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domingo, 16 de agosto de 2020

LA RESPONSABILIDAD FRANQUISTA EN EL HOLOCAUSTO


  • Han pasado 74 años desde que se abrieron las puertas de los campos de concentración nazis y 43 de la muerte de nuestro dictador. ¿No es hora ya de contar la verdad y de recordar lo que realmente sucedió?



Este domingo se celebra en todo el planeta el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. La fecha no fue elegida al azar. Fue un 27 de enero de 1945 cuando las tropas soviéticas liberaron la mayor factoría de la muerte de la Historia: el campo de concentración de Auschwitz. En las próximas horas se realizarán, también en nuestro país, decenas de actos para recordar a quienes sufrieron en sus carnes las garras del nazismo. Políticos y simples ciudadanos pensaremos en los millones de judíos exterminados y volveremos a maldecir a Hitler, a sus lugartenientes y a todos y cada uno de los europeos que hicieron suya la ideología nacionalsocialista.

Es bueno y necesario que sea así. La comunidad hebrea fue la principal víctima y los dirigentes de la Alemania nazi los mayores verdugos. “Principal víctima”, pero no la única; “mayores verdugos”, pero con numerosos cómplices. Por ello, sin restar protagonismo al genocidio judío, no deberíamos olvidar al resto de colectivos que estuvieron en el punto de mira del Reich: gitanos, soviéticos, polacos, homosexuales, testigos de Jehová… Una lista casi interminable en la que nosotros, especialmente, debemos incluir a más de 9.300 españoles y españolas que pasaron por los campos de la muerte de Hitler. Todos ellos provenían del entorno de la democracia republicana, liquidada por una sublevación militar respaldada por la Italia fascista y la Alemania nazi. Afortunadamente, cada año son más los municipios españoles que aprovechan el 27 de enero para homenajear no solo a los judíos, sino también a sus vecinos… A esos paisanos que sufrieron y/o murieron en campos de concentración como Mauthausen, Buchenwald, Dachau o Ravensbrück. Queda mucho por hacer, sobre todo a nivel estatal, pero hemos dado importantes pasos en el reconocimiento de estos compatriotas.
Otra cosa bien diferente es lo que ocurre cuando hablamos de los verdugos de aquel Holocausto. En esto no somos la excepción. Al resto de naciones europeas les ha costado y les cuesta reconocer su responsabilidad en aquellos crímenes. Francia no asumió públicamente hasta 1995 la culpabilidad de sus compatriotas colaboracionistas en la deportación de judíos a los campos de exterminio. Holanda, Bélgica o Ucrania siguen hoy minimizando la demostrada complicidad de buena parte de sus sociedades con los ocupantes alemanes. En Estados Unidos no quieren que se les recuerde el antisemitismo exhibido por no pocos políticos, empresarios y ciudadanos norteamericanos. Aún menos quieren oír hablar en Washington o en Nueva York de la ayuda prestada a Hitler para invadir Europa por algunas de sus multinacionales: la Standard Oil suministró el combustible que el líder nazi necesitaba para sus vehículos, made in USA, fabricados y vendidos por la Ford y por la General Motors. El remate, y nunca mejor dicho, lo firmó IBM poniendo sus equipos preinformáticos al servicio del Reich para elaborar los censos de judíos que facilitarían su exterminio.


Y en España… En España fue aún peor. Uno de los muchos capítulos que el franquismo borró de los libros de Historia fue su odio hacia los judíos y su complicidad no solo con el nazismo, sino también con el Holocausto. No mencionaré hoy las pruebas documentales que demuestran la responsabilidad directa de Franco en la deportación de aquellos 9.300 españoles a los campos de concentración, de los que 5.500 fueron asesinados. Esas evidencias han calado ya, afortunadamente, en buena parte de nuestra sociedad. En estas vísperas del 27 de enero, lo que también toca es recordar cuál fue la actitud del franquismo hacia los judíos.
La España de Franco se construyó, entre otras cosas, reivindicando la herencia antisemita de los Reyes Católicos. “Crearemos campos de concentración para vagos y maleantes; para masones y judíos (…) En territorio nacional no puede quedar ni un judío, ni un masón, ni un rojo”. Titulares como este, de un diario falangista de Cádiz en 1937, pudieron leerse durante toda la guerra contra la República. Tras triunfar la sublevación militar se cerraron las sinagogas y se prohibió a los judíos profesar su religión. Aunque la comunidad israelita era muy pequeña, en ciudades como Ceuta y Melilla donde sí tenía cierta visibilidad se produjeron ataques contra sus miembros. Las humillaciones más frecuentes fueron protagonizadas por falangistas que cortaban, en plena calle, los llamativos rizos que lucían en sus cabelleras los hombres y les obligaban a pasear por la vía pública mientras vaciaban sus intestinos debido a una forzada ingesta de aceite de ricino.
El nuevo régimen surgido tras la guerra no ocultaba su odio al judío y su respaldo a la “limpieza” emprendida por Hitler. Así lo verbalizó en numerosas ocasiones el propio Franco. Un buen ejemplo es su discurso de fin de año, pronunciado ocho meses después de la rendición republicana: “Ahora comprenderéis los motivos que han llevado a distintas naciones a combatir y a alejar de sus actividades a aquellas razas en que la codicia y el interés son el estigma que les caracteriza, ya que su predominio en la sociedad es causa de perturbación y de peligro para el logro de su destino histórico. Nosotros, que por la gracia de Dios y la clara visión de los Reyes Católicos, hace siglos nos liberamos de tan pesada carga, no podemos permanecer indiferentes ante esta nueva floración de espíritus codiciosos y egoístas”.
Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el régimen y su prensa no solo justificaron, sino que jalearon la persecución del pueblo hebreo. Manuel Aznar, abuelo del expresidente del Gobierno, escribió en ABC poco antes del inicio de las deportaciones en Francia: “Legiones de judíos y de masones cayeron sobre el pueblo francés como sobre un botín inmenso y allí hicieron cebo y carne para sus apetitos”. Lógicamente, cuando se “limpió” París de esas “legiones” de malvados judíos, la reacción de la prensa del Movimiento, teledirigida desde la cúpula franquista, fue de euforia: “Si es la raza perseguida, es por la maldición divina que lleva encima (…) Esos judíos que en Francia, Grecia, Turquía, Italia y costas africanas preparan sus maletas, son un indicio de aquel viejo tesón español de no admitir jamás lo antiespañol y de reconocer solo lo español y cristiano”; “Era de esperar la resistencia de muchos judíos a mostrar la estrella de Sión y el descaro de otros que la exhibían con más insolencia que circunspección. Y la aspiración de otros de frecuentar medios y lugares en que repugnaba la presencia de una casta internacional que es la responsable de los males que afligen a Europa. Ha desenlazado todo esto en un programa gubernativo que se propone resolver con criterio riguroso, implacable, el problema de convivencia entre la población y el elemento hebreo (…) Hoy no me he topado en la calle ni en el Metro con ninguna estrella amarilla. Es un indicio, acaso una prueba, de que la eliminación responde a un designio definitivo e inapelable”.
El régimen conoció y aplaudió cada paso hacia el Holocausto final dado por las huestes de Hitler, tal y como se reflejaba en los discursos y en las informaciones dictadas por el servicio de propaganda franquista y publicadas en los diarios: “Esta Segunda Guerra Mundial, según la profecía del Führer, acabará con la raza judía”; “El gobernador de Varsovia ha publicado un decreto prohibiendo que los habitantes de los barrios judíos se mezclen con el resto de los habitantes de Varsovia. Este decreto ha sido muy bien acogido…”; “El barrio judío de París. Saint Antoine ha sido fumigado, desinfectado mediante la eliminación del censo israelita, el cual acaba de ser conducido a campos de concentración”. Eran los tiempos en que cerca de 50.000 españoles combatían en la División Azul bajo las órdenes del Führer. Los españolitos de a pie leían emocionados las crónicas de Andrés Gaytan, que viajaba con los divisionarios y escribía cosas como esta: “Cuando en alguno de los pueblos donde hemos descansado había judíos, se notaba la diferencia que existe entre esta raza y las demás”; “los judíos, que en su carne pagan todos los pecados de su estirpe maldecida, tienen una mirada tierna de perro apaleado cuando el soldado español no le maltrata sin motivos”.  
Mucho más graves que las palabras fueron los hechos. Franco cerró las fronteras e impidió la llegada de los judíos que intentaban escapar desde la Francia ocupada por los nazis. Salvo excepciones, el paso solo se permitió a aquellos que poseían un visado de entrada a Portugal. De hecho, el Gobierno franquista cesó y castigó a sus diplomáticos que, desobedeciendo sus órdenes, se dedicaban a salvar vidas. Así le pasó al cónsul español en Burdeos, Eduardo Propper de Callejón. Rescatar de la muerte a miles de judíos a los que entregó un visado español provocó su relevo, su envío al ingrato consultado de Larache en el norte de África y le imposibilitó de por vida ascender al cargo de embajador.
En Francia, mientras tanto, los diplomáticos españoles solo recibieron de Madrid dos instrucciones: por un lado, no inmiscuirse en la política de los dirigentes nazis y del Gobierno colaboracionista de Vichy; por otro, hacer las gestiones oportunas ante las autoridades para hacerse cargo de las propiedades y de los bienes que abandonaban los judíos de origen español tras ser deportados. El dinero sí interesaba, las personas no. Estos y el resto de cónsules y embajadores informaron puntualmente a Franco sobre el incremento en el ritmo de los asesinatos y de las deportaciones a los campos de concentración.
Algunos embajadores, como Miguel Ángel de Muguiro en Budapest, se apoyaron en un decreto aprobado durante la dictadura de Primo de Rivera que permitía a los judíos de origen sefardí acceder a la nacionalidad española. De Muguiro lo empleó como argumento para conceder pasaportes españoles a centenares de judíos, lo que le costó el puesto y su inmediata repatriación. Su sucesor, Ángel Sanz Briz, continuó con la misma estrategia: también incumplió las órdenes que llegaban de Madrid y logró salvar así a unas 5.000 personas.
Ese antiguo decreto habría permitido a Franco salvar de las cámaras de gas a decenas de miles de judíos. En enero de 1943, en pleno arranque de La Solución Final, Hitler envió una circular a todos sus aliados, entre los que se encontraba España. En ella les daba un plazo de tres meses para “repatriar a sus judíos” de la Europa ocupada. En caso de no hacerlo, no había que ser muy listo para saber que su destino serían los campos de trabajo y/o exterminio. La respuesta que llegó desde Madrid fue de un absoluto desinterés, tal y como reflejaron en sus informes los diplomáticos alemanes. Tanto fue así que el Ministerio de Asuntos Exteriores franquista exigió a sus diplomáticos que se interesaran “solo por aquellos judíos de INDISCUTIBLE nacionalidad española”. Centenares de familias, cuyos ancestros provenían de la Península, acudieron en vano a nuestras sedes diplomáticas para pedir un pasaporte o un salvoconducto que les habría conducido hacia la vida. El resultado final fue desolador. Miles de sefardíes, 50.000 solo de la ciudad de Salónica, acabaron en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau como consecuencia de esta meditada y premeditada inacción del Gobierno franquista.
En los momentos finales de la guerra, cuando ya se daba por segura la derrota de Hitler, Franco giró hacia los Aliados para intentar garantizar su supervivencia. Desde aquel mismo momento y durante los cuarenta años de dictadura los jerarcas del régimen se ocuparon de destruir la documentación que les señalaba como cómplices directos del nazismo. Tuvieron cuatro décadas para realizar ese trabajo y para reescribir una historia manipulada que continuamos estudiando las generaciones que crecimos en democracia.
Han pasado 74 años desde que se abrieron las puertas de los campos de concentración nazis y 43 de la muerte de nuestro dictador. ¿No es hora ya de contar la verdad y de recordar lo que realmente sucedió? ¿No es hora de señalar con el dedo a Franco cada Día del Holocausto?

Publicado el 
24 de enero de 2019 - 21:33 h

Publicación recomendada por mi amigo Enrique Morayta


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DIVISIÓN AZUL DE ESPAÑA EN EL EJÉRCITO NAZI



viernes, 8 de mayo de 2020

FINAL DE LA II GUERRA MUNDIAL





Hace 75 años terminaba la mayor tragedia bélica de las historia. Bien vale la pena tenerla muy presente, porque fue un conflicto a gran escala que mostró todas las miserias humanas, como nunca antes se vieron y espero nunca se repitan. 


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viernes, 27 de julio de 2018

A 80 AÑOS DE LA CONFERENCIA DE EVIAN



OCCIDENTE PECO POR OMISION







Con la llegada del nazismo al poder en enero de 1933 en Alemania, comenzó la implantación de un régimen que creía en la “pureza racial” y la supuesta superioridad de los arios.
Los diferentes sectores nacionalistas germanos, marginales al finalizar la primera guerra mundial, coincidían en culpabilizar a los judíos por la derrota en ese conflicto bélico y por los problemas económicos que atravesó Alemania en la posguerra. La demonización colectiva de los judíos no era novedosa en el continente europeo: el antisemitismo tuvo gran difusión en el Imperio Ruso, desde una perspectiva religiosa y mesiánica, pero también en Francia en los sectores que miraban con nostalgia al Antiguo Régimen. No obstante, la característica distintiva del régimen nazi fue el objetivo de implantar una política racial basada en la eugenesia, por lo que fue un antisemitismo y un sistema racista que pretendía fundamentarse en la genética, no en convicciones religiosas. De allí que, en su lógica perversa, el nazismo buscó “purificar” racialmente a los arios estableciendo un sistema normativo que quitó la ciudadanía a los judíos y los hostigó en todos los terrenos para expulsarlos de su territorio. Se trataba de una minoría que había logrado descollar y ascender socialmente durante el siglo XIX, integrándose en los campos de la ciencia, las artes, la economía, la política y las profesiones liberales, aun cuando también había obreros, pequeños comerciantes, empleados y artesanos judíos. Una vida disciplinada y austera, educación rigurosa, hábitos como ordenar el tiempo, mantener la higiene personal y de aprender varios idiomas desde temprana edad, fueron marcando las claves para el desarrollo profesional en un mundo que dejaba de lado la rigidez de los viejos estamentos sociales, para entrar en la modernidad. El sociólogo Max Weber, al analizar la vinculación de la ética protestante con el desarrollo capitalista, advirtió rasgos comunes con los judíos de Europa occidental y central.
Esta minoría de tan sólo el 0,9% se convirtió en el blanco directo de la persecución racial de Adolf Hitler y sus secuaces. Los que pudieron, lograron emigrar hacia Europa occidental, Estados Unidos y Sudamérica. Sin embargo, y a pesar de todas las leyes y restricciones que implementó el régimen nazi, fueron pocos los que huyeron a tiempo de Alemania: cinco años después de que Hitler fuera nombrado canciller, ese 0,9 pasó a ser el 0,7%. Con la anexión de Austria en marzo de 1938 –el Anschluss-, el porcentaje volvió a ser del 0,9%. Era un mundo cada vez más hostil, cerrado, xenófobo y antisemita.
Por iniciativa del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, tuvo lugar la Conferencia Internacional para la Solución del Problema de los Refugiados, en Évian, Francia, para que 33 naciones democráticas de Europa, del continente americano y el Imperio Británico debatieran cómo resolver el problema de los refugiados judíos. La conferencia atrajo la atención de los medios de prensa, acreditándose unos doscientos periodistas, así como de representantes de entidades judías. Tras desarrollarse entre el 6 y el 15 de julio de 1938, los resultados fueron decepcionantes, porque más allá de las palabras de solidaridad que expresaron muchos delegados, sólo el gobierno de la República Dominicana expresó su deseo de recibir a cien mil refugiados pero que, en la práctica, sólo recibió a pocos centenares. El resto se escudó en excusas como las cuotas de inmigración y el desempleo que padecieron durante la crisis económica mundial.

Lo cierto es que las democracias perdieron la ocasión de demostrar que tenían valores que los diferenciaban netamente de la Alemania nazi, pudiendo salvar miles de vidas que fueron aniquiladas en los ghettos y los campos de exterminio. Ante una situación límite, el salón se llenó de rostros graves y declamaciones cuidadosamente preparadas, pero no hubo acciones concretas. Las víctimas estaban atrapadas, sin posibilidad de fuga, ante la actitud apaciguadora de las potencias europeas. Los países latinoamericanos pusieron trabas a la inmigración judía, que sólo un puñado logró sortear.
En la noche del 9 de noviembre de 1938, la furia del régimen nazi se desató en la Kristallnacht, cuando sus fuerzas paramilitares de las SA y la Hitlerjugend atacaron e incendiaron cientos de propiedades judías en el territorio alemán, iniciando la etapa del uso sin tapujos de la violencia. En esa noche murieron al menos 91 judíos y la GESTAPO y la SS arrestaron a unos treinta mil hombres, en su mayoría detenidos en los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y otros. El fracaso de la Conferencia de Évian, ochenta años después, sigue sacudiendo nuestras conciencias.



AUTOR:

Ricardo López Göttig

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1966. Es Doctor en Historia (Universidad Karlova de Praga, República Checa), profesor en la Universidad ORT Uruguay y en la Universidad de Belgrano (Buenos Aires), consejero académico de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina). Sus artículos de opinión se publican en El País (Madrid), Infobae, La Nación, Perfil y El Cronista (Buenos Aires).



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jueves, 22 de junio de 2017

HAMBRUNA (Holodomor) EN UCRANIA



Rhea Clyman. Fotos del Holodomor

LA PERIODISTA JUDÍA QUE ALERTÓ AL MUNDO SOBRE LA SILENCIOSA HAMBRUNA DE UCRANIA

Por Julie Masis


La revolucionaria cobertura de Rhea Clyman de la hambruna de Ucrania en 1932 es el tema de una nueva biografía del Prof. Jaroslaw Balan, quien está buscando su “mina de oro”.


Mientras conducía por el campo ucraniano en 1932, Rhea Clyman, una periodista judía canadiense, se detuvo en un pueblo para preguntar dónde podía comprar leche y huevos.
Los aldeanos no la entendían, pero alguien se fue y volvió con un niño lisiado de 14 años, que lentamente se dirigió hacia ella.
“Estamos muriendo de hambre, no tenemos pan”, dijo, y continuó describiendo las condiciones de la primavera anterior. “Los niños comían hierba … estaban a cuatro patas como animales … No tenían nada más”.
Para ilustrar el punto, una campesina comenzó a desprenderse de la ropa de sus hijos.
“Los desnudó uno por uno, empujó sus vientres caídos, señaló sus larguiruchas piernas, pasó su mano hacia arriba y abajo de sus pequeños cuerpos torturados, deformados, retorcidos para hacerme entender que esto era hambre de verdad”, recordó Clyman en una pieza publicada por el Toronto Telegram, uno de los periódicos canadienses más grandes de la época.
En gran medida olvidada, un profesor ucraniano en Canadá está escribiendo un libro sobre Clyman, la primera biografía de la intrépida periodista.

Soldados del Ejército Rojo soviético confiscan verduras de los aldeanos en la provincia de Odessa, 1932. (Public domain)


“Ella fue a la Unión Soviética sintiéndose muy optimista, suponiendo que no habría desempleo, que los hombres y mujeres eran iguales”, dijo Jaroslaw Balan, del Instituto Canadiense de Estudios de Ucrania en la Universidad de Alberta. “Pero rápidamente se dio cuenta de que se trataba de un estado totalitario increíble: cómo eran los pobres y cuán difíciles eran sus vidas”.
Clyman nació en 1904 en Polonia, entonces parte del Imperio ruso, e inmigró a Canadá cuando tenía 2 años. A los 6 años, fue atropellada por un tranvía y su pierna amputada. Pasó los siguientes años entrando y saliendo de los hospitales.
Sin embargo, esto no le impidió, a los 24 años, viajar sola a la Unión Soviética y tratar de ganarse la vida como corresponsal extranjera independiente.

Aprendió el idioma. Desarrolló una perspectiva muy diferente’.

En 1928 Clyman bajó del tren en Moscú sin conocidos en la ciudad y con apenas unas cuantas palabras de ruso. Pasó horas en la estación de tren hasta que alguien le indicó el camino a un hotel, donde dormía en la bañera de un periodista estadounidense. Debía permanecer en la Unión Soviética por los próximos cuatro años.
“Muchos periódicos enviaban periodistas [a la URSS] por breves períodos”, dijo Balan. Pero ella aprendió el idioma. Ella desarrolló una perspectiva que era muy diferente”.
En cierto momento, Clyman viajó al extremo norte de Rusia a la ciudad de Kem, cerca de un campo de prisioneros soviético, un lugar fuera del alcance de los extranjeros. Se encontró con las esposas de los prisioneros, vio a los ex reclusos a quienes no se les permitía salir de la ciudad ni siquiera después de ser liberados, e informó de cómo los soviéticos utilizaban a los presos políticos como trabajadores forzados para cortar madera. Esta fue una historia importante para Canadá, que estaba perdiendo su mercado de la madera en el Reino Unido por el competidor soviético más barato.
“Apoyaba las afirmaciones de que en la Unión Soviética se utilizaba la mano de obra barata, y [por eso] Canadá no podía competir”, dijo Balan.
Pero fue la cobertura de Clyman del Holodomor, la hambruna provocada por el hombre que, según se estima, causó la muerte de unos 4 millones de ucranianos entre 1932 y 1933, lo que realmente interesa a Balan. Por primera vez se encontró con el trabajo de Clyman buscando en periódicos canadienses lo que se escribió sobre el hambre en Ucrania.
En 1932, Clyman condujo en un coche hacia el sur de Moscú a través de Kharkiv – entonces la capital de Ucrania – al Mar Negro y al lugar de nacimiento de Stalin en Georgia.

Un hombre muerto de hambre en la calle de Ucrania durante el Holodomor, una hambruna de 1932-1933 que mató a 4 millones. (Dominio publico)


En Ucrania, pasó por pueblos vacíos y se preguntaba dónde se había ido toda la gente.
Un grupo de aldeanos de una granja colectiva se reunieron a su alrededor para ver si podía presentar una petición al Kremlin para decirle a los líderes soviéticos que la gente estaba muriendo de hambre. Les habían quitado todo el grano. Sus animales habían sido sacrificados hace mucho tiempo. Cuando trató de comprar huevos, una mujer del pueblo la miró incrédula y preguntó si esperaba conseguirlos por dinero.
-Por supuesto -contestó Rhea. -No espero obtenerlos por nada.
-No lo entiendes -le dijo el campesino-. “No vendemos huevos ni leche por dinero. Queremos pan. ¿Tienes?”
Balan dijo que Clyman desarrolló ideas sobre las causas de la hambruna – que no sólo se debió a la sequía, sino también a la colectivización forzada. Por ejemplo, el intento soviético de mecanizar la agricultura generó problemas cuando la producción de maquinaria no fue tan rápida como se había planeado. Los caballos y el ganado ya estaban muertos, pero no había suficientes tractores para cosechar los cultivos. Este fue el resultado de las malas decisiones de la cúpula, dijo Balan. Cuando los ucranianos estaban muriendo de hambre, los soviéticos sellaron las fronteras entre Ucrania y Rusia para que la gente no pudiera escapar, agregó.
“Su historia es importante para judíos y ucranianos”, dijo Balan. “Entre los ucranianos, hay muchos estereotipos de que los judíos eran bolcheviques y que eran responsables del hambre. Y he aquí una mujer judía que ha escrito sobre el hambre. Ciertamente, los judíos también fueron perseguidos. Ella también es judía, pero mira, escribió la verdad.
En 1932, Clyman se convirtió en la primer periodista extranjera en 11 años expulsada de la Unión Soviética, supuestamente “por difundir mentiras”.
Pero de allí fue a Alemania, para informar sobre el ascenso de los nazis.
Balan todavía necesita investigar mucho más para encontrar los artículos que Clyman escribió de Alemania. Hasta ahora sólo ha podido leer dos.

Clyman informó desde Alemania hasta 1938, cuando huyó del país en un pequeño avión junto con algunos refugiados judíos. Desafortunadamente, cuando el avión llegó para aterrizar en Amsterdam, se estrelló. Casi la mitad de los pasajeros murieron y Clyman se fracturó la espalda, aunque de alguna manera evitó la parálisis.
Regresó a América del Norte, donde se mudó a Nueva York y grabó sus memorias. Nunca se casó ni tuvo hijos y murió en 1981.
Tras su muerte, las memorias de Clyman permanecieron inéditas y Balan espera encontrarlas. También está tratando de averiguar dónde fue enterrada. Localizó a algunos de sus parientes, pero no sabían dónde la habían enterrado, dijo.
“Si pudiéramos encontrar sus memorias sería emocionante, una mina de oro”, dijo.
Balan recientemente dio una charla sobre Clyman en Limmud FSU (Universidad Estatal de Florida, por sus siglas en inglés) en Nueva York, la mayor concentración de judíos de habla rusa en América del Norte. La charla fue patrocinada por el Encuentro Ucraniano-Judío, una organización sin fines de lucro canadiense que tiene como objetivo promover la cooperación entre ucranianos y judíos. Promovida por el empresario canadiense James Temerty, la iniciativa pretende acabar con los sentimientos negativos entre los dos pueblos.
“Los judíos han estado viviendo en Ucrania probablemente durante 1.000 años, y ciertamente en gran número desde el siglo XVI”, dijo Balan. “Sacando los períodos de los pogroms y el Holocausto, el resto del tiempo, los judíos en muchos casos florecieron en Ucrania”.

Comunistas estadounidenses atacando a un grupo de ucranianos que protestaban contra el hambre de Holodomor causada por los soviéticos en 1933, que mató a 4 millones de ucranianos. (Dominio publico)


Los dos pueblos tienen más en común de lo que podrían imaginar -la comida, por ejemplo- y deberían aprender más acerca de la cultura de cada uno, dijo Natalia Feduschak, directora de comunicaciones del Encuentro ucraniano-judío.
Feduschak dijo que Clyman ayuda a salvar la brecha entre las dos comunidades porque fue una mujer judía que escribió “sobre la hambruna ucraniana con gran compasión y comprensión”.
“Debido a la Segunda Guerra Mundial y los horribles acontecimientos de ese período, las comunidades tienen dificultades para comunicarse entre sí”, dijo. “Pero hay muchas similitudes”.


Fuente: The Times of Israel – Traducción: Silvia Schnessel – 

Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudíoMéxico


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viernes, 27 de marzo de 2015

ESTIGMA NAZI DE LA ARGENTINA


Submarino nazi U 977. Se rindió en Mar del Plata después de la finalización de la guerra

Hay siempre una correlación entre el mito y la realidad, la diferencia está en que la realidad convertida en historia se puede rastrear, constatar, comprobar, documentar, es decir leerla en documentación oficial y privada y verla en fotografías y películas documentales y argumentales o escucharla en música. El mito no. Este solo necesita el boca a boca para existir y de el surge la tradición y la leyenda. 
El mito de los “nazis en la Argentina” es uno de los más perdurables, persistentes y longevos de los mitos de la segunda mitad del siglo XX hasta el presente. ¿Pero se basa solo en fantasía? ¿especulaciones de periódicos amarillistas norteamericanos y europeos? ¿o hay algo más que lo conecta directamente con la realidad, que es la historia?. 
Me inclino por ésta hipótesis: hubo una inmigración clandestina y semi clandestina de nazis y ex combatientes alemanes (de idiología indiscriminada, aunque claro están influidos por 15 años de dictadura nacional socialista en Alemania y Austria). Hubo una inmigración de ex colaboracionistas, franceses, belgas y sobre todo croatas a la Argentina. Un grupo de esos inmigrantes nazis y filo nazis habría sido parte de la jerarquía del partido y del estado nacional socialista. 
Hubo colaboración de los gobiernos de Castillo y el GOU (Grupo Organizado y Unido. Asociación secreta de militares argentinos. Perón formó parte de ella) con la Alemania Nazi, sobre todo en el rubro comercio exterior durante la guerra y lazos de jerarcas nacional socialistas con integrantes del gobierno de Juan Domingo Perón durante el inicio de la pos guerra. 


Acto nazi en el Luna Park de Buenos Aires. Se consideró al Partido Nazi argentino como el más grande y poderoso fuera de Alemania. Demostró su fuerza en este acto, en 1938

Hubo un canal de inmigración clandestina de nazis a la argentina mediante la cruz roja internacional, la Iglesia Católica y los gobiernos de Francisco Franco y Juan Perón. Hubo adulteraciones de identidad de inmigrantes clandestinos nazis en la Argentina, demostradas por la Policía Federal en la época del gobierno de Carlos Menem, cuando se abrieron los archivos respectivos. Hubo amistad personal de Perón con Hans Rudel, un notorio Nazi y colaboración tecnológica alemana para la construcción del Avión Pulqui 1 y 2 y colaboración de algún ex científico alemán de los nazis para el inicio de la investigación nuclear en la Argentina. 
Toda esta colaboración e inmigración nazi no fue ni menor ni mayor que la que aconteció en los Estados Unidos y la Unión Soviética en la misma época, sin embargo la diferencia estuvo en que nosotros fuimos sospechosamente neutrales (hasta dos meses antes de la rendición de Alemania) y tanto Rusia como Estados Unidos fueron los grandes ganadores de la Guerra. 
Y desde las guerras de Yugurta en la antigua Roma, sabemos que el vencedor militar siempre dispone libremente de los vencidos. 
A la Argentina no se le dio ese privilegio y quedamos en la historia como encubridores de nazis y croatas refugiados en nuestro país. Hasta aquí la historia, que con una o más interpretaciones, es sin embargo comprobable. 
Ahora entramos en el mundo sinuoso y sin límites del mito. ¿Estuvieron Adolfo Hitler, su mujer Eva Braun, Martin Bormman y otros jerarcas no descubiertos como si lo fueron, Eichman y Menguele (que pertenece a la historia y el mito)?.
La respuesta es simple, no lo sabemos y eso genera un mito mayor convertido en un sambenito muy difícil de borrar. Nada mas ni nada menos. 
Hay siempre una correlación entre el mito y la realidad, la diferencia está en que la realidad convertida en historia se puede rastrear, constatar, comprobar, documentar, es decir leerla en documentación oficial y privada y verla en fotografías y películas documentales y argumentales o escucharla en música. El mito no. Este solo necesita el boca a boca para existir y de el surge la tradición y la leyenda. 
El mito de los “nazis en la Argentina” es uno de los más perdurables, persistentes y longevos de los mitos de la segunda mitad del siglo XX hasta el presente. ¿Pero se basa solo en fantasía? ¿especulaciones de periódicos amarillistas norteamericanos y europeos? ¿o hay algo más que lo conecta directamente con la realidad, que es la historia?. Me inclino por ésta hipótesis: hubo una inmigración clandestina y semi clandestina de nazis y ex combatientes alemanes (de ideología indiscriminada, aunque claro está influídos por 15 años de dictadura nacional socialista en Alemania y Austria).
Hubo una inmigración de ex colaboracionistas, franceses, belgas y sobre todo croatas a la Argentina. Un grupo de esos inmigrantes nazis y filo nazis habría sido parte de la jerarquía del partido y del estado nacional socialista. Hubo colaboración de los gobiernos de Castillo y el GOU con la Alemania Nazi, sobre todo en el rubro comercio exterior durante la guerra y lazos de jerarcas nacional socialistas con integrantes del gobierno de Juan Domingo Perón durante el inicio de la pos guerra. 
También hubo un canal de inmigración clandestina de nazis a la argentina mediante la cruz roja internacional, la Iglesia Católica y los gobiernos de Francisco Franco y Juan Perón. Hubo adulteraciones de identidad de inmigrantes clandestinos nazis en la Argentina, demostradas por la Policía Federal en la época del gobierno de Carlos Menem, cuando se abrieron los archivos respectivos. Hubo amistad personal de Perón con Hans Rudel, un notorio Nazi y colaboración tecnológica alemana para la construcción del Avión Pulqui 1 y 2 y colaboración de algún ex colaborador científico alemán de los nazis para el inicio de la investigación nuclear en la Argentina. 
Toda esta colaboración e inmigración nazi no fue ni menor ni mayor que la que aconteció en los Estados Unidos y la Unión Soviética en la misma época, sin embargo la diferencia estuvo en que nosotros fuimos sospechosamente neutrales (hasta dos meses antes de la rendición de Alemania) y tanto Rusia como Estados Unidos fueron los grandes ganadores de la Guerra. 
Y desde las guerras de Yugurta en la antigua Roma, sabemos que el vencedor militar siempre dispone libremente de los vencidos. A la Argentina no se le dio ese privilegio y quedamos en la historia como encubridores de nazis y croatas refugiados en nuestro país. 
Hasta aquí la historia, que con una o mas interpretaciones, es sin embargo comprobable. Ahora entramos en el mundo sinuoso y sin límites del mito. ¿Estuvieron Adolfo Hitler, su mujer Eva Braun, Martin Bormman y otros jerarcas no descubiertos como si lo fueron, Eichman y Menguele (que pertenece a la historia y el mito)?.
La respuesta es simple, no lo sabemos y eso genera un mito mayor convertido en un sambenito muy difícil de borrar. Nada mas ni nada menos.

Autor: Marcelo Arndt


Entrevista con Uki Goñi, autor de 'La auténtica Odessa'



Aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial
Uki Goñi, autor de 'La verdadera Odesa'. / www.ukigoñi.com
El libro del periodista argentino Uki Goñi (Washington, 1953) La auténtica Odessa desató un terromoto cuando se publicó en 2002. Era sabido que muchos nazis encontraron refugio en Argentina después de la II Guerra Mundial pero, apoyado en una amplia documentación, Goñi demostró que la clave no estaba en que los criminales de guerra hubiesen llegado al Cono Sur buscando refugio, sino que el presidente Juan Domingo Perón organizó misiones especiales para rescatarlos.
El organizador de la Solución Final, Adolf Eichmann (capturado luego por el Mosad, juzgado y condenado a muerte en Israel), el sádico médico de Auschwitz, nunca capturado, Josef MengeleKlaus Barbie, juzgado finalmente en Francia tras 40 años de huida, fueron los nombres más famosos, pero decenas de nazis de numerosos países recibieron ayuda para llegar hasta Argenina. El encargado por el propio Perón de llevar a cabo esta siniestra misión de rescate fue Carlos Fuldner, un argentino que perteneció a las SS y que falleció en Madrid en 1992. Fue uno de los principales organizadores de la famosa red Odessa (Organización de Antiguos Miembros de las SS). Su libro también da numerosos detalles sobre la implicación del Vaticano y de Suiza en la fuga de los nazis. Goñi responde a varias preguntas por correo electrónico.

El ex capitán nazi de las SS Erich Priebke posa con su esposa Alicia en su casa de San Carlos de Bariloche (Argentina) en 1995.

Pregunta. ¿Cree que, después de los juicios de Nuremberg celebrados contra la cúpula nazi después de la II Guerra Mundial, la mayoría de los criminales nazis lograron escapar?
Respuesta. Una gran cantidad de criminales fueron llevados ante la justicia tras la guerra. Los principales líderes responsables fueron ajusticiados en Nuremberg. Los aliados siguieron haciendo juicios contra nazis hasta 1949 y un total de 5.025 fueron condenados en las zonas de Alemania bajo administración aliada entre 1945 y 1949. Los procesos han continuado hasta hoy. Se calcula que un total de 80.000 alemanes han sido condenados desde el fin de la guerra en toda Europa. En Polonia, por ejemplo, ha habido unas 40.000 condenas pero es imposible saber cuántos se han escapado. Si tomamos una definición muy estricta de "criminal de guerra" (alguien con una causa judicial abierta en Europa), el número de los que llegaron a Argentina no es elevado. Según los cálculos que empleo en mi libro La Auténtica Odessa, fueron 180, incluyendo a los criminales alemanes, croatas, belgas, franceses, etc. Si tomamos una definición más amplia, que incluya a todos los miembros de las SS o del NSDAP que llegaron a Argentina, sin causas abiertas, el número podría ser de miles.
P. ¿La detención en Argentina de Adolf Eichmann en 1960 sirvió para que se escondiesen mejor?
R. Al contrario. La captura de Eichmann demostró al mundo la presencia de estos criminales en Argentina. Más allá del caso puntual de Mengele, que huyó a Paraguay y después a Brasil, la captura de Eichmann sirvió para que Alemania empezara a hacer algunas, pocas, peticiones de extradición a Argentina, como el caso del SS Gerhard Bohne, el primer criminal nazi en ser extraditado de Argentina en 1964.
P. Según sus investigaciones, Argentina no sólo dio refugio a nazis, sino que les buscó de manera activa para darles refugio.
R. Argentina envió misiones especiales financiadas por el presidente Perón a rescatar nazis de Europa. Perón se reunió en la Casa Rosada con criminales con causas abiertas en Europa y organizó con ellos el rescate de sus camaradas en Europa, que se llevó a cabo entre 1947 y 1950. El encargado por Perón para esta misión fue el ex capitán de las SS argentino-alemánCarlos Fuldner, quien cumplió esta misión en Italia, Suiza, Alemania y también en España. Fuldner murió en España en 1992.
P. ¿Por qué cree que se dejó de perseguir a los nazis con tanta intensidad? ¿Fue a causa del inicio de la Guerra Fría?
R. Los aliados tuvieron un gran interés en llevar a los nazis a juicio al terminar la guerra. Pero después, los aliados se retiraron de la administración de Alemania e Italia y de ahí la búsqueda de justicia pasó a ser responsabilidad de los países europeos. La Guerra Fría tuvo que ver, pero también está la cuestión más práctica que luego de que se retiraron de Europa. Estados Unidos y Gran Bretaña ya no tenían ninguna responsabilidad ni podían llevar a cabo más juicios en el continente europeo porque se habían retirado geográficamente de allí.


P. ¿Qué lecciones podemos aprender de cómo se persiguieron los crímenes de guerra después de la II Guerra Mundial? ¿Cree que hay alguna enseñanza universal que pueda valer para investigar otros genocidios como en Yugoslavia o Ruanda?
R. Yo no soy optimista respecto a qué los humanos hayamos aprendido a no cometer más esta clase de crímenes en masa. Volverán a ser cometidos porque está en la naturaleza humana hacerlo. Lo que sí nos sirve es que, a través del estudio de estas historias, aprendamos cuáles son las herramientas para estar más alertas en el momento en que se vuelvan a producir, o para escapar, o para intentar reducir la magnitud del crimen.
P. ¿Cuáles fueron los peores países en dar refugio a los nazis? ¿Está España entre ellos?
R. Argentina se distingue entre todos por la decisión de Perón de rescatar a los nazis acusados de crímenes. Perón, durante su exilio en Madrid, dijo que él consideraba los juicios de Nuremberg una "infamia". Llevar a juicio a un ejército vencido ofendía su sentido de honor militar, y que por eso se propuso rescatar a la mayor cantidad de ex oficiales posibles de esos juicios. Creo que esto, y la llegada de criminales de la envergadura de Eichmann y Mengele a sus costas, hacen de Argentina el país que más se lució en esta horripilante empresa de rescatar nazis tras la guerra.


dp


jueves, 19 de febrero de 2015