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jueves, 21 de julio de 2022

MERCENARIOS ARGENTINOS EN CROACIA


Barrios Saavedra


Después de la rebelión carapintada liderada por Mohamed Alí Seineldín en diciembre de 1990, se dijo que un grupo de militares rebeldes huyó del país para evitar los juicios que debía afrontar. Algunos de ellos, tras una recorrida por Europa en busca de un ejército que los alistara, fueron aceptados por el ejército croata.


Entre ellos se encontraba el ex capitán Rodolfo Barrios Saavedra que ingresó en las filas del ejército de Croacia con el grado de brigadier, equivalente al de coronel en nuestro país. Desde hace siete años vive con su familia en Zagreb. En su libro “Venta de armas, hombres de gobierno”, el periodista Daniel Santoro afirma que En Croacia no sólo había armas argentinas, sino también decenas de mercenarios y voluntarios argentinos, entre ellos el ex capitán de apellido Barrio que participó del levantamiento carapintada del ex coronel Mohamed Alí Seineldín, en diciembre de 1990, y luego se escapó a Zagreb.


También fueron como mercenarios ex empleados de Inteligencia del Ejército vinculados a los carapintadas. Los argentinos integraron el primer batallón de las llamadas Fuerzas Especiales. El asesor de consejeros del presidente Carlos Menem y de la Embajada de Croacia en Buenos Aires, Domagoj Antonio Petric, negó en esos días haber reclutado 349 voluntarios argentinos para combatir en Croacia, tal como afirmó el diario británico The Sunday Times. El informe de la Comisión de Derechos Humanos de 1994 sobre mercenarios asegura que en el territorio yugoslavo se constató la presencia de mercenarios argentinos. La supuesta participación de soldados argentinos en el MPRI coincide con la denuncia no comprobada de que recibieron instrucción militar en un campo del Valle de Calamuchita en Córdoba.



Fuentes:


Clarín: http://edant.clarin.com/suplementos/zona/1999/01/31/i-00603e.htm

http://www.goear.com/listen/db57f0e/entrevista-en-programa-radial-bar-croata-rodolfo-barrio-saavedra-brigadier-del-ejacopyrcito-croata

http://seprin.info/2014/05/29/militares-argentinos-por-el-mundo-los-heroes-no-reconocidos/

Publicado en: https://defensanacional.foroactivo.com/t10145-la-argentina-en-el-conflicto-de-los-balcanes



Video con entrevista a Barrios Saavedra (copia y pegar en una nueva página) : https://youtu.be/P3ApWxyFGfg








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viernes, 28 de mayo de 2021

EXTERMINIO SOVIETICO



Cartel conmemorativo del Holodomor
 



Gulag: el gélido infierno soviético y sus millones de inocentes víctimas



La mitología escandinava imaginó un infierno, pero no ardiente sino gélido. Es lógico. Para quienes vivieron próximos a inviernos polares el frío era la muerte. Y helado debían imaginar al infierno. Especialistas en materializar infiernos en la tierra han sido los socialistas revolucionarios. Y lo más próximo al de la mitología nórdica lo materializaron sobre el norte de Siberia los soviéticos. Fue el Gulag.

Todo crimen soviético se remonta a métodos y ordenes de Lenin. Ya muerto Lenin, triunfa en la lucha por dirigir la sangrienta herencia bolchevique Stalin. Y como hubiera hecho cualquier otro de los aspirantes, escaló los brutales métodos de Lenin. En 1929 el gobierno soviético requisó tierras y  ganado al 80% de la población de Ucrania. Exterminado la resistencia campesina por hambre en el genocida Holodomor. No les faltó información de aquello a los socialistas de Occidente. Miraron a otro lado. Paralelamente a esos genocidios campesinos emergió un sistema de campos de concentración –a escala inimaginable hasta entonces– que sometería a millones de inocentes a trabajos forzados. Recicló criminales como “aliados sociales”. E impuso el terror que aseguró el totalitarismo.

Gulag es un término que se conoce fuera del imperio soviético desde 1973. Por el libro Archipielago Gulag de Alexander Solzhenitsyn. Pero todo empieza con Lenin, cuando en 1918 los bolcheviques reformaron los antiguos campos de trabajo (katorgas) del sistema penal zarista. Iniciando los campos soviéticos con los de propósito especial y los de trabajo forzoso.

Sus primeros prisioneros van de delincuentes comunes a prisioneros de la guerra civil rusa, acusados sabotaje, o de ser enemigos políticos, socialistas de facciones derrotadas, aristócratas, hombres de negocios. Y kulaks sobrevivientes del exterminio. Pero la base legal del Gulag –con ese nombre– llegó tras años operación de los campos. Un decreto secreto de Sovnarkom del 11 de julio de 1929 sobre cárceles de trabajo. Confirmado en apéndice de reunión del Politburó del 27 de junio de 1929. Se formaliza que dependen del OGPU –la policía política soviética–. El 25 de abril de 1930 se denominan ULAG en la orden 130/63 del OGPU, en referencia a orden de Sovnarkom del 7 de abril de 1930. El sistema es nombrado GULAG en noviembre. Y con ese nombre lo conocemos.

Existieron no menos de 476 sistemas de campos de concentración separados. Algunos sistemas incluían cientos y otros miles de campos. La fuerte represión en 1930 introdujo el primer enorme incremento del número de prisioneros. El segundo sería durante el gran terror –de 1937 y 1938– Cuando las autoridades debían llenar con detenciones al azar sus cuotas asignadas de “enemigos del pueblo” a condenar por el infame artículo 58.

Según sus propios registros oficiales –que subestimaron frecuentemente los números reales– en 1931 el Gulag tenía unos 200 mil prisioneros en campos. Para 1935 había 800 mil en campos y 300 mil en colonias.  Poco antes de la II Guerra Mundial, llegaban al millón 300 mil en campos y 350 mil en colonias. Durante la guerra los prisioneros del Gulag serían reclutados en batallones de presos y lanzados contra el fuego enemigo –y sobre campos minados– frecuentemente desarmados y bajo la amenaza de ametralladoras del ejército rojo.




Sus enormes bajas vaciaron al sistema de aquella generación de prisioneros. Poco antes de concluir la guerra se inició el reflujo –que llevo del frente al Gulag al condecorado Capitán Solzhenitsyn– y tras la guerra el número de prisioneros llegaba a 2 millones 500 mil para  finales de la década de los 40. Los prisioneros en los campos de toda la URSS a la muerte de Stalin en 1953 sumaban más de 4 millones. 2 millones 500 mil en campos y colonias de prisioneros en Siberia.

Oficialmente, el GULAG deja de existir el 25 de enero de 1960. Dejo de existir el nombre, no el sistema. Pero la escala se redujo muy rápidamente. Las muertes totales registradas por documentos oficiales del sistema de campos de trabajo forzado y colonias entre 1930 y 1956 ascienden al millón 606 mil 748 –pero fuera de los campos vemos 800 mil ejecuciones documentadas exclusivamente durante anárquico el Gran Terror– El número de víctimas no registradas es objeto de seria controversia. Las muertes en algunos campos fueron documentadas más minuciosamente que en otros. Y se recuerdan muchas muertes de largos y terribles traslados. Esas frecuentemente no se documentaban.

El sistema de campos tuvo como objeto principal –la mayor parte del tiempo– la explotación como esclavos de los prisioneros. Su elevado número de víctimas mortales se debió a espantosas condiciones de trabajo forzado –especialmente en periodos de fácil recambio de esclavos muertos por accidentes, agotamiento y enfermedad– Aunque ciertos campos sobre el círculo ártico equivalían a condenas de muerte, el Gulag no incluyó campos de exterminio masivo. Los exterminios soviéticos dependieron de fusilamientos masivos, hambrunas genocidas y traslados forzosos de poblaciones sospechosas.

Anne Applebaum galardonada con el Premio Pulitzer por su libro: Gulag: a History explicó en una conferencia del 2003 que entre 1929 –cuando alcanzaron escala masiva los campos–  y la muerte de Stalin, 18 millones de personas pasaron por el Gulag. Y de 6 a 7 millones fueron deportados a pueblos en el exilio. En total, cerca de 25 millones fueron sometidos a trabajo forzado (15 por ciento de la población). Destacó también Applebaum como Solzhenitsyn en Archipielago Gulag –sin acceso a los archivos– había estimado muy bien las magnitudes. Y que fue el primero en explicar que la abrumadora mayoría de los prisioneros eran simples campesinos y trabajadores, completamente inocentes.

Entre esa mayoría de campesinos y trabajadores tuvo el Gulag sus comparativamente pocos prisioneros intelectuales. Pero –interesada o ingenuamente– algunos de esos intelectuales dejarían fuera de sus memorias del Gulag a la abrumadora mayoría de simples víctimas inocentes. El relativamente escaso –pero útil para someter y aterrar al resto– número de criminales comunes. Y el comparativamente minúsculo número de intelectuales y políticos entre las millones de víctimas del Gulag.




Autor:Guillermo Rodríguez González

Investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencia Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, Venezuela.


Fuente: https://panampost.com/guillermo-rodriguez/2018/09/18/gulag-gelido-infierno-sovietico/




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Fosa común en Katyn, Ucrania. Ejecuciones a mano de Soviéticos, en la 2da. Guerra Mundial





martes, 18 de mayo de 2021

FIEBRE DEL CAUCHO




La codicia del hombre blanco en busca del caucho se llevó la vida de miles de indios y mestizos en la selva amazónica. En los laberintos del río Putumayo, en la selva colombiana, la tribu de los huitotos fue prácticamente exterminada… Los supervivientes fueron sometidos a un sistema esclavista donde la violación de los Derechos Humanos era constante e insufrible. La sangre de estas víctimas dio lugar a juicios e informes que todavía hoy escuecen en el recuerdo. Los `señores del cauchohan pasado a la historia como auténticos genocidas.


Por Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS


Un episodio especialmente terrible de esta fiebre fue el exterminio de los indios huitoto, en el río Putumayo (Colombia). Un censo del año 1849 estimaba la población de «racionales» -como se designaba a los funcionarios, comerciantes y colonos- de esta región en 242 personas. Los indios «civilizados», es decir aquellos en alguna forma influidos por las misiones católicas, eran 16.549. El resto del territorio estaba habitado por gentes que los censos describían de forma etnocéntrica como «salvajes», «antropófagos» e «irracionales», grupos que vagaban por el bosque y cuyo número se desconocía. Esos fueron las principales víctimas de la codicia de los “señores del caucho”.

Uno de ellos fue uno de los comerciantes más afamados de Iquitos, Julio César Arana, “el socio de Dios”, que llegó a superar en crueldad a su contemporáneo Fitzarraldo, en su afán de riqueza. En 1901, Arana entró en negocios con algunos caucheros colombianos de la Colonia Indiana (La Chorrera) para explotar el caucho. Arana había conocido años atrás el Putumayo, negociando y transportando el caucho hacia Iquitos y Manaos. En 1904 contrató a doscientos guardianes negros de las islas Barbados -entonces colonia británica- y se internó con ellos en las tierras de los huitotos para extraer el caucho utilizando a los indios como esclavos. Su milicia apoyaba militarmente a los caucheros, a quienes se les permitía ‘civilizar’ a los indios a sangre y fuego. Por medio de las «correrías», les cogían por la fuerza matando a los que huían. No les permitían sembrar sus cultivos tradicionales, confiscaron sus armas y les obligaban a hacer penosas travesías llevando grandes cargamentos de caucho hacia los centros de acopio.




El antropólogo Davis describe así su “modus operandi”: “los caucheros atacaban al alba, atrapando a sus víctimas en las malocas (cabañas) y ofreciéndoles regalos como excusa a su esclavitud. Una vez en garras de deudas que no podían comprender y a riesgo de la vida de sus familias, los huitotos trabajaban para producir una sustancia que no podían usar. Los que no cumplían con su cuota, los que veían que la aguja de la balanza no pasaba de la marca de los diez kilos, caían de bruces a la espera del castigo. Se sometían, porque si oponían resistencia sus esposas y sus hijos pagarían por ello. Para que no hubiera rebeliones ordenó que asesinaran a todos sus líderes y si algún indígena escapaba se obligaba a su propia familia a perseguirlo. En caso de no atraparlo todos los familiares del huido eran ejecutados”.

La somera descripción que Davis, y otros investigadores como Javier Reverte, hacen sobre los castigos y torturas a los que eran sometidos los indios pone los pelos de punta: «Azotes con látigo, el aprisionamiento en cepos, el encarcelamiento en celdas sin agua y luz durante días, el semiahogamiento delante de los parientes de la víctima; la violación de las mujeres ante sus maridos e hijos, la mutilación de los dedos, manos y orejas; la exposición de las víctimas en la entrada de las estaciones, colgadas de las manos y desnudas; la crucifixión, el lanzamiento a corrientes del río de indígenas atados de pies y manos; la aplicación de sal en las heridas, la incineración de gente viva con queroseno; la muerte por hambre y el aperreamiento, esto es hombres, mujeres y niños arrojados como comida para los grandes mastines de los capataces…». Se calcula que cada tonelada de caucho extraído en esa zona costó la vida a 10 indios.


JUICIO


Los laberintos del Putumayo se regaron con tanta sangre que, por fin, uno de esos héroes anónimos se jugó la vida para denunciarlo. Fue el periodista peruano Benjamín Saldaña el primero en hacerlo en 1907 en una serie de artículos que publicó en varios periódicos de Iquitos, la ciudad donde la Casa Arana se había convertido en ama y señora. En 1909, el periódico londinense Truth publicó bajo el título de “El paraíso del diablo”, el testimonio de un joven ingeniero norteamericano, W. Hardenburg que, de paso por el Putumayo, presenció el asalto a mano armada de un centro cauchero colombiano por las huestes de Arana, secundadas por el ejército peruano. La publicación de estas atrocidades desató un escándalo internacional y la apertura de una investigación sobre la situación de la Casa Arana por parte del Foreign Office británico.

El gobierno británico comisionó a Sir Roger Casement -recientemente rescatado del olvido por el escritor Mario Vargas Llosa en su libro “El sueño del celta”-, cónsul inglés en Río de Janeiro, para que investigara los hechos sobre el terreno. Casement viajó al Putumayo en 1910 y recorrió gran parte del área de La Chorrera. Entrevistó directamente a los trabajadores negros provenientes de Barbados, y constató la situación de los indígenas y el funcionamiento de la Compañía. Presentó ante su gobierno un informe pormenorizado en el cual corroboraba las afirmaciones de Hardenburg. “El régimen de trabajo -insistía Casement- es un verdadero sistema social fundado en el terror, y provocará el genocidio total de los indios, si no se tomaban las medidas correctivas adecuadas lo antes posible”.




En 1912, una comisión del Parlamento británico abrió una investigación pública para determinar el grado de responsabilidad de los directivos de la Peruvian Amazon Company. Uno a uno los grandes protagonistas del Putumayo, incluido Arana, fueron llamados a declarar. Casement se presentó al juicio con dos indios huitoto, Omarino y Ricudo, que le fueron “dados como un regalo” por los caucheros. Uno de ellos fue conseguido a cambio de una camisa y dos pantalones mientras el otro resultó de una apuesta en un juego de cartas. El periódico ‘Daily News’ hizo un gran reportaje y por la primera el mundo supo de la existencia de los crímenes del Putumayo Pero el estallido de la I Guerra Mundial desvió la atención de la opinión pública internacional hacia otras latitudes.

La “fiebre del caucho” acabó cuando un alemán llamado Fritz Hofmann, logró sintetizar la fórmula del caucho y lo fabricaron a gran escala con el petróleo entre los dos grandes conflictos bélicos. Con la llegada de la II Guerra Mundial, la demanda de caucho por parte de la industria armamentística creció de nuevo y hubo una segunda y efímera “fiebre del caucho”. En Brasil, miles de trabajadores del emprobrecido y seco nordeste fueron llevados a la selva para trabajar en las mismas condiciones precarias de sus compañeros peruanos y colombianos. Los llamaron “soldados del caucho”.

En 1943, el magnate Henry Ford hizo un postrero intento de recuperar la hegemonía perdida del caucho cerca de Santarem. Consiguió que el gobierno brasileño le cediese 4.000 hectáreas donde inició una plantación de heveas y construyó un pequeño pueblo “made in USA”. Pero el experimento fracasó causa de las enfermedades en los árboles. Al final la Ford abandonó la explotación, dejando tras sí un aire fantasmal de tristes calles entre árboles heridos. La fiebre de la borracha terminó de ser enterrada. Jamás se podría competir con Malasia, patria adoptiva del caucho amazónico.


La Casa Arana subsistió hasta finales de la década de los años treinta del siglo pasado. A pesar del número de víctimas y la crueldad de las torturas verificados con abundantes testimonios y pruebas forenses y judiciales, nunca se sancionó a la empresa ni a su propietario. El juicio se perdió y los crímenes del Putumayo quedaron impunes en la historia. El árbol del caucho dejó definitivamente de llorar sangre pero siempre estará de luto.



Fuente: https://www.geaphotowords.com/blog/100-anos-de-la-fiebre-del-caucho-y-ii





En Brasil se vivió otro boom del caucho. Este dejó un teatro consagrado para la opera, en la ciudad de Manaos, ubicada en medio del Amazonas y que por muchos años estuve sin actividad. Nadie quería ir a actuar a tan salavaje y lejano lugar, donde solo se llegaba por barco luego de semanas de trayecto,

Los barones del caucho se daban todos los lujos, sin reparar en gastos o la construcción de faraónicas obras sin sentido alguno.



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lunes, 17 de mayo de 2021

EL BARÓN DEL ESTAÑO




SIMÓN  ITURRI PATIÑO




Por: Carola Pozo Cortez

 



Simón Iturri Patiño nació el 1° de junio de 1860 en el Departamento de Cochabamba, Bolivia. En 1889 contrajo matrimonio con Doña Albina Rodriguez Ocampo, cuando ella tenía 16 años y él 29.

 

Roberto Querejazu Calvo, en su libro “Llallagua (Historia de una montaña)", describe a Simón Iturri Patiño con las siguientes palabras: “de estatura mediana, cuerpo erguido y robusto, dando la impresión de estar firmemente asentado en el suelo. Espaldas anchas y cargadas. Rostro cuadrangular, frente amplia, ojos pequeños de mirar inquisitivo y desafiante, nariz recta, bigote grueso, boca regular, mentón redondeado pero sólido, cabello corto. Carácter ambicioso, ejecutivo y tenaz. Inteligencia natural e intuitiva. Actitud mental y física en permanente apresto, como de luchador. Temperamento vivaz y burlón del cual emergen, con igual facilidad, manifestaciones de impaciencia y cólera o una sonora carcajada”.

 

El 16 de Agosto de 1897, Patiño compra la mina La Salvadora, en la localidad de Uncía, Departamento de Potosi, Bolivia. Viviendo penosamente en una diminuta cabaña toscamente construida, en la cual trabajaba incansablemente con solo cuatro hectáreas, explotaba sin maquinaria a motor, sin otras herramientas que taladros manuales, martillos, picos y una chancadora a mano para moler el mineral. Después de esta operación, los trozos de mineral, separados también a mano, se cargaban en llamas que necesitaban tres o cuatro días para llegar hasta Challapata, la mas cercana estación en ferroviaria.

 

Logró comprar otras minas de estaño.  En 1909, decide vender en forma directa sus minerales, con este fin,  abre una primera oficina para la venta en Europa, concretamente en Hamburgo. 


En 1910 adquirió Uncía Mining Company que estaba en manos británicas y  para transportar minerales desde sus minas, construyó el Ferrocarril Machacamarca-Uncía en 1911.

 

En 1924 compró la compañía Chilena de Llallagua, dueña de los centros mineros de Uncía y Llallagua, y luego Huanuni, Japo y Kami. Los precios de los minerales en Europa lo llevaron a convertirse en millonario a nivel internacional. Logró también el dominio de los refinadores europeos y acabó teniendo el control de la mayor fundidora de estaño boliviano en el mundo, la Willams Harvey & Co. Con un capital de quince millones de Bolivianos estableció el Banco Mercantil de Bolivia.

 

Catavi y Llallagua, y especialmente Huanuni, son monumentos al genio y la inagotable energía del señor Patiño.

 

Asímismo, realizó inversiones en yacimientos mineros en Malasia, Canadá, etc. A fines de los años 30, más del 60% de la producción mundial de estaño era tratada en sus fundiciones.

 


En Oruro, Bolivia






En 1903, Patiño se había instalado en la ciudad minera de Oruro con el propósito de ocuparse de los negocios de la empresa y de algunos enredos judiciales.

A finales del siglo XIX, y gracias a la minería, Oruro se constituyó en el núcleo económico de Bolivia. Lo demostró así la construcción de la primera línea férrea del país y los florecientes negocios que aprovisionaban diariamente de material a todos los aventureros mineros.


Esa visión cosmopolita de la ciudad —habitada entonces por unas 15.000 personas— se hizo evidente durante 1900 en sus nuevos edificios, que adoptaron los estilos neoclásico, renacentista y manierista.


´Las máximas expresiones de aquellas tendencias se combinaron en una sola edificación: la residencia del "Rey del Estaño".


Empapelados franceses, muebles Luis XV, frescos en las paredes elaborados por artistas europeos, adornos en plata, mármol y oro, cortinas y alfombras bordadas a mano en Persia... Cada una de las más de diez habitaciones de la casa da cuenta de la magnitud que tenía la fortuna de Patiño, considerado uno de los diez hombres más ricos del mundo en el siglo XX.


Asentada en unos 2.100 metros cuadrados, la construcción de la residencia se inició en 1900 y tomó tres años. Y es desde esta edificación que el ambicioso empresario, nacido en Cochabamba, inició un imperio que con los años despertó admiraciones y resentimientos. 



Su residencia en el exterior


 

Gracias a la Primera Guerra Mundial, que exigía más estaño y plomo, Patiño entraba definitivamente en el selecto club de los grandes millonarios del mundo. 

 

En 1912, los Patiño viajan a Europa, para establecerse en París. . En 1914, las oficinas se trasladan al número 44 Avenue Gabriel, desde donde Patiño dirigía sus negocios. La residencia familiar se estableció en una casa situada en Rue Washington, y posteriormente a la Avenue du Bois. Ambas en un elegante barrio residencial cerca de los Campos Elíseos.

 

En 1918, su nombre aparecía en las revistas internacionales, entre los hombres más ricos del mundo; en 1920 su empresa poseía el 41% del estaño mundial. En efecto, Patiño supo integrar las operaciones mineras en un vasto conjunto empresarial y financiero, logrando controlar a los refinadores europeos.

 

Para tener idea de la riqueza de la familia Patiño, basta con comparar la renta bruta de Bolivia en 1925 (55 millones de pesos) con la de Patiño (50 millones de pesos).

 

En 1924, durante una visita a Bolivia, sufre un grave ataque al corazón tras el cual le resultará imposible regresar a Bolivia debido a que no podía vivir a 2.400 m.s.n.m..

 

En 1931, erigió la Fundación que lleva su nombre con el fin de formar técnicos bolivianos.

 

En 1939 se marcha de Europa y se establece en Nueva York. Hacia el final de su vida se afinca en Argentina, para estar más cerca de su país.



Su casa en Cochabamba


Su casa y mausoleo, Villa Albina

 



El Palacio Portales

 


Ubicado en Cochabamba en la zona denominada Queru Queru. El Palacio Portales edificado entre 1915 y 1927, fue diseñado por el arquitecto francés Eugène Bliault.

 

De estilo ecléctico, participaron, en su ornamentación, artesanos y artistas italianos y franceses. Mármoles y maderas preciosas fueron importados del extranjero.

 

Los elementos y estilos heterogéneos que lo caracterizan, se fusionan entre ellos, de tal manera que el resultado es un conjunto de gran armonía e integración.

 

La intención de Simón I. Patiño era vivir definitivamente sus ultimos años de vida en este lugar de ensueño, más la llegada de su muerte en Buenos Aires el 20 de Abril de 1947, no le permitió conocer esta maravillosa construcción arquitectónica.

 

 

 Villa Albina, Mansión Señorial, Pairumani, Cochabamba, Bolivia



Patiño amó tanto su lugar de origen que su deseo de descansar para siempre allí se hizo realidad, más no pudo llegar a conocer en vida, el Palacio Portales ni la mansión "Villa Albina" que  recibió sus restos, en 1947,  como de un "Hijo Pródigo".

 

Cinco años más tarde, se reúne con él su esposa, quién fallece el 27 de marzo de 1953.

 


En vida, ellos habían deseado siempre estar juntos y su deseo también se cumpliría luego de su fallecimiento, porque hoy sus restos descansan en el mausoleo que tiene la familia Patiño en Villa Albina, esta elegante mansión señorial situada en Pairumani, al pié de la cordillera del Tunari, ubicado a 13 Km de Cochabamba, donde Don Simón mandó construir, entre 1925 y 1932, esta Villa de ensueño para su esposa Albina Rodríguez de Patiño.



Sus bisnietos al frente de la Fundación Patiño



Sus bisnietos de visita en  la casona, vivienda de los Patiño y hoy convertida en museo en Oruro, Bolivia.


La Fundación Patiño fue creada en 1958 por los herederos del gran industrial boliviano Simón I. Patiño (1860-1947).


La Fundación Simón I. Patiño tiene como sede principal Ginebra, Suiza, la misma que concibe y desarrolla programas, tanto de investigación como de aplicaciones prácticas, en beneficio de América del Sur, y de Bolivia en particular, en los campos de la educación, la cultura, la investigación, la salud, la higiene, la nutrición, la agricultura y la ecología.




Fundación Patiño en Ginebra, Suiza



La Fundación desempeña sus actividades en varios Centros, propiedad de la Fundación Universitaria Simón I. Patiño, creada en 1931 en La Paz por el mismo Don Simón I. Patiño.


En Europa lleva a cabo varios programas en los campos de la cultura, a través de su editorial, con la finalidad de difundir la riqueza y la diversidad de la literatura de las diferentes culturas latinoamericanas. En Ginebra, su Centro universitario forma jóvenes ejecutivos para Bolivia.




Fuente: http://turisred.blogspot.com/2011/06/el-baron-del-estano.html





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Billete emitido por el Banco Mercantil, de propiedad de Patiño