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domingo, 25 de enero de 2026

GARDEL ERA FRANCES




EL PAÍS › UNA INVESTIGACIÓN CRIMINALÍSTICA DIO POR PRIMERA VEZ CON EL PRONTUARIO DE CARLOS GARDEL


El Pibe Carlitos


El prontuario lo sindica como “estafador por medio del cuento del tío”. Una comparación de huellas certifica que el documento es real. Los investigadores concluyen que los cambios de identidad y de lugar de nacimiento intentaban eludir los antecedentes policiales.

Por Raúl Kollmann



Una investigación criminalística revela por primera vez el prontuario real de Carlos Gardel, en el que aparece con el alias del “El pibe Carlitos” y con antecedentes de “estafador por medio del cuento del tío”. El facsímil al que accedió este diario (nadie sabe quién tiene el original) es del 18 de agosto de 1915 y se trata de un magnífico descubrimiento: Gardel había logrado, por orden del presidente Marcelo T. de Alvear, la destrucción de sus prontuarios, pero en la provincia de Buenos Aires alguien logró conservar dos: el que se conoce ahora y uno de 1904, cuando Gardel era chico y se fugó del hogar. Los forenses Raúl Torre y Juan José Fenoglio compararon las huellas digitales de 1904, las de 1915 y las de un posterior expediente de 1923, con la utilización de la tecnología más moderna que existe en el mundo, el AFIS. Se determinó así que se trata siempre de la misma persona. Y lo significativo es que en 1904, cuando lo busca su madre y no había razón para mentir, los datos filiatorios son Carlos Gardez, nacido en 1890 en Tolosa (Toulouse), Francia.


El cuento del tío


La modalidad del cuento del tío era una variante de estafa bastante habitual en aquella época. Consistía en que una persona, que ingresaba a un bar varias veces a lo largo de un par de semanas, exhibía documentación de que justo recibió una enorme herencia de un tío, por ejemplo, en Salta. Sin embargo, el problema era –según el cuentista– que no tenía dinero para viajar a esa provincia y pagarse el alojamiento. También se lo llamaba el cuento del chacarero, porque solían ser víctimas personas del interior, recién llegadas a Capital. Lo que se hacía era firmar una especie de acuerdo por el cual el cuentista cedía parte de su herencia y la víctima aportaba el dinero para el viaje, un hotel y, a veces, los gastos de abogado. Algo así como entre 1500 y 5000 pesos de la actualidad. En algunas ocasiones, el cuentista tenía un cómplice que fingía competir con la víctima por quedarse con el “negocio”. Como es obvio, al final de la historia el cuentista y su cómplice desaparecían. Desde el punto de vista legal, el delito era de estafa, como figura en el prontuario de Gardel.


El prontuario


Torre explica que para una figura estelar como Gardel, el prontuario de estafador era fuego puro. Más en aquella época. Tal vez por eso, la identidad del cantante es una mentira permanente.

- En 1904 es Carlos Gardez, nacido en Toulouse, hijo únicamente de Berta Gardez. Es muy probable que el policía que hizo el expediente se haya equivocado poniendo una zeta en lugar de la ese, que era el verdadero apellido de Berta.

- En 1915 es Carlos Gardel, hijo de Carlos Gardel (una persona inexistente) y Berta Gardel (también inexistente, es Gardés), nacido en La Plata, una clara mentira.

- El 8 de octubre de 1923 necesitó sacar pasaporte para su gira al exterior. El coleccionista Hamlet Peluso aportó el original, incluyendo la huella digital. Para conseguir ese pasaporte, Gardel se presentó en el consulado uruguayo y dijo que era nacido en Tacuarembó en 1887, hijo de Carlos y Berta Gardel.

- En 1933, Gardel redacta su testamento, donde dice textualmente “soy francés, nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890 y soy hijo de Berthe Gardés. Hago constar expresamente que mi verdadero nombre y apellido son Carlos Romualdo Gardel”.

“Tanto cambio de identidad –dice Torre– me hace pensar en lo mucho que pesó aquel prontuario de estafador.”




Rompiendo papeles


Por lo que se sabe, Gardel cantaba de muy joven en los comités conservadores de Avellaneda, uno de los centros productivos más importantes de la Argentina. “Tenía afinidad –cuenta Torre– con Juan Ruggiero, Ruggerito, matón al servicio de los conservadores. Y quien dominaba la escena era el caudillo conservador Alberto Barceló. Se cuenta que en 1922 Barceló le pide al presidente Alvear que solucione el problema del prontuario de Gardel. Y, a pedido del presidente, se rompe el prontuario que el cantante tenía en la Policía Federal. Esta fuerza le pidió igualmente el prontuario a la Bonaerense, también para romperlo, pero se ve que quedó una copia. La poetisa de tangos e investigadora Martina Iñíguez encontró hace pocos días una copia del prontuario de 1915, constituido para que Gardel sacara la cédula de identidad. Todo rastro de ese prontuario estaba perdido y ahora apareció. La Bonaerense le preguntó a la Federal si Gardel tenía antecedentes y el 18 de agosto de ese año la Policía de Buenos Aires (así se llamaba entonces) contesta en la última página que Gardel “es conocido con el apodo del Pibe Carlitos y sindicado como estafador por medio del cuento del tío”.


¿Socio?


Un dato curioso surge de buena parte de las primeras composiciones cantadas por Gardel. Su autor era Andrés Cepeda, al que le decían “el poeta de la prisión”. Es que Cepeda pasó muchísimos años de su vida preso y terminó muriendo en una pelea de guapos en el bajo porteño. Compuso numerosas letras luego cantadas por el dúo Gardel-Razzano. En los prontuarios revisados por Torre, también Cepeda figura como estafador en la modalidad de cuento del tío. Todo hace pensar que ambos compartieron correrías.

Una hipótesis es que haya compartido cárcel o detenciones en comisarías. Torre sostiene que en aquel entonces se separaba nítidamente a los delincuentes en las prisiones. Estaban los de la “pesada”, que se refería a los que cometían delitos con armas, y se los llamaba así porque portaban calibre 45, un arma muy pesada en la época. Los de la “liviana” eran los estafadores. Eso hace pensar que Cepeda y Gardel o andaban juntos en el cuento del tío o compartieron lugares de detención.


El mismo


Torre y Fenoglio compararon las huellas dactilares de la fuga del hogar de 1904; el prontuario de 1915 y el pasaporte de 1923, en los que aparece un hombre de distinta edad, distintos padres y nacido en distintos lugares. El trabajo se hizo en la Dirección General de Policía Científica y se procesó en el AFIS, Automated Fingerprints Identification System, en castellano Sistema Automático de Identificación de Huellas Digitales. Se trata de un software que convierte la huella en una figura tridimensional y hace la comparación. Es imposible encontrar dos personas con las mismas huellas digitales. La computadora sentenció que las huellas arrojaban correspondencia absoluta.

Para asegurar aún más lo investigado, Torre y Fenoglio hicieron un proceso de cotejo manual, en el cual constataron la existencia de 18 puntos característicos en todas las huellas digitales. Jurisprudencialmente sólo hacen falta 12 coincidencias para que un resultado de identidad de persona sea incuestionable.

Redondeando toda la pesquisa, los criminalistas compararon también las firmas de los prontuarios con la del testamento de 1933 y determinaron que también existe coincidencia total.


Toulouse


Más allá de otros elementos existentes, hay detalles que surgen de la gestión de los propios documentos que dejan rastros sobre el nacimiento de Gardel.

- En 1904 es la madre quien lo identifica porque se trataba de una fuga del hogar.

- En 1915, cuando dice que nació en La Plata, el jefe de la Policía de la capital bonaerense era Cristino Benavides y es quien le sale de testigo para sacar la cédula. Pero, además, da como domicilio Calle 2 número 20-13, justito frente a la Jefatura de la Policía. Todo es obviamente falso.

- En 1923, cuando saca el pasaporte, el único elemento que le aporta al consulado oriental para decir que nació en Tacuarembó son dos testigos uruguayos.

- En 1933, en su testamento ratifica que nació en Toulouse, Francia.

Se ha dicho que la falsedad en la identificación de Gardel se origina en que, al haber nacido en Francia, era desertor, porque debió combatir en la Primera Guerra Mundial. Quienes investigaron el tema sostienen que los países europeos convocaban a incorporarse a las filas a todos sus ciudadanos, pero que no hubo persecución de quienes estaban fuera de sus países. “No tenga dudas de que los cambios de identidad de Gardel tienen que ver con sus antecedentes en el delito –insiste Torres–. Cambiaba una letra, lugar de nacimiento, para que no surgiera que era el mismo que figuraba como El Pibe Carlitos, estafador por medio del cuento del tío.”

raulkollmann@hotmail.com





Facsímil del prontuario de la Policía Bonaerense de 1915. En la carátula figura el alias de “El Pibe Carlitos”. En la última página consta el informe de la Policía Federal sobre sus antecedentes.





Arriba, las huellas del prontuario policial de 1904 y el documento expedido por la Policía Federal en 1923. Abajo, el estudio comparativo entre ellas.




dp 

sábado, 16 de diciembre de 2023

LAS VIDAS CRUZADAS DE GARDEL Y SINATRA

 



En 1934 Carlos Gardel estaba viviendo en la ciudad de Nueva York. Había llegado desde Francia, contratado por la cinematográfica Paramount a fines de realizar una serie de películas para el público hispanoparlante. Entre filmación y filmación Carlitos mataba el tiempo cantando por radio. A principios de ese año la prensa neoyorkina anuncia que habrán dos nuevos programas en la cadena WEAF-NBC a partir del 14 de enero, los cuales serán un programa semanal con la orquesta de Richard Hommer y la segunda nueva programación incluirá la presentación de Carlos Gardel, barítono argentino, todos los días a las 21 horas.


Decenas de millones de yanquis seguían la programación de la NBC de costa a costa tratando de olvidar sus penurias.


Es entonces que a ver y escuchar el programa de Gardel llega una noche de ese gélido invierno de 1934 un muchacho venido de la barriada de Hoboken en la vecina Nueva Jersey.


Se trataba de Francesco Albertino Sinatra Agravantes, hijo de genovesa y siciliano que a sus apenas 18 años de edad es un travieso de marca mayor: ha sido expulsado de la escuela tras innumerables amonestaciones por su carácter provocador. Sus incursiones laborales: camionero, repartidor de diarios, cadete, etc. terminaban siempre en el abandono de todos esos trabajos.


Al borde de la ley, es un chico rápido para los mandados, sobre todo los de los mafiosos de cabotaje, lo que le lleva a tener más de una entrada en las comisarías. En plena juventud, Frank Sinatra anda a los tumbos por la vida.


Si esa noche concurre a los estudios de la NBC a escuchar a Gardel, es un poco porque le gusta la música y más porque quien le insiste en ir, para alejarlo de las malas compañías, es su novia Nancy Barbato, que también desciende de inmigrantes italianos, nacida en Nueva Jersey.


Sinatra queda embelesado al escuchar a Gardel y cuando termina el programa se atreve a acercarse junto a Nancy para saludarlo. Medio en italiano y medio en castellano se establece el diálogo. Gardel le pregunta a que se dedica y Sinatra calla, notándosele avergonzado.


Nancy entonces le cuenta a Gardel que su novio está desperdiciando su talento ya que tiene una voz muy hermosa, y en vez de cultivarla anda todo el día con otros muchachones de dudoso vivir. Gardel entonces le pone una mano en el hombro y le dice a Sinatra: – «Mirá ragazzino, cuando yo tenía tu edad, andaba allá en Buenos Aires como vos andás ahora en Nueva York. Pasaba todo el día en compañía no muy recomendable cerca del mercado de Abasto, con tipejos como los que vos frecuentás. Especialmente con unos malandrinos genoveses, los fratelli Traverso, cuyo padre tenía una fonda llamada O´Rondeman, que era una guarida de la Mano Negra, la Camorra y tutti cuanti. Lógicamente cada dos por tres me portaban en galera. No te voy a decir que ahora soy un santo, pero el cantar no solo me dio fama y fortuna, también me apartó de ese ambiente donde solo me esperaba pudrirme en la cárcel o morir violentamente».






Sinatra lo escuchaba atentamente y en algún momento se atreve a preguntar: – «Mister Gardel, ¿usted qué me aconseja que haga?».


Gardel le contesta: – «Por lo pronto ragazzino, aprovechá que estás aquí en la radio y anotate en un concurso de cantantes que creo que se llama «Major Bowes Amateur Hour». Hacelo ragazzino que con probar nada se pierde».

Sinatra le hizo caso. Se presentó a ese concurso acompañando al trío Three Flashes, que para la ocasión se hicieron llamar Hoboken Four (todos vivían en ese barrio de Nueva Jersey) y ganaron el primer premio, lo que les llevó a una gira patrocinada por el programa. No obstante, por desavenencias con el resto de sus compañeros, a los tres meses Sinatra abandonó la gira. Pero ya la simiente de su fulgurante carrera artística estaba plantada gracias al oportuno consejo que le diera ese barítono argentino en los pasillos de la NBC.


Muchos años después de estos episodios, el consagradísimo en todo el orbe Frank Sinatra llegó en agosto de 1981 por primera y única vez a la Argentina y debutó en el Luna Park de Buenos Aires ante 20.000 personas en un concierto que interpretó sus más famosas canciones. Se sintió muy identificado con el ambiente.


Afirmó que apreciaba a los argentinos. Le gustaba el asado y el vino -de hecho, lo calificó de excelente-. Según La Voz, el espectáculo que dio en el Luna Park fue uno de los mejores shows que había hecho desde hacía mucho tiempo. Cuando subió al escenario, comentó: – «Se me puso la piel de gallina». ¿Por qué tanta generosidad con este país al que recién llegaba y no estaría en el más que unas cuantas horas?

Muy pocos supieron que el día anterior, convenientemente camuflado para tratar de pasar de incógnito se hizo llevar hasta la zona del Abasto. Había pedido previamente al agregado cultural de la Embajada de EE.UU. que lo acompañaba, que tratara de ubicar donde había estado el café O´Rondeman. Este lo condujo a la esquina de Agüero y Humahuaca, donde un terreno baldío dejaba ver entre yuyales viejos cimientos.


En la fría tarde porteña, Sinatra sacó de su sobretodo una amarillenta entrada de un espectáculo radial de 1934, la besó, la puso en tierra y para asombro de todos chapurreó en un castellano casi fonético: – «¿Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy, el pardo Augusto, Flores y el morocho Aldao… los guapos del Abasto rimaron mi cantar…»


Y en voz fuerte para que todos lo oyeran La Voz agregó: -«Thanks for helping me to live, Mister Gardel».




Fuente: https://www.tacuarembo2030.com/sociales/13690-gardel-y-sinatra-una-anecdota-poco-conocida/





dp 





martes, 12 de julio de 2016

EL MASON CARLOS GARDEL








La cuestión de si Carlos Gardel fue o no miembro de la Masonería, es algo que lleva ya varias décadas en discusión.

Personalidades como el destacado José Gobello (de la Academia del Lunfardo) tanto como el periodista argentino Roberto Cassinelli, de la porteña revista “Cantando”, se ocuparon – en su momento – del asunto. Aquiles Echeverri M. en el libro de su autoría “Gardel, su historia y causa de su muerte” ocupa unas cuantas líneas para referir el momento en que pleno velorio del Zorzal Criollo ingresó “un grupo de masones.”
De acuerdo a la información obtenida se desprende que existe un único elemento para pensar en la pertenencia de Gardel a la Masonería y éste es la irrupción de unas personas que titulándose masones intentaron – o llegaron a concretar – una ceremonia de las usuales que realiza la orden cuando uno de sus hermanos a fallecido.
El historiador colombiano Mario Arango Jaramillo (quién reconoce públicamente su pertenencia a la Masonería Universal; o sea, se trata de alguien que está hablando “desde adentro”), en su obra editada en 2006, titulada “Masonería y Partido Liberal”incluye el recuerdo de la nocturna presencia masónica durante aquel velorio.

El 26 de junio de 2005, y por haberse cumplido sesenta años de la muerte del Morocho del Abasto, el escritor y periodista antioqueño Juan José Hoyos publicó en el diario “El Colombiano” (editado en Medellín) una detallada crónica sobre el servicio fúnebre realizado al cuerpo de Carlos Gardel confirmando la presencia de masones.

Oscar Uribe Arcila, hermano de quien en el tiempo en que sucedió el trágico accidente era Gran Maestre de la Masonería antioqueña – el Muy Respetable Hermano Rubén Uribe Arcila, que ha quedado en la historia como destacado médico, intelectual y político – ante la requisitoria hecha por Arango Jaramillo recordó que su hermano mayor – por entonces Gran Maestre de la Orden, como quedó dicho – le hubo comentado que en aquel junio de 1935 la Masonería realizó en el Gran Templo Masónico de Medellín un homenaje fúnebre a Carlos Gardel; y que el mismo había tenido lugar pocos días  después de su sepelio.

Entierro de Gardel en Colombia

Si estos dichos reflejan la verdad entonces queda diluida toda duda sobre la filiación masónica de Carlos Gardel puesto que una “Tenida Fúnebre” (así se la denomina en el lenguaje de la hermandad) es una ceremonia ritual que sólo puede hacerse a quien previamente fuera iniciado en los misterios de la institución.

Algunas referencias sobre estos acontecimientos hechas por periodistas e interesados en la vida de Gardel vienen a nuestra ayuda

Así, por ejemplo, tenemos la información de que el dueño del teatro Junín había ofrecido el vestíbulo del mismo para utilizarlo como sala mortuoria tanto del Zorzal Criollo como de Alfredo Le Pera, Celedonio Palacio, José Corpas Moreno y Guillermo Barbieri; pero que el presbítero Enrique Uribe Ospina ofreció una residencia próxima al teatro, donde finalmente tuvo lugar el velorio. Es en ese inmueble donde – coinciden todas las informaciones – hizo su aparición el grupo de personas que titulándose masones y afirmando verbalmente que Gardel también lo era quisieron llevarse el ataúd con el cadáver para velarlo en una logia, según dicen algunos mientras otros señalan que lo único que pidieron fue realizar una discreta ceremonia allí mismo. Están las dos versiones.

Roberto Crespo, una de las personas presentes durante aquellos acontecimientos, que pudo ser entrevistado años más tarde, hizo un pormenorizado relato de cómo – según él recordaba – tuvieron lugar los hechos:

“La primera medida se limitó a conseguir un lugar para instalar la capilla ardiente, donde velar los restos de Carlos Gardel y sus compañeros. La generosa actitud del canónigo Enrique Uribe, párroco de La Metropolitana, basílica mayor de Medellín, zanjó las dificultades iniciales al ofrecer una casa quinta deshabitada, de su propiedad, ubicada en la avenida de la Quebrada Arriba, entre Junín y el puente Baltasar Ochoa”
El sepelio empezó alrededor de las diez de la mañana del martes 25 de junio, de ese momento Crespo indica:
“Antes de salir se realizó una curiosa ceremonia sobre el ataúd de Gardel. Un grupo de masones rodeó el féretro y se procedió a dar unos golpes sobre la tapa.  Luego se inició la marcha hacia la iglesia de La Candelaria.”
Este comentario es muy importante y serviría para confirmar la condición masónica de Gardel, pues realmente el ritual de despedida a un miembro muerto de la hermandad incluye “rodear el féretro” formando algo así como una cadena humana en su perímetro y “dar unos golpes sobre la tapa.” No podría estar mejor descripta la parte más notoria que tiene ésta ceremonia.

Dos objeciones se han hecho a la filiación masónica del Zorzal Criollo. Vamos a analizar cada una

1.-) Investigadores no encontraron en los archivos de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones ningún documento que pruebe que el cantante perteneció a la orden. Esto en sí mismo sólo parecería probar que Gardel no formó parte de ese grupo masónico. Téngase en cuenta que en la actualidad hay en la Argentina más de diez grandes logias, cada una integrada por cantidad de talleres y, algunas, sumamente reservadas por no decir – directamente – secretas.
A la vez el archivo de la Gran Logia de la Argentina en modo alguno cuenta con una información total de quiénes fueron masones durante el siglo XX.
Hay que tener en cuenta – también – que un hombre tan viajero como quien hoy nos ocupa, que pasó bastante tiempo en los Estados Unidos, pudo haber sido iniciado en la Masonería en una logia de las tantas que hay diseminadas sobre la faz de la Tierra.
2.-) Una objeción reiterada es que se torna imposible que el Morocho del Abasto fuera Masón ya que concurría seguido a misa y comulgaba. Esta es una errónea argumentación que se oye con bastante frecuencia aplicada al Padre de la Patria Gral. José de San Martín y al Gral. Manuel Belgrano.
Procede de la creencia de que quien ingresa a la Masonería se aleja para siempre de su religión y de otro prejuicio que es la suposición de que los masones practican el ateísmo. ¡Todo lo contrario! Una persona para ingresar a ésta orden tiene que tener fe en la existencia de un Ser Superior que la Masonería Universal denomina Gran Arquitecto del Universo. Y si bien desde hace siglos los masones están excomulgados por la Iglesia Católica por el sólo hecho de serlo, es muy frecuente que sus miembros que practican dicha fe hagan a un lado eso y continúen participando de la Santa Misa.

De manera que ambas objeciones no se sostienen

En cambio hay un dato favorable a la idea de que Gardel fuera Maestro Masón y es el hecho de que su cadáver no fue velado en la Iglesia puesto que lo que el sacerdote ofreció era una residencia, lo que no deja de ser sugerente. He allí la razón por la cual los restos de Manuel Belgrano están en el patio delantero de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo y el Mausoleo del Gral. San Martín fuera de la nave de la Catedral Metropolitana junto a otros dos insignes masones como los generales Tomás Guido y Juan Gualberto Gregorio de Las Heras. La Iglesia los mantiene cerca, pero no les permite aposentarse en suelo sagrado.
Finalmente aclarar que puede llamar la atención – a quien no conozca en profundidad cómo funciona la Masonería en el mundo – que un artista popular como Gardel fuera admitido en su seno; pero no es así, por el contrario, son innumerables los ejemplos de gente del espectáculo que tuvo participación en logias masónicas. Francisco Petrone, Lucas Demare, Florencio Sánchez, Emilio Onrubia, Roberto Casaux, Enrique García Velloso, Enrique Muiño, Homero Manzi fueron maestros masones.
El doctor Antonio Las Heras es autor “Sociedades secretas: Masonería, Templarios, Rosacruces y otras órdenes esotéricas” libro que recibió el Premio Faja Nacional de Honor en el Género Ensayo de SADE, Sociedad Argentina de Escritores. alasheras@hotmail.com




Notas de dp:


Disertación de Antonio Las Heras sobre la pertenencia de Carlos Gardel a la Masonería (copiar y pegar en otra página):

https://youtu.be/3UjmQvf-mWY

Recomiendo ver el siguiente documental que refuerza lo expuesto en el artículo (copiar y pegar en otra página): 

 https://youtu.be/MXYdiDcl5mk


dp





Hombre de negro