Facebo
Aterrorizado por la lucidez de la visión, Robinson intentó cancelar la pelea a la mañana siguiente. Declaró ante los promotores y los oficiales de la comisión que tenía un presentimiento fatal y que no podía subir al cuadrilátero. Sin embargo, en un intento por calmar sus nervios, los organizadores llamaron a un sacerdote y a un ministro para que hablaran con él. Estos lo convencieron de que los sueños no eran más que proyecciones del subconsciente y que no debía dejar que una fantasía nocturna detuviera un evento de tal magnitud.
Robinson, aunque reacio, aceptó pelear. El combate avanzó de manera técnica hasta el octavo asalto, momento en el que la premonición se volvió una realidad brutal. Sugar Ray conectó un gancho de izquierda seco a la mandíbula de Doyle, quien cayó de espaldas golpeándose la cabeza. Doyle nunca recuperó el conocimiento y falleció horas después en el hospital debido a una hemorragia cerebral. La culpa persiguió a Robinson el resto de su vida, pero transformó ese dolor en un acto de nobleza: al enterarse de que Doyle peleaba para comprarle una casa a su madre, Robinson donó las bolsas de sus siguientes combates para cumplir ese deseo y mantuvo económicamente a la madre de su rival durante una década, demostrando que su grandeza trascendía el boxeo.
Fa
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