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martes, 7 de abril de 2026

LA ESTAFA DEL SUEÑO




La mentira más peligrosa en la historia de la humanidad no es sobre la comida.

No es sobre la medicina...

Es sobre el sueño.

Durante 200.000 años, los humanos no durmieron 8 horas.


Esa cifra fue inventada en 1938 por una empresa de colchones llamada Simmons Beautyrest.

Antes de esa campaña, el humano promedio dormía en dos turnos.

Los historiadores lo llaman “Sueño Bifásico”.

Dormías durante 4 horas, te despertabas durante 2 y luego dormías otras 4.

Durante esa ventana de 2 horas, la gente rezaba, tenía sexo, escribía, pensaba y conectaba con sus familias.

Algunas de las obras más grandes de la historia humana se crearon en esa ventana sagrada intermedia.

Shakespeare escribió la mayoría de sus obras entre la 1:00 a. m. y las 3:00 a. m. durante su segundo periodo de vigilia.

Mozart compuso sinfonías enteras en lo que él llamaba “Las Horas de Dios”.

Luego, la Revolución Industrial necesitó trabajadores con un horario fijo.


No se puede dirigir una fábrica con sueño bifásico.

Así que contrataron a un psicólogo llamado Dr. Nathaniel Kleitman para “demostrar” que las 8 horas consecutivas eran el estándar biológico.

Él falsificó los estudios.

Fue financiado íntegramente por la industria de los colchones.

Y el estamento médico adoptó su investigación sin rechistar porque se alineaba con el modelo de fábrica.

Convirtieron las 2 horas más creativas de la conciencia humana en un “trastorno del sueño”: Lo llamaron “Insomnio”.

Lo medicaron.

Hicieron gaslighting a toda una generación diciendo que 8 horas de sueño continuo era lo saludable.

Patologizaron la ventana exacta de conciencia que produjo parte del mejor arte, música y literatura de la historia humana.


No eres un insomne.

Estás experimentando la forma más natural de la conciencia humana.

Y una empresa de colchones te convenció de que era una enfermedad.


Deja de medicar tu genio.

Despiértate a las 2:00 a. m.

Escribe eso que tienes pendiente.

Las “Horas de Dios” te están llamando.



Original en X: © Andre Gonzalves



dp




lunes, 16 de diciembre de 2024

EL ULTIMO DUELO


La sangrienta historia del último duelo de Argentina: sables, heridas mortales y una grieta política


Fue en 1968 y lo disputaron el almirante Benigno Varela, uno de los responsables del golpe contra el presidente Illia, y Yoliván Biglieri, de larga trayectoria radical. Los dos terminaron heridos y jamás se reconciliación


Por Adrián Pignatelli, 03 Nov. 2022





Los Biglieri eran una familia particular. El matrimonio inmigrante, de firmes ideas anarquistas, se negaron a anotar a sus hijos varones para que no fueran llamados a cumplir con el servicio militar. Tuvieron cinco hijos: dos mujeres, Edy y Lidia, un varón Nihuil que murió de pequeño y otros dos que eligieron sus nombres ya de grandes: Nobel, que alcanzó a ser arquero suplente del Boca del 46 -en el único partido que disputó ese año le ganaron a Independiente uno a cero- y Yoliván, el protagonista de esta historia. Su hijo Alberto desconoce cómo se le ocurrió a su padre ese nombre.

Yoliván nació en Lanús el 5 de agosto de 1923. Estudió derecho en la Universidad Nacional del Litoral y cursó el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Era un escribano de Lanús que había comprado un diario local llamado Autonomía, fundado el 1 de enero de 1940. Casado con la abogada Lydia Beatriz Cajigal, fue concejal en su ciudad por la Unión Cívica Radical del Pueblo, vicepresidente del comité provincia en la década del 70, y hasta llegó a ser presidente del Club Lanús entre 1978 y 1979.

La escribanía y el diario, que funcionaban en el mismo edificio, en 25 de Mayo 1564, en Lanús Oeste, con los años se transformó en un lugar de referencia.

Entre los cargos que ocupó, Biglieri fue uno de los secretarios del presidente Arturo Illia. Le quedó grabado a fuego las imposiciones y el avasallamiento de los jefes militares de entonces, en especial la postura del jefe de la Armada, el almirante Benigno Varela.

A las 9 de la noche del 27 de junio de 1966 Illia -que había asumido la presidencia en octubre de 1963- recibió en lo que serían las últimas horas como primer mandatario- a los comandantes de la Fuerza Aérea y de Marina. Se venía el ultimátum de un proceso en que los militares y los sindicalistas le habían hecho la vida imposible. En esa reunión, el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Adolfo Teodoro Alvarez le aconsejó renunciar para evitar enfrentamientos. Misma postura sostenía el jefe del Ejército el general Pascual Pistarini. Pero el almirante Benigno Varela se manifestó por la defensa del orden constitucional.

Al día siguiente, Illia era derrocado.

Biglieri no se olvidó del hecho. Según su hijo Alberto, su papá despreciaba especialmente al general Juan Carlos Onganía y a los militares que habían terminado con el gobierno constitucional del médico radical.

En la edición del 14 de octubre de 1968 de su diario Autonomía publicó una columna, describiendo la situación anterior con Illia, recordando otras situaciones en la que el almirante Varela no habría cumplido con su palabra. “Varela era el mismo que juró lealtad a Perón después del 16 de junio de 1955 y el que después del 16 de septiembre quería fusilar peronistas. Era el mismo que mostraba lealtad al almirante Rojas y lo apostrofaba después que el doctor Frondizi asumió el gobierno. Era el rebelde del 2 de abril de 1963 que, como no pudo embarcarse a bordo de los buques revolucionarios, manifestó después que había concurrido a los mismos para tratar de disuadir a sus compañeros de tal intento”.

Autonomía era un diario local, pero seguramente algún comedido le acercó el artículo al marino y éste, sintiéndose ofendido, decidió mandarle sus padrinos. Lo retaba a duelo.

La institución del duelo la trajeron a estas tierras los españoles, que lo habían implementado por culpa de sus antiguos conquistadores, los fenicios, que usaban lanzas, hachas o hasta mazas para dirimir pleitos u ofensas. En nuestro país hubo muchos lances por el honor. El más trágico ocurrió en 1894 entre Lucio V. López (nieto del autor del Himno Nacional) y el coronel Carlos Sarmiento. López acusó al militar de haber hecho una compra fraudulenta de un campo y luego de un cruce de agravios y acusaciones, López lo retó a duelo. Sarmiento lo mató.

Benigno Ignacio Marcelino Varela nació en Banfield el 21 de junio de 1917. Estaba al frente de la Armada desde el 29 de octubre de 1963. Le mandó a Biglieri sus padrinos, el almirante Carlos Garzoni y Atilio Barneix. Los del periodista fueron el ex senador Vicente Mastolorenzo y el abogado Jorge Nage.

Luego de tres reuniones, se acordó que el duelo fuera a tres asaltos de dos minutos cada uno a filo, contrafilo y punta. No sería como otros, celebrados a lo largo de nuestra historia, en el que el pleito terminaba a la primera sangre. Este sería a muerte o hasta que uno de los contendientes no pudiera mantenerse en pie.

Biglieri quería evitar que el duelo se realizase en la cubierta de un barco, y hasta propuso que fuera dentro del edificio de la CGT. Finalmente se acordó celebrarlo en una quinta en Monte Chingolo, en la entonces calle Caaguazú al 200, hoy avenida Eva Perón.

Al estar prohibido por el código penal, el suceso debía mantenerse en el mayor de los secretos. Sin embargo, la noticia se filtró. Hubo complicidad de las autoridades policiales que, a pesar del requerimiento de la justicia, hizo la vista gorda.

Fue el domingo 3 de noviembre de 1968. Comenzó minutos después de las 7 de la mañana. Ambos con el torso desnudo, Biglieri con pantalón oscuro y Varela, blancos. Biglieri estuvo acompañado del doctor Julio Enrique Baca Barbaran.

Periodistas y reporteros gráficos rodeaban la quinta. El periodista e historiador Mariano Hamilton hizo una descripción en su libro “Duelos. Los sangrientos combates por el honor en la historia argentina”.

El primero en golpear fue Biglieri, que le provocó a Varela un corte en su oreja derecha y una herida en su brazo. El almirante contraatacó e hirió una mano a Biglieri y de un golpe le voló los anteojos, lastimándole la nariz.

El periodista recibió cortes en el pómulo y en el abdomen. La escena parecía más impresionante de lo que realmente era. Entre asalto y asalto, los duelistas eran asistidos por los médicos, que rociaban con yodo las heridas, cuyas manchas que dejaba parecía sangre.

En un momento, por un golpe el sable de Varela cayó al suelo y el marino se preparó a recibir la estocada final. Pero Biglieri le permitió levantar el arma para continuar la contienda.

Este acertó e hirió el costado izquierdo del marino, quien además sufrió un corte en su tetilla izquierda que, si hubiera sido profundo, habría afectado al corazón. Ambos hombres estaban muy cansados y apenas podían mantenerse en pie.

En ese momento, los padrinos acordaron terminar con el duelo, de acuerdo a la opinión de los médicos.

No hubo reconciliación. El militar exigía del periodista una retractación que fuera publicada en su diario, y éste se negó.

Cuando Varela se iba, Biglieri le gritó: “Esto es para que ustedes, los militares, aprendan que los radicales no somos ningunos maricones”, a lo que el oficial respondió: “Reconozco su valentía, pero no puedo decir lo mismo de todos los radicales”.


La noticia tuvo repercusión internacional. Como por esos días se esperaba la visita de Aristóteles Onassis y de su esposa Jacqueline Kennedy, estaban en el país un grupo de corresponsales extranjeros. Cuando finalmente la pareja canceló su viaje, los periodistas -conocedores del duelo- fueron a cubrirlo. Así salió publicado en The New York Times.

Varela había sido el jefe de la Armada hasta el 4 de octubre de ese año. Al siguiente fue nombrado embajador en Bélgica. Falleció el 29 de febrero de 1996.


Además de su actuación en la política y en el deporte, Biglieri fue profesor de Derecho en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. La sala de profesores de esa facultad lleva su nombre.

Manuel Quindimil, el intendente de Lanús, en mayo de 2007, el último año de su mandato, promovió un cambio de nombre de la calle de la escribanía y el diario. Dejó de ser coronel Rojas, sino Yoliván Biglieri y 25 de mayo, ese del nombre extraño, hijo de anarquistas y radical, que fue uno de los protagonistas del último duelo en el país.


Fuentes: Entrevista a Alberto Biglieri; Duelos. Los sangrientos combates por el honor en la historia argentina, de Mariano Hamilton; Los duelos, de Raúl Oller y Raúl Casado; Revista Confirmado.


Fuente de la publicación: https://www.infobae.com/sociedad/2022/11/03/la-sangrienta-historia-del-ultimo-duelo-de-argentina-sables-heridas-mortales-y-una-grieta-politica/



El último duelo de espada en Francia se libró en 1967 y se convirtió en un evento memorable y peculiar en la historia del país.




Este enfrentamiento tuvo lugar entre Gaston Defferre, el alcalde de Marsella, y René Ribière, quien era candidato del Partido Socialista a la presidencia. El contexto de este duelo se originó tras un acalorado enfrentamiento en la Asamblea Nacional, donde las tensiones políticas alcanzaron un punto álgido. Durante una sesión, Defferre, en un arrebato de frustración, le espetó a Ribière un insulto directo: "¡Cállate, imbécil!", lo que desató una serie de acontecimientos que culminarían en el desafío a un duelo.

Ambos hombres decidieron resolver sus diferencias de una manera que evoca tiempos pasados, eligiendo las espadas como sus armas. Este tipo de resolución de conflictos, aunque anacrónico para la época, refleja una tradición histórica en Francia donde los duelos eran considerados una forma legítima de restaurar el honor. El duelo se llevó a cabo en los jardines de una mansión en Neuilly-sur-Seine, un suburbio de París, y fue presenciado por varios periodistas que estaban allí para documentar este inusual evento.

La escena del duelo fue casi surrealista; Defferre y Ribière se enfrentaron con espadas afiladas, y el clima era primaveral. Sin embargo, el tono del duelo no fue tan solemne como podría esperarse. Defferre tenía la intención de herir a su oponente de tal manera que arruinara su inminente noche de bodas, lo cual añade un elemento casi cómico a la seriedad del evento. A pesar de las reglas que podrían haber existido en otros tiempos para los duelos, este enfrentamiento fue más un espectáculo que una lucha por la vida o la muerte.

A medida que avanzaba el combate, Ribière fue herido en el brazo, lo que llevó al árbitro del duelo a intervenir y poner fin al enfrentamiento antes de que las cosas pudieran escalar aún más. Aunque no hubo muertes ni lesiones graves, este duelo marcó el final de una era en la que tales actos eran considerados honorables. La intervención del presidente Charles de Gaulle también subrayó la incredulidad ante la situación; él envió emisarios para intentar cancelar el duelo sin éxito.

Este evento no solo es recordado por su naturaleza casi teatral, sino también porque simboliza un cambio cultural en Francia. A medida que la sociedad avanzaba hacia una mayor civilidad y menos violencia física como medio para resolver disputas, este duelo se convirtió en una curiosidad histórica. La historia del último duelo con espadas es un recordatorio fascinante de cómo las normas sociales han evolucionado y cómo los conflictos políticos pueden manifestarse de maneras inesperadas y dramáticas.


Fuente: https://es.quora.com


dp 



martes, 16 de julio de 2024

MIRIÑAQUE MORTAL





La crinolina (o miriñaque) mortal: moda y tragedia en el siglo XIX



Cuando hoy vemos películas o pinturas con los preciosos vestidos femeninos que se utilizaban en la época victoriana, ignoramos lo incómodos y peligrosos que eran para las mujeres que los llevaban. Bajo aquellas preciosas faldas abultadas, decoradas con mil detalles, había una auténtica jaula de metal, que servía como armazón para sujetar a las telas. Se trataba de la crinolina, también conocida como miriñaque, ballena o armador. Una prenda indispensable durante décadas, que ocasionó miles de accidentes y muertes a sus usuarias.  Hasta las dos hermanas de Oscar Wilde fallecieron por el uso de la crinolina. Hoy recordamos la increíble, pero cierta y trágica historia de esta prenda femenina.


Hoy en Gente Yold, viajamos al siglo XIX para desenterrar un capítulo oscuro de la historia de la moda: la crinolina. Esta prenda, símbolo de elegancia y sofisticación, también fue la causa de numerosas tragedias que costaron la vida a muchas mujeres. ¿Cómo pudo una icónica prenda convertirse en un peligro mortal? Acompáñanos para descubrirlo.

Imagina un salón de baile victoriano, con mujeres vistiendo elegantes y voluminosas faldas que se despliegan como enormes campanas alrededor de ellas. Estas faldas, sostenidas por estructuras conocidas como crinolinas, eran un símbolo de estatus y estilo. Sin embargo, lo que muchas no sabían era que bajo la apariencia de belleza y refinamiento se escondía un peligro mortal. La crinolina, con sus aros de acero y crin de caballo, transformaba la silueta femenina, embelleciéndola según los cánones de la época. La otra cara de la moneda era que también suponía una trampa mortal para las mujeres, al estar compuesta de materiales muy inflamables y prender muy fácilmente y ocasionar otros accidentes fatales.

En realidad, los miriñaques o crinolinas habían existido durante siglos, en los trajes de grandes faldas abultadas de las mujeres pudientes occidentales. Durante décadas, se fabricaban con barbas de ballena, crin de caballo y hasta con madera. Pero fue en el XIX, en plena época victoriana, cuando llegaron a su cenit en tamaño y uso y comenzaron a fabricarse con metal. Los tamaños de las faldas durante estos años llegaron a ser tan desmesurados, que ocasionaban situaciones ridículas, como que dos mujeres no pudieran sentarse en un sofá, e incluso, no llegasen a caber juntas en una estancia pequeña.

En España y Francia la gran impulsora de su uso fue la Emperatriz Eugenia de Montijo, conocida como una de las más importantes “influencer” de su época. Durante el apogeo de la crinolina, entre 1850 y 1870, se reportaron numerosos casos de mujeres que murieron debido a accidentes relacionados con esta prenda. Cualquier chispa o contacto de estas faldas con una llama podía rápidamente convertirse en una tragedia. Además, el diseño restrictivo de la crinolina dificultaba.

La crinolina: elegancia y peligro

Efectivamente, durante décadas, las damas de la alta sociedad lucían orgullosamente estas amplias faldas en bailes y eventos sociales, admiradas por su majestuosa presencia y su capacidad para crear una silueta de reloj de arena. Esta prenda, con su capacidad para transformar la figura femenina, era vista como un símbolo de estatus y sofisticación.

Sin embargo, la crinolina no solo añadía glamour a la moda, sino que también traía consigo un peligro letal. Y, es que, el material inflamable de los vestidos, combinado con la estructura de la crinolina, convertía cualquier incidente con fuego en una posible tragedia. La complejidad de la prenda hacía difícil apagar las llamas rápidamente, y muchas mujeres no podían liberarse de sus crinolinas a tiempo para evitar lesiones graves o la muerte.

Además del riesgo de incendio, la crinolina presentaba otros peligros. El gran tamaño y la rigidez de la estructura dificultaban el movimiento y podían causar accidentes al quedar atrapadas en puertas, carruajes y otros obstáculos. Esta falta de movilidad aumentaba el riesgo de lesiones en situaciones de emergencia. A pesar de su apariencia elegante, la crinolina se convirtió en una trampa mortal para muchas mujeres, subrayando la peligrosa combinación de moda y funcionalidad en la era victoriana.

Tragedias por la moda

El periódico londinense Court Journal notificaba, el 20 de febrero de 1858, que se habían catalogado “no menos de 19 muertes por esta causa, ocurridas en Inglaterra, entre el 1 de enero y mediados de febrero”. The New York Times, por su parte, estableció el mismo año un promedio de tres muertes semanales a causa de la crinolina. Una de las tragedias más impactantes ocurrió en 1863. La famosa actriz Fanny Kemble sufrió quemaduras graves cuando su crinolina se incendió al acercarse demasiado a una chimenea. Aunque sobrevivió, las cicatrices físicas y emocionales la acompañaron por el resto de su vida.

Incluso, la familia del famoso escritor Oscar Wilde no fue inmune a estas tragedias. En 1871, las medio hermanas de escritor, hijas naturales del doctor Wilde, Emily y Mary, asistían a una fiesta en Irlanda cuando las faldas de Emily se incendiaron. Mary intentó ayudarla, pero ambas murieron trágicamente debido a las quemaduras. El horrible accidente se ocultó durante décadas, hasta que fue investigado por historiadores. Sus cuerpos fueron enterrados en la Iglesia St. Moha, en Drumsnat, Irlanda, donde un breve epitafio las recuerda.

Velas que caían, pasar por delante de una chimenea, una simple chispa… cualquier acción de lo más cotidiana podía convertir una reunión social en toda una tragedia. En 1861, el periódico The New York Times reportó un incidente devastador en una fábrica de vestuario en Nueva York. Veinte trabajadoras perdieron la vida cuando un fuego, iniciado por una lámpara de gas, se extendió rápidamente debido a las crinolinas inflamables que llevaban puestas. Este evento trágico llevó a una mayor conciencia sobre los peligros de la prenda, aunque no fue suficiente para detener su uso inmediato.

Otras nueve bailarinas murieron entre las llamas de sus propias faldas en el Teatro Continental de Philadelphia. En una década, la cifra ascendió a cerca de 3.000 mujeres incendiadas por su propio vestido.

Más allá del fuego: otros riesgos mortales

Además de ser altamente inflamables, las crinolinas también presentaban otros peligros. En 1858, Clara Goodwin, una joven de Boston, se ahogó trágicamente cuando su crinolina se atascó en una barandilla mientras cruzaba un puente. Al caer al agua, la pesada prenda la arrastró hacia abajo, impidiéndole nadar y resultando en su muerte por ahogamiento.

Otro caso trágico ocurrió en Londres en 1864, cuando Mary Ward, una mujer de clase trabajadora, quedó atrapada en la maquinaria de una fábrica debido al tamaño y la estructura de su crinolina. La prenda se enredó en una rueda dentada, y Mary sufrió heridas mortales antes de que la maquinaria pudiera detenerse.

También se dieron muchos casos de destripamiento producido por las heridas infligidas por la rotura de muelles y aros de acero. Sin lugar a duda, una prenda mortal.


El fin de una moda mortal

Durante décadas, el uso de una moda tan absurda también propició continuas críticas, burlas y parodias sobre esta vestimenta. A medida que las muertes relacionadas con la crinolina se acumulaban, comenzó a surgir una preocupación pública sobre la seguridad de la prenda. Artículos de periódico y cartas a los editores instaban a las mujeres a reconsiderar el uso de estas faldas peligrosas. En 1864, se organizaron campañas en Londres y Nueva York para promover alternativas más seguras a la crinolina, como el uso de faldas menos voluminosas o la eliminación de los aros metálicos.

Poco a poco, esta moda comenzó a desinflarse, a medida que la sociedad se decantaba por estilos más prácticos y seguros. La introducción de la tournure o bustle, una estructura que daba forma a la parte trasera de las faldas sin el volumen excesivo de la crinolina, marcó el inicio del fin para esta peligrosa moda.

La historia de la crinolina es un ejemplo más de hasta qué punto los cánones de belleza y la presión sobre las mujeres para ejercerlos, pueden tener consecuencias muy negativas, hasta el punto de llevarse vidas por delante.

¿Sabías sobre los peligros de la crinolina? ¿Conocías las trágicas historias de mujeres que perdieron sus vidas a causa de esta prenda? No dudes en compartir tus pensamientos con nosotros en los comentarios o en nuestras redes sociales. ¡Hasta muy pronto!



Fuente: https://genteyold.com/la-crinolina-mortal-moda-y-tragedia-en-el-siglo-xix/




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