la empresa de su futura esposa.


El destino quiso que cambiara de pasaje.


Edgar originalmente compró ticket para viajar a fines de abril de ese 1912 en el Oceanic, aunque su destino cambió para siempre por una cuestión ajena a él.


Es que previo al viaje inaugural del Titanic, una huelga de trabajadores que no quisieron cargar carbón generó una serie de situaciones que derivaron en que Edgar finalmente fuera pasajero del famoso barco.


Se decidió pasar el carbón del Oceanic al Titanic, ya que eran de la misma empresa, y ofrecieron a pasajeros a embarcarse en el transatlántico que finalmente se convirtió en uno de los más conocidos de la historia.


Así fue "sin poner un peso", comentó Dick, Edgar cambió su billete y sin estar del todo convencido subió al Titanic, que partió unos días antes de lo que estaba previsto saliera el otro navío.


Es que una amiga suya, Josey Cowan, viajaría a Inglaterra con su familia y Edgar tenía pensado reunirse al menos unos días con ella, pero la salida prematura del Titanic impidió ese encuentro, y el sentimiento de aquel adolescente por ella aún marca registro por la carta premonitoria que le dejó antes de irse rumbo a Estados Unidos, en un viaje que nunca se completó.


"Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada de orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano", le escribió Edgar a su amiga, como anticipando lo que viviría unos días después.


La película protagonizada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet, en 1997, puso en boca de todos la historia del Titanic, sobre la que Dick afirma: "Yo demoré un poco en ver la película, la verdad que la primera vez me lloré todo, sobre todo porque nos da la impresión de que él se puede haber tirado al agua también".


"Siendo un chico que acababa de cumplir los 17 años, calculo que puede haber sido algo así. Fue muy fuerte de saber toda esta desgracia de tanta gente que perdió la vida porque el problema es que el agua estaba tan fría", sostuvo al recordar el film.


Son muchas las historias que se replican en torno al fatídico viaje en el que participó Edgar, y su sobrina-nieta destacó: "Esta historia quedó mucho tiempo guardada, solamente la supo la familia, solo los cercanos, hasta que después el Titanic vuelve a cobrar importancia porque lo encuentran en 1985, luego sucede una expedición atrás de la otra y en el 2000, a bordo de un barco ruso, baja un norteamericano, David Concannon".


Y continuó: "Es un abogado y baja por un tema de un juicio, y en el fondo del mar encuentran una valija en perfecto estado, la sacan, se abre y caen un montón de cosas, que las vuelven a recoger, y cuando emergen todas esas cosas son llevadas a un instituto de conservación, nadie sabía de quién era ese contenido".


En el mismo año 2000 llega a Buenos Aires una exposición a la rural de Palermo, donde va el hermano y la prima de Marianne Dick, se ponen en contacto con esta gente, y ahí se enteran, ambas partes, de que el contenido de la valija era de Edgar.


"Es increíble cómo se conservó todo, hasta el papel, porque había una carta de la madre, había postales de Río Cuarto, toallas con su monograma que le había bordado mi abuela, zapatos, pantuflas, un sombrero, tintero, en total 51 objetos", recordó la sobrina-nieta del fallecido.


En el sur de Córdoba hasta en escuelas se habla de la historia de Edgar Andrew, y así fue que una profesora de inglés hace un par de años contó a sus alumnos que por la zona había estado el único argentino fallecido en el Titanic.


El interés de los estudiantes llevó a que se realice de manera virtual una entrevista junto a David Concannon, quien accedió gentilmente y también participó Marianne Dick.


La profesora de inglés, Analía Gozzarino, decidió investigar más del tema y fue así que surgió la elaboración de un museo virtual (https://edgarandrewtitanic.wixsite.com/museovirtual) en la que se muestra todo lo referido a la vida de Edgar Andrew.



Fuente: Javier Pennacchioni - Agencia Télam.




dp 




martes, 7 de abril de 2026

LA ESTAFA DEL SUEÑO




La mentira más peligrosa en la historia de la humanidad no es sobre la comida.

No es sobre la medicina...

Es sobre el sueño.

Durante 200.000 años, los humanos no durmieron 8 horas.


Esa cifra fue inventada en 1938 por una empresa de colchones llamada Simmons Beautyrest.

Antes de esa campaña, el humano promedio dormía en dos turnos.

Los historiadores lo llaman “Sueño Bifásico”.

Dormías durante 4 horas, te despertabas durante 2 y luego dormías otras 4.

Durante esa ventana de 2 horas, la gente rezaba, tenía sexo, escribía, pensaba y conectaba con sus familias.

Algunas de las obras más grandes de la historia humana se crearon en esa ventana sagrada intermedia.

Shakespeare escribió la mayoría de sus obras entre la 1:00 a. m. y las 3:00 a. m. durante su segundo periodo de vigilia.

Mozart compuso sinfonías enteras en lo que él llamaba “Las Horas de Dios”.

Luego, la Revolución Industrial necesitó trabajadores con un horario fijo.


No se puede dirigir una fábrica con sueño bifásico.

Así que contrataron a un psicólogo llamado Dr. Nathaniel Kleitman para “demostrar” que las 8 horas consecutivas eran el estándar biológico.

Él falsificó los estudios.

Fue financiado íntegramente por la industria de los colchones.

Y el estamento médico adoptó su investigación sin rechistar porque se alineaba con el modelo de fábrica.

Convirtieron las 2 horas más creativas de la conciencia humana en un “trastorno del sueño”: Lo llamaron “Insomnio”.

Lo medicaron.

Hicieron gaslighting a toda una generación diciendo que 8 horas de sueño continuo era lo saludable.

Patologizaron la ventana exacta de conciencia que produjo parte del mejor arte, música y literatura de la historia humana.


No eres un insomne.

Estás experimentando la forma más natural de la conciencia humana.

Y una empresa de colchones te convenció de que era una enfermedad.


Deja de medicar tu genio.

Despiértate a las 2:00 a. m.

Escribe eso que tienes pendiente.

Las “Horas de Dios” te están llamando.



Original en X: © Andre Gonzalves



dp




lunes, 6 de abril de 2026

CASAS DE SAN MARTIN EN FRANCIA


Las residencias del Gral. San Martin en Francia.



PARIS. 



El general tenía su  residencia  en París, en la Rue St. Georges 1, que también pudo adquirir en 1835 con la ayuda de Aguado. Hoy vive una familia francesa. 



GRAND BOURG. 



San Martín la utilizó como residencia de verano entre 1834 y 1848. 

Grand Bourg es y era un suburbio de Evry, a 27 km al sur de la capital. En la margen izquierda del Sena, en el llamado Petit Bourg, donde tenía un palacio su amigo y protector, el banquero sevillano Alejandro Aguado, marqués de las marismas del Guadalquivir.

Aguado lo ayudó a pagar los 13.500 francos que costó la casa. La propiedad, en aquella época, contaba con un terreno de alrededor de una hectárea, que el general convirtió en una huerta donde cultivaba tomates, pimientos y lechugas, además de plantar algunos árboles frutales. En esta casa, San Martín, su hija Mercedes, su yerno y sus nietas pasaron largas temporadas.

Grand Bourg fue vendida pocos meses después de que el general dejó París, y desde entonces pertenece a una congregación de religiosas. Hoy es el convento de “La Solitude”. La dirección actual es 6, Rue du Général San Martín.



BOULOGNE SUR MER.  



El Dr. Gérard, propietario del inmueble, ofreció al General San Martín el segundo piso de su casa, ubicada en el 105 de la Grande Rue (actualmente 113).

El inmueble fue comprado en abril de 1926 por el Ministro Plenipotenciario Federico Álvarez de Toledo, en representación del Estado Argentino, por la suma de 400 mil francos. Esta compra pudo hacerse gracias a los fondos obtenidos por suscripción directa realizada en las escuelas de Argentina. La casa depende ahora del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y se encuentra, por lo tanto, bajo dependencia directa de la Embajada de la República Argentina en Francia.


Autor: Miguel Angel Martinez



dp