martes, 14 de mayo de 2019

LOS SECRETOS DE LA TORRE AGUJA DE NOTRE DAME








El escritor Javier Serra sigue las huellas masónicas tras la 'flecha' desplomada. Y encuentra a la sociedad secreta de carpinteros que la fabricó en una placa también devorada por el fuego.


Todo parecía perdido. Eran casi las ocho de la tarde del lunes cuando las llamas que una hora antes se habían dejado ver sobre el tejado de Notre Dame de París rompieron por dentro la aguja de la catedral, hundiéndola contra un suelo situado 96 metros más abajo. La imagen se distribuyó a tiempo real por televisiones y teléfonos móviles confirmando el peor de los presagios: el templo más icónico de Francia estaba desmoronándose.

Tras el sobresalto inicial y el buen hacer de los bomberos, la flèche se convirtió en el símbolo de la tragedia. Al día siguiente, los principales periódicos del mundo la llevaron a sus portadas. También éste. Y la imagen se unió en el acto a nuestra particular memoria gráfica junto a los fotogramas del asesinato de Kennedy, el derrumbe de las Torres Gemelas o la huella dejada por Neil Armstrong en la Luna. «Es un símbolo», se repite ahora sin parar. El más codiciado en las tiendas de recuerdos del Sena en estos días.

Pero un símbolo es algo mucho más serio. Para uno de los padres de la moderna psicología, el médico suizo Carl Gustav Jung, «una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio». Cuando, añade, «representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros».
La cuestión es, ¿ocultaba algo la aguja de Notre Dame?

La respuesta es sí. Lo sabe bien José Luis Corral, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza y uno de nuestros mejores novelistas históricos. En 2006, en compañía de la profesora Madelaine Lazard de la Sorbona, Corral ascendió hasta las cubiertas de Notre Dame con un permiso especial. Quería ver la aguja. Por aquel entonces estaba haciendo acopio de información para su obra Fulcanelli, el dueño del secreto. El escritor, como tantos antes que él, había caído bajo el hechizo de un polémico ensayo de 1926 en el que se interpretaba la iconografía de la catedral parisina en clave alquímica. El misterio de las catedrales. En él se afirmaba que cada gárgola, estatua, relieve, vitral o detalle arquitectónico era susceptible de ser leído como un mutus liber capaz de transmutar la materia prima (plomo, pecados, ignorancia) en oro (sabiduría, riquezas, bondad). Y Fulcanelli -pseudónimo de su autor, de atribución incierta aún hoy- confería a ese elemento particular el poder de concentrar un arte y una ciencia solo para iniciados.

Tras gatear entre las vigas alabeadas de la estructura, la sorpresa de Corral al alcanzar su objetivo fue mayúscula. Clavada a la base (machón) de la impresionante flèche de 750 toneladas de madera revestida de plomo, halló una placa de 50 x 20 centímetros adornada con simbología masónica e inscrita con una curiosa leyenda:



La mención a un Devoir de Liberté le pondría tras una pista que, finalmente, decidió no incluir en su novela pero que ahora, después de lo ocurrido en París, no ha dudado en confiarme. «Es un misterio de los tuyos», me dijo esta semana. Según sus primeras averiguaciones, ese nombre oculta una sociedad secreta de la que formaban parte en el siglo XIX profesionales liberales, en especial del gremio de la construcción. A Corral incluso le fue posible rastrearla hasta los compagnonnages medievales -una especie de predecesores de los sindicatos, pero imbuidos en una filosofía cuasi religiosa que florecería después con la francmasonería-. «En el fondo, no es algo tan raro», admite. «Desde la época de las catedrales se ponía mucho celo en cómo se transmitía el conocimiento de una disciplina práctica como la de los albañiles. Todo se rodeaba de secreto para que el saber siguiera en manos de unos pocos, y se accedía a ella solo por iniciación. De aprendiz a maestro».

La placa -devorada por el fuego- demostraba que los hombres que restauraron Notre Dame en el siglo XIX fueron iniciados. De Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) se sospechaba desde hacía tiempo. Aunque nunca se ha probado su vínculo con ningún colectivo de ese tipo, se admite que tuvo familiares que fueron masones. Lo fue sin duda su socio en las tareas de rehabilitación, el arquitecto Jean-Baptiste Lassus (1807-1857). Y tras unas sencillas pesquisas fue fácil identificar al «Georges» de la placa con Henri Georges (1818-1887), un habilidoso carpintero que en los años anteriores al trabajo de levantar la aguja de Notre Dame levantó también las de la Santa Capilla de París, el monasterio de Mont Saint-Michel, la basílica de Vézelay y la catedral de Orléans, 21 metros más alta que la que acaba de colapsar. Su nombre masónico era Angevino, el Hijo del Genio. «Ballu», por último, se reveló como una empresa de carpintería de prestigio, sita en la rue des Récolets e integrada por hermanos de la misma sociedad.
«Los Carpinteros del Deber se identificaban entre sí por unos pequeños bastones de metal que llevaban prendidos de las solapas», me precisa Corral. «Era un símbolo que remitía a su método de aprendizaje: los neófitos renunciaban a su vida normal durante un periodo de cuatro a siete años en los que iban de ciudad en ciudad haciendo lo que llamaban el Tour de France. En cada urbe eran acogidos e iniciados secretamente en aspectos de su oficio».

Georges y Viollet-le-Duc trabajaron juntos durante las más de dos décadas que duró la reconstrucción de Notre Dame. Cuando empezaron sus trabajos en 1844 la aguja no existía. La original había sido demolida en tiempos de la Revolución Francesa. Sólo la inmensa fama adquirida por la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París (1831) convenció a las autoridades a destinar dos millones y medio de francos a su rescate. El asunto tiene su gracia porque sobre Hugo siempre planeó la sospecha de su filiación masónica. Sus obras rezuman alusiones a conceptos caros a esta obediencia(como los ideales de iluminación, libertad, igualdad y fraternidad), y aunque no se ha encontrado prueba alguna de su vínculo con las logias, sí las hay respecto a su padre.
«Tampoco debe extrañarnos», argumenta Corral. «El vínculo entre masones y catedrales viene de lejos. De hecho, en su mitología se explica que los primeros masones fueron los obreros que levantaron templos como Notre Dame en la Edad Media. La palabra que los designa procede de la palabra maçon, que significa albañil. Según dicen, fueron los depositarios de los secretos constructivos que les transmitió Hiram, el arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén».

Curiosamente, no resulta difícil encontrar otros rastros de esa simbología en la propia flèche. El más obvio es el gallo que la coronaba. El martes, cuando los rescoldos de la techumbre aún humeaban, un miembro del Grupo de Empresas de Restauración de Monumentos Históricos de París tuvo la intuición genial de saber en qué montón de escombros escarbar. Dio con el pesado tótem de cobre verde, abollado e incapaz de abrirse para mostrar las reliquias ocultas de su interior. Y es que, siguiendo una antigua tradición, en ese gran pináculo se había sellado una espina extraída de la supuesta corona de Cristo que Luis IX se trajo de las cruzadas, y dos huesecillos de los cuerpos de san Denis y santa Genoveva, patrones de París.

La mención a un Devoir de Liberté le pondría tras una pista que, finalmente, decidió no incluir en su novela pero que ahora, después de lo ocurrido en París, no ha dudado en confiarme. «Es un misterio de los tuyos», me dijo esta semana. Según sus primeras averiguaciones, ese nombre oculta una sociedad secreta de la que formaban parte en el siglo XIX profesionales liberales, en especial del gremio de la construcción. A Corral incluso le fue posible rastrearla hasta los compagnonnages medievales -una especie de predecesores de los sindicatos, pero imbuidos en una filosofía cuasi religiosa que florecería después con la francmasonería-. «En el fondo, no es algo tan raro», admite. «Desde la época de las catedrales se ponía mucho celo en cómo se transmitía el conocimiento de una disciplina práctica como la de los albañiles. Todo se rodeaba de secreto para que el saber siguiera en manos de unos pocos, y se accedía a ella solo por iniciación. De aprendiz a maestro».

La placa -devorada por el fuego- demostraba que los hombres que restauraron Notre Dame en el siglo XIX fueron iniciados. De Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) se sospechaba desde hacía tiempo. Aunque nunca se ha probado su vínculo con ningún colectivo de ese tipo, se admite que tuvo familiares que fueron masones. Lo fue sin duda su socio en las tareas de rehabilitación, el arquitecto Jean-Baptiste Lassus (1807-1857). Y tras unas sencillas pesquisas fue fácil identificar al «Georges» de la placa con Henri Georges (1818-1887), un habilidoso carpintero que en los años anteriores al trabajo de levantar la aguja de Notre Dame levantó también las de la Santa Capilla de París, el monasterio de Mont Saint-Michel, la basílica de Vézelay y la catedral de Orléans, 21 metros más alta que la que acaba de colapsar. Su nombre masónico era Angevino, el Hijo del Genio. «Ballu», por último, se reveló como una empresa de carpintería de prestigio, sita en la rue des Récolets e integrada por hermanos de la misma sociedad.
«Los Carpinteros del Deber se identificaban entre sí por unos pequeños bastones de metal que llevaban prendidos de las solapas», me precisa Corral. «Era un símbolo que remitía a su método de aprendizaje: los neófitos renunciaban a su vida normal durante un periodo de cuatro a siete años en los que iban de ciudad en ciudad haciendo lo que llamaban el Tour de France. En cada urbe eran acogidos e iniciados secretamente en aspectos de su oficio».

Georges y Viollet-le-Duc trabajaron juntos durante las más de dos décadas que duró la reconstrucción de Notre Dame. Cuando empezaron sus trabajos en 1844 la aguja no existía. La original había sido demolida en tiempos de la Revolución Francesa. Sólo la inmensa fama adquirida por la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París (1831) convenció a las autoridades a destinar dos millones y medio de francos a su rescate. El asunto tiene su gracia porque sobre Hugo siempre planeó la sospecha de su filiación masónica. Sus obras rezuman alusiones a conceptos caros a esta obediencia(como los ideales de iluminación, libertad, igualdad y fraternidad), y aunque no se ha encontrado prueba alguna de su vínculo con las logias, sí las hay respecto a su padre.
«Tampoco debe extrañarnos», argumenta Corral. «El vínculo entre masones y catedrales viene de lejos. De hecho, en su mitología se explica que los primeros masones fueron los obreros que levantaron templos como Notre Dame en la Edad Media. La palabra que los designa procede de la palabra maçon, que significa albañil. Según dicen, fueron los depositarios de los secretos constructivos que les transmitió Hiram, el arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén».

Curiosamente, no resulta difícil encontrar otros rastros de esa simbología en la propia flèche. El más obvio es el gallo que la coronaba. El martes, cuando los rescoldos de la techumbre aún humeaban, un miembro del Grupo de Empresas de Restauración de Monumentos Históricos de París tuvo la intuición genial de saber en qué montón de escombros escarbar. Dio con el pesado tótem de cobre verde, abollado e incapaz de abrirse para mostrar las reliquias ocultas de su interior. Y es que, siguiendo una antigua tradición, en ese gran pináculo se había sellado una espina extraída de la supuesta corona de Cristo que Luis IX se trajo de las cruzadas, y dos huesecillos de los cuerpos de san Denis y santa Genoveva, patrones de París.

La mención a un Devoir de Liberté le pondría tras una pista que, finalmente, decidió no incluir en su novela pero que ahora, después de lo ocurrido en París, no ha dudado en confiarme. «Es un misterio de los tuyos», me dijo esta semana. Según sus primeras averiguaciones, ese nombre oculta una sociedad secreta de la que formaban parte en el siglo XIX profesionales liberales, en especial del gremio de la construcción. A Corral incluso le fue posible rastrearla hasta los compagnonnages medievales -una especie de predecesores de los sindicatos, pero imbuidos en una filosofía cuasi religiosa que florecería después con la francmasonería-. «En el fondo, no es algo tan raro», admite. «Desde la época de las catedrales se ponía mucho celo en cómo se transmitía el conocimiento de una disciplina práctica como la de los albañiles. Todo se rodeaba de secreto para que el saber siguiera en manos de unos pocos, y se accedía a ella solo por iniciación. De aprendiz a maestro».

La placa -devorada por el fuego- demostraba que los hombres que restauraron Notre Dame en el siglo XIX fueron iniciados. De Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) se sospechaba desde hacía tiempo. Aunque nunca se ha probado su vínculo con ningún colectivo de ese tipo, se admite que tuvo familiares que fueron masones. Lo fue sin duda su socio en las tareas de rehabilitación, el arquitecto Jean-Baptiste Lassus (1807-1857). Y tras unas sencillas pesquisas fue fácil identificar al «Georges» de la placa con Henri Georges (1818-1887), un habilidoso carpintero que en los años anteriores al trabajo de levantar la aguja de Notre Dame levantó también las de la Santa Capilla de París, el monasterio de Mont Saint-Michel, la basílica de Vézelay y la catedral de Orléans, 21 metros más alta que la que acaba de colapsar. Su nombre masónico era Angevino, el Hijo del Genio. «Ballu», por último, se reveló como una empresa de carpintería de prestigio, sita en la rue des Récolets e integrada por hermanos de la misma sociedad.
«Los Carpinteros del Deber se identificaban entre sí por unos pequeños bastones de metal que llevaban prendidos de las solapas», me precisa Corral. «Era un símbolo que remitía a su método de aprendizaje: los neófitos renunciaban a su vida normal durante un periodo de cuatro a siete años en los que iban de ciudad en ciudad haciendo lo que llamaban el Tour de France. En cada urbe eran acogidos e iniciados secretamente en aspectos de su oficio».

 Eugène Viollet-le-Duc, autor de la 'aguja' de Notre Dame.
Georges y Viollet-le-Duc trabajaron juntos durante las más de dos décadas que duró la reconstrucción de Notre Dame. Cuando empezaron sus trabajos en 1844 la aguja no existía. La original había sido demolida en tiempos de la Revolución Francesa. Sólo la inmensa fama adquirida por la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París (1831) convenció a las autoridades a destinar dos millones y medio de francos a su rescate. El asunto tiene su gracia porque sobre Hugo siempre planeó la sospecha de su filiación masónica. Sus obras rezuman alusiones a conceptos caros a esta obediencia(como los ideales de iluminación, libertad, igualdad y fraternidad), y aunque no se ha encontrado prueba alguna de su vínculo con las logias, sí las hay respecto a su padre.

«Tampoco debe extrañarnos», argumenta Corral. «El vínculo entre masones y catedrales viene de lejos. De hecho, en su mitología se explica que los primeros masones fueron los obreros que levantaron templos como Notre Dame en la Edad Media. La palabra que los designa procede de la palabra maçon, que significa albañil. Según dicen, fueron los depositarios de los secretos constructivos que les transmitió Hiram, el arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén».

Curiosamente, no resulta difícil encontrar otros rastros de esa simbología en la propia flèche. El más obvio es el gallo que la coronaba. El martes, cuando los rescoldos de la techumbre aún humeaban, un miembro del Grupo de Empresas de Restauración de Monumentos Históricos de París tuvo la intuición genial de saber en qué montón de escombros escarbar. Dio con el pesado tótem de cobre verde, abollado e incapaz de abrirse para mostrar las reliquias ocultas de su interior. Y es que, siguiendo una antigua tradición, en ese gran pináculo se había sellado una espina extraída de la supuesta corona de Cristo que Luis IX se trajo de las cruzadas, y dos huesecillos de los cuerpos de san Denis y santa Genoveva, patrones de París.

«El culto a las reliquias y la fe que se tenía en su poder protector justificaba actos como ese», aclara José Luis Corral al tiempo que me recuerda la existencia de otra colección de reliquias ocultas en las bolas metálicas que coronan las torres del monasterio de El Escorial, en Madrid. «Los poderosos necesitaban de esa clase de talismanes para protegerse».Y aprovecha la conversación para recordarme que el hombre que lo colocó en la cúspide en 1860 resbaló tras la operación y se mató contra la cubierta hoy calcinada. «Se llamaba Remy y era de Charentes. Dos días después, quinientas personas se reunieron para formar un círculo alrededor de Notre Dame, dándose las manos. Resulta difícil no ver en ello alguna clase de ritual».

No menos llamativo resulta que la flèche albergara un autorretrato de Viollet-le-Duc. El arquitecto prestó su rostro a la estatua de santo Tomás, el único de los doce apóstoles de metal encaramados a la estructura de la aguja que no miraba a París sino al gallo. El conjunto se salvó del fuego porque fue descendido la semana pasada para su limpieza. Quiero creer que Viollet-le-Duc se retrató para señalarnos otro misterio. Tal vez la función secreta de su espectacular obra. Y es que, como gran admirador del arquitecto medieval Villard de Honnecourt, creía que una catedral era un edificio cuyas proporciones estaban ligadas al cuerpo humano. La nave ocupaba siempre el lugar del tronco. El transepto, el de los brazos. En la cabeza, el coro. Visto desde esa óptica, la aguja marcaba sobre el crucero no solo el lugar del altar -donde, por cierto, se guardaba la corona completa de Cristo y que milagrosamente ha sobrevivido a la caída de la bóveda-, sino sobre todo el lugar del corazón.

He ahí otro símbolo. Quizá el símbolo. El que explicaría por qué cuando vimos caer la flèche su imagen se nos clavó en el alma, cortándonos la respiración.

  • Autor: Javier Sierra. Escritor, Premio Planeta y autor de Las puertas templarias, novela en la que Notre Dame es protagonista.

Fuente: https://www.elmundo.es/cronica/2019/04/21/5cb899a9fc6c8320268b4692.html


dp






lunes, 15 de abril de 2019

UN MONUMENTO OCULTO EN BUENOS AIRES




MONUMENTO A LOS VOLUNTARIOS FRANCESES Y SUS HIJOS, RESIDENTES EN ARGENTINA, QUE FALLECIERON EN LAS DOS GUERRAS MUNDIALES





En el viejo edificio del ex Hospital Francés, hoy Hospital César Milstein, perteneciente al PAMI, de la ciudad de Buenos Aires, se encuentra uno de los tesoros urbanísticos de la Reina del Plata: el homenaje erigido a la memoria de los franceses residentes en la Argentina y sus hijos, muchos de ellos nacidos en nuestra tierra, que fueran a enrolarse como voluntarios en el ejército francés que combatió en las dos Guerras Mundiales.


Los nombres allí inscriptos dejaron su sangre en Francia y su recuerdo imborrable con sus nombres esculpidos en mármol, en ese pedazo de suelo francés en el Río de la Plata, para gloria de la defensa de  la libertad, de la igualdad y la fraternidad.

Gloria y loor a ellos y una exhortación a los ciudadanos argentinos para que concurran a apreciar esta obra de arte e inclinen sus cabezas como homenaje a los valientes que entregaron sus vidas.



dp





domingo, 14 de abril de 2019

EL ADMIRADO GENERAL SAN MARTIN





Nota de Miguel Angel Martínez: Hay un error histórico. Ese cuadro se lo regaló Perón a Truman en 1946. No al momento de tratar el tema de la bomba durante 1945.



Me contaron sobre la admiración de Harry Truman, 33° presidente de los EEUU, por el Libertador José de San Martín, a tal punto que este tenía en el Salón Oval de la Casa Blanca los retratos de San Martín y de Bolivar flanqueando al de George Washington (todos los nombrados hasta ahora son masones).

(...)

Es conocida la fama del Libertador en muchos lugares del mundo. Musolini mostró su admiración por él, Marx su desprecio, y un personaje singular, el expresidente de los Estados Unidos de América, Harry Truman, llevó la figura del líder de la epopeya independentista, a la mismísima Casa Blanca. Truman fue el primer presidente, y hasta donde se sabe el único, que adornó el Despacho Oval con cuadros de héroes extranjeros durante su administración.


Al iniciar su mandato, en el año 1945, colgó en medio del Despacho Oval una obra del Libertador pintada por Tito Salas. Al parecer, el presidente era admirador del prócer e incluso dejó en uno de los flancos el cuadro de George Washington junta al del Presidente Franklin D. Roosevelt. Posteriormente también agregó un cuadro de San Martín, héroe argentino, reemplazando el de Roosevelt. Una última organización de la decoración de la oficina dejó a Washington en el centro, acompañado por Bolívar y San Martín a los lados.

Autor: Francisco Ricardo Tangari Cabrera



Nota de dp: se observa claramente en la película "Día de la Independencia" un cuadro del Gral.San Martín, en el Salón Oval


También se ve un cuadro de San Martín en la película "Oppenheimer". Escena que transcurre en el Salón Oval de la Casa Blanca. Reunión entre Truman y Oppenheimer. Estreno el 20/7/2023

En despacho Oval de la Casa Blanca. Reunión de los Presidentes Trump y Milei 14/10/2025




dp




viernes, 5 de abril de 2019

EN SEMANA SANTA DEVELAMOS MENSAJES OCULTOS



VISITAS GUIADAS AL CEMENTERIO DE LA RECOLETA Y MICROCENTRO DE BUENOS AIRES




Pasemos un fin de Semana Santa completamente distinto, develando los mensajes ocultos que dejó la masonería por toda la ciudad de Buenos Aires.

El Viernes 19 de Abril, a partir de las 14:30 se efectuará la tradicional visita guiada al Cementerio de la Recoleta, donde interpretaremos la simbología vinculada con esta Orden, pero también la relacionada con lo funerario, el paganismo, el cristianismo y lo esotérico.
El punto de encuentro es debajo del gomero gigante que está frente a La Biela (Av. Quintana y Haedo, ex Ortíz).

Al día siguiente, sábado 20 de Abril, haremosun recorrido masónico por el Microcentro porteño, visitando la Plaza de Mayo, Catedral Metropolitana y las Iglesias de San Ignacio (en la Manzana de las Luces) y la de Santo Domingo (donde descansa el Gral. Belgrano).
El punto de encuentro es en la puerta principal de la Catedral, a las 15:30 hs.

El costo de cada uno de los recorridos es de 250 $. Menores de 16 años, gratis. Se pueden contratar los recorridos por separado.





Llevar algo para beber y calzado cómodo, porque la visita dura alrededor de 2 horas y media.

Tengan a bien facilitarme un número de celular donde poder llamarlos en caso de suspensión (cosa que haré con la suficiente anticipación así no viajan en vano).

Se pueden hacer pedidos especiales en días diferentes al ofrecido, previa coordinación de agenda. 

Por grupos numerosos, consultar tarifa promocional.



dp








DA VINCI: 500 AÑOS




Uno de los más grandes genios que vió la humanidad.

Nos llenó de sabiduría, belleza y misterios.

Debe ser evocado a 500 años de su fallecimiento, por su inmensa obra, hoy patrimonio esencial de todos.

Con estas simples líneas va un homenaje y una dosis de admiración profunda. 

Es de las pocas personalidades inefables que existieron.




dp











viernes, 15 de febrero de 2019

NUEVO CIRCUITO DE VISITA GUIADA A LA RECOLETA



SERA EL 2 DE MARZO




Un nuevo recorrido, fuera de la tradicional y complementario del circuito que se realiza desde hace más de 10 años, es esta nueva propuesta de visita guiada al cementerio, como lo califican muchos entendidos, el más lujoso, variado y artístico del mundo.
Poniendo el acento en la historia argentina y los Presidentes del Siglo XX, nos sumergiremos en lugares distintos y hasta menos frecuentados por la mayoría del público.

El primer recorrido de este nuevo circuito lo haremos el día 2 de Marzo de 2019, a partir de las 15 hs., con punto de encuentro debajo del gomero gigante que está frente a la confitería La Biela (Av. Quintana y Haedo, ex Ortíz).

Visitaremos, entre otros, los lugares donde descansan: Camila O´Gorman, Dominguito Sarmiento, Alfonsín, Alberdi, Rosas, Adolfo Alsina, Lavalle, Salvador María del Carril, Lonardi, Alem, Yrigoyen, el boxeador Luis A. Firpo, Ramón Falcón, Pedro Benoit (el diseñador de la ciudad de La Plata), Roque Sáenz Peña, Julio a Roca, los Premios Nobel Saavedra Lamas y Alejandro Leloir, Aramburu, Carlos Pellegrini, Remedios de Escalada de San Martín, Dorrego, Saavedra, los Alvear, etc.







El costo es de 250 $ por persona. Menores de 16 años gratis.

Llevar algo para beber y calzado cómodo, porque la visita dura alrededor de 2 horas y media.

Tengan a bien facilitarme un número de celular donde poder llamarlos en caso de suspensión (cosa que haré con la suficiente anticipación así no viajan en vano).

Se pueden hacer pedidos especiales en días diferentes al ofrecido, previa coordinación de agenda. 

Por grupos numerosos, consultar tarifa promocional.

Muchas Gracias





Escriba al e-mail o redes sociales para coordinar reservas:

danielpena1872@gmail.com

Twitter @2011dp 

Facebook Daniel Pena dp





Una nueva visión para comprender mejor el porque somos como somos




dp






martes, 15 de enero de 2019

VISITA GUIADA SOBRE SIMBOLISMO AL MICROCENTRO PORTEÑO



SABADO 16 DE FEBRERO DE 2019. 15:30 hs





LOS INVITO A DESCUBRIR LA HUELLA DEJADA POR LA MASONERÍA EN EL MICROCENTRO PORTEÑO.
DESCUBRAMOS JUNTOS EL TRIANGULO MASÓNICO Y EL JUEGO NUMEROLOGICO QUE OCULTA BUENOS AIRES.
UN RECORRIDO DISTINTO, BASADO EN LA INTERPRETACIÓN DE LA SIMBOLOGÍA, QUE TODOS VEN, PERO QUE POCOS LOGRAR DESCIFRAR.
VISITEMOS JUNTOS LA PLAZA DE MAYO, LA CATEDRAL Y EL MAUSOLEO DEL GRAL. SAN MARTIN, LA IGLESIA DE SAN IGNACIO Y LA MANZANA DE LAS LUCES, PARA TERMINAR EN LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO, DONDE DESCANSA MANUEL BELGRANO.

NO SE SUSPENDE POR LLUVIA. 
PUNTO DE ENCUENTRO: CATEDRAL METROPOLITANA, SOBRE SU COSTADO DERECHO. 15:30 hs.
COSTO: 250 $ POR PERSONA. MENORES DE 16 AÑOS NO PAGAN.
LLEVAR CALZADO COMODO Y AGUA.
DURACIÓN: ALREDEDOR DE 2 HORAS Y MEDIA

Unicamente previa inscripción vía Twitter, Facebook o correo electrónico
Escriba a los e-mails: daniel_pena1872@yahoo.com.ar
o danielpena1872@gmail.com 
o Twitter @2011dp  
o Facebook Daniel Pena dp para coordinar la reserva.



Con numeroso contingente en Plaza de Mayo


Se pueden hacer pedidos especiales en días diferentes al ofrecido, previa coordinación de agenda. 
Por grupos numerosos, consultar tarifa promocional.
Les agradecería difundir esta información entre sus contactos.

dp


domingo, 23 de diciembre de 2018

CONGRESO DE ARTISTAS MASONES EN ESPAÑA






18 DE ENERO DE 2019, 18:30 Hs – 20 DE ENERO DE 2019, 14:30 Hs

PRÍNCIPE DE VERGARA 87. Cooltural Room, MADRID


ENTRADAS EN: http://congresoartistas.masonicvipclub.com








dp







jueves, 22 de noviembre de 2018

MISTERIOSOS Y OCULTOS SIMBOLOS EN RECOLETA




 VISITA GUIADA



Será el Sábado 22 de Junio  de 2019






El Sábado 22 de Junio a las 14:30 hs, realizaré una visita  al Cementerio de la Recoleta, únicamente previa inscripción vía Twitter, Facebook o correo electrónico, encontrándonos en la esquina de La Biela, debajo del gomero gigante, en Quintana y Haedo (ex Ortíz) frente a la Iglesia del Pilar.

Se suspende por lluvia o por fuerza mayor, en este caso comunicándolo con anticipación en mi blog, correo o redes sociales (consultar antes de partir).

El costo es de 300 $ por persona. Menores de 16 años gratis.

Llevar algo para beber y calzado cómodo, porque la visita dura alrededor de 2 horas y media.

Tengan a bien facilitarme un número de celular donde poder llamarlos en caso de suspensión (cosa que haré con la suficiente anticipación así no viajan en vano).

Se pueden hacer pedidos especiales en días diferentes al ofrecido, previa coordinación de agenda. 

Por grupos numerosos, consultar tarifa promocional.

Les agradecería difundir esta información entre sus contactos.

Muchas Gracias.



Escriba al e-mail o redes sociales para coordinar reservas:

danielpena1872@gmail.com

Twitter @2011dp 

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Descripción de la propuesta


Síntesis de la historia argentina. Despliegue de lujo y arte como en pocos lugares del mundo verán concentrados.

Un paseo didáctico, entretenido, lleno de misterios, historias extrañas, mística y simbología.

Ambito donde convive el esplendor de la vida y la paz de la muerte, exhibida a simple vista, donde esta se convierte tangiblemente en el otro paso que todos damos.

Conozca los lugares donde descansan gran parte de los Presidentes argentinos, como Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña, Yrigoyen, Illia, Alvear o el primer Presidente de la democracia reconquistada después de la última dictadura militar, Raúl Alfonsín.

Asociarán lo aprendido en la escuela con la realidad, viendo los mausoleos del Almirante Guillermo Brown, la esposa del Gral. San Martín, Saavedra, Blanca Podestá, el Gobernador Juan Manuel de Rosas, Mariquita Sánchez de Thompson, Facundo Quiroga, Alberdi, Alsina. Viejos enemigos que hoy comparten el mismo camposanto, como Dorrego y Lavalle, Eva Perón y los generales Lonardi o Aramburu.

Romances, intrigas, curiosidades. Verán la misma competencia exhibicionista de riqueza como se desplegó también en los palacios de Buenos Aires.


Además contemplarán un verdadero templo masónico a cielo abierto, donde se muestra parte de los sabios misterios de la Orden laica más antigua e importante del mundo.


Una visita amena, de más dos horas, que les dará una explicación de la historia argentina, sus costumbres y los ayudará a entender el porqué somos como somos.



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