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jueves, 12 de septiembre de 2024

OTRA GUERRA QUE NO ESTALLO



Espionaje en el sur. El intrépido piloto naval que instaló una base aérea en el Nahuel Huapi y detuvo la invasión chilena a la Patagonia en 1930.


Por Claudio Meunier

PARA LA NACION




Alberto De Sautu Riestra, alférez de fragata, aviador naval, promisorio oficial de la Armada Argentina, nace el 28 de marzo de 1903 en la ciudad de Buenos Aires. Es nieto de un oficial que participó en la Batalla de Caseros y sobrino directo, por línea materna, de un Premio Nobel: el afamado médico argentino Bernardo Houssay.

Lleva en su interior una apasionada obsesión por la historia. En especial, por la desconocida y extensa Patagonia. Posee una voluptuosa biblioteca sobre ese pedazo de la patria que desveló a Juan Facundo Quiroga, Julio Argentino Roca, Juan Manuel de Rosas... y a los pioneros que exploraron sus vastos territorios.

Su agudeza intelectual le permite leer entrelíneas y, a través de las noticias, adelantarse a hechos que se presentan como insignificantes. Es así como descubre, entre las publicaciones que llegan al casino de oficiales de la Aviación Naval en Punta Indio, una publicación técnica del país trasandino. En una de sus páginas informa que el gobierno chileno ha inaugurado un correo aéreo con hidroaviones biplanos Vickers Vedette entre dos de sus puertos australes: Puerto Montt y Puerto Aisen.

Semejante revelación no lo sorprende. De Sautu Riestra entiende que los vuelos de reconocimiento pueden ser el principio de un plan de invasión a la inhóspita Patagonia argentina. Sin dudarlo, se pliega a Gregorio Portillo -futuro almirante- en su pequeña guerra fría

Coinciden en la necesidad de generar medios para controlar y detener a los intrusos chilenos. Ambos señalan sobre un mapa una posición clave en la provincia de Rio Negro, ideal para establecer un destacamento aeronaval transitorio. El lugar elegido es el Lago Nahuel Huapi.

Y seleccionan también las primeras aeronaves que afectarán al nuevo destacamento: los biplanos Fairey III.F de manufactura británica que posee la Aviación Naval Argentina. Fundamentan su elección en que poseen un motor potente, el Panther VI de 625 hp, especial para vuelos de reconocimiento, y en que son capaces de realizar tareas de bombardeo.

Portillo no sabe con exactitud cuántas naves posee la aviación chilena. Le han informado sobre dos biplanos Fairey de un modelo anterior, más antiguos que los de la Aviación Naval Argentina. También trascendió en su momento que habían comprado otros cinco biplanos del nuevo modelo Fairey III.F, el mismo que opera la Armada Argentina. Pero tiene conocimiento de que poseen otros modelos de aviones, en número desconocido, y esto pone un manto de peligro sobre toda la operación.

El capitán de fragata Marcos Zar, fundador de la Aviación Naval Argentina, valiéndose del servicio de escucha de radiotelegrafía en Puerto Belgrano confirma la presencia de un modelo de aeronaves desconocido. Localiza además la numeración de los aviones trasandinos y agrega un último dato: “Es evidente que aviones chilenos están volando sobre nuestro territorio, desde Chile hasta Brasil o Paraguay. Su capacidad y radio de acción está probado, creo que ninguno de ellos se ha quedado en nuestro territorio o desconocemos si se reaprovisionan aquí (sospecho lo hagan), hay que aceptarlo”.

Vuelo de exploración a Nahuel Huapi

Finalmente, la operación (secreta, por supuesto) comienza con un vuelo de exploración. El teniente de fragata Evaristo Velo y De Sautu Riestra asumen la responsabilidad de “abrir” la ruta entre Punta Indio y Nahuel Huapi. Eligen un biplano entelado de escuela identificado como (E-30) de origen americano conocido como Huff Dalland Petrel equipado con motor radial Wright y hélice de madera.

Antes de partir los mecánicos preparan el frágil Petrel: el tren de aterrizaje del biplano no parece apto para operar en la pampa agreste. Despegan desde la pista de tierra en la Base Aeronaval. El bramido del motor radial se amplifica allá abajo sobre los pequeños poblados y las pequeñas lenguas de fuego que salen de los escapes le indican al piloto que todo marcha en orden. Ponen rumbo hacia el Valle del Río Negro buscando cubrir su primer tramo. Siguen la vía del Ferrocarril General Roca que los llevará hasta la Estación Fortín Uno, primera etapa a cumplir en el raid de exploración.

Durante la aproximación final, el Petrel cruza por encima de un alambrado y una imprevista ráfaga de viento empuja al biplano contra el terreno. El Petrel golpea el suelo y se desliza marcando un surco a su paso que señala el fin del vuelo.

De Sautu Riestra y Velo emergen de sus puestos conmocionados. Poco después, desde la estación de trenes, radian un mensaje a Punta Indio; “Accidente en Fortin I, tripulantes ilesos, volvemos con el avión a bordo de un vagón de carga”.

Apenas 72 horas después del aterrizaje fallido, Velo y Sautu Riestra retoman la misión, cubren las etapas con éxito y alcanzan el destino anhelado: la Estancia El Cóndor junto al Lago Nahuel Huapi.

Los pobladores extasiados ante la aparición de la Aviación Naval se vuelcan de lleno al lugar para saludar a los aviadores navales y conocer el modesto pájaro entelado que lleva las anclas pintadas en sus alas.

De Sautu Riestra solicita ser llevado sin perder tiempo hasta la oficina del Telégrafo y comunica a la base de Punta Indio el escueto parte; “Ruta abierta para la Aviación Naval”.


“Chile planea una invasión”

De regreso en la base de hidroaviación de Puerto Belgrano, ultiman detalles para repetir el raid al lago Nahuel Huapi, esta vez con los dos Fairey III.F adaptados con pontones para poder aterrizar en la superficie del lago. Además, incluyeron soportes para colgar bombas.

El despegue se demora porque uno de los Fairey falla en la puesta en marcha. De Sautu Riestra informa el contratiempo a la superioridad. Corre contra el tiempo, siente que su obsesión por lograr que el lago sea una futura base de operaciones lista para la acción puede diluirse entre sus manos. Finalmente, llega la escueta orden desde la comandancia de la Aviación Naval: “Suspenda el vuelo, no es necesario, la cordillera está en paz”. Su desazón es total.

Vale una aclaración: Hindenburg siente un especial aprecio por el caudillo radical que nunca declaró la guerra a su país, Alemania.

Yrigoyen no pierde tiempo y envía al general Severo Toranzo, inspector general del Ejército Argentino, junto a su hijo, el teniente Carlos Severo Toranzo Montero.

Hindenburg, los recibe y revela el secreto sin tomar rodeos: “Chile planea una invasión a la Patagonia argentina. El presidente Ibáñez tiene problemas y necesita de acciones bélicas para dominar su frente interno. Dígale al presidente Yrigoyen que esté atento, muy atento”.

Ambos oficiales, a su regreso de Europa, comunican la noticia al presidente Yrigoyen que resuelve ir tras el futuro problema.

En la Base Aeronaval de Puerto Belgrano De Sautu Riestra prosigue con sus tareas diarias y carga consigo su obsesión reavivando el vuelo de los Fairey. El capitán de fragata Jensen, le ordenan presentarse en enero de 1930 ante el General Toranzo. Pocas palabras le bastan para comprender la gravedad y el peligro en que se encuentra la Patagonia.

Hindenburg

Toranzo interroga a De Sautu Riestra;

-¿Que necesita usted para ejecutar el raid y montar una pequeña base de operaciones en la frontera sur?

-La orden, contesta el aviador naval

-Ya la tiene… responde el general Toranzo.

El 29 de enero de 1930, a las 4:55 horas, los dos Fairey III.F con flotadores (AP-1) y (AP-2) corren por las aguas de Puerto Belgrano. El ronquido de los motor Panther se amplifica entre los hangares de la Base Naval perdiéndose con el graznido salvajes de las primeras gaviotas que despuntan la mañana.

El reducido grupo de avanzada está compuesto por ocho hombres. Van tres en cada hidroavión mientras que los otros dos conducen a destino en un pequeño camión cargando herramientas y combustible.

Los Fairey, comandados por el alférez De Sautu Riestra y el suboficial Arturo Feilberg, vuelan directo a San Carlos de Bariloche. Acuatizan en Puerto Pañuelo, Llao Llao, una isla hoy transformada por el hombre en una península. Entre los tripulantes de los hidroaviones se encuentra el fotógrafo Jaime Mut, cuya misión es fotografiar las posibles fuerzas chilenas al otro lado de la Cordillera.

En tierra los esperan el teniente de fragata Bachini y el mecánico ayudante Luis Pefaure, oriundo de Bariloche, que ha sido recomendado por De Sautu Riestra pues sabe que conoce de memoria la zona. El señor Otto Rothlisberger les ofrece alojamiento y a su disposición una lancha.

De inmediato, De Sautu Riestra y Feilberg comienzan los vuelos de exploración. Se elevan por encima de los picos más altos de la cordillera y recorren los pasos fronterizos. El fotógrafo Jaime Mut descubre y retrata, muy cerca de los límites argentinos, movimiento de tropas chilenas. Sus imágenes detallan la existencia de dos importantes agrupaciones que parecen esperar órdenes frente a los pasos del Arco y Tromen.

Las fotografías llegan a manos del presidente Yrigoyen que dispone el traslado de tropas al sur. El conflicto parece inminente. Sin embargo, al enterarse que el gobierno alemán reveló sus planes y que la Argentina tenía imágenes de sus tropas movilizadas, Ibáñez detiene la invasión. Su temeraria acción fue desbaratada gracias al rápido accionar de la Aviación Naval.


De regreso a Base Naval Puerto Belgrano, De Sautu Riestra es informado de una nueva misión: debe viajar a Buenos Aires, el Presidente Yrigoyen lo ha convocado. Unos días más tarde, en la antesala del Despacho Presidencial, el general Toranzo lo felicita.

Minutos más tarde, Yrigoyen recibe al joven alférez de fragata. Le extiende la mano, lo mira fijamente y le dice; “Gracias, en nombre del país, gracias en nombre de la patria”

La brillante carrera de Alberto De Sautu Riestra se confunde con la turbulenta historia política de Argentina. Milita en el radicalismo revelando su faceta de orador en actos públicos, pero finalmente busca el exilio de Montevideo, Uruguay, donde contrae matrimonio con Sarah Murray. Regresa con su familia a Buenos Aires poco tiempo después.

La empresa Aeroposta Argentina S.A lo contrata como piloto de sus aviones postales Latecoere 28. Sus manos aferradas a los controles lo llevan de nuevo a la Patagonia, el paraíso que lo tuvo como custodio.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/espionaje-en-el-sur-el-intrepido-piloto-naval-que-instalo-una-base-aerea-en-el-nahuel-huapi-y-detuvo-nid11092024/




Nota de dp: como dato, Argentina era una potencia económica en esos años. Chile la hubiera pasado muy mal en caso de concretar la invasión. Esto es un dato objetivo.




dp





martes, 20 de febrero de 2024

JUGADA MAGISTRAL DEL PERITO MORENO


El cambio de curso del río Fénix en la negociación de los límites con Chile. Una idea del “Perito” Moreno que nació en Neuquén.


Por Eduardo Rebord




Río Quilquihue en la actualidad, en su nciente en el lago Lolog.




En los trabajos de relevamiento del terreno para establecer los límites entre ambos países, Chile y Argentina nombraron comisiones de especialistas y “peritos” que recorrieron la zona cordillerana durante meses. Por Argentina fue nombrado por el gobierno nacional Francisco Pascasio Moreno. Designación con la cual pasó a conocerse popularmente a este personaje. De Francisco Pascasio Moreno a Francisco “Perito” Moreno.

Cuándo los relevamientos fueran terminados, todo el material sería elevado para su análisis a la Corona Británica, elegida como árbitro por ambos países.

Ambas comisiones trabajaron intensamente, dejando mucho material escrito y pintorescas “anécdotas” de negociación.

Una de ellas, tal vez la más conocida, es el “cambio del curso” del Río Fénix en la actual provincia de Santa Cruz.



Cuenca del Lago Buenos Aires



Allí el río nacía en cercanías de la zona cordillerana y corría naturalmente hacia el océano Pacífico, es decir que su pendiente era hacia ese océano. Y de acuerdo a lo que se estaba negociando, la “divisoria de aguas” determinaba el límite. Ríos y lagos de pendiente Pacífica y sus cuencas pertenecían a Chile y los de pendiente Atlántica a la Argentina. Por lo que, según ese principio, la cuenca del río Fénix era derecho del vecino país de Chile.

Moreno, cuándo observa el recorrido del río en el terreno ve que la “divisoria de aguas” estaba formada por unas elevaciones de escasa altura de material morénicoi, que hacía que las aguas se dirijan al oeste.

Se le ocurre que, si “remueve un poco de rocas y tierra” puede hacer que ese curso de agua cambie su dirección y se dirija al este… aunque sea parcialmente, lo que otorgaría derechos a nuestro país sobre ese territorio.

Casi de inmediato da órdenes a su colaborador, el Señor Clemente Onelli para que busque trabajadores entre los habitantes de las colonias “Galenses” en nuestro país y que “con picos y palas” remuevan materiales en la zona de la divisoria de aguas, para que construyan un canal por el cuál el río Fénix “naturalmente” se dirigirá hacia el río Deseado, pendiente del océano Atlántico. En la zona denominada del “Nacimiento” que se encuentra cercana a la localidad de Perito Moreno. Luego de mucho trabajo y protestas de los trabajadores, la zanja quedó terminada 11 días antes que llegue al lugar la Comisión de límites…Y las aguas fluyeron “naturalmente” al río Deseado.



Desvío del río Fénix



Pese a las denuncias de Chile a la Cancillería Argentina que respondió desestimando la acción, ese tramo del río continuó su curso hacia el río Deseado “que parecía que lo hacía naturalmente desde hacía mucho tiempo” como lo observó Onelli en un viaje posterior.

Con la confusión que ocasionó la obra y la discusión que creó tal práctica entre ambas Comisiones, y ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, el laudo inglés determinó que el límite debía pasar por la parte media de la zona cordillerana, en el lago cercano que pasó a denominarse Lago Buenos Aires del lado Argentino y Lago General Carrera del lado Chileno.

El territorio del río Fénix al este fue concedido a la República Argentina. Una “avivada criolla” entre tantas utilizadas por Moreno en la negociación y que darían para un largo debate.iii

La difusión de algunas prácticas utilizadas por Moreno para argumentar por nuestro país y para desestimar las presentadas por la Comisión Chilena, llevaron a que el naturalista fuera muy criticado y recibido con silbatinas y pedradas cuándo visitó Chile.


Aunque no es objetivo de éste artículo juzgar esa acción o la suma de otras en situación de argumentar para determinar los límites. Sino indicar que esa idea se le había ocurrido al “Perito” Moreno meses antes, mucho más al Norte cuando recorría el territorio del Neuquén, en el valle del “Maipú” entre la zona del río Quilquihue y el Cerro Chapelco, en las cercanías del lago Lácariv

Guiándonos por su informe la podemos rastrear con precisión en el momento en que analiza la posición chilena sostenida por el Doctor Oscar Fisherv sobre el “paso del Chapelco”, donde hoy se sitúa la ruta nacional n°40, en el valle del río Quilquihue, cercano al actual emplazamiento del aeropuerto.

Según Fischer, ésta zona es un valle glaciar de unos 10 kilómetros de ancho que constituiría la divisoria de aguas que continúa en el cordón del Cerro Chapelco. Y que, por lo tanto, y de acuerdo a los términos de la negociación, la cuenca hidrográfica que se dirige al Pacífico es derecho territorial chileno, el valle que indicamos, parte del Cordón del cerro Chapelco, los lagos Lácar-Nonthué, Queñi, etc.

Moreno en su Memoria, dice que camina por el mismo valle del río Quilquihue en compañía del Sr. Hauthal, uno de sus colaboradoresvi y que llegando a unos “medanitos” morénicos con el objetivo de precisar el punto en que se produce la división de las aguas “vimos que bajo ese medanito se confunden” siguiendo las aguas que se vierten a ese río y de ahí a la pendiente del Atlántico y las que lo hacen a la pendiente Pacífica. Esa observación se puede realizar sin dificultad aún en nuestros días, a pesar de algunas construcciones como el trazado de la ruta o el aeropuerto, entre otras.

Y continúa, “Hubiera sido necesario poseer niveles de precisión para conocer el desnivel exacto entre el Río Quilquihue y las aguas que descienden hacia el Pacífico, pero desde ya puedo decir que creo que una cuadrilla de veinte peones podría, en veinticuatro horas, desviar el curso del Quilquihuevii y arrojar todas sus aguas al llano de Maipú. Cuestión de remover un poco de barro y arena y nada más.” para hacer derivar la pendiente al océano Atlántico.

A pesar de que es el río Quilquihue el que naturalmente tiene pendiente Atlántica, y que en realidad es el Río Chapelco Grande el que corre por los llanos del Maipú hacia el lago Lácar, de pendiente Pacífica el que no sería muy difícil de desviar hacia el río Quilquihue con poco trabajo.

Aunque no cambia mucho ésta confusión de cursos de agua, sino la idea que de ellos surgen.


Dentro de su particular argumentación que utilizó durante toda la negociación por el límite cordillerano, el “Perito” nos dice que el Sr. Fischer no alcanzó a conocer el lugar con detenimiento porque sólo estuvo dos días, insuficientes para recorrer el área y hacer un relevamiento exhaustivo. Aunque si leemos el Informe, él mismo Perito estuvo poco tiempo… (en ésta zona se detiene “algunas horas”) Y continúa que se necesitaban trabajos más precisos para sostener la posición chilena en el área.

En el mismo texto que resulta llamativamente extenso por las descripciones que realiza, Moreno continúa citando cerros sin precisión alguna (Cerro del Perro, etc. ? -textual-) y sin argumentos desestima el relevamiento chileno… cómo fue su estrategia y costumbre.

Dos páginas de descripciones y argumentaciones que no fueron necesarias ya que la zona fue cedida a Argentina en el laudo arbitral.

Una idea que nace en el territorio del Neuquén pero que fue llevada a cabo como vimos, en el sur del sur de la zona en conflicto algunos meses después.


Francisco P. Moreno


Notas: 

i) Material de arrastre de un glaciar.

ii) Clemente Onelli escribe en Trepando los Andes “En este paraje en el año 1898, siguiendo las instrucciones del perito Dr. Moreno, desviamos el curso de ese río que desagua en el lago Buenos Aires, haciéndole correr como afluente del río Deseado. Quedé un rato contemplando la obra que los años y las inundaciones habían completado abriendo más caudaloso lecho; recordé los once días de trabajo febril con las manos llagadas por el uso de la pala; recordé que se debía terminar esa prueba de la teoría de Moreno para el día que llegase a pasar por allí el perito chileno, y recordé el motín de algunos hombres que tuve que dominar, revólver en mano, acobardados por la ímproba tarea: se me presentaron a la mente esas horas de ansia, cuando abierta la boca del canal, las aguas durante una noche, se estancaron allá donde termina la pampa, irresolutas en seguir la pendiente del cañadón del río Deseado. Ahora el río entra tranquilo por ese canal y sus aguas se deslizan veloces como si siempre hubiesen hecho eso desde el principio de los siglos”

iii) Esta acción fue denunciada por el vecino país y respondida la misma por la Cancillería quien reconoce lo hecho por Moreno pero no lo juzga, sino que hasta le dala razón en el argumento de Moreno de que sólo había vuelto el curso a lo que era históricamente. Incluso dice que habían vuelto el cauce a lo que era naturalmente, lo que parece no ser cierto por cuánto Onelli mismo dice que tiempo después pasó por ahí y al observar el río no notó el trabajo que habían realizado y que parecía correr naturalmente por ahí…


iv) Ver El último viaje, en Más Neuquén.


v) Fischer era un científico alemán muy preparado y reconocido internacionalmente.


vi) Ver El último viaje en Más Neuquén. 


vii) El río Quilquihue tiene pendiente natural al Atlántico. El río que atraviesa el valle y constituye el primero que nace y desciende hacia el lago Lácar y que atraviesa la ruta 40 es el río Chapelco Grande… y es muy posible que a ese río refiera Moreno.


Fuente: https://masneuquen.com/el-cambio-de-curso-del-rio-fenix-en-la-negociacion-de-los-limites-con-chile-una-idea-del-perito-moreno-que-nacio-en-neuquen/


Glaciar Perito Moreno




domingo, 17 de octubre de 2021

JULIO ARGENTINO ROCA: FUNDADOR DE LA ARGENTINA MODERNA

 



Por Juan Pablo Bustos Thames





El 19 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario del fallecimiento de Alejo Julio Argentino Roca, el segundo tucumano en ocupar la primera magistratura de la república, el primero en ser reelecto y el ciudadano que más tiempo permaneció frente al Poder Ejecutivo Nacional, al acumular doce años alternados en la Presidencia.

Roca nos legó las bases de la Argentina que conocemos hoy. Ejerció su gestión entre 1880-1886 y 1898-1904. Esperó dos mandatos constitucionales completos para volver a ocupar el sillón de Rivadavia, sin tener que reformar la Constitución Nacional, como sí lo hicieron otros presidentes. Fue el segundo mandatario más joven de la nación. Asumió a los treinta y siete años de edad.


Con 37 años, Roca fue el segundo mandatario más joven de la Argentina.

Fue un estadista con todas las letras y el máximo referente de la generación del ochenta, esa camada pujante que fundó el Estado argentino moderno. Como militar, hizo sus primeras armas en los enfrentamientos civiles entre el estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina. Hijo del coronel tucumano José Segundo Roca, héroe de la Guerra de la Independencia, de la Guerra contra el Imperio del Brasil y de las guerras civiles, destacó siempre por su valor en el campo de batalla, donde consiguió todos sus ascensos. El joven Roca se desempeñó en la Guerra con el Paraguay, conflicto en el que perdería a su padre, dos de sus hermanos y dos primos. Hasta hoy se recuerda el temple del joven mayor Julio Argentino Roca, cuando tuvo que obedecer, a regañadientes, la orden de retroceder, luego de un frustrado intento argentino de asaltar las trincheras paraguayas en Curupaytí. La providencia quiso que fuera el único jefe que no resultara herido en la acción y que se viera obligado a retirarse, al paso, a la cabeza de su legendario y disminuido batallón Salta, portando en alto, en una mano, la bandera de su unidad, perforada por la metralla enemiga, y en la otra, las riendas de su caballo, que había cedido para cargar allí a un teniente herido, a quien acababa de salvar la vida.

Julio Argentino Roca impresionó favorablemente a los distintos presidentes que se sucedieron a partir de la organización nacional. Justo José de Urquiza, amigo de su padre, lo admitió en el Colegio de Concepción de Uruguay, que tenía una sección militar, de donde egresaría como cadete de artillería. Bajo sus órdenes, lucharía hasta agotar todos los cartuchos, disparando su batería de dos cañones en la batalla de Pavón, al negarse a retroceder. Cuando su padre cabalgó hasta su puesto de combate para convencerlo de que había que abandonar la batería, porque la acción estaba perdida, Roca se cuadró ante este "oficial superior" y le dijo que no lo haría, porque no había recibido orden de retirada y porque "les había tomado mucho cariño a mis dos cañones; no los quería abandonar".

Generó muy buen concepto en Bartolomé Mitre, a raíz de su valor demostrado en la Guerra del Paraguay; en Domingo Faustino Sarmiento, sorprendido por su eficacia en el manejo político de los conflictos civiles que, sucesivamente, estallaron en el interior, mientras el Ejército Nacional luchaba en el Paraguay. En esa etapa, Roca desplegó su innato don de líder político y desactivó conflictos. Muchos, usando su capacidad de persuasión, sin tener que disparar un tiro. Sarmiento desconfiaba del joven Roca al principio, tanto que le recriminaría a su ministro de Guerra y Marina, Martín de Gainza: "Le he pedido a usted un hombre de energía e inteligencia, a un guerrero probado y no un barbilindo". Sin embargo, en vísperas de concluir su mandato, el Loco Sarmiento, ante cada situación difícil, le decía a Gainza: "Lo quiero a Roca allí". Así fue que Roca se fue granjeando, de a poco y con eficiencia, el apoyo del cascarrabias mandatario sanjuanino.


El alter ego de Roca en la Presidencia fue, sin lugar a dudas, su comprovinciano Nicolás Avellaneda. Su asunción como primer mandatario, en 1874, vino acompañada de una seria revuelta, en varios puntos del país. Para sofocar el más grave, en Mendoza, Avellaneda convocó a Roca, quien, merced a una hábil estratagema, venció a los sublevados en una acción donde se produjeron pocas bajas y desbarató a los revolucionarios, entre los que estaba un antiguo superior suyo, a quien Roca facilitó la huida. No bien se enteró de esta victoria, eufórico, desde Buenos Aires, Avellaneda le telegrafió: "Lo saludo, general de los ejércitos de la república, sobre el campo de la victoria". Lo apodó El Zorro, mote que lo acompañaría toda su vida. Así fue como Roca llegó al generalato y Avellaneda empezó a pergeñarlo como sucesor, en la Presidencia.




Fue elegido presidente por abrumadora mayoría en el Colegio Electoral de 1880 (155 votos contra 70). En septiembre de ese año se sancionó la ley por la cual la ciudad de Buenos Aires pasaba a ser, formalmente, capital de la república. Hasta ese entonces, el Gobierno nacional vivía de prestado en la ciudad y se había generado una incómoda cohabitación con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que también tenía sede allí. A partir de esta ley, originada por el arribo de Roca al poder, se federalizó la ciudad y dos años después, bajo su mandato, se fundó la ciudad de La Plata, actual capital bonaerense. Se solucionaba, de este modo y definitivamente, "la cuestión de la capital", que tantos conflictos civiles había traído hasta entonces.

Respetó la Constitución Nacional en su faz formal; veló porque se observaran los derechos y las garantías allí consagrados. En especial, respetó, absolutamente, al igual que sus antecesores, la libertad de prensa y de expresión. Aceptaba estoicamente las críticas, las injurias y los agravios como parte del juego democrático y constitucional. Jamás se le pasó por la cabeza acallar a los medios opositores o amordazar a quienes no pensaban como él.

Bajo su mandato se inició un crecimiento económico sostenido de la Argentina, que se prolongaría, con algunas intermitencias, hasta la primera mitad del siglo XX. Inició las obras de los puertos de Ensenada y Buenos Aires, que hasta entonces no tenían infraestructura para recibir pasajeros, ni para el comercio. Desarrolló Puerto Madero y construyó el Hotel de Inmigrantes, donde se alojarían muchos de nuestros antepasados, que llegaron a nuestras costas.

La inmigración se disparó bajo su mandato y Buenos Aires, de ser una aldea semirrural, pasó a ser una importante urbe pujante en el mundo, al compás del crecimiento de las principales ciudades del interior.


Roca tuvo una participación clave en la federalización de Buenos Aires y en la consolidación de nuestras fronteras.

Impulsó la ley 1420, de educación laica, gratuita y obligatoria, de todos los niños de 6 a 14 años, por la que instauró un régimen de vanguardia, modelo para toda América Latina. Al poco tiempo, hizo caer bruscamente el analfabetismo en la Argentina, dándole la fama que conserva hasta el día de hoy, la de contar con una población educada, en líneas generales. Ello le otorgó importantes ventajas competitivas en la región. Roca concretó, así, lo que Sarmiento había concebido y no había logrado plasmar en una ley. Hasta hoy todos valoramos la importancia y la trascendencia de esta ley, pero muchos desconocen que su mentor fue Roca. De ser un país semianalfabeto, al finalizar su primer mandato, funcionaban 1.741 escuelas públicas y 611 colegios privados, en todo el país. Había 168.378 alumnos; 133.640 de ellos concurrían a la escuela pública. Se registraban 4.736 docentes.

No voy a desarrollar aquí su gran obra, que consistió en la incorporación efectiva al territorio nacional de toda la Patagonia, y de regiones del Chaco y la Puna. Gracias a él la Argentina duplicó su extensión territorial mediante la incorporación de zonas que hasta entonces eran desérticas, u ocupadas por indígenas nómades o violentamente hostiles a los habitantes del territorio argentino. De este modo, Roca se anticipó a que estas áreas fueran ocupadas por países vecinos, o bien fueran objeto del expansionismo británico (que no le hubiera costado mucho hacerlo, desde su base, en Malvinas), o francés (que hasta tuvieron un autoproclamado y excéntrico "monarca" entre las tribus patagónicas). A Roca le debemos que las actuales provincias de Misiones, Formosa, Chaco, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego sean argentinas, amén de otras extensas zonas fronterizas con Chile, Bolivia y Brasil, ubicadas fuera de ellas.




Multiplicó la extensión de las líneas férreas y sancionó la ley 1.565 del Registro Civil. El Estado comenzaba a tomar razón de los principales acontecimientos de relevancia jurídica en la vida de las personas: su nacimiento, su fallecimiento, su matrimonio, que hasta entonces se regían por las inscripciones religiosas.

En su primer Gobierno impulsó la ley 1.130, de 1881, de unificación monetaria. Hasta ese momento, cada provincia emitía su propio papel moneda, fenómeno similar a la emisión de bonos provinciales generalizado desde 1985 hasta 2002.

Las monedas locales dificultaban el comercio interprovincial y significaban verdaderas aduanas locales prohibidas por la Constitución Nacional. Para terminar con este escándalo, obligó a todas las provincias a canjear sus valores por la moneda nacional, que desde entonces se impuso como único medio de pago en todo el país.

Creó los territorios nacionales, que dependían del Gobierno central y estaban localizados en las zonas de fronteras, recientemente incorporadas a la jurisdicción nacional, a fin de organizarlas y protegerlas ante alguna pretensión extranjera.


Firmó el pacto de límites con Chile, en 1881, que aseguró la paz con ese país, ya que se había llegado al borde de una guerra. Con este tratado, el país trasandino reconoció la soberanía nacional en toda la Patagonia argentina. Fue Roca quien consiguió que Chile reconociera, como principio divisor fronterizo, el de las cumbres más elevadas de la Cordillera de los Andes, que dividen las aguas hacia el Atlántico (Argentina) o el Pacífico (Chile). Impulsó las colonias galesas en la Patagonia, que aseguraron la presencia y la ocupación permanente argentina en la región.

Bajo su segundo mandato se sancionó el Código Penal y el de Minería; ambos consagraron importantes avances sociales, todo un adelanto en su época. Inició la ocupación argentina de la Antártida, al establecer la base de las islas Orcadas (1904); y comenzó la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia (ciudad que se fundó bajo su Presidencia). Dio inicio así a una importante fuente de la riqueza nacional.


Fue el primero en impulsar las cumbres presidenciales. Bajo su mandato se reunió con el presidente chileno, para alejar definitivamente los vientos de guerra con el vecino país. Y dos veces con el mandatario brasileño, para terminar, de ese modo, con la desconfianza y la clásica rivalidad entre ambos Estados. Restableció las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, interrumpidas a raíz de la sanción de la ley de matrimonio civil y de educación (ambas bajo su primer mandato) e insertó al país como una potencia sudamericana, ampliamente reconocida en el mundo. Estableció relaciones diplomáticas con el Imperio del Japón, inició una histórica amistad que la Argentina mantiene hasta hoy.

En su última gestión, sancionó la ley 3.871 de conversión (1899), por la que asignó a la Caja de Conversión (antecesora del actual Banco Central), creada en 1890, el monopolio para emitir moneda, estableció un patrón de cambio entre el peso y el dólar norteamericano y la libra esterlina. Imponía, además, una férrea disciplina fiscal y monetaria que impedía al Estado gastar más de lo que recaudaba o emitir sin respaldo. Ello hizo que nuestro peso moneda nacional se convirtiera, para 1920, en una divisa reconocida mundialmente y que la Argentina se encontrara entre los diez países más ricos del mundo, merced a esta preclara norma impulsada durante el segundo mandato de El Zorro.

Julio Argentino Roca destaca como uno de los mayores próceres en la conformación de nuestra Argentina y corresponde rescatarlo, reivindicarlo y valorarlo en este nuevo aniversario de su fallecimiento.


Fuente: https://www.infobae.com/historia/2016/10/22/julio-argentino-roca-el-fundador-de-la-argentina-moderna/



Nota:

El mapa antiguo que reproduzco en esta página, confeccionado en 1860 por un conocido cartógrafo de Filadelfia, permite observar que, para los Estados Unidos de América, la Confederación Argentina no comprendía a la Patagonia, pues fijaba claramente el límite meridional de nuestro país en el Río Negro. Más al Sur, comprendido el territorio de la Tierra del Fuego, se lee "Patagonia" y, en tipografía menor, las palabras "New Chili", Nuevo Chile. Evidentemente, no consideraba que la extensa región en cuestión -que comprendería las actuales provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego- fuera una superficie "sin dueño" en aquella época.


Pone de relieve, una vez más, que la Campaña del Desierto no fue una cruzada contra el indio, sino una maniobra militar tendiente a excluir a Chile de la Patagonia, barriendo cualquier aspiración de apropiación por parte del país hermano respecto de tan extenso como valioso territorio. De hecho, el ejército que comandara el general Roca tenía por objeto derrotar a las tribus de origen chileno, instrumento de empresarios trasandinos que compraban los productos de sus saqueos.

Recordemos, además, que Roca negoció la paz con la mayoría de las tribus, lejos de exterminarlas y que, fruto de su astucia, logró posteriormente de manera incruenta el reconocimiento chileno de nuestra soberanía en el Sur.

Su acción permitió que nuestro país extendiera el territorio nacional, desplazando el límite que fijaba el Río Negro. De resultas de esta nueva ocupación, la Argentina también pudo reclamar territorio antártico e insular en el Atlántico Sur. La valiosa gesta geopolítica de Roca se completó con la visión del Perito Moreno, héroe civil y prohombre muchas veces olvidado, cuya argumentación a favor de tomar la "línea divisoria de aguas" en lugar de "las altas cumbres que dividen aguas" evitó que perdiéramos los lagos, la precordillera y la Cordillera al sur del lago Gutiérrez, hoy lindante con Bariloche.

La Campaña del Desierto se enmarca en el proceso de conformación del Estado nacional y de delimitación de nuestro territorio, que posibilitó el desarrollo de la región. El lago Nahuel Huapi, por caso, o los yacimientos de YPF en la Patagonia no serían hoy argentinos, incluidos el de Vaca Muerta.


dp