miércoles, 10 de octubre de 2007

LA GUERRA DEL CHACO


"Están en guerra Bolivia y el Paraguay. Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco. Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a odiarse en nombre de una tierra que no aman, que nadie ama: el Chaco es un desierto gris, habitado por espinas y serpientes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de espanto. Las mariposas se apiñan, desesperadas, sobre las pocas gotas de agua. Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados matorrales. Aquí mueren de bala, pero más mueren de sed".

"Nubes de moscas y mosquitos persiguen a los soldados, que agachan la cabeza y trotando embisten a través de la maraña, a marchas forzadas, contra las líneas enemigas. De un lado y del otro, el pueblo descalzo es la carne de cañón que paga los errores de los oficiales. Los esclavos del patrón feudal y del cura rural mueren de uniforme, al servicio de la imperial angurria (...)".

Eduardo Galeano, "Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento"

Entre 1932 y 1935, Paraguay y Bolivia participaron de una cruenta contienda, el más sangriento, dramático y, además, inútil conflicto sudamericano del siglo XX. Murieron más de 100 mil hombres, reclutados entre los más pobres de las dos naciones más atrasadas de América del Sur. Los bolivianos, detrás de la quimera de la salida al mar, fueron rechazados por los paraguayos, dispuestos a defender su Chaco Boreal, una extensión inhóspita de 250 mil kilómetros cuadrados, con bosques de quebracho en la superficie y (entonces se pensaba) abundante petróleo bajo tierra.

La guerra fue apoyada desde el extranjero por multinacionales petroleras que se disputaban la explotación de los yacimientos y su vía de salida fluvial. En 1956, el luego presidente argentino Arturo Frondizi dijo: "En primera línea aparecen las repúblicas de Bolivia y Paraguay, pero detrás de ellas están: detrás de la primera, la Standard Oil of New Jersey; detrás de la segunda, los intereses económicos generales del capital angloargentino invertido en el Chaco y los intereses especiales de la Royal Dutch-Shell."

Los dos pobres países también fueron peones en el ajedrez de la pugna entre los intereses británicos y norteamericanos (que a diferencia de hoy, entonces entraban en colisión) así como del juego de poder de los gendarmes regionales, Argentina y Brasil...

El establishment argentino, en esa época, estaba íntimamente relacionado con el capital británico, especialmente en lo referente a la ganadería, las finanzas y los transportes. Esa identificación de intereses explica gran parte de las idas y venidas de la política argentina de los años '30 (el lesivo acuerdo comercial conocido como Pacto Roca-Runciman, los negociados en la industria frigorífica y el transporte público de la Capital Federal, e incluso la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, que fue una manera de proteger de los submarinos alemanes a los envíos de carne a Gran Bretaña).

Y esa identificación también gravitó en la actitud argentina ante la guerra entre sus vecinos. En ese entonces, Paraguay era un país satélite de la Argentina. Era asiento de grandes negocios ganaderos y forestales del capital angloargentino; el ochenta por ciento de su comercio exterior se hacía en barcos argentinos. El principal ferrocarril internacional que tenía el Paraguay tenía un tercio de sus líneas en territorio propio y dos tercios en territorio argentino. Y además estaba el apoyo norteamericano a Bolivia, que inquietaba tanto a Buenos Aires como a Londres. La tradicional postura antinorteamericana de Argentina tiene explicaciones más profundas que la mera soberbia o la cortedad de miras criolla (ambas economías son competitivas más que complementarias, a diferencia de las de Brasil y EE.UU. o Gran Bretaña y Argentina, por ejemplo) pero debe reconocerse que en la raíz de muchos conflictos con Estados Unidos, tanto como el interés nacional argentino, estaba el de la Corona británica.

LOS ORíGENES DEL LITIGIO

Como sucede con muchos otros conflictos limítrofes sudamericanos, buena parte de la responsabilidad la tiene la ambigüedad con la que España trazaba los límites administrativos en su imperio colonial. Cuando el litigio comenzó a tomar temperatura, tanto Bolivia como Paraguay se enredaron en una maraña de documentos ambiguos y mapas imprecisos, que hacían muy difícil determinar los derechos de cada parte.

Bolivia no comenzó a cuestionar seriamente los derechos paraguayos al Chaco Boreal sino hasta que perdió su salida al mar tras su derrota ante Chile en la Guerra del Pacifico (1879-1884). El gobierno de La Paz comenzó a buscar una vía indirecta al Océano Atlántico a través del río Paraguay, aprovechando que su vecino oriental, arrasado durante la infame guerra que libraron contra él Argentina, Brasil y Uruguay entre 1865 y 1870, estaba sumido en la impotencia.

Entre 1922 y 1923 Bolivia empezó a ocupar territorios del Chaco. En los años siguientes, el litigio ganó en intensidad, y fracasaron uno tras otro varios intentos de mediación. Pero entonces...

¡PETRÓLEO!

Entre 1927 y 1928, técnicos de la compañía norteamericana Standard Oil of New Jersey descubrieron petróleo en la zona occidental del Chaco, en las estribaciones de los Andes. Comenzó a sospecharse que los yacimientos se extendían hacia el este, ya en territorio paraguayo (donde los derechos de exploración eran propiedad de la Royal Dutch-Shell, anglo-holandesa). Y además, volvió a cobrar importancia el tema de la salida al mar de Bolivia, dado que, de no contar con ella, la única manera de exportar el crudo sería a través de Argentina. Aquí está la razón principal de los alineamientos en el conflicto: si Bolivia contaba con una salida (aún indirecta) al Atlántico, el control de la exportación del petróleo quedaba en sus manos (y en las norteamericanas) en detrimento de los intereses británicos y de sus aliados en el establishment argentino.

La posibilidad de que el Chaco flotase sobre un mar de petróleo hizo que el presidente paraguayo José Guggiari adoptara una postura intransigente, negándose a negociar. La crisis se agravó el 6 de diciembre de 1928, cuando hubo un enfrentamiento entre patrullas de los ejércitos de ambos países. Una mediación de la Sociedad de las Naciones (la antecesora de la Organización de las Naciones Unidas) no logró grandes resultados.

Para peor, ambos países estaban dispuestos a subir la apuesta. En 1931, en Bolivia resultó electo Daniel Salamanca, partidario de un nacionalismo orgulloso y agresivo, ansioso de sepultar en el olvido el poco brillante pasado militar de su patria. En Paraguay, el presidente Eusebio Ayala tuvo que adoptar una posición firme por presión de sus mandos militares.

LAS FUERZAS MILITARES

Hacia fines de 1931 comenzó una desesperada carrera armamentista entre dos naciones que estaban hundidas en la miseria. Ya en los años '20 ambos países habían intentado modernizar sus fuerzas armadas según ejemplos europeos. Paraguay (que hasta la Primera Guerra Mundial se había inspirado en el modelo alemán) acudió a consejeros militares franceses, entre los que había también algunos emigrados rusos que habían huido tras la victoria bolchevique en la guerra civil, como los generales Belaieff y Ern y el oficial aeronáutico Vladimir Porfenenko. Los franceses también colaboraron en la creación de la fuerza aérea (que entrada la guerra fue reorganizada por asesores italianos).

El comandante del ejército guaraní era el coronel José Félix Estigarribia, un egresado de academias militares de Chile y Francia (nada menos que de la célebre Saint-Cyr). Era un oficial carismático, disciplinado y estudioso, y contaba con algunos subordinados que habían sido voluntarios en filas francesas en la pasada guerra mundial. Estigarribia había comprendido las lecciones de ese conflicto mucho mejor que varios de los mejores oficiales europeos, y era partidario del empleo de unidades pequeñas y maniobrables y de una guerra de movimiento, al estilo de la dirigida por Lawrence de Arabia.

Bolivia tenía soldados tan valientes y capaces como su enemigo pero, en cambio, no contaba con oficiales tan brillantes, y debía recurrir a expertos extranjeros. Su jefe era un oficial alemán, el general Hans Kundt, que había llegado por primera vez al país del Altiplano en 1911, como integrante de una misión de consejeros militares teutones, y además era veterano de la Primera Guerra Mundial (peleó en el frente ruso). Kundt se reveló como un buen organizador y adiestrador, aunque pronto demostró carecer de la flexibilidad de Estigarribia. Siempre estuvo inclinado a emplear criterios tácticos perimidos: hizo avanzar sobre las llanuras del Chaco a largas columnas de soldados (reclutados entre los habitantes del Altiplano, para nada habituados a un clima ardiente y a la crónica escasez de agua).

Los innumerables carruajes harán que las columnas marchasen lentamente, en formaciones demasiado compactas, intentando forzar al adversario a un enfrentamiento directo, que Estigarribia, inteligentemente, siempre rehuyó. Kundt no tuvo en cuenta que en el Chaco, entonces, casi no había caminos: cuando comenzó el avance boliviano, sus fuerzas debieron dejar sus camiones atrás. Su armamento era de muy buena calidad, pero no estaba preparado para soportar las extremas condiciones climáticas. Y además no supo hacer uso adecuado de su fuerza aérea, una de las mejores del continente, al mando del muy capaz Bernardino Bilbao Rioja .

Tal vez a causa de la presiones del impaciente gobierno de La Paz, Kundt siempre intentó ocupar el territorio que su enemigo le cedía sin tener en cuenta las innumerables desventajas logísticas (Estigarribia decía que "había que defender el Chaco abandonándolo"). Los paraguayos adoptaron la táctica de guerra de guerrillas, más adecuada a las características del terreno y del clima, formando pequeñas unidades móviles que hostigaban al enemigo y desaparecían sin dejar rastros. Esta táctica además neutralizaba la ventaja numérica boliviana: ese país tenía el triple de la población de Paraguay.

EL COMIENZO DE LAS HOSTILIDADES

En junio de 1932, el presidente Salamanca (sin acudir a una declaración formal de guerra) ordenó al general Kundt que comenzara la invasión del Chaco. La primera escaramuza se produjo el día 15 de ese mes, cuando los soldados bolivianos tomaron el pequeño Fuerte Carlos Antonio López, cuya única importancia estratégica era que defendía uno de las pocas fuentes de agua de la zona, la laguna Pitiantuta.

En las primeras semanas de la guerra, el ejército invasor fue penetrando lentamente en el corazón del Chaco, sin poder hacer contacto con un enemigo que le dejaba el terreno libre. En agosto los paraguayos pusieron en funcionamiento el aeródromo de Isla Poí, y comenzaron a emplear intensivamente a la aviación en tareas de reconocimiento de las posiciones enemigas, lo que les dio una gran ventaja sobre su adversario. Los bolivianos contaban con medios aéreos superiores pero estaban limitados por la ausencia de aeródromos cercanos al área de combate.

Paraguay también contó con la ventaja de poder aprovechar la estructura de uno de los terratenientes más grandes del país, la compañía argentina Carlos Casado. La empresa prestó ayuda por medio del aporte de ganado, alimentos y dinero, y la cesión del uso de la flota, los puertos y el tren de su propiedad para el transporte de tropas. Carlos Casado era dueña de casi 2 millones de hectáreas, de donde extraía madera de quebracho para durmientes y abastecía a la industria del tanino. El presidente de su directorio era nada menos que el cuñado de Agustín Justo, el presidente argentino...

A comienzos de setiembre, el comando paraguayo intentó reconquistar el campamento de Boquerón. Pero Kundt no se dejó sorprender, y por una vez aprovechó la superioridad aérea, atacando desde el aire a las fuerzas paraguayas e infligiéndoles pérdidas notables. Desde ese momento, Estigarribia impartió la orden de movilizarse solamente de noche, permaneciendo en el día al resguardo de la vegetación.

Entre el 9 y el 10 de setiembre, los guaraníes volvieron a la carga contra el Fuerte Boquerón. Fue una de las batallas más cruentas de la guerra. Los bolivianos resistieron bravamente durante 20 días, rodeados por fuerzas seis veces superiores, pero terminaron rindiéndose al agotárseles las reservas de municiones, agua y alimentos. Estigarribia, envalentonado por el éxito, dirigió un ataque contra la ciudad boliviana de Saavedra en noviembre, pero el combate no produjo grandes modificaciones en la situación.

Ambos ejércitos habían sufrido gravísimas pérdidas, y por unas semanas rigió una tregua de hecho, mientras los enemigos trataban de reordenarse. Por esta época hubo infructuosas gestiones de paz de la Sociedad de las Naciones, del presidente norteamericano Franklin Roosevelt y del papa Pío XI.

LA CONEXION ARGENTINA

El presidente Agustín Pedro Justo fue un abierto operador a favor de Paraguay. Además de planificar las necesidades de armamentos, gestionar líneas de crédito, colaborar en el transporte de armas y abastecer de alimentos a los combatientes guaraníes, puso a disposición del diseño de la estrategia bélica al Estado Mayor del Ejército Argentino.

Según el periodista argentino Rogelio García Lupo, el cerebro de esa estrategia fue el coronel Abraham Schweizer, hijo de un estanciero judío de Corrientes y de madre católica practicante. Schweizer (que de todos modos había recibido el bautismo cristiano) fue el oficial de sangre judía que más alto llegó en el tradicionalmente antisemita Ejército argentino.

Schweizer había hecho prácticas prolongadas en el ejército alemán, antes del nazismo, y estuvo destinado en Paraguay entre 1931 y 1934. Para el espionaje de Bolivia, era la figura clave en la planificación de la campaña, aún más que Estigarribia.

En 1937, con el diploma de general honorario del Paraguay, el coronel Schweizer era el jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación y Justo le había prometido promoverlo al frente del Ejército, una vez que hubiera sido ascendido a general. Pero Schweizer murió en un accidente aéreo el 9 de enero de 1938, junto a uno de los hijos del presidente.

Hubo otros oficiales argentinos involucrados en el apoyo encubierto al gobierno de Asunción. En una carta de octubre de 1932, el embajador paraguayo en Buenos Aires, Vicente Rivarola, le informa al presidente Ayala que ha empezado a concretarse la cooperación militar argentina. El embajador describe una operación de inteligencia militar dirigida por un hombre destinado a Las Lomitas, en Formosa, donde en septiembre de 1932 se organizó una agrupación de tropas de todas las armas y servicios del Ejército llamada Destacamento Mixto Formosa. Escribe el embajador que al flamante gobernador de Formosa "le parece perfectamente factible la ejecución de las indicaciones del mayor Perón, secretario del ministro de Guerra".

El mayor Juan Domingo Perón era desde febrero de 1932 el ayudante de campo del Ministro de Guerra, el general Manuel Rodríguez, a su vez persona de confianza del presidente Justo. De la correspondencia secreta del presidente paraguayo y su embajador puede deducirse que se había planeado montar un incidente en la frontera de la Argentina y Bolivia. Militares del Paraguay, simulando ser de Bolivia, atacarían a los argentinos para provocar la entrada de éstos en combate.

Bolivia estaba al tanto del complot. En otra carta, el presidente paraguayo Ayala menciona la impresión que el presidente de Bolivia tiene de la actitud argentina. "El gobierno argentino - había dicho entonces Daniel Salamanca a un diplomático extranjero - ha concentrado fuerzas en las fronteras bolivianas a fin de dar la mano al Paraguay en caso necesario, previo un incidente que se provocaría". Para los bolivianos, la cuestión no admitía dudas: "el plan de guerra fue estudiado y decidido por el Estado Mayor General del Ejército Argentino; el general Vaccarezza, amigo personal del presidente Justo, estuvo a inspeccionar los preparativos en todas las líneas y el teniente coronel Schweizer vigiló la ejecución y cien suboficiales y clases del Ejército Argentino están en las líneas paraguayas".

LA GUERRA SIGUE


En diciembre de 1932, Kundt lanzó una contraofensiva con fuerte apoyo aéreo y trató de ocupar el vital campamento de Nanawa, defendido por una guarnición al comando de los generales rusos citados más arriba. Los paraguayos resistieron bravamente, y en enero de 1933 los atacantes se vieron obligados a retirase.

En julio, las fuerzas de Bolivia volvieron a intentar un masivo ataque frontal contra Nanawa, pero se estrellaron contra la defensas de la "Verdún del Chaco" (por comparación con la célebre batalla de la Gran Guerra europea). Kundt debió dar otra vez la orden de retirarse. A esta altura, ambos rivales estaban más o menos igual que al comenzar el conflicto, con la diferencia de que estaban exhaustos y al borde del colapso financiero.

Una pequeña referencia deportiva. La liga guaraní de fútbol armó un equipo que disputaba partidos en Uruguay y Argentina, recaudando fondos para la Cruz Roja paraguaya. Una de las figuras de aquel equipo (a quien sacaron de los cuarteles para que lo integrara) después hizo una campaña extraordinaria en la liga argentina, de la que es el mayor goleador de todos los tiempos: Arsenio Erico, ídolo de Independiente.

A fines de 1933 la relación de fuerzas en el aire comenzó a emparejarse, gracias a una gestión oficial argentina ante el gobierno fascista de Italia, que envió a Paraguay varios aviones modernos y una misión de entrenamiento. El esfuerzo pronto dio sus frutos: merced a la observación aérea, los paraguayos detectaron los puntos débiles de la disposición de las tropas bolivianas y lanzaron un ataque en tenaza. Dos divisiones bolivianas fueron aniquiladas.

Las noticias del desastre golpearon la moral de la población. El presidente Salamanca decidió destituir inmediatamente a Kundt y lo sustituyó con el coronel Enrique Peñaranda. El nuevo jefe demostró enseguida gran capacidad y sangre fría, y se abocó a reorganizar sus maltrechas fuerzas en la zona de Ballivián, en el Chaco Central.

LA INTERVENCION FRANCOBRITANICA

La participación argentina siempre había estado al borde de causar un escándalo internacional. Se denunció que el Ejército descifraba los códigos bolivianos y entregaba la información a los paraguayos. Se mencionaban misiones de la aviación militar sobre territorio de Bolivia. Había rumores sobre las comisiones por las compras de armas en Europa para el ejército paraguayo, sobre negocios con alimentos, sobre inventarios "sospechosos" en los arsenales del Ejército y la Marina. El ministro Manuel Rodríguez le había dicho al embajador paraguayo en 1932 que temía que se lo pudiera acusar de malversación de fondos. Se ha afirmado que "todo el trigo, la nafta y el fuel-oil que consumió el ejército paraguayo durante los tres años de guerra le fueron facilitados gratuitamente por el gobierno argentino" (David Zook, "The conduct of the Chaco War", New Haven, Bookman Associates, 1960).

Francia y Gran Bretaña advirtieron al canciller argentino Carlos Saavedra Lamas que denunciarían a nuestro país ante la Liga de las Naciones por violar el embargo de la venta de armas a países en guerra (ambas naciones temían crear un precedente que pudiera ser utilizado por la Alemania nazi). La Cancillería ignoraba lo que el Ministerio de Guerra hacía a sus espaldas. "El Dr. Saavedra Lamas (el canciller de Justo) no sabe absolutamente nada de mis arreglos con los ministros militares (argentinos)", escribió el embajador Rivarola al presidente Ayala, en setiembre de 1932.

En marzo de 1934 el canciller tuvo una reunión secreta con el presidente Justo y el ministro Rodríguez, con quien tuvo un duro enfrentamiento por la descarada participación argentina. Justo decidió entonces guardar más cuidadosamente las formas.

BOLIVIA ACUDE A ASESORES CHECOSLOVACOS

El Gobierno boliviano se dirigió a Checoslovaquia, solicitando el envío de una misión militar. En mayo de 1934 un informe del Estado Mayor del Ejército Checoslovaco destacaba que Bolivia era uno de los mayores clientes de su industria de armamentos. Además, el Estado Mayor tendría la posibilidad de probar en condiciones extremas un nuevo tipo de tanque ligero, oportunidad nada desdeñable si tomamos en consideración que la vecina Alemania se lanzaba a una desenfrenada carrera armamentista. El espionaje militar checoslovaco también conocía la misión de oficiales alemanes, al mando de Kundt.

El ministro de Relaciones Exteriores checoslovaco, Edvard Benes, se desempeñaba en aquel entonces en la Sociedad de las Naciones como árbitro en el litigio entre Bolivia y Paraguay. Por eso fue necesario disfrazar el viaje a Bolivia de los expertos militares checoslovacos. Éstos pasaron temporalmente a la reserva y viajaron como civiles. En el país andino debían actuar como asesores militares, contratados por el Gobierno boliviano.

Los oficiales bolivianos miraban al principio de reojo también a los asesores checoslovacos, invitados por el Presidente. Según el deseo expreso del comandante supremo del Ejército boliviano, el coronel Peñaranda, dos oficiales supervisaban el entrenamiento de los comandantes de Infantería y Artillería, un experto militar checoslovaco fue destinado al Estado Mayor y otro fue nombrado asesor de las unidades de ingenieros. El jefe de la misión checoslovaca, el general Placek, debía informar personalmente a los máximos representantes bolivianos sobre la situación en el frente, con el derecho de coordinar sus intervenciones en el Ejército. Los oficiales checoslovacos debían tomar parte activa en los combates.

Bolivia también contrató mercenarios chilenos. Tanto los trasandinos como los checoslovacos demostraron su capacidad, pero tal vez llegaron demasiado tarde. Cuando los checoslovacos terminaron sus actividades en Bolivia en julio de 1935, cada uno de sus miembros regresó a su patria ostentando una condecoración boliviana.

SE ACERCA EL FINAL

En mayo de 1934, Bilbao Rioja desencadenó una imprevista ofensiva contra una división paraguaya. Estigarribia debió retirarse, sufriendo gravísimas pérdidas. Pero el notable jefe guaraní no se amilanó, y dos meses después volvió a la ofensiva. En noviembre destrozó en El Carmen al Cuerpo de Reserva Boliviano. Era el comienzo del fin. El general Placek, en una tensa reunión en el palacio presidencial, propuso formar un nuevo ejército de voluntarios para que Bolivia pudiera pasar a la ofensiva en abril de 1935. Su propuesta fue aceptada.

A fines de noviembre, el presidente Salamanca se dirigió a Villamontes, donde Peñaranda había instalado su cuartel general, y lo sustituyó con el general Lanza. Mas Peñaranda, gracias a la complicidad de las tropas de su colega y amigo, el coronel Germán Busch, obligó al presidente a renunciar. Salamanca lo saludó con una frase que expresaba su gran capacidad para el sarcasmo: "felicitaciones, amigo mío. Esta noche finalmente ha podido llevar al éxito su primer cerco".

Galvanizado por los éxitos y por la grave situación interna del enemigo, Estigarribia insistió en su ofensiva y se aprestó a asestar el golpe final. En diciembre, los paraguayos indujeron a la caballería boliviana a retirarse de los vitales pozos de Yrendagué. Cinco mil soldados bolivianos, sumidos en la desesperación, comenzaron a vagar en busca de agua. Un tercio de los caballos murió de sed, y sus jinetes se abalanzaban sobre los animales muertos para beber su sangre. Según las estimaciones del Comando boliviano, en total se perdieron 1.600 soldados y 3 mil caballos.

EL DESASTRE

"Contará Augusto Céspedes, del lado boliviano, la patética epopeya. Un pelotón de soldados empieza a excavar un pozo, a pico y pala en busca de agua. Ya se ha evaporado lo poco que llovió y no hay nada de agua por donde se mire o se ande".

"A los doce metros, los perseguidores del agua encuentran barro líquido. Pero después, a los treinta metros, a los cuarenta y cinco, la polea sube baldes de arena cada vez más seca. Los soldados continúan excavando, día tras día, atados al pozo, pozo adentro, boca de arena cada vez más honda, cada vez más muda; y cuando los paraguayos, también acosados por la sed, se lanzan al asalto, los bolivianos mueren defendiendo el pozo, como si tuviera agua" (Eduardo Galeano, "Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento").

Peñaranda se vio obligado a impartir la orden de retirada general. En enero del '35, lo que quedaba de su ejército abandonó el Chaco y se replegó a Bolivia. Estigarribia comprendió que el enemigo estaba al cabo de sus fuerzas y, en abril, cruzó el río Parapiti, entrando en territorio boliviano. A fines de ese mes hubo un contraataque que salvó el Chaco Occidental para Bolivia, pero es el canto del cisne. Ninguno de los dos ejércitos estaba en condiciones de continuar batiéndose.

LA IDEA DE DIVIDIR BOLIVIA

En las postrimerías de la guerra se publicó en nuestro país un libro, "Una nueva república en Sudamérica", que alentaba la formación de una nueva nación con parte del territorio de Bolivia. La obra, escrita por el historiador argentino Enrique de Gandía, fue distribuida por los diplomáticos paraguayos y argentinos en todo el mundo y circuló asimismo en Santa Cruz de la Sierra, que en el audaz proyecto estaba destinada a capital de la nueva república. "La guerra entre Paraguay y Bolivia (sostenía el historiador) ha demostrado que los pobladores de Santa Cruz de la Sierra no desean seguir formando parte de la nación boliviana y que aspiran a erigirse en república independiente".

La utilización de "Una nueva república en Sudamérica" siguió la tendencia de preparar las acciones bélicas con un previo trabajo histórico que las justificara. Gandía sirvió a ese propósito, que los bolivianos consideraron como "financiado y costeado íntegramente por los intereses argentinos que estaban en juego en la guerra", según el historiador boliviano Gerardo Irusta.

EL FIN DE LA GUERRA

A principios de junio el nuevo gobierno de Bolivia, encabezado por el coronel Toro, decide pedir la paz. Carlos Saavedra Lamas presentó el 1º. de julio de 1935 (en nombre de la Conferencia Panamericana reunida en Buenos Aires, y en la que también participan Brasil, Chile, Perú, Uruguay y los Estados Unidos) un documento de tregua que fue aceptado sin reservas por los plenipotenciarios bolivianos y paraguayos. Saavedra Lamas recibió el Premio Nobel de la Paz en 1938, en reconocimiento a sus gestiones.

(Al respecto, Arturo Jauretche escribiría con su inimitable prosa, décadas después: "los foguistas se ocuparon de hacer la paz y pasaron a ser bomberos, y las mismas fuerzas que consiguieron esta transformación consiguieron un premio para el jefe de los bomberos"). (1)

El comienzo de la conferencia coincidió casualmente con el célebre debate en el Senado argentino acerca de los negociados de la industria frigorífica, que contaban con la protección del gobierno de Justo. El 23 de julio Ramón Valdez Cora, un ex policía y matón a sueldo, intentó asesinar al senador opositor Lisandro de la Torre, del Partido Demócrata Progresista de Santa Fe. Fracasó, pero las balas acabaron con la vida del senador Enzo Bordabehere, compañero de bancada de De la Torre.

El 25 de octubre se puso fin a las hostilidades. El tratado de paz definitivo, firmado en 1938, garantizó a Paraguay la mayor parte del territorio en disputa. Bolivia pudo conservar el oeste del Chaco, cuya soberanía nunca había estado en cuestión (donde estaban los yacimientos petroleros verificados) y consiguió un angosto corredor hacia el río Paraguay y un pequeño puerto sobre él, de utilidad poco menos que simbólica. Le fueron concedidos privilegios ferroviarios y portuarios en Paraguay, algo que ya se le había ofrecido antes de que se desatara la carnicería.

¿Y el petróleo? Existía, pero en cantidades inferiores a las previstas y sólo en la parte del Chaco que linda con la cordillera de los Andes. Sí había ricos yacimientos de gas, los segundos en importancia de Sudamérica, después de los de Venezuela. El quebracho del Chaco, ahora definitivamente en manos paraguayas, produjo grandes beneficios a las firmas angloargentinas que participaron en su explotación.

LAS CONSECUENCIAS POLITICAS

En 1936, el gobierno liberal del presidente Ayala fue depuesto por un golpe militar dirigido por oficiales jóvenes, escandalizados por lo que suponían términos extremadamente benignos para Bolivia. Paraguay sucumbió ante los efectos de una severa crisis económica y una sucesión de golpes y dictaduras, que culminaron en la soñolienta tiranía de Alfredo Stroessner de 1954 a 1989.

En Bolivia, Salamanca tuvo que ceder el gobierno a su vicepresidente José Luis Tejada Sorzano ya a fines de 1934, el que a su vez fue derrocado en mayo de 1935 por el coronel José David Toro, uno de los responsables del fracaso militar. Faltaban menos de dos semanas para unas nuevas elecciones presidenciales.

El humillante desastre de la Guerra del Chaco tuvo un impacto muy profundo en Bolivia. La oligarquía tradicional, desacreditada tras demostrar su incapacidad para el liderazgo político y militar, culpó de la derrota a la inferioridad racial de su propio pueblo. Las masas indígenas explotadas tuvieron que esperar hasta la revolución nacionalista de 1952 para poder deshacerse (bien que por unos años nada más) de esa elite inepta.

ESPIAS ARGENTINOS



El tráfico de inteligencia militar sobre la guerra del Chaco continuó aún después de la paz, como lo evidenció el escándalo de espionaje que en diciembre de 1936 comprometió al Estado Mayor del Ejército. El escándalo comenzó cuando el agregado militar paraguayo en Buenos Aires denunció ante el Ministro de Guerra argentino (el general Basilio Pertiné, abuelo de la esposa del ex presidente argentino Fernando De la Rúa) que un agente del servicio de informaciones del Ejército, Horacio Pita Oliver, le había ofrecido documentos militares secretos. Pita Oliver fue detenido, y denunció que los papeles que había intentado vender le habían sido entregados por el mayor Guillermo Mac Hannaford, ayudante del jefe del Estado Mayor, general Nicolás Accamé. También involucró al teniente primero Aquiles Azpilicueta y a Jorgelina Argerich, en cuya casa encontraron papeles "desaparecidos del Estado Mayor".

Mac Hannaford fue arrestado mientras servía de edecán del presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, entonces de visita en Buenos Aires, a quien se ocultó que su momentáneo hombre de confianza era un espía. El supuesto traidor fue degradado y condenado a reclusión perpetua. A Mac Hannaford, el día de su degradación pública, le ofrecieron una pistola para que se suicidara, pero la rechazó tajantemente. "¡Déjense de joder!", dijo. "Yo no me mato. ¡Soy inocente!".

Pasó los 10 años siguientes en el siniestro penal de Ushuaia, donde contrajo tuberculosis. Después lo trasladaron a la cárcel de Caseros, donde estuvo recluido hasta que fue indultado en 1956, luego de casi 20 años de prisión. Mac Hannaford, que murió en 1961, jamás admitió los cargos, y el caso nunca logró ser aclarado del todo. Una muestra de lo oscuro que sigue siendo aún hoy: el sitio de la Dirección de Asuntos Históricos del Ejército Argentino afirma que Mac Hannaford vendió secretos militares... a Chile.

Hay demasiados puntos sugestivos. Los defensores militares de Mac Hannaford eran sistemáticamente asignados a destinos alejados de la sede de la corte marcial. El general Accamé, que conocía bien a Mac Hannaford porque era su superior, fue enviado sorpresivamente en una misión a Brasil y no pudo declarar. La investigación fue llevada a cabo en el mayor secreto, y sólo se hizo pública cuando se dictó sentencia, 18 meses después de la denuncia. No hubo posibilidad de apelar porque a los defensores se les negó recurrir a la Corte Suprema. El acusado recibió la pena máxima, reclusión perpetua, pese a que el delito no se había consumado, porque los documentos prometidos a Paraguay no fueron entregados. Hubiese correspondido una pena menor por tentativa.

La casa de Mac Hannaford en Olivos fue revisada centímetro a centímetro, y no pudo encontrarse nada que lo comprometiera. El proceso comenzó y terminó sin una prueba clave: jamás fueron encontrados los documentos que Pita Oliver le había ofrecido al agregado militar paraguayo. El caso se basó en sus palabras, que no pudieron ser examinadas. Por ejemplo, Pita Oliver había asegurado que Mac Hannaford quería cobrar 300 pesos por los documentos, pero el mayor no pasaba apremios económicos y estaba a punto de ser ascendido a teniente coronel, con lo cual recibiría un aumento de 400 pesos.

También resultaba extraño que el ofrecimiento de secretos militares se hiciera a Paraguay, un país aliado, como hemos visto. Según la legislación de aquel entonces (aún vigente hoy) el delito de traición a la patria existe cuando alguien colabora o ayuda a un país enemigo de la Argentina.

Los papeles "desaparecidos del Estado Mayor" fueron encontraron en la casa de Jorgelina Argerich, no de Mac Hannaford, y jamás se supo qué importancia tenían, o si eran sólo papeles en blanco membretados. La Argerich, Pita Oliver y Azpilicueta recibieron penas menores, y este último, llamativamente, fue reincorporado al Ejército luego de cumplir cinco años de condena.

Un hecho sugiere que tal vez se trató de un montaje destinado a producir un ajuste de cuentas entre facciones opuestas del Ejército. Horacio Pita Oliver era primo del general Rodolfo Martínez Pita, que en 1936 presidía el Consejo de Guerra para Jefes y Oficiales. Martínez Pita se había desempeñado en la Comisión Militar Neutral durante la guerra de Bolivia y Paraguay, pero sobre todo era conocido en el Ejército porque representaba a la corriente de oficiales nacionalistas, que incluía entre sus miembros a algunos admiradores del nazismo y el fascismo. Mac Hannaford estaba enrolado en el sector partidario de mantener estrechas relaciones con Gran Bretaña.

JULIAN DEL AGUILA (http://www.hispanismo.org/archive)

(1) Las polémicas de Jauretche - Arturo Jauretche - compilación de Norberto Galasso, Los Nacionales Editores, Buenos Aires, 1982 (edición original: 1981).

FUENTES

LIBROS

Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento - Eduardo Galeano, Editorial Siglo XXI, 2001.

ARTÍCULOS

Secretos en la guerra del Chaco - Rogelio García Lupo, Clarín, 24.9.2000

Los negocios de la guerra del petróleo - La Nación, 14.10.2000

El caso del único militar argentino que fue condenado por espionaje - Ricardo Canaletti, Clarín, 15.7.2002

Por qué no hay generales judíos en el Ejército - Rogelio García Lupo, Clarín, 21.9.2003

VÍNCULOS

Misión militar checa en la Guerra del Chaco - Eva Manethová, 10.2.2001, http://www.radio.cz/es/articulo/778

http://www.dahe.ejercito.mil.ar/historia/modernizacion.html
(sitio de la Dirección de Asuntos Históricos del Ejército Argentino).

http://www.biblioteca.ejercito.mil.ar/doctrina/Biblioteca
(sitio del Ejército Argentino).

http://www.argentina-rree.com/home_nueva.htm (excelente sitio dedicado a la historia de las relaciones exteriores de Argentina).

http://www.geocities.com/laguerradelchaco/main_frame.html (versión resumida del libro "Masamaclay: Historia política, diplomática y militar de la Guerra del Chaco" del historiador boliviano Roberto Querezaju Calvo)

http://www.arsmilitaris.org/pubblicazioni/chaco/chaco.htm (en italiano). La Guerra del Chaco, 1932-1935 - Alberto Rosselli, Nota: contiene unos cuantos errores.

http://worldatwar.net/chandelle/v1/v1n3/chaco.html (en inglés)

http://countrystudies.us/bolivia/15.htm (http://countrystudies.us (en inglés)

http://www.4reference.net/encyclopedias/wikipedia

http://www.rose-hulman.edu/~delacova/chaco-war.htm (imágenes)

dp

domingo, 7 de octubre de 2007

EL LARGO CAMINO DEL SABLE DE SAN MARTIN


El 12 de agosto de 1963 era robado el sable corvo del general San Martín.

1845. Al enterarse del bravo combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre, cuando las tropas criollas enfrentaron la escuadra anglo-francesa, San Martín escribió a Juan Manuel de Rosas expresándole sus respetos y felicitaciones: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo.”

Quizás por este hecho el general dispuso en su testamento que el sable que lo acompaño en todas sus campañas le sea entregado a Don Juan Manuel de Rosas, por la satisfacción que tuvo “como argentino, por la firmeza con que aquel general sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”

San Martín para ese entonces sufría asma, reuma y úlceras, y estaba casi ciego. Su estado de salud se fue agravando hasta que falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas “por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.”; y que su corazón descansara en Buenos Aires.
Esta última voluntad se cumplió recién 30 años después, en 1880, precisamente el 28 de mayo, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del Libertador, llegados al país en el vapor “Villarino”. Se desembarca un ataúd, mientras truenan los cañones, doblan todas las campanas de la ciudad encresponada y habla nada menos que Sarmiento.

El sable, sin embargo, solo regresaría al país 17 años después, el 4 de marzo de 1897. La caja conteniendo el sable corvo fue embarcada en el “Danube” desde el puerto de Southampton. La donación la había efectuado Manuelita Rosas de Terrero, pues el Restaurador había ordenado en su testamento que el sable, a su muerte, debía ser legado a su amigo Juan Nepomuceno Terrero y a su vez al morir éste, debía seguir en manos de sus herederos legítimos, que al momento de la donación, la tenencia correspondía a Máximo Terrero y a su esposa Manuelita Rosas.

El entonces Presidente Uriburu utilizó un bajo perfil para recibir el sable. Con mezquindad más que con prudencia, no concurrió al puerto, ni tampoco lo hizo el máximo jefe del ejército. Todo ello causado por el origen de quienes habían hecho la donación: los descendientes de Juan Manuel de Rosas.

El largo camino

Antes de embarcarse para América y luego de dejar España para siempre, el entonces teniente coronel de caballería José Francisco de San Martín, adquiere en 1811 en Londres, usado, un sable corvo de origen oriental (los expertos en armas dicen que su origen es persa) que lo acompañaría toda su campaña en tierra americana. Es un sable que se destaca por su robustez y sencillez, carente de adornos, arabescos o incrustaciones de piedras preciosas.

El largo total es de 0,95 mts y el de la hoja 0,82 mts. El peso de la vaina es de casi 700 grs. y el del sable de unos 900 gr. No tiene inscripción alguna excepto un trébol. La empuñadura es de ébano, a la usanza turca. Se estima que la hoja es unos 100 años más antigua que la empuñadura. En un estudio efectuado por el gabinete scopométrico de la Policía Federal Argentina se han encontrado, detallado y descripto centenares de rayas y aplastamientos por golpes que denotan un uso activo en batalla por parte del Libertador.



La Comisión Nacional de Energía Atómica de la República Argentina ha efectuado el estudio métalográfico del sable, concluyendo que fue construido con acero damasquinado (procedimiento empleado por los árabes que partían de un lingote de alta aleación de carbono) siendo su origen, muy posiblemente, Persia.

Esa opinión es compartida asimismo por un especialista británico en espadas, apoyándose además en que la curva irregular de la hoja se ve únicamente en sables proveniente de esa parte del mundo (Medio Oriente, Persia); todos los sable europeos tienen una curva regular. Esa curva irregular requiere de una vaina ranurada, pues de otra forma el sable no puede desenvainarse, ello constituyó una moda en Medio Oriente.

Los sables podían usarse para asestar un pinchazo con la punta, un tajo con el filo, o para detener un golpe. Normalmente se prefería aplicar con fuerza un golpe con el revés de la hoja, para lo cual no se les exigían conocer los muchos y diferentes golpes y paradas. En el entrevero de la lucha contra la caballería enemiga muchas veces no se tenía tiempo para tomar una decisión razonada, sino para reaccionar instintivamente, de allí que en la carga predominaba el golpe de plano que prodigaban los granaderos.

Fuente: Daniel Silvano Ponce - www.fullaventura.com.ar

El robo de 1963

El sable corvo del general San Martín no era, aquel 12 de agosto de 1963, tan sólo una reliquia que se veneraba como su prenda más emblemática. Ni tampoco, diría Borges, "una cosa más entre las cosas/que olvida la vitrina de un museo/un símbolo, y un humo y una forma/ curva y cruel que ya nadie mira".

Por el contrario. Esa espada de origen morisco, de hoja alfanjada, que acompañó al Libertador en toda la guerra de la independencia de América del Sur y que Napoleón Bonaparte impuso a sus generales tras la campaña de Egipto -según Ernesto Quesada y Jorge Ramallo- fue, desde siempre, objeto de honra por parte de los argentinos.

Se lo conservaba por entonces en el Recinto San Martín, sobre el ala derecha del Museo Histórico Nacional, de la calle Defensa, lindero al parque Lezama, Barrio de San Telmo, Buenos Aires.

Presidía la República en esa fecha José María Guido y un mes antes, en los comicios celebrados el 7 de julio de 1963, se había impuesto la fórmula presidencial Arturo Illia-Carlos Perette tras la impugnación de la presentada por el Frente Nacional y Popular, encabezada por Vicente Solano Lima, que generó la posterior orden de Juan Domingo Perón de votar en blanco.

Esa limitación al ejercicio del sufragio generó en algunos miembros de la Juventud Peronista la necesidad de dar un "golpe" de protesta apelando a ciertos símbolos muy fuertes y caros al sentir de la gente. De allí la idea de robar el sable, ya que el peronismo exalta la trilogía San Martín-Rosas-Perón y menciona expresamente al Libertador en una de las frases de la marcha partidaria.

Cuarenta años después, uno de los partícipes del hurto, Osvaldo "Cacho" Agosto, de antiguo cuño revisionista y a quien le fue reservada la parte operativa del hecho, nos evoca algunos detalles del suceso, que causó indignación y enorme revuelo en la opinión del país.

Previo a consumar el hecho, recuerda, se reunieron los complotados en la confitería Los Dos Chinos de la calle Brasil y marcharon hacia el museo cuando caía la tarde y ya oscurecía. Golpearon la puerta y le dijeron al sereno que eran estudiantes tucumanos que venían a visitar al director, Simón Irigoyen Iriondo, tras lo cual lo redujeron sin violencia y accedieron al ámbito poblado de cuadros de prohombres donde se velaba el arma.

Rompieron la vitrina por uno de sus costados, envolvieron el sable en una bandera nacional y se lo llevaron. Luego dieron a conocer un comunicado. Hecho esto, Agosto se trasladó hasta una feria de la calle Corrientes y Serrano y, acodado en un puestito de frutas y hortalizas, entregó la espada a quienes a partir de ese momento se convertirían en sus depositarios, los hermanos Aníbal y Gualberto Demarco.

Antes de llegar al destino final donde fue escondida -un campo en el camino a Mar del Plata donde otros jóvenes le juraron lealtad-, la reliquia deambuló por las calles porteñas.

Guardado en el baúl del coche de Demarco, que lo estacionaba en Plaza de Mayo, éste le dijo a un policía al bajar: "Cuídemelo, que tengo el sable", a lo que respondió el agente: "Descuide, no habrá problemas".

Inmediatamente tomó intervención en el hecho el juez federal Angel Bregazzi, cuyo secretario, el doctor Miguel Angel Almeyra (años más tarde abogado defensor del ex. Presidente de la República Fernando de la Rúa), adoptó las medidas procesales de rigor y ordenó la detención, entre otros, de Agosto, al que encontraron escondido en la casona familiar de Núñez.

Ya en el juzgado se careó a Agosto con los serenos del museo, que no lo reconocieron porque la noche del saqueo, en lugar de teñirse el pelo se lo había embadurnado con una crema colorante.

La devolución del sable, agrega Cacho Agosto, se consumó días después merced a la gestión del capitán Adolfo César Phillipeaux, militar en situación de retiro y, a la vez, empleado de la Compañía de Seguros Previsión del Hogar, que presidía el custodio de la espada, Aníbal Demarco, de quien el oficial era superior jerárquico en el Movimiento Nacional Justicialista por mandato de Perón.

Al enterarse del robo, Phillipeaux se presentó inmediatamente en el Regimiento de Caballería Blindado Húsares de Junín y restituyó el arma al Ejército Nacional que dispuso, a su vez, que el sable fuera entregado al Cuerpo de Granaderos a Caballo General San Martín para su preservación y posterior traslado al Museo Histórico Nacional.

En 1965 el sable de San Martín fue robado por segunda vez del mismo museo y rescatado por el Ejército Argentino. El destinó del sable fue esta vez el Regimiento de Granaderos a Caballo.

El sable se encuentra hoy depositado, dentro de un templete blindado donado por el Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires en 1967, en custodia en el regimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo que fundara San Martín en 1812 y responsable de la custodia presidencial hasta nuestros días.

Fuente: Felipe Yofre - www.lanacion.com.ar



Relato del robo del sable por uno de los protagonistas: https://www.infobae.com/sociedad/2019/08/21/yo-robe-el-sable-corvo-de-san-martin-el-relato-de-un-integrante-del-insolito-operativo-que-busco-levantar-el-espiritu-peronista/?fbclid=IwAR2NjOY-9DOq25lm1y59y9AyUqyAyv7VuoCOTI-6Mo4oO7deRy60YHcJxag



Propuesta

Dado el simbolismo histórico y nacional que representa el sable de nuestro Libertador, considero que el mismo debe ser nuevamente depositado en las instalaciones del Museo Histórico Nacional, o en su defecto, en el Museo de los Presidentes de la Casa Rosada (sede del gobierno argentino), al alcance de la vista del pueblo y fuera del encierro forzoso que se ve sometido, desde hace más de cuarenta años, entre las paredes de un cuartel militar.

Los símbolos deben ser venerados y estar en libre disposición de serlo, amén de las lógicas medidas de seguridad, tal cual acostumbran hacerlo muchos países, como ejemplo valen los Estados Unidos e Inglaterra, para así hacer comprender a los ciudadanos el poder de estos símbolos y su nobleza unificadora de la nacionalidad.

Por ello propongo que el sable vuelva a ser exibido masivamente y reverenciado como tributo a un hombre que jamás lo empuño para combatir a sus compatriotas, solo contra aquellos que amenazaron la Patria y que, incluso, fue legado en testamento al Gral. Rosas, aún a pesar que San Martín recidía en unos de los países (Francia) que en la década del 40 del Siglo XIX agredió salvajemente a nuestra Argentina.

dp


miércoles, 3 de octubre de 2007

LA FAMILIA BARON BIZA


Durante 1928 en Venecia, Raúl Barón Biza conoce a Rosa Martha Rossi Hoffmann una bella actriz austríaca de 25 años, que usaba el seudónimo Myriam Stefford. El 28 de agosto de 1930 se casan en Venecia, dando una de las mejores fiestas según las páginas sociales de la época. Luego la pareja se instala en Argentina, altemando entre Buenos Aires y las serranías cordobesas, donde Raúl tenía una estancia de 2.200 hectáreas cerca de Alta Gracia. Entre marzo y agosto de 1931, ella tomó un curso de piloto y antes de terminarlo ya volaba su propio avión convirtiéndose en una de las primeras mujeres piloto de la Argentina. El 26 de agosto de 1931, dos días antes de festejar su primer aniversario matrimonial, halla la muerte al estrellar su pequeño avión Chingolo II, en Marayes provincia de San Juan, mientras participaba del Raid Aéreo de las 14 Provincias.

La mujer partió en agosto de 1931 desde el aeropuerto de Buenos Aires. Tras algunos problemas mecánicos, tuvieron que aterrizar de emergencia en Santiago del Espero y en Jujuy. Debido a esto, Barón Biza les envió otra aeronave para utilizar y así, poder concretar la travesía. Sin embargo, el 26 de agosto la avioneta cayó en una zona desértica de San Juan, provocando la muerte de Myriam Stefford y su instructor.

Los cuerpos fueron trasladados en tren hasta Buenos Aires y se velaron a cajón cerrado. Al día siguiente, el féretro de Stefford, cubierto de orquídeas, fue depositado en el panteón de la familia Barón Biza en el cementerio de Recoleta.

El viudo dejó varios testimonios materiales y arquitectónicos para homenajearla, como un monolito de 14 metros en el lugar del accidente. Sobre una de las caras mandó a escribir un fragmento de un poema de Petrarca y frases que aluden a su amor por la mujer.

Sin embargo, en 1935 fue por algo mucho mayor. Le encargó al ingeniero Fausto Newton que levantara un mausoleo fastuoso con forma de ala de avión en el paraje Los Cerrillos, en el camino que une Córdoba y Alta Gracia. Allí el escritor tenía una estancia con olivares, en la que había convivido con Stefford.

La construcción comenzó el 26 de agosto de 1935, a cuatro años de la tragedia, y culminó el 30 de agosto de 1936. En la edificación de 85 metros de altura y 15 de cimentación, participaron unos cien obreros polacos y argentinos. 


El camino que une Alta Gracia a Córdoba es una ruta rural tranquila, vacía de pormenores. No es difícil aburrirse en ese trayecto. Pero desde muchos kilómetros antes se ve, en medio de la nada, un altísimo obelisco de granito y mármol. Tiene forma de ala, pene o cuerno 82 metros de alto y una escalera caracol interior de 237 escalones. Es un fastuoso sepulcro que la pasión de Raúl hizo construir en ese campo de su familia, para la mujer que más amó. La base es una enorme cripta abovedada donde se desciende tras 30 escalones y oscuros pasadizos para llegar al sepulcro donde descansan los restos de Myriam. No hay luz eléctrica, ni linternas, ni cruz. Sobre el granito se lee: "Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que, en su audacia, quiso llegar hasta las águilas"


El sitio está cargado de reminiscencias faraónicas, sobre la losa que cubre los restos está escrito: "La maldición caerá sobre quien ose profanar esta tumba". En el granito hay dos caladuras de un centímetro de ancho, una vertical de un metro y otra horizontal de treinta centímetros, a determinada hora del día y según la posición del sol, marcan una cruz perfecta sobre la misma lápida. Se asegura que Raúl, junto con los restos, hizo enterrar las joyas, entre otras el famoso diamante Cruz del Sur, varias veces millonario en dólares. Pero el estanciero habría hecho arreglos para que poderosos explosivos estallen ni bien se pretenda violar la gruesa puerta y pisar el interior. Leyenda, mito, exageración, creencia popular... nadie lo sabe, pero en abril de 1975, expertos auxiliados por equipo electrónico, detectaron la presencia de ciertos panes bajo el sepulcro.

El cuerpo fue enterrado seis metros bajo tierra. Sobre el féretro colocó su casco de vuelo, un reloj para pilotear y algunas partes rescatadas del avión. La leyenda sostiene que en los cimientos se guardó una caja con sus joyas más preciadas, piezas únicas y costosísimas que Barón Biza le había regalado en Europa, entre ellos La Cruz del Sur, un diamante de 45 kilates. Una placa de mármol contenía el nombre de ella y sus fechas de nacimiento y muerto, y el epitafio: que se menciona mas arriba” . Pero no era la única placa de mármol en el que se había tallado una frase. En otra, Barón Biza, dejó una maldición: “Maldito sea el que profane esta tumba”. Pese a la admonición, la tumba fue profanada en varias ocasiones.


¿Qué tiene de extraño que haya enterrado las joyas de su mujer junto a sus restos, colocando explosivos?... Lo extraño sería que no hubiera hecho algo así. Todo lo que pueda saberse sobre Raúl resulta incierto o increíble, su vida presenta todas las condiciones para la leyenda y el mito. Nació en Córdoba en 1899 siendo uno de los siete hijos del matrimonio de Vilfrid Barón y Catalina Biza, millonarios cordobeses. Fue militante radical en tiempos en que ese partido hacía honor a su nombre. Esto le valió la persecución, la cárcel y el deportamiento. Se batió a duelo en varias ocasiones. En Lomas de Zamora compró el casco de una fastuosa propiedad, que hoy es uno de los lugares más atrayentes de la zona. Enclavado frente al Parque Municipal y arrullados por el canto de mil pájaros, los dominios de este alucinante personaje han dado lugar a lo que hoy es el apacible y residencial Parque Barón de Lomas de Zamora.

Pero además, Raúl tuvo el oficio de escritor, lo que le valió las mas severas críticas, la execración social, una admonición de la Iglesia, el título de amante de la pornografía y dos procesos por obscenidad. Su producción literaria no sólo fue extensa (unos 10 libros, y anuncios de otros tantos “en prensa” que no se sabe si existieron), sino que además cada edición constaba de decenas de miles de ejemplares. Hoy sus obras se buscarán en vano en los catálogos de las bibliotecas; jamás fueron reeditadas, ni son invocadas en las cátedras universitarias, ni han obtenido recepción crítica alguna. La obra ha desaparecido, material y culturalmente. ¿Dónde ha ido a parar todo ese papel impreso?

Por qué me hice revolucionario, Punto Final, Todo estaba sucio son algunos de sus libros. Pero el título más significativo de su obra es El derecho de matar (1933), que le valiera el primero de los procesos por obscenidad, del que salió absuelto, mientras ya estaba en prisión por motivos políticos. Una edición de 5000 ejemplares fue secuestrada en la imprenta por la policía sin orden judicial. Pero es una gran novela de la mejor tradición libertina, donde el relato coexiste con una dimensión política, filosófica y moral explícita, teórica, no literaria. El libro se compone de algo más de 100 páginas que comienzan con una carta al Papa Pío XI, fechada en París:

Libro triste, Señor, rebelde, escrito para los que gimen y para los que sufren bajo el peso de tu cruz... Libro que ha de recordarte Señor la mentira de vuestros oropeles, la falsedad de vuestra prédica... recordarte como a los eunucos que no todo es oro y que existe el placer de poseer la vida...

Continúa con un prólogo-aclaración:

Lector. No quiero ni debo engañarte. No necesito tu aplauso, ni temo a tu brazo, ni me hace falta tu dinero. Estoy más allá del oro y de la fama; más allá de esa fe que hácete creer sincera la caricia de tu hembra y la mano de tu amigo...

Luego nueve capítulos que narran la historia de una educación sentimental, cuyos elementos más recurrentes son el anticlericalismo, la blasfemia, el extremismo político, la misoginia, el desprecio por las convenciones burguesas, la traición, la pornografía y la obscenidad. Alcanza singular intensidad en un pasaje que narra la posesión sexual de una dama de beneficencia con apellido ilustre, orgullo de la provincia, sobre un ataúd del panteón familiar que la honesta señora elige para la cita. El sexo y la muerte son las relaciones sociales a las que se reducen todas las demás, las potencias mayores que circulan a través de las criaturas por ellas vulneradas. El libro enseña que el poder consuma su ejercicio sobre los cuerpos de niños, de trabajadores, de prostitutas, de enfermos, de presos, y que toda liberación debe comenzar allí. La energía moral y literaria de su prosa se conserva intacta no obstante su ausencia de deriva cultural, o tal vez por eso. Es como si hubiera deseado y previsto su propia intratabilidad, su ilegibilidad, su inmunidad respecto a ese tono pastoral que siempre encierra la prédica de la lectura y la consiguiente zozobra porque los jóvenes ya no leen. Es un libro para los hijos de nadie, para los que duermen en la basura, para los que no tienen hembra, ni Dios. Un libro para los que jamás llegarán a leerlo.

En 1935 a sus 36 años contrae matrimonio en secreto con Clotilde Sabattini de 17 años, hija de su gran amigo, el prestigioso médico y dirigente radical Amadeo Sabattini. Este hecho marcó la ruptura de la amistad. De este matrimonio nacieron tres hijos: Carlos, Jorge y María Cristina. Clotilde realizó estudios sobre métodos educativos y pedagógicos en Suiza y realizó viajes de estudio por distintos países de Europa. En 1940, regresó al país pero fue detenida y encarcelada por orden del gobierno peronista. Al ser liberada, se exilió en Montevideo hasta la caída de Perón. En 1949 presidió el Primer Congreso Nacional de la Mujer Radical. Contribuyó con la creación del Liceo de Estudios Secundarios de La Plata, institución en la cual luego dictó cursos de historia y literatura.

En octubre de 1950 se produjo un gravísimo incidente en la casa del doctor Amadeo Sabattini, en Villa María, Córdoba, en el que resultaron heridos de bala Alberto, hermano de Clotilde, y el propio Raúl Barón Biza quien luego de permanecer un tiempo en el hospital fue llevado a la cárcel.

En 1953 Clotilde se radicó en Montevideo, donde colaboró con varias publicaciones del partido radical y dirigió el periódico Semana Radical. Allí comenzó con sus estudios en la Facultad de Derecho, los cuales continuó en la Universidad de Buenos Aires, algunos años después cuando regresó al país. En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, fue designada presidenta del Consejo Nacional de Educación. Desarrolló una vasta labor como educadora y periodista y fue responsable de la sanción del primer Estatuto del Docente.

Para ese entonces, el matrimonio prácticamente no existía. Se llegó así hasta mediados de agosto de 1960, cuando Raúl Barón Biza la citó en su departamento en Buenos Aires, donde acudió acompañada por dos abogados para finiquitar los trámites de separación. Raúl Barón Biza, sirvió whisky primero a los abogados y luego se acercó con un vaso lleno a su esposa, y sorpresivamente le arrojó el contenido en el rostro. Pero no era whisky... era ácido clorhídrico. Clotilde lanzó un grito desgarrante y Raúl huyó mientras los abogados auxiliaban a la desdichada mujer. Cuando al día siguiente la policía allanó el departamento encontró que Raúl había regresado para dispararse un tiro en la sien.

Las crónicas de la época señalan que su cadáver fue conducido a la morgue judicial, de donde no fue reclamado, motivo por el cual se le dió sepultura en el cementerio de la Chacarita. Sin embargo, no fue así. Un poco más allá de lo que fueran los jardines del monumento en Alta Gracia, llama la atención la presencia de un viejo olivo rodeado por un grosero alambrado. El alambre no está por el olivo, protege el lugar donde está enterrado Raúl. Allí fueron silenciosamente llevados sus restos y sepuItados debajo de ese olivo, a metros de los de Myriam Stefford.

Clotilde Sabattini de Barón Biza, fue sometida, con el tiempo, a muchas intervenciones quirúrgicas pero no pudo reparar la desfiguración producida por el ácido. Algunos años después su hija adolescente María Cristina, se suicidó. Por su parte, el 25 de octubre de 1978, unos meses después de elaborar un importante informe para la UNESCO sobre las condiciones laborales de la mujer en la Argentina, Clotilde Sabattini, viviendo en el mismo trágico departamento de Buenos Aires y tras una larga lucha contra la depresión y los recuerdos, se suicidó arrojándose por la ventana. En 1998, su hijo Jorge, periodista y escritor, publica una excelente primer novela El Desierto y su Semilla, donde dice:

He de reflexionar sobre la diferencia entre el aspecto exterior de una tragedia y su visión interior, la violencia se presenta en nuestras vidas como una sorpresa inmerecida, excepcional. La crónica recoge momentos sangrientos de la vida de mis padres, los momentos culminantes de una tragedia, dejando entre líneas los días con amor pero sin historia, sin las cartas cálidas de los primeros años, y los largos esfuerzos posteriores que ellos hicieron para recomponer los primeros tiempos felices. Hay un filme de Trufáut que tiene como lema, ni contigo ni sin ti. Ese debe haber sido el espíritu que se apoderó de Raúl y de Clotilde en los momentos finales de su matrimonio. La separación es un hecho impensable. Citando sólo hay amor es el recurso más fácil cuando sólo hay odio. Pero es un engorroso desgarramiento personal cuando el amor y el odio son uno mismo y confunden el elemento pasional en nuestro corazón.
He luchado con mi historia famíliar con la manera en que debo acomodar los hechos para seguir viviendo. Procuré durante muchos años no decir una palabra sobre el tema. Después traté de espantar fantasmas, girando con lupa y escarpelo en torno de viejos episodios. Ahora sé que no hay nada que acomodar, ni ocultar, ni exhibir. Que cada amor conserva sus huellas propias, en las que están impresas más allá de las palabras, los sentimientos... que éstos sólo son contradictorios para las palabras, pero que permanecen firmes, poderosos e inexplicables mucho después de que morimos.



El 9 de setiembre de 2001, Jorge se suicidó arrojándose al vacío desde su departamento en Córdoba.







Fuente: http://www.cuentometro.com.ar/562.htm




dp






El Che vuelve a ganar otro combate


Lean bien este nombre: Mario Terán. Mañana nadie lo recordará, como ya le ocurrió hace cuatro décadas, cuando lo convirtieron en noticia. Pero ahora solo les pido que al menos por un instante graben bien este nombre en las memorias, para que nadie olvide y todos juzguemos.

El hijo de este señor se presentó en el periódico 'El Deber', de Santa Cruz, en Bolivia, con el ruego de que publicaran una nota de agradecimiento a los médicos cubanos que habían devuelto la vista a su anciano padre, tras intervenirlo quirúrgicamente de cataratas, mediante la Operación Milagro.

El padre de este boliviano agradecido es Mario Terán. A los que tenemos más edad, puede que el nombre nos suene a haberlo escuchado antes. Los jóvenes quizás jamás hayan oído hablar de él.

Mario Terán fue el suboficial que asesinó al Comandante Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967, en la escuelita de La Higuera.

Al recibir la orden de sus jefes, tuvo que acudir al alcohol para llenarse de valor y poder cumplirla. Él mismo narró después a la prensa que temblaba como una hoja ante aquel hombre a quien en aquel momento vio 'grande, muy grande, enorme'.

Che, herido y desarmado, sentado en el piso de tierra de la humilde escuelita, lo observó vacilante y temeroso, y tuvo todo el coraje que le faltaba a su asesino para abrirse la raída camisa verdeolivo, descubrirse el pecho y gritarle: 'No tiembles más y dispara aquí, que vas a matar a un hombre!'

El suboficial Mario Terán, cumpliendo órdenes de los generales René Barrientos y Alfredo Ovando, de la Casa Blanca y de la CIA, disparó sin saber que las heridas mortales abrían huecos junto a aquel corazón para que continuara marcando la hora de los hornos.

Che ni siquiera cerró sus ojos después de muerto, para seguir acusando a su asesino.

Mario Terán, ahora, no tuvo que pagar un solo centavo por haber sido operado de cataratas por médicos cubanos en un hospital donado por Cuba e inaugurado por el presidente Evo Morales, en Santa Cruz.

Anciano ya, podrá volver a apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar la sonrisa de sus nietos y presenciar partidos de fútbol. Pero seguramente jamás será capaz de ver la diferencia entre las ideas que lo llevaron a asesinar a un hombre a sangre fría y las de este hombre, que ordenaba a los médicos de su guerrilla que atendieran por igual a sus compañeros de armas que a los soldados enemigos heridos, como siempre lo hicieron en Bolivia, al igual que antes lo había hecho en las montañas de la Sierra Maestra, por órdenes estrictas del Comandante en Jefe Fidel Castro.

Recuerden bien este nombre: Mario Terán, un hombre educado en la idea de matar que vuelve a ver gracias a los médicos seguidores de las ideas de su víctima.

A cuatro décadas de que Mario Terán intentara con su crimen destruir un sueño y una idea, el Che vuelve a ganar otro combate. Y continúa en campaña...

Fuentes
http://www.vive.gob.ve/inf_art.php?id_not=5043
http://www.cuyonoticias.com/content/view/3293
http://www.elpais.com/articulo/int
http://www.eldia.com.ar/edis/20071002

dp

domingo, 30 de septiembre de 2007


La víctima falsa del 11-S

¿Como la ven? La presidenta de las victimas del 11 de septiembre resulto ser una mintomana en potencia, como lo publica “el pais” ella mintio en reiteradas ocasiones al grado de ser considerada las sobreviviente mas popular del ataque a las torres gemelas.

Aqui la nota:

La historia que Tania Head compartió durante años con periodistas, estudiantes, amigos y centenares de visitantes de la zona cero era un detallado relato de vida y de muerte. Había sobrevivido, decía, al ataque terrorista del World Trade Center, pese a resultar herida cuando el avión chocó en la Torre Sur.

Arrastrándose entre el caos y los destrozos de la planta 78, decía, topó con un hombre moribundo que le dio su anillo de bodas y lo entregó después a la viuda. Ella misma se salvó, decía, gracias a un voluntario abnegado que apagó las llamas que habían prendido en su ropa antes de bajar las escaleras. En la huida le quedaban fuerzas porque pensaba incesantemente en el precioso vestido blanco que iba a llevar en su inminente boda con un hombre llamado Dave.

Entonces aún no sabía, decía, que Dave, su prometido, y en algunas versiones su marido, había fallecido en la Torre Norte. El relato de Head la convirtió en uno de los 19 supervivientes que se encontraban en el edificio por encima de la planta donde chocó el avión. Su emocionante historia tenía un gran impacto entre los estudiantes que visitaban la zona cero, donde a menudo hizo de guía para visitantes tan distinguidos como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg; su antecesor, Rudolph Giuliani, y el ex gobernador del Estado, George Pataki.

“Nunca olvidaré lo que vi”, dijo en un acto universitario en 2006. Y añadió: “Había mucha muerte y destrucción, pero siempre vi esperanza”.

Fuentes:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/victima
http://actualidad.terra.es/internacional/articulo
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/09/29/espana
http://www.blog.com.mx/entretenimiento
e-mail: diego@triadamedia.com

dp

miércoles, 12 de septiembre de 2007

LOS MUROS


La humanidad, desde siempre, estuvo dividida, aún a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron para unirla y así lograr un estado fraternal universal.
En estas épocas, de modernidad y hasta globalización, vemos como, sin prisa y sin pausa, se siguen levantando muros de división, que solo acentúan conflictos, sin contribuir, para nada, a solucionarlos, o por lo menos a atenuarlos.
Entre el siglo pasado y el actual vimos como nacía la línea Maginot, división entre Francia y Alemania que pretendía evitar nuevas invasiones germánicas al oeste de Europa, después de la Primer Guerra Mundial.
Luego de la 2da. Guerra Mundial, se erigió un muro imaginario, pero de efectos reales incuestionables, como fue la Cortina de Hierro.
La década del 50 nos mostró la concreción de la Cortina de Hierro en la triste realidad del Muro de Berlín.
En los años 60 otro cerco imaginario, pero concreto y de duración casi ilimitada, pretende aislar a Cuba de todo el continente, primero, y de Estados Unidos, en definitiva.
Hoy en día dos nuevos muros se levantan imponentes para cercar las realidades y conflictos de zonas muy distintas entre si: por un lado el muro que divide a palestinos y judíos y, el otro, el que se yergue entre Mexico y los Estados Unidos, o entre Latinoamérica y el mundo anglo sajón del norte, o entre ricos y pobres, o entre el primer mundo y el tercero.
Pensar a esta altura del desarrollo humano y de las interrelación entre los países en estos dos nuevos muros es casi algo inconcebible, pero en verdad es la síntesis de lo que vivimos: la definitiva división del mundo entre ricos y pobres, entre la raza blanca y las de color, entre los que tienen y los que no, esto último en el más amplio sentido de la frase.
Vergüenza debería ser lo que tienen los que construyen barreras antinaturales, pero en verdad no la poseen, porque su egoísmo da motivo a cometer cualquier tipo de arbitrariedad en nombre de sus valores.
Esto es solo la sustanciación de la doble moralidad con que viven algunos, que no toleran ni el más mínimo desajuste dentro de sus fronteras, pero que al salir de ellas cometen todo tipo de atropello, poniendo como pretexto la defensa de la libertad y la democracia o de su seguridad interna.
Los pobres, los desposeídos, asisten casi resignados a que los discriminen y los dejen fuera de la órbita de las naciones primer mundistas, pero solo la concientización y la denuncia permanente se convierten ahora en armas para derribar los muros que nos oprimen.
Esto ya comenzó a gestarse y, en verdad, confío que sea el camino para revertir la situación, porque, de lo contrario, los pueblos que se sientan definitivamente perdidos, podrán hacer tronar el escarmiento, que según lo enseña la historia, muchas veces es de tal magnitud, que no solo cambia el curso de la misma, sino que también, puede incurrir en excesos que nunca son bienvenidos por la razón.
Estamos a tiempo.

MORALEJA: NO IMPORTA LO GRANDE Y FUERTE QUE SEA EL MURO, SIEMPRE, SIEMPRE, TERMINA SIENDO VULNERADO

dp

domingo, 24 de junio de 2007

ALGUNOS AGRADECIMIENTOS DE VISITANTES POR EL SERVICIO DADO POR CICERONES DE BUENOS AIRES



Mayo 2006. Nombrado como "Cicerone del Mes". Publicado en nuestro newsletter Nro 13, Año V: "Daniel Pena, Cicerone desde el 2003: Un historiador en bicicleta por las calles de Buenos Aires".

Daniel Pena puede hablar por horas del proyecto modernizador argentino iniciado a mediados del siglo XIX o de la revolución de 1890, elaborar un detallado perfil del general José de San Martín o un retrato hablado del General Manuel Belgrano.
Daniel Pena podría inclusive tomar la palabra en el más acalorado debate político o dedicar integralmente su atención a una apasionada investigación histórica. Eso sí, lo único que pediría es que sea después de las 10 am. Y si es en bicicleta mejor. Y es que este Cicerone, quien hace parte de CBA desde hace tres años, se autodefine como un “amante de la noche y sus misterios”, en la cual encuentra el momento ideal para dedicarse a sus hobbies: la lectura y la investigación.
Sin embargo a la hora de pedalear, pues la práctica del ciclismo es su otra gran pasión, prefiere la longevidad de la mañana, que le permite posarse sobre la bicicleta sin mirar el rápido caminar del reloj.
Daniel trabaja actualmente en la Secretaría de Cultura, Deportes y Turismo de la municipalidad de Vicente López. Es hincha de Racing Club de Avellaneda y considera que el mayor sueño de su vida está aún por realizarse: “conocer a fondo el Reino Unido”.
Afirma haber ingresado a CBA, convencido que “nos obliga a perfeccionarnos en el trato humano, adecuándonos a culturas distintas” y considera que da “buenos resultados porque se hace por amor a su tierra”.
Desde su ingreso a CBA, Daniel ha realizado cerca de 15 visitas y recuerda particularmente la salida con una pareja panameña, con quienes asegura haber establecido profundos lazos de amistad. Lazos que, afirma, mantiene con la mayoría de los visitantes que ha tenido la oportunidad de acompañar. Y es que Daniel puede no ser un ciclista consolidado o un historiador de profesión, pero no caben dudas de su amabilidad y entrega, de la cual CICERONES y visitantes son afortunados testigos.

Diciembre 2005. Comentario a raíz de una visita de mexicanos.

Durante el mes de diciembre, Daniel realizó una visita con un visitante mexicano llamado Sergio Soltero que visitaba nuestra ciudad junto a su esposa, María Rosa.
Un tiempo después este visitante contactó nuevamente a Daniel, pidiéndole que por favor le mandara por escrito el relato sobre la historia del convento de Santo Domingo y la reconquista frente a los ingleses, relato que nuestro cicerone había compartido con ellos durante la visita.
Daniel se tomó el tiempo de armar un texto y mandárselo. Hoy, recibimos este link http://members.virtualtourist.com/m/9e939/17875d/ y
http://members.virtualtourist.com/m/9e939/17875d/6/ donde podemos leer la
experiencia de estos visitantes en Buenos Aires y sobre todo del tiempo compartido con su cicerone. Felicitaciones a Daniel y muchas gracias a Sergio y Ma. Rosa también!!
Dichos por el Sr. Soltero: "Conocer a Daniel, nuestro Cicerone en Buenos Aires, fue la mejor introduccion al fascinante mundo "porteño" en Buenos Aires. Estando en el hotel nuestro primer dia, conocimos a Daniela, historiadora Checoeslovaca que radica en ciudad de Mexico, y quien se entusiasmo al oir que esperabamos a nuestro Cicerone en el hotel. Ella se agrego espontáneamente para ir al paseo y resulto ser de lo mas interesante la sinergía histórica entre Daniel y Daniela. Viajar a un país extranjero siempre es un agradable reto. Nosotros tuvimos la suerte de contactar a la Organizacion Cicerones de Buenos Aires. Un felíz encuentro nos llevo a disfrutar de la gratísima companía de nuestro Cicerone Daniel Pena. "Porteño" con amplio conocimiento de la historia, y cultura de Buenos Aires y de la Argentina. Su grata conversación y sentido del humor nos sirvieron como una introducción ideal al FASCINANTE, vasto y polifacético mundo de Buenos Aires. Si ustedes tienen la inquietud como yo, no duden de contactarlos , y si tienen la suerte de conocer a alguien como Daniel, habran ganado un amigo en Buenos Aires".
Agrega el Sr. Soltero: "Insólito lugar donde nuestro amable Cicerone Daniel nos ha llevado. Buenos Aires atesora las únicas banderas e insignias que alguna vez rindió un regimiento inglés en toda su historia. En 1806 y 1807 la ciudad fue invadida por tropas inglesas sedientas de nuevos dominios. Podrán admirar las banderas rendidas del famoso Regimiento 71 Highlanders de Escocia, hoy atesoradas en la Basílica de Nuestra Sra. del Rosario y Convento de Santo Domingo, ubicada en pleno centro de la ciudad. Esta iglesia es una de las mas viejas. En su atrio se encuentra sepultado el General y abogado D. Manuel Belgrano, héroe de la independencia y creador de la bandera nacional Argentina.
Nosotros nunca hubieriéramos podido verlas, pues su ubicacion es realmente inesperada, además, que a la vista no es posible apreciarlas, pues estan detras del altar. Pude sentir el orgullo de Argentino de Daniel al narrarnos su histórica captura.
Gracias Cicerone Daniel..!!...ESO Y MAS MERECE EL INVASOR.!!!".

16.10.2006, de María Cristina Riofrío, de Ecuador:

Sabes que no tuvimos ningún problema con la organización de los Cicerones, lo que paso es que no pudimos coincidir en fechas con Daniel Pena, puesto que yo quede con el en una fecha y por cuestiones ajenas a mi voluntad para ese día no nos fue posible salir con él, el tenia otros compromisos para el día que nosotros si podíamos, y así nos cruzamos bastante, pero lo que si te puedo decir es que la atención que Daniel me dio en lo que él pudo fue fantástica, y les agradezco de corazón el haberse preocupado por que nos sintamos como en casa, tienen un país hermoso...Gracias
María Cristina Riofrío

08.01.2007, de Javi y María José, de Barcelona, España:

Igualmente, Daniel, nosotros también lo pasamos bárbaro contigo!!!, ya sabes, si algún día venís por Barcelona no dudéis en contactar con nosotros, tenemos un piso pequeñito pero seguro os encontramos un lugar para que lo compartais con nosotros!!

muchos besos y feliz año nuevo!!!

Javi y María José




08.01.2007, de Merce Porta, Barcelona, España:

Hola Daniel!
Ya estamos en casa después de un buen viaje de regreso.
Mañana todos empezamos ya con nuestra vida cotidiana.
Quiero darte las gracias. Nos gustó mucho la visita que hicimos contigo ya que nos enseñaste una serie de cosas que nos gustaron y que sin ti no habríamos visto.
También todo lo que nos explicaste que resultó muy interesante. Fue como tener un amigo en Buenos Aires que además ama la ciudad y sabe mostrarla.
Espero que siga todo bien
Mercè


12.01.2007, de Judit Boston, nacionalidad norteamericana, radicada en San Miguel de Allende, Mexico:

Dear Ana:
You are very welcome. Daniel Pena was an enthusiastic, knowledgable guide and we loved Buenos Aires and intend to return as soon as we can. Thank you for offering such a generous guide service to visitors. I will certainly recommend you to my friends.
Sincerely yours,
Judy Boston
PS If you or one of your guides visits San Miguel de Allende, in Mexico, please let me know and I would be happy to return the favor of a guided tour.
JB



25.06.2007, de la propia organización Cicerones de Buenos Aires

Queridas y queridos Cicerones,
Deseamos en principio agradecer a Daniel Pena por la interesantísima visita al Cementerio de La Recoleta que nos ofreció este sábado.
Tuvimos suerte con el tiempo y bajo un lindo sol de invierno que mitigaba el frío, un concurrido grupo de Cicerones y amigos recorrió los pasillosdel afamado camposanto.
Hubo momentos para repasar la historia argentina, conocer historias de amor y desamor, asustarnos con las leyendas y misterios de algunasbóvedas...
También Daniel nos adentró en la simbología masónica presente en muchas de las construcciones y nos enseñó la riqueza del patrimonio escultórico y artístico de los panteones.
Gracias Daniel y muchas gracias a todos los que pudieron venir y a quienes enviaron sus saludos! En estos días llegarán las fotos que acreditan lo sucedido. Pronto organizaremos una nueva salida, esta vez recorriendo el centro
de la Ciudad junto a Joaquín.
Y esperamos más propuestas de quienes deseen ser Cicerone de Cicerones!

Ana Lis. Coordinadora
http://www.cicerones.org.ar/ Tel/Fax: +54 11 4330 0800



DE GRUPO DE STUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD WAGNER, NUEVA YORK. ENERO 2008

Queridos Cicerones, antes que nada quiero agradecerles infinitamente por su voluntad y flexibilidad en relación con nuestro grupo. Alberto y Daniel fueron geniales, infinitamente generosos y con un conocimiento y un amor por su ciudad contagiosos. No sólo estuvieron con nosotros tres días, sino que se mantuvieron en contacto casi las 24 horas para ver si todos estábamos bien. Realmente fuimos unos privilegiados al tener como acompańantes a estos dos cicerones. Nuestra visita fue muy rica en todos los sentidos gracias a Daniel y a Alberto. Tuvimos mucha suerte y no sé cómo agradecerles. Espero que mucha gente tenga la fortuna de visitar Buenos Aires de la mano de cicerones tan maravillosos como Alberto y Daniel.

Margarita Sánchez (Profesora de Español y Coordinadora del grupo visitante de 12 estudiantes)

dp