domingo, 30 de agosto de 2009

PALABRAS DE RESIGNACION


Las sociedades tienen distintas formas de comportamientos y hasta usan expresiones masivas para graficar situaciones relacionadas con estados de ánimos, sociales, y hasta políticas.
De golpe, sin saber nunca del autor de las mismas, se pueden acuñar palabras o frases que se convierten de uso corriente y hasta son pronunciadas en forma absolutamente autómata, sin siquiera ponerse a analizar el sentido de las mismas.
Podríamos dar muchos ejemplos, pero solamente dos son los que provocan mi preocupación en este caso, que en forma casual se emplean en los remates de conceptos, casi siempre: una de ellas es “nada” y la otra “es lo que hay”.
El pronunciante expone su idea, que puede referirse, por ejemplo, al nacimiento de su hijo, pero termina diciendo: “nada”. Aquel que lo escucha piensa como típico argentino, generalmente, y hasta se queda con esa expresión como remate de la misma, como modismo y hasta como una palabra que “suena lindo” en ese contexto. Pero aquí viene mi preocupación, como persona interesada en la interpretación del simbolismo, del porque se dice “nada”, como si en verdad “nada” es lo importante anteriormente expresado.
Si no lo es, ¿para que se dijo?. O se intenta minimizar la felicidad o el drama del concepto vertido, o si en verdad “nada” importa, solo concentrar el protagonismo fugaz del momento de atención que le dispensan los que lo escuchan.
La “nada” es… “nada”. Es la no existencia. Es, hasta, descalificar lo dicho, usada de esta manera. Es vaciar de contenido la idea y que, una sociedad remate, casi masivamente, sus ideas terminando de decir “nada”, significa que nada importa, que nada vale.
Esto es lo contrario del concepto de sociedad y pasa a ser expresión moderna de momento críticos, pero demostrando una apatía dramática antes las situaciones que vivimos.
Rematar nuestras frases con la palabra “nada” es asumirnos en aquello que la sabiduría popular ya encasilló en la cultura de: “me chupa un huevo todo”.
Después no nos quejemos de cómo estamos y como nos va, si hasta inconcientemente asumimos que “nada” es importante, solo “caretear” haciéndose pasar por “modernos”.

“Es lo que hay” es la otra expresión digna de análisis, que para mi modesto entender, marca el concepto de resignación total ante la solución de situaciones problemáticas.
Esto sintetiza algo parecido a “no se pudo hacer otra cosa”, “no tenemos los medios o los recursos”, o “la culpa la tiene otro”, que más allá de encontrar la explicación del resultado de determinado emprendimiento, marca que el mismo no es el ideal, presuponiendo de antemano que los resultados no son los óptimos.
“Es lo que hay” es otra frase barata de resignación y por eso no tiene un mísero gramo de esperanzas de cambios a encarar. Muchas veces se está condicionado para el logro de resultados satisfactorios, pero se debe de asumir que esos mismos resultados pueden ser perfectibles siempre, aprendiendo de los errores o procurando los recursos necesarios que faltaron o fallaron anteriormente.
Decimos “es lo que hay” y se terminó la cuestión, nos resignamos, asumimos la mediocridad, nos damos media vuelta y nos vamos. Triste realidad.
Pongamos las “barbas en remojo”, porque somos producto de lo que hacemos y decimos y si no cuidamos los símbolos de esos acontecimientos, en este caso el más importante: la palabra, estamos condenamos al fracaso.
Si esto pasa ya “nada” importa

dp

4 comentarios:

Eduardo Prina dijo...

¡Muy cierto! No se me había ocurrido como el lenguaje, y este nuevo modismo, condicionan nuestro pensamiento.

Galileo Galilei dijo...

Coincido con lo que has vertido en este escrito, Daniel. "El Hombre es esclavo de sus palabras", alguien lo dijo. Por eso debemos cuidar mucho qué decimos, cómo lo decimos y cuando lo decimos; todos esos factores pueden generar ataduras mentales que resulta dificil superar. Un abrazo!

monycacornejo dijo...

Coincido absolutamente,en el uso del término "es lo que hay",una persona muy allegada a mi la usa en forma constante, y siempre para mis adentros dije: qué ignorancia! qué resignación! qué poca voluntad de modificar situaciones!, expresaste en palabras, lo que pienso y "debo" callar.
Mónica de MDQ

Anónimo dijo...

Pongamos las “barbas en remojo”, porque somos producto de lo que hacemos y decimos y si no cuidamos los símbolos de esos acontecimientos, en este caso el más importante: la palabra, estamos condenamos al fracaso...........
Joaquín M. Muzlera