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viernes, 23 de agosto de 2024

QUE ES EL MATE PARA LOS ARGENTINOS?




Lalo Mir (conductor de radio y TV) lo explica a la perfección:


"El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es hola y la segunda: ¿unos mates?.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.

En verano y en invierno.

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo?. El otro responde:
Como tomes vos. 



Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba,
un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!.

Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir gracias, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir."




Fuente: https://www.elliberal.com.ar/nota/-221060/2015/11/recordamos-un-poema-de-lalo-mir-en-homenaje-al-mate




dp






lunes, 1 de julio de 2024

OTRA GUERRA QUE NO FUE



En 1859, Paraguay y Estados Unidos estuvieron al borde de un conflicto armado. Dos investigadoras dan su versión sobre este capítulo de nuestra historia del que poco se habla.

Por Carlos Darío Torres


El comandante del fuerte de Itapirú, Vicente Duarte, vio que no le dejaban alternativa. Ya había hecho disparos de salva de advertencia, pero el vapor estadounidense Water Witch seguía avanzando. Esta vez hubo fuego de verdad y un proyectil cayó en medio de la nave norteamericana. El timonel Samuel Chaney estaba muerto, varios marinos heridos y el buque averiado. Graves consecuencias amenazaban a nuestra joven república. 


El incidente se produjo el 1 de febrero de 1855, cuando el Water Witch abandonó el cauce principal del río Paraná –donde se encontraba realizando estudios cartográficos–, violando lo dispuesto por el decreto presidencial del 3 de octubre de 1854, que prohibía a los buques de guerra extranjeros navegar por los cauces interiores de los ríos paraguayos, según explica la historiadora y docente Noelia Quintana Villasboa.


El mencionado suceso fue la última cuenta de un rosario de incidentes desafortunados, protagonizados principalmente por los norteamericanos, que a punto estuvieron de echar por tierra los esfuerzos diplomáticos entre Paraguay y Estados Unidos para establecer un relacionamiento fructífero entre las dos repúblicas.


Precisamente, el cónsul estadounidense Edward Hopkins, enviado en misión de buena voluntad por su Gobierno, fue uno de los principales responsables de la escalada de hostilidades. Recibido con brazos abiertos por el Gobierno, a su llegada en 1845 se convirtió en un privilegiado empresario aupado por el presidente Carlos Antonio López.


Adquirió propiedades en el país, instaló una fábrica de cigarros en Asunción, un aserradero en San Antonio y era socio de una compañía de navegación. Mozo impetuoso y de mal carácter, a despecho de su condición de diplomático, matizó su estancia en nuestro país alabando en el exterior las bondades de nuestra tierra, con exabruptos de soberbia y prepotencia, apenas tolerados con forzada paciencia por la sociedad paraguaya.


Quintana Villasboa recurre a la descripción hecha por Efraím Cardozo para pintar los rasgos de carácter de Hopkins. Y si con un Hopkins los problemas abundaban, con dos el desastre estaba garantizado. Es lo que ocurrió a mediados de 1854, cuando Clement Hopkins se dirigía a Asunción desde el aserradero de su hermano, ubicado en San Antonio.


En el camino a la capital, el menor de los Hopkins se topó con el sargento Agustín Silvero y algunos soldados, quienes arreaban ganado y circulaban en dirección contraria. Hopkins, de manera irrespetuosa, le ordenó a los paraguayos apartarse. Como estos se negaron, el norteamericano atropelló a la tropa y dispersó a los animales… y se llevó un sablazo en la espalda, propinado por Silvero.

Clement volvió a San Antonio a quejarse con su hermano y este salió a galope tendido hacia Asunción, donde se presentó ante Don Carlos, prepotente y armado, tras haber atropellado la guardia. 


Hopkins exigió al mandatario paraguayo un castigo ejemplar para el insolente Silvero. López reaccionó con serenidad y le aconsejó presentar sus quejas por escrito ante el canciller José Falcón. Pero Don Carlos no olvidó las malas maneras del desagradecido norteamericano y ordenó cerrar sus fábricas y establecimientos.

Acerca de los motivos de la caída en desgracia de Hopkins, existen otras dos versiones, aclara la historiadora Anahí Soto Vera. La primera, y la menos creíble, dice que el cónsul le habría faltado el respeto a una dama de la sociedad asuncena; la segunda, que Hopkins dejó fuera de sus negocios a los López.





Clima hostil

Cualquiera sea la versión correcta, el resultado fue el mismo: Hopkins se vio despojado de sus propiedades y beneficios, y expulsado del país. Entonces, el excónsul inició una campaña de desprestigio contra Paraguay en el exterior y en su país, y buscó apoyo en el Gobierno estadounidense para gestionar el cobro de una indemnización de un millón de dólares.

Hopkins trató de ganar para su causa al propio comandante del Water Witch, Thomas Page. Pero este tenía sus propios desencuentros con el Gobierno de Don Carlos, pues antes del suceso frente a Itapirú, ya había remontado el Paraguay excediendo la autorización oficial.


Este clima sensible no disminuyó con los años, y cuando en 1857 James Buchanan asumió la presidencia de Estados Unidos, empezó a gestionar ante el Congreso la constitución de una flota de guerra para navegar hasta Paraguay y pedir explicaciones y un resarcimiento de al menos 500.000 dólares por el incidente del Water Witch.


En diciembre de 1858, una flota compuesta por 20 naves, 200 cañones, 257 oficiales y 2.500 soldados zarpó hacia Paraguay. Era la mayor fuerza naval salida de Estados Unidos hasta ese momento. La diplomacia de los cañones puesta al servicio de los más poderosos.


A comienzos de 1859, la escuadra remontó el Paraná, con la anuencia de la Confederación Argentina, presidida por Justo José de Urquiza. El presidente argentino se consideraba un amigo de Paraguay y, a pesar de que no detuvo a los norteamericanos, propuso su intermediación para solucionar el conflicto.

El comisionado civil enviado por los Estados Unidos, el juez James Butler Bowlin, aceptó la intercesión de Urquiza y abandonó la fragata insignia Sabine para embarcarse en el Fulton hacia Asunción. Sus afanes pacíficos se vieron estimulados cuando se enteró de que 12.000 hombres y varias baterías, además de una reserva de 16.000 soldados, aguardaban en Humaitá a los norteamericanos.


Las conversaciones con López fueron cordiales y el Gobierno paraguayo accedió a pagar una indemnización de 10.000 dólares a los familiares del marino fallecido, una cifra muy alejada de los 500.000 dólares pretendidos por los yanquis y los 250.000 que Don Carlos estaba dispuesto, inicialmente, a abonar. Además, se firmó un tratado de comercio y libre navegación por ríos paraguayos.


Consecuencias


¿Se acuerdan de la demanda de Hopkins? Un juez estadounidense la desestimó y le dio la razón al Gobierno de López. Bowlin y el comandante de la escuadra norteamericana, comodoro William Brandford Schubrick, también terminaron por ponerse del lado paraguayo.


En Estados Unidos, el incidente tuvo un amplio destaque en la prensa, y el prestigioso semanario Harper’s Weekly satirizó la situación publicando caricaturas de cómo el público norteamericano esperaba que fuese la guerra contra el Paraguay, con los soldados yanquis victoriosos, y cómo terminó en realidad, con un cordial brindis entre las partes.


Para los paraguayos, quedó la satisfacción de no haber cedido ante los reclamos y la demostración de fuerza de un país, que todavía no era una potencia mundial, pero que contaba con un poderío mayor que el nuestro. Don Carlos, un pacifista convencido, mostró que tenía la firmeza suficiente para hacer prevalecer la soberanía del país. Es lo queda para la historia.



Fuente: https://www.ultimahora.com/la-guerra-que-no-fue-n996828



dp




martes, 18 de abril de 2023

...Y UN DIA EL PARAGUAY ATACÓ A LA ARGENTINA...

 

Al centro, Mitre

Por Eduardo Javier Mundani Osuna 


Surtos en el puerto de la Ciudad Capital de la Provincia de Corrientes, se hallan dos buques argentinos, el "25 de Mayo" y el "Gualeguay".


Ambos vapores se encuentran en el puerto para realizar reparaciones. Están desarmados, y con sus tripulaciones disminuidas, o con permiso de tierra.

Es el Jueves de la Semana Santa de 1865.


La mañana del 13 de abril de ese año 65, cerca de las seis, cinco vapores paraguayos se aparecen frente a las costas de la Ciudad de Corrientes, navegando el Paraná. Pronto tuercen el rumbo y toman posiciones, atacando a los indefensos navíos argentinos, en una acción de guerra sin ningún tipo de provocación.

Los marinos argentinos , superados en número y sorprendidos inicialmente, intentan una resistencia heroica, pero pronto son sometidos y tomados prisioneros.


 Trescientos marineros paraguayos capturan a cerca de ochenta marinos argentinos, varios de los cuales, ya rendidos, son degollados inmediatamente por los guaraníes y sus cadáveres arrojados al río. Pronto las cubiertas de los navíos nacionales, se tiñen de rojo.


Los paraguayos arrían el Pabellón Nacional, arrojando la celeste y blanca al suelo, pisoteándola, gritando vivas por el Mariscal Francisco Solano López. Algunos marineros argentinos que intentan evitar la captura, se arrojan al agua, y son baleados, muriendo todos ellos.


En tanto, 2.500 hombres del ejército paraguayo desembarcan en la Ciudad de Corrientes, ocupando la Ciudad Capital de la Provincia homónima. Otras columnas paraguayas invaden por distintos pasos la Provincia Mesopotámica, sumando un total de 27.000 hombres de una fuerza de ocupación, que violan el territorio nacional. Dividirán sus fuerzas en dos columnas, bajando por los ríos Paraná y Uruguay. 


Los marinos sobrevivientes, pasaran el resto de la guerra en cautiverio en condiciones infrahumanas.


La ocupación paraguaya de la Ciudad de Corrientes será muy dura y cruel. Habrá secuestros, violaciones, destrucción de propiedades argentinas, y fusilamientos sumarios. Incluso, se secuestrará a varias mujeres, con sus hijos, y se las llevará prisioneras al Paraguay.


El Gobernador legítimo correntino, Manuel Lagraña, huye con algunos soldados al interior de la provincia con intención de reunir hombres, para repeler la invasión paraguaya.


Los invasores, a su vez, imponen un gobierno títere, sujeto a las decisiones de Asunción.


Casi un año demoró la expulsión de los invasores paraguayos del territorio argentino de Corrientes. Habrá batallas muy crueles y sangrientas, como Yatay o Pehuajó.

El ataque paraguayo, provocará la entrada en la guerra de la República Argentina.

El país agresor en la Guerra de la Triple Alianza fue el Paraguay.


El primer tiro fue paraguayo.


Es fáctico. 



Fotografía del Vapor "25 de Mayo" y su tripulación en 1861. Muchos de ellos morirán con la captura del vapor por parte de fuerzas paraguayas. Otros, vivirán años de penoso cautiverio. El vapor apresado, servirá bajo bandera paraguaya durante varios años de la guerra.




Publicado por Miguel Angel Martínez




Nota de dp: La comprobación documentada recientemente sobre el inicio  del conflicto por parte de Paraguay, desmiente categóricamente que el mismo fue una guerra de agresión perpetrada por los países de la Triple Alianza, para aplastar a esa República. El "revisionismo histórico" le hizo mucho daño a la verdad histórica y creó un relato acorde con el fraude que nos quieren imponer en todo orden.




EL CONGRESO PARAGUAYO DE 1865, LOS INSULTOS A LOPEZ Y UNA GUERRA PUNITIVA PARA CASTIGAR A LOS ARGENTINOS.
Por José Luis Martínez

Seguimos analizando los párrafos mas importantes del informe de la "Comisión doble" del congreso paraguayo de 1865 que fundamentó la declaración de guerra a la Argentina y autorizó seguir la que ya había comenzado con el Brasil, amen de concederle a Solano López un sueldo nunca visto en el Paraguay o en otras partes del mundo, un ascenso al grado de Mariscal, una espada de diamantes y una presea.
El informe dice en una de sus partes:
“[…] [Argentina] se vale aún de medios más reprobados y abyectos para hostilizarnos y traernos la guerra que no se considera suficiente para hacerla por si misma a falta de motivos y pretextos plausibles, y por la insuficiencia de sus recursos y capacidad para emprenderla; tales son los insultos más soeces e injuriosos dirigidos al Paraguay y su gobierno, insultos de que se abstendría la clase más ínfima de la sociedad”.
Este párrafo vuelve a presentarnos una argumentación que colisiona con la tesis de una guerra preventiva en favor del equilibrio de poderes en el Plata tal como sostenía el Gobierno de Solano López, pues ahora la guerra –con este argumento de los insultos soeces e injuriosos – resulta que es PUNITIVA (bellum punitivum), esto es, una guerra de castigo y de ella, en la “La Guerra”, su autor Sanchez Durá (2006) dice: “Contra una unidad soberana no hay “bellum punitivum”, no hay guerra de castigo que suponga la existencia de un orden de justicia que quede por encima del que dimana de ella”.

Lo que debemos entender –por lo que acabamos de leer- es que llevarle una guerra a la Argentina por este motivo en particular de los insultos a López y al Paraguay por la prensa porteña, no es aun uno suficiente para ir a una guerra, se necesita más, con independencia que los eventuales rivales sean una panda de inútiles e incapaces. Lo decía el cnel. Centurión en su libro respecto de los insultos a López: “Siempre me ha parecido ridícula y pueril esta irritación de López por los motivos expresados…” (Sic)(vol. I, p.173)
Me permito reflexionar sobre este asunto de los insultos de la prensa porteña a López. El artículo 10 de la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789” manifiesta que “Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley” y como aquellos artículos no perturbaban el orden público argentino, la Comisión entendió que lo hacía en el Paraguay porque constituía un insulto que afectaba a su presidente.
Se mire como se mire, y sin negar la existencia de aquellos insultos la cuestión es clara, con una declaración de guerra por este motivo, ella deja de ser una guerra defensiva, preventiva o de conservación de la integridad nacional y se convierte en ofensiva y punitiva, de castigo a la osadía argentina de insultar y –además- con el silencio cómplice de su gobierno. Resumiendo, sea la prensa, sea su gobierno, la afrenta argentina debe ser lavada con una guerra y, siendo así, ¿Por qué los paraguayos de este congreso dicen y los de hoy decimos que la Argentina nos trajo la guerra si los que planteamos el castigo violento a la Argentina fuimos nosotros?.
No se puede explicar -con razones válidas- lo que la comisión dice: “y traernos [la Argentina] la guerra que no se considera suficiente para hacerla por si misma a falta de motivos”. Y no se puede explicar ya que la única razón para decir que la Argentina le trae una guerra al Paraguay es que dicho país negó el paso de tropas paraguayas y además lo hizo dentro del alcance de su Ley Suprema (la Constitución), así como con el Derecho de Gentes. Sorprende esta afirmación ya que si se saca de la ecuación el pedido paraguayo para pasar por territorio argentino ninguna guerra podría la Argentina traer al Paraguay, luego el motivo para que ello ocurra no deviene de la negativa argentina, deviene del pedido paraguayo.
¿Hay algún argumento en favor del Paraguay para justificar el haberle declarado la guerra a la Argentina lo suficientemente sólido para justificar la decisión de ese congreso de iniciar una guerra con ese país?. Sería bueno escuchar a los panegiristas de Solano López,. que en estos menesteres silban y miran el techo.. Este sábado, la mediática Lic. Noelia Quintana Villasboa, tocará el tema del congreso en su programa de Ñanduti TV, ¿se referirá a esto que tocamos hoy o pasará rauda por encima del tema?.
Es incomprensible la lógica congresal paraguaya pues si la Argentina no podía hacerle la guerra a nadie por ser insuficiente para hacerla por si misma, ¿cómo podría entonces traerle una al Paraguay?, y también nos preguntamos ¿cómo podría la Argentina declararle la guerra al Paraguay, como dice el Congreso, por aquella negativa, si ese país se basó para ello en el Derecho de gentes y dejó constancia clara que no deseaba que un conflicto se desarrolle en su territorio?.

Esto demuestra que lo de una Argentina trayéndole una guerra al Paraguay es un invento del congreso, manejado, ya lo sabemos, como marioneta por el presidente Francisco Solano López usando aquello de la denegación del paso de sus tropas para meternos en una guerra por la que casi desaparecimos del mapa.

Seguiremos hablando de este, aun no terminamos, hay mas cosas que decir.




dp 



Niños en las tropas paraguayas? SI (en este mismo blog ver "La batalla de Acosta Ñu")