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jueves, 12 de septiembre de 2024

OTRA GUERRA QUE NO ESTALLO



Espionaje en el sur. El intrépido piloto naval que instaló una base aérea en el Nahuel Huapi y detuvo la invasión chilena a la Patagonia en 1930.


Por Claudio Meunier

PARA LA NACION




Alberto De Sautu Riestra, alférez de fragata, aviador naval, promisorio oficial de la Armada Argentina, nace el 28 de marzo de 1903 en la ciudad de Buenos Aires. Es nieto de un oficial que participó en la Batalla de Caseros y sobrino directo, por línea materna, de un Premio Nobel: el afamado médico argentino Bernardo Houssay.

Lleva en su interior una apasionada obsesión por la historia. En especial, por la desconocida y extensa Patagonia. Posee una voluptuosa biblioteca sobre ese pedazo de la patria que desveló a Juan Facundo Quiroga, Julio Argentino Roca, Juan Manuel de Rosas... y a los pioneros que exploraron sus vastos territorios.

Su agudeza intelectual le permite leer entrelíneas y, a través de las noticias, adelantarse a hechos que se presentan como insignificantes. Es así como descubre, entre las publicaciones que llegan al casino de oficiales de la Aviación Naval en Punta Indio, una publicación técnica del país trasandino. En una de sus páginas informa que el gobierno chileno ha inaugurado un correo aéreo con hidroaviones biplanos Vickers Vedette entre dos de sus puertos australes: Puerto Montt y Puerto Aisen.

Semejante revelación no lo sorprende. De Sautu Riestra entiende que los vuelos de reconocimiento pueden ser el principio de un plan de invasión a la inhóspita Patagonia argentina. Sin dudarlo, se pliega a Gregorio Portillo -futuro almirante- en su pequeña guerra fría

Coinciden en la necesidad de generar medios para controlar y detener a los intrusos chilenos. Ambos señalan sobre un mapa una posición clave en la provincia de Rio Negro, ideal para establecer un destacamento aeronaval transitorio. El lugar elegido es el Lago Nahuel Huapi.

Y seleccionan también las primeras aeronaves que afectarán al nuevo destacamento: los biplanos Fairey III.F de manufactura británica que posee la Aviación Naval Argentina. Fundamentan su elección en que poseen un motor potente, el Panther VI de 625 hp, especial para vuelos de reconocimiento, y en que son capaces de realizar tareas de bombardeo.

Portillo no sabe con exactitud cuántas naves posee la aviación chilena. Le han informado sobre dos biplanos Fairey de un modelo anterior, más antiguos que los de la Aviación Naval Argentina. También trascendió en su momento que habían comprado otros cinco biplanos del nuevo modelo Fairey III.F, el mismo que opera la Armada Argentina. Pero tiene conocimiento de que poseen otros modelos de aviones, en número desconocido, y esto pone un manto de peligro sobre toda la operación.

El capitán de fragata Marcos Zar, fundador de la Aviación Naval Argentina, valiéndose del servicio de escucha de radiotelegrafía en Puerto Belgrano confirma la presencia de un modelo de aeronaves desconocido. Localiza además la numeración de los aviones trasandinos y agrega un último dato: “Es evidente que aviones chilenos están volando sobre nuestro territorio, desde Chile hasta Brasil o Paraguay. Su capacidad y radio de acción está probado, creo que ninguno de ellos se ha quedado en nuestro territorio o desconocemos si se reaprovisionan aquí (sospecho lo hagan), hay que aceptarlo”.

Vuelo de exploración a Nahuel Huapi

Finalmente, la operación (secreta, por supuesto) comienza con un vuelo de exploración. El teniente de fragata Evaristo Velo y De Sautu Riestra asumen la responsabilidad de “abrir” la ruta entre Punta Indio y Nahuel Huapi. Eligen un biplano entelado de escuela identificado como (E-30) de origen americano conocido como Huff Dalland Petrel equipado con motor radial Wright y hélice de madera.

Antes de partir los mecánicos preparan el frágil Petrel: el tren de aterrizaje del biplano no parece apto para operar en la pampa agreste. Despegan desde la pista de tierra en la Base Aeronaval. El bramido del motor radial se amplifica allá abajo sobre los pequeños poblados y las pequeñas lenguas de fuego que salen de los escapes le indican al piloto que todo marcha en orden. Ponen rumbo hacia el Valle del Río Negro buscando cubrir su primer tramo. Siguen la vía del Ferrocarril General Roca que los llevará hasta la Estación Fortín Uno, primera etapa a cumplir en el raid de exploración.

Durante la aproximación final, el Petrel cruza por encima de un alambrado y una imprevista ráfaga de viento empuja al biplano contra el terreno. El Petrel golpea el suelo y se desliza marcando un surco a su paso que señala el fin del vuelo.

De Sautu Riestra y Velo emergen de sus puestos conmocionados. Poco después, desde la estación de trenes, radian un mensaje a Punta Indio; “Accidente en Fortin I, tripulantes ilesos, volvemos con el avión a bordo de un vagón de carga”.

Apenas 72 horas después del aterrizaje fallido, Velo y Sautu Riestra retoman la misión, cubren las etapas con éxito y alcanzan el destino anhelado: la Estancia El Cóndor junto al Lago Nahuel Huapi.

Los pobladores extasiados ante la aparición de la Aviación Naval se vuelcan de lleno al lugar para saludar a los aviadores navales y conocer el modesto pájaro entelado que lleva las anclas pintadas en sus alas.

De Sautu Riestra solicita ser llevado sin perder tiempo hasta la oficina del Telégrafo y comunica a la base de Punta Indio el escueto parte; “Ruta abierta para la Aviación Naval”.


“Chile planea una invasión”

De regreso en la base de hidroaviación de Puerto Belgrano, ultiman detalles para repetir el raid al lago Nahuel Huapi, esta vez con los dos Fairey III.F adaptados con pontones para poder aterrizar en la superficie del lago. Además, incluyeron soportes para colgar bombas.

El despegue se demora porque uno de los Fairey falla en la puesta en marcha. De Sautu Riestra informa el contratiempo a la superioridad. Corre contra el tiempo, siente que su obsesión por lograr que el lago sea una futura base de operaciones lista para la acción puede diluirse entre sus manos. Finalmente, llega la escueta orden desde la comandancia de la Aviación Naval: “Suspenda el vuelo, no es necesario, la cordillera está en paz”. Su desazón es total.

Vale una aclaración: Hindenburg siente un especial aprecio por el caudillo radical que nunca declaró la guerra a su país, Alemania.

Yrigoyen no pierde tiempo y envía al general Severo Toranzo, inspector general del Ejército Argentino, junto a su hijo, el teniente Carlos Severo Toranzo Montero.

Hindenburg, los recibe y revela el secreto sin tomar rodeos: “Chile planea una invasión a la Patagonia argentina. El presidente Ibáñez tiene problemas y necesita de acciones bélicas para dominar su frente interno. Dígale al presidente Yrigoyen que esté atento, muy atento”.

Ambos oficiales, a su regreso de Europa, comunican la noticia al presidente Yrigoyen que resuelve ir tras el futuro problema.

En la Base Aeronaval de Puerto Belgrano De Sautu Riestra prosigue con sus tareas diarias y carga consigo su obsesión reavivando el vuelo de los Fairey. El capitán de fragata Jensen, le ordenan presentarse en enero de 1930 ante el General Toranzo. Pocas palabras le bastan para comprender la gravedad y el peligro en que se encuentra la Patagonia.

Hindenburg

Toranzo interroga a De Sautu Riestra;

-¿Que necesita usted para ejecutar el raid y montar una pequeña base de operaciones en la frontera sur?

-La orden, contesta el aviador naval

-Ya la tiene… responde el general Toranzo.

El 29 de enero de 1930, a las 4:55 horas, los dos Fairey III.F con flotadores (AP-1) y (AP-2) corren por las aguas de Puerto Belgrano. El ronquido de los motor Panther se amplifica entre los hangares de la Base Naval perdiéndose con el graznido salvajes de las primeras gaviotas que despuntan la mañana.

El reducido grupo de avanzada está compuesto por ocho hombres. Van tres en cada hidroavión mientras que los otros dos conducen a destino en un pequeño camión cargando herramientas y combustible.

Los Fairey, comandados por el alférez De Sautu Riestra y el suboficial Arturo Feilberg, vuelan directo a San Carlos de Bariloche. Acuatizan en Puerto Pañuelo, Llao Llao, una isla hoy transformada por el hombre en una península. Entre los tripulantes de los hidroaviones se encuentra el fotógrafo Jaime Mut, cuya misión es fotografiar las posibles fuerzas chilenas al otro lado de la Cordillera.

En tierra los esperan el teniente de fragata Bachini y el mecánico ayudante Luis Pefaure, oriundo de Bariloche, que ha sido recomendado por De Sautu Riestra pues sabe que conoce de memoria la zona. El señor Otto Rothlisberger les ofrece alojamiento y a su disposición una lancha.

De inmediato, De Sautu Riestra y Feilberg comienzan los vuelos de exploración. Se elevan por encima de los picos más altos de la cordillera y recorren los pasos fronterizos. El fotógrafo Jaime Mut descubre y retrata, muy cerca de los límites argentinos, movimiento de tropas chilenas. Sus imágenes detallan la existencia de dos importantes agrupaciones que parecen esperar órdenes frente a los pasos del Arco y Tromen.

Las fotografías llegan a manos del presidente Yrigoyen que dispone el traslado de tropas al sur. El conflicto parece inminente. Sin embargo, al enterarse que el gobierno alemán reveló sus planes y que la Argentina tenía imágenes de sus tropas movilizadas, Ibáñez detiene la invasión. Su temeraria acción fue desbaratada gracias al rápido accionar de la Aviación Naval.


De regreso a Base Naval Puerto Belgrano, De Sautu Riestra es informado de una nueva misión: debe viajar a Buenos Aires, el Presidente Yrigoyen lo ha convocado. Unos días más tarde, en la antesala del Despacho Presidencial, el general Toranzo lo felicita.

Minutos más tarde, Yrigoyen recibe al joven alférez de fragata. Le extiende la mano, lo mira fijamente y le dice; “Gracias, en nombre del país, gracias en nombre de la patria”

La brillante carrera de Alberto De Sautu Riestra se confunde con la turbulenta historia política de Argentina. Milita en el radicalismo revelando su faceta de orador en actos públicos, pero finalmente busca el exilio de Montevideo, Uruguay, donde contrae matrimonio con Sarah Murray. Regresa con su familia a Buenos Aires poco tiempo después.

La empresa Aeroposta Argentina S.A lo contrata como piloto de sus aviones postales Latecoere 28. Sus manos aferradas a los controles lo llevan de nuevo a la Patagonia, el paraíso que lo tuvo como custodio.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/espionaje-en-el-sur-el-intrepido-piloto-naval-que-instalo-una-base-aerea-en-el-nahuel-huapi-y-detuvo-nid11092024/




Nota de dp: como dato, Argentina era una potencia económica en esos años. Chile la hubiera pasado muy mal en caso de concretar la invasión. Esto es un dato objetivo.




dp





martes, 4 de junio de 2024

LA ABSURDA GUERRA DE ESPAÑA CONTRA MEDIA SUDAMERICA



La pelea de bar que desencadenó la guerra más absurda de la historia de España

Se trata de una de las campañas militares más inexplicables de la historia, donde el honor, la influencia sobre las colonias y el guano parecen ser los detonantes más importantes


Por Álvaro Hermida



El siglo XIX en España fue un auténtico galimatías. Cierto es que en todos los siglos, en todos los países de la tierra han ocurrido cosas, muchas, más o menos importantes. Lo mismo se aplica a la historia de nuestro país, pero el XIX se lleva, con creces, todos los premios a la época más convulsa: guerras de independencia, constituciones, reyes odiados (y, al mismo tiempo, inexplicablemente deseados), regentes, espadones, repúblicas, pérdida de las colonias, pronunciamientos (en enorme cantidad), leyes sálicas y sus consiguientes guerras civiles... Vamos, un siglo en nuestra historia con más conflicto que una partida de Risk. Pero uno de los eventos que menos se estudian en los institutos españoles, además de porque el temario del siglo XIX ya es bastante extenso, tal y como es, por su final irrelevancia histórica, fue la Guerra Hispano-Sudamericana que tuvo lugar entre los años 1865 y 1866 (aunque el armisticio no se firmó hasta 1871 y la última paz no llegó hasta más de una década después, en 1885). "Esta humillación fue demasiado para Pareja, que se suicidó a bordo de su buque insignia, el Villa de Madrid, dos días después" Las causas de este conflicto armado están, todavía a día de hoy, poco claras. 


Según reputados historiadores como el contralmirante de la Armada Española, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia, Julio Guillén Tato, "la campaña del Pacífico (1863-66), por los continuos errores de uno y otro bando, desembocó en una guerra estúpida, de la que un historiador nuestro afirma que fue sin objeto ni objetivos y que nadie pone en claro de qué modo empezó".


Pero la situación no estalló porque sí. Según explica el historiador Spencer C. Tucker en un libro, durante la década de los años 50 del siglo XIX el gobierno de Isabel II aumentó mucho el gasto militar español, con el objetivo de revitalizar una fuerzas armadas muy deterioradas después de las sucesivas guerras de independencia de las colonias americanas a principios del siglo XIX. Del mismo modo, Tucker explica que a finales de 1862, España mandó una expedición 'científica' (aunque tremendamente armada) a las aguas del Pacífico sudamericano que, en realidad, tenía el objetivo de ayudar a los ciudadanos españoles que todavía continuaban viviendo en América.


El comandante de la expedición era un Almirante perteneciente a una de las estirpes marineras más famosas del mundo, Luis Hernández-Pinzón Álvarez, descendiente directo (explica Tucker) de los tres hermanos Pinzón, naturales de Palos de la Frontera (Huelva), que acompañaron a Colón en el descubrimiento de América. 


La primera parada en la expedición española fue el puerto de Valparaíso, en las costas chilenas donde, cuenta el historiador, fueron recibidos amigablemente tanto por la población local como por las autoridades, dado que España mantenía buenas relaciones diplomáticas con Chile desde que reconociera su independencia a principios de los años 40 del siglo XIX. Tras llegar a Valparaíso el 18 de abril, la expedición volvió a zarpar hacia el norte en Julio, llegando ese mismo mes a Callao, en Perú. A pesar de que todavía el Gobierno Español no reconocía la independencia de Perú, el recibimiento fue igualmente amistoso, zarpando poco después en dirección a San Francisco, en California en Estados Unidos.


La historia 'oficial', según explicaba en un artículo el historiador y escritor Rodolfo Aguado Cantero, dice que el 4 de agosto de 1863 "el colono español Marcial Miner y el hacendado peruano Manuel Salcedo se vieron envueltos en un pleito". Al parecer, en la Hacienda Talambo, en la población de Lambayeque en Perú. Tras sentirse ofendido, Salcedo mandó apresar a Miner, que se encontraba con otros colonos españoles. El mayordomo de la hacienda, "acompañado por varios peones armados", asaltó al grupo español. Esto desembocó en una trifulca en la que se desenfundaron pistolas y murieron, según el historiador, un ciudadano español y un peruano. Después de que la policía apresara a los involucrados, "los jueces peruanos absolvieron a Salcedo". 



En noviembre, mientras todavía navegaba dirección norte hacia California, las noticias del incidente llegaron a Pinzón, que dio media vuelta el día 13, regresando a Perú y reclamando al Gobierno peruano una disculpa además de una compensación a los ciudadanos españoles afectados. El Gobierno del país sudamericano consideró que se trataba de un asunto completamente interno, y que debía quedar en manos de la justicia y de la policía peruanas, así que se negó a ofrecer ningún tipo de disculpa. Después de que estas noticias alcanzaran Madrid, el Gobierno español decidió, no solo apoyar las reclamaciones del Almirante español, sino reclamar a Perú compensaciones pendientes por la Guerra de Independencia y enviar a un representante español a Lima para negociar directamente con el gobierno peruano. 


El hispanista británico Raymond Carr lo definió así: "La guerra con Chile y Perú... fue estúpida por sí misma" La situación se tensó más, explica el historiador peruano Fabián Novak Talavera, porque el enviado español, Eusebio Salazar y Mazarredo, llegó a Perú en marzo de 1864 con el título oficial de 'comisario especial y extraordinario de la reina' y no como embajador. Esto tiene especial relevancia dado que los comisarios eran representantes para las colonias, no para países independientes. Las negociaciones, como cabía esperar, se fueron rápidamente al traste. El 14 de abril, dada la negativa de Perú al pago de cualquier tipo de compensación, la flota española invadió las islas Chincha, 92 yermas hectáreas situadas a 20 kilómetros del continente. 


En ella desembarcaron un total de 400 infantes de marina, que tomaron el control absoluto del territorio, apresaron, como explica Novak, al gobernador local, Ramón Valle Riestra, e izaron la bandera española. ¿Pero por qué tres pequeños islotes en los que no crece ni una sola brizna de hierba podían suponer una medida estratégica efectiva? Porque estaba llena, a rebosar, de excrementos de ave.


Hasta que en la primera década del siglo XX el químico alemán y ganador del Premio Nobel, Fritz Haber (caído luego en desgracia por ayudar a inventar y promover el uso del Gas Mostaza en la primera guerra mundial y ser, además, uno de los responsables —se inventó en su instituto— de la creación del Zyklon B, el gas que los nazis usaron para ejecutar a millones de personas) inventase un procedimiento para producir amoníaco directamente del aire (compuesto en un 78% por nitrógeno), la única forma, realmente viable de fertilizar los campos del planeta era el guano o, dicho de otro modo, los excrementos de aves, principalmente marinas, acumulados en las rocas de zonas costeras o de islas. En estos lugares las heces, ricas en nitrógeno, se solidifican y se acumulan, lo que posibilita su minado y posterior comercialización. A mediados del siglo XIX, las Islas Chincha suponían más del 60% de todos los ingresos de Perú. 


Este no fue un golpe nada suave. Al mismo tiempo, la flota española bloqueó todos los puertos peruanos: la victoria estaba asegurada. Pero, cuando estas acciones militares llegaron a oídos del nuevo presidente del Consejo de Ministros de España, Ramón María Narváez, el Gobierno español decidió sustituir a Pinzón por el vicealmirante Juan Manuel Pareja, nacido en Perú, creyendo que esto aliviaría tensiones. A pesar de esto, Narváez hizo lo que se conoce como 'dar una de cal y otra de arena' pues al mismo tiempo mandó cuatro fragatas más para reforzar el grupo naval español. Esto terminó de firmar el (temporal) éxito español en el conflicto, dado que tras la llegada de Pareja en diciembre, tras un mes de negociaciones, se firmó la paz el 27 de enero, aceptando Perú las reclamaciones españolas.


Esto, a su vez, tuvo repercusiones políticas en el país sudamericano, que consideraba la paz una afrenta a su honor nacional. El Congreso se negó a ratificar el tratado y el Gobierno de Juan Antonio Pezet, el presidente peruano, cayó el día 7 de noviembre de ese año. 


Pero España parecía tener ganas de más. Los beligerantes actos de la Armada Española no pasaron desapercibidos para nuestras antiguas colonias, especialmente para Chile, Bolivia y Ecuador, que tenían la impresión (posiblemente justificada) de que España intentaba restablecer el Imperio. Esto provocó que cuando la cañonera Vencedora, una de las embarcaciones de la flota española, atracó en el puerto de Lota para llenar sus reservas de carbón, el gobierno chileno se lo negó, alegando que esta materia prima estaba considerada un recurso de guerra y que no debía vendérsele a un país beligerante. 


Esto, sumado a la salida desde el puerto de Valparaíso de dos embarcaciones militares peruanas que cargaban armas y voluntarios chilenos, llevó a pensar a España que Chile ya no se trataba de un país neutral en el conflicto. Pareja reclamó a Chile compensaciones, explica Fabián Novak, "incluso mayores que las que le había reclamado a Perú". Para terminar de forzar la situación, Pareja entró en el puerto de Valparaíso a bordo del buque insignia español Villa de Madrid el 17 de septiembre de 1865, un día antes del Día Nacional de Chile (ligado a su proceso de independencia) y, como explica el historiador Robert N. Burr, "reclamó 21 salvas de artillería como saludo". El gobierno chileno rechazó la petición y la guerra le fue declarada a Chile una semana después, el día 24.


El 'nuevo' presidente del Consejo de Ministros de España (oh, sorpresa: ya habíamos dicho que el XIX en España fue, cuanto menos, convulso), Leopoldo O'Donnell, ordenó a Pareja retirarse, pero el Vicealmirante desoyó la orden directa. Dada la carencia de fuerzas de invasión, Pareja ordenó un bloqueo de los principales puertos chilenos, lo que conllevó un grave impacto económico, tanto para Chile como para otras potencias como EEUU o Reino Unido, que emitieron protestas formales al Gobierno Español. 


Pero la autoridad de Pareja estaba a punto de llegar a su fin. En el mes de noviembre una corbeta chilena capturó la goleta española Covadonga, arrestando a los marineros españoles y apropiándose de la correspondencia de guerra del Almirante español. El historiador estadounidense Bruce W. Farcay escribe que "esta humillación fue demasiado para Pareja, que se suicidó a bordo del Villa de Madrid dos días después". EL mandó pasó al capitán de navío Casto Méndez Núñez, que fue ascendido a contraalmirante inmediatamente.


Estas acciones de guerra forzaron la mano de Perú, Ecuador y Bolivia, que también entraron en guerra con España, llevando a cabo algunas escaramuzas que no llevaron a nada como la Batalla de Abtao, donde se enfrentaron las flotas conjuntas de Perú y Chile contra la Armada española. Este enfrentamiento, debido a las poco profundas aguas, tuvo lugar a tal distancia que la artillería se consideró inefectiva y el almirantazgo español consideró que la pérdida de munición y otros recursos no valía la pena. La única acción 'militar' efectiva tuvo lugar en el puerto de Valparaíso en Chile. Dada la imposibilidad de desembarcar tropas y con los recursos disminuyendo día a día, Méndez Núñez ordenó represaliar a los puertos de la alianza sudamericana. 


Quien se llevó la peor parte fue el puerto de la ciudad mencionada el 31 de marzo de 1866. La artillería naval española, según se explica en este artículo bombardeó con fiereza el puerto, destruyendo toda la flota mercante chilena que allí estaba atracada. En total 33 navíos fueron hundidos. Esto supuso la práctica desaparición de la marina mercante chilena que, 12 años después todavía no era ni la mitad de grande que en 1865.





A pesar de que Méndez Núñez intentó llevar a cabo algunas acciones más (como la Batalla de Callao el 2 de mayo de 1966), todas infructuosas. El hecho de tener todos los puertos al sur de Colombia cerrados y la consiguiente escasez de municiones y recursos, forzó la retirada de las tropas estacionadas en las islas Chincha y la vuelta a casa de la flota española. A pesar de que ni Colombia, ni Argentina ni Brasil habían entrado en la guerra (dado que tenían su propio conflicto militar con Paraguay), el almirante español ordenó poner rumbo a las Filipinas (todavía una colonia española) regresando a la Península tras realizar una circunnavegación del globo. Como escribió el hispanista británico Raymond Carr, "la guerra con Chile y Perú... fue estúpida por sí misma". España no obtuvo ningún tipo de beneficio, mientras que Perú alcanzó (no de manera oficial hasta unos años después, pero sí práctica) su independencia, mientras que Chile aumentó considerablemente su gasto militar (que utilizó en la Guerra del Pacífico, que lo enfrentó a sus antiguos aliados, Perú y Bolivia). 


La situación política en España era pésima. Isabel II destituyó a O'Donnell tras la sublevación del cuartel de San Gil en junio de 1866 nombrando a Narváez (oh, sorpresa) nuevo presidente del Consejo de Ministros. En efecto, el siglo XIX en España fue, en muchos sentidos, un total despropósito.



Nota de dp: El contexto general y sus consecuencias.


Chile ambicionaba la conquista de gran parte de las Islas de Polinesia, por aquel entonces independientes por completo. Debido a esta guerra con España tuvo que centrar sus escaso recursos en esta, dejando de lado sus pretensiones globales en el Pacífico Sur hasta otro momento.

Ante esta "vía libre" oceánica, Francia decidió apropiarse de casi todas las islas, que hoy constituyen el Departamento de Ultramar de la Polinesia Francesa, con los grandes tesoros naturales de Tahití y Bora Bora, y los Atolones (islas) naturales que le sirvieron para probar sus bombas atómicas en décadas posteriores, entre otros.

Tremendo error de objetivos nacionales por parte de los chilenos, solo compensado en parte con la anexión de la Isla de Pascua, casi dos décadas después.


Pero no fue único error. A los pocos años Chile se sumerge en una guerra contra sus ex aliados Perú y Bolivia, bajo el pretexto de la explotación del guano también (si bien con el paso del tiempo comienzan a explotar los ricos yacimientos de cobre del norte del país, cosa, que constituye al día de hoy, la mayor fuente de riqueza chilena).

En es momento, aprovechando la nueva "distracción" chilena, la Argentina decide emprender la ocupación de la Patagonia (1879), por entonces sin dominación concreta por parte de nadie, perdiendo de esta forma definitivamente la posibilidad de reclamar este inmenso territorio, sin disparar un solo tiro.


El guano que lograron "conquistar" en el norte dejo de tener uso comercial por haberse logrado la fabricación industrial de fertilizantes.

Otro tremendo error geopolítico que repercute al día de hoy. Todo por no tener en claro sus prioridades y deseos nacionales.



Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-08-11/guerra-hispano-sudamericana-guano_3471658/




dp