viernes, 22 de febrero de 2008

EL SAQUEO DEL TESORO DE BUENOS AIRES


Más de 86.000 millones de dólares, buena parte de la deuda argecntina. Ese es el valor actual del tesoro con el que se alzaron los ingleses en la invasión de 1806. El cálculo de Néstor Forero, un investigador que habló del tema en Gualeguaychú, muestra la magnitud del saqueo inglés. ¿Hay razones para pedir un resarcimiento, pese al tiempo transcurrido?.
Buenos Aires fue capturada, así, por las tropas del general Beresford, allá por 1806. La toma duró más de 40 días, en cuyo transcurso los ingleses no se privaron de nada. La invasión estuvo signada por vejaciones, asesinatos, muerte, y robos de todo tipo, según cuentas los cronistas. Un acto de pillaje protagonizado por súbditos de la Corona Británica, que no actuaron por motu propio.
Fue en realidad una acción de conquista armada por el gobierno de Londres, en el marco de una estrategia global de dominación de estas tierras americanas.
Los entretelones y el significado de este traumático episodio -que curiosamente la historiografía oficial refiere casi como una anécdota- están planteados en “El saqueo de 1806”, el libro del investigador Néstor Forero.
Especialista en temas económicos e historiográficos, autor de otros libros como “Deuda externa y Crimen social en Argentina”, Forero se inscribe dentro del “revisionismo histórico” que, siguiendo a Raúl Scalabrini Ortiz o al copoblano Julio Irazusta -entre otros-, viene denunciando la malsana influencia británica en el país.
Esa influencia, que ha sido determinante en el curso de la historia vernácula, es de larga data. En realidad, según esta lectura historiográfica, se remonta a la etapa anterior a la independencia argentina.
Es decir, a cuando el país -junto con otras repúblicas sudamericanas- pertenecía al Virreinato del Río de la Plata, un bloque geopolítico de 7.000.000 km².
En la disputa por la hegemonía mundial, Inglaterra fue enemiga declarada de España, cuyo poder buscó cuartear, sobre todo saboteando sus posesiones americanas.
Es en este contexto que Forero coloca la toma de Buenos Aires en 1806. Que en realidad, dice, fue la quinta expedición militar británica (no la primera como dice la historia oficial), a la cual precedieron, por caso, desembarcos en Malvinas o Isla de los Estados.
El saqueo del que fue objeto entonces Buenos Aires, por parte de las tropas de Beresford, fue pergeñado con antelación por el gobierno de Londres, dice el autor.
Y da una medida -cuenta- no sólo del sentimiento anti-hispánico de los invasores, ni de la codicia que los dominaba, sino de un plan de dominación urdido con inteligencia.
Así, el primer acto del General Beresford, tras la toma de la capital del Virreinato del Río de la Plata, fue la exigencia a sus pobladores de los caudales reales, bajo las peores amenazas (pérdidas de vida y patrimonio).
Y aquí la originalidad de Forero: el tesoro robado, girado prontamente a Londres, representa hoy, actualizado a un interés anual del 6%, más de 86.000 millones de dólares, buena parte de la deuda externa argentina.

Política colonial

Pero además, una vez dueño de la plaza, Beresford tomó una serie de medidas para someter a la nueva colonia -y que según Forero tienen un parecido notable con la política económica que se siguió en Argentina en lo sucesivo.
Así, al apoderamiento ilegítimo de las reservas monetarias del Tesoro de la Real Hacienda de Buenos Aires -el grueso del cual se embarcó a Londres en la fragata más rápida de la de la flota británica, el “Narcissus”-, le siguió el decreto que declaró la “libertad de comercio”.
Esta última medida -sostiene el investigador- “se impondrá para beneficio especialmente de los comerciantes ingleses y de su socia local, la clase acomodada de Buenos Aires”.
Ahora bien, haber secado la plaza de monedas -más allá de que una fracción de los pesos plata se dejaron para mantener el comercio exterior- colocó a la gobernación británica en Buenos Aires en problemas.
La escasez de dinero metálico, producido por el vaciamiento de las arcas de Buenos Aires, conducía a un encarecimiento inexorable de las operaciones de importación de mercadería inglesa.
Pero la gobernación británica no iba “a permitir que los comerciantes locales repararan esa pérdida mediante el funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda, ya que el tipo de cambio hubiera saltado por las nubes”, cuenta Forero. Por eso -refiere- “se estipuló un tipo de cambio fijo de 5 chelines por peso, cuando antes de la invasión el tipo de cambio era de 4 chelines y 6 peniques”.

La cuestión de los caudales

Forero llama la atención sobre un dato no menor: los ingleses no pueden alegar que los caudales robados (en total 1.086.208 pesos plata) son un “botín de guerra” (el equivalente a unas 200.000 liras esterlinas de la época) (1). ¿Y esto por qué?. Pues porque el tesoro se hallaba fuera del alcance de los conquistadores al momento de ingresar a la ciudad.
¿Cómo? Es que el virrey Rafael de Sobre Monte, enterado de la invasión, se lo llevó consigo antes hacia Córdoba. Los ingleses tuvieron que gestionar su regreso, luego, bajo amenaza de introducir las peores pestes sobre la población.
Este episodio, es decir la manera en que se obtuvo el tesoro confirma la tesis de que su apropiación fue “sencillamente un robo, perpetrado sin ninguna fundamentación jurídica por parte del invasor”.
En realidad, dice el autor, la acción de Sobre Monte -pese a que el juicio histórico catalogó de deshonrosa-, colocaba la sustracción del tesoro en el marco de una discusión entre las cortes de España y Gran Bretaña, alrededor de los “derechos de propiedad indudable de los españoles”.
“Para ser más ecuánimes diremos que Sobre Monte, más allá de su personalidad, cumplió con su retirada el plan de evacuación trazado en época del virrey Vértiz y que un Tribunal que juzgó su conducta terminó absolviéndolo, aunque eso no le devolvió el prestigio perdido”, comenta Forero.

¿Es posible el resarcimiento?

El autor insiste en la “ilegitimidad” de la incautación de los caudales del tesoro de la Real Hacienda de Buenos Aires. Pero va más allá: en su opinión, a la Argentina y a los países que entonces integraban el virreinato, les asiste hoy el derecho del resarcimiento, pese al tiempo transcurrido.
Forero habla de “derecho de propiedad” conculcado por el invasor inglés. Aunque dicho derecho le pertenecía a los españoles, ahora es nuestro, insiste, en virtud de la “continuidad jurídica e histórica de los Estados”.
Asegura que el “gobierno británico no puede negar su participación” en la operación de saqueo -aunque se escude en el argumento de que fue una acción de particulares-.
“Dado que lo actuado por los súbditos británicos lesiona el Derecho de Gentes, entendemos que el reclamo de reparación por el robo de Buenos Aires es imprescriptible”, razona el investigador.
Y al respecto documenta la existencia de jurisprudencia internacional en este sentido, alrededor de la existencia de fallos que han obligado a ciertos Estados, cuya responsabilidad quedó evidenciada, a reparar el daño cometido contra otros Estados.

Por Marcelo Lorenzo
Publicado en diario El Día, de Gualeguychú, Provincia de Entre Ríos, 21/11/07. http://www.trabajadorescultura.com.ar/cultura/Econ_politica/Notas





Publicado en el diario Times, de Londres, a raíz de la captura de Buenos Aires

Domingo, 12.09.1806 – nuevas buenas en Gran Bretaña

El nuevo gobierno whig (el “Ministerio de Todos los Talentos”) se enteró de la expedición de Beresford el 24 de junio de 1806, cuando le llegó una carta fechada por el general inglés en abril de ese año. El Secretario de Guerra William Windham se tomó un mes para contestar la carta, con la anuencia de Jorge III, manifestándole que como no la expedición no había sido oficialmente autorizada y no se conocían los resultados obtenidos, sólo cabía dar instrucciones generales. Ella eran: si habían ocupado una posición, que trataran de mantenerla y, caso contrario, no insistiera en tomarla; que “no se metiera en asuntos de independencia que pretendían los criollos”. Como cierre, le anunciaba a Beresford el envío de refuerzos al mando del general Sir Samuel Auchmuty. Por otra parte, el Almirantazgo remitió una carta, el 28 de julio, a Home Popham, ordenándole, severamente, que se presentara en Londres para rendir cuenta de lo actuado.

Nota de Aclaración: El gobierno inglés mantuvo en secreto la expedición a Buenos Aires, hasta estar seguro de lo que había pasado en la colonia española. Pero el 12 de septiembre de 1806, tras 57 días de navegar, el Narcissus, al mando del capitán Donelly entró al puerto de Portsmouth, con los partes de Popham y Beresford sobre la captura de Buenos Aires. Por telégrafo visual llegó a Londres esa noche y los diarios se hicieron eco de la noticia, en las ediciones de la mañana siguiente.

Lunes, 13.09.1806 – primera noticia

Captura de Buenos Aires. Oficina del Times. Sábado a las 3 de la mañana.

Por un expreso que acabamos de recibir de Portsmouth, tenemos que felicitar al pueblo por uno de los hechos más importantes de la actual guerra. Buenos Aires en este momento forma parte del Imperio Británico, y cuando consideramos las consecuencias a que conduce por su situación y capacidades comerciales, además de su influencia política, no sabemos como expresarnos en términos adecuados a nuestra opinión de las ventajas nacionales que derivarán de su conquista.
Miércoles, 15.09.1806 – de la prensa británica
“Es casi indudable que toda la colonia del Plata tendrá la misma suerte que Buenos Aires; y de las esperanzas lisonjeras presentadas a sus habitantes, en la proclama del general Beresford, ellos verán que está en su propio interés ser colonia del Imperio Británico”. (...) “Como resultado de semejante unión, tendríamos un mercado continuo para nuestras manufacturas, y nuestros enemigos perderían para siempre el poder de sumar los recursos de esos ricos países a los otros medios que tienen de hacernos daño”. (…) “Este país está ahora en una posición mucha más orgullosa de la que ha estado desde que comenzaron las negociaciones con Francia. En Calabria, la excelencia y superioridad de las tropas británicas han sido demostradas al enemigo y a toda Europa. Por nuestro éxito en el Plata, donde un pequeño destacamento británico ha tomado una de las más importantes y ricas colonias españolas, Bonaparte debe estar convencido de que sólo una paz rápida podrá evitar que toda Sudamérica quede separada forzosamente de su influencia y colocada para siempre bajo la protección del Imperio Británico ¿A qué región del mundo habitable podrá entonces dirigirse para conseguir barcos, colonias y comercios?”.

Lunes, 20.09.1806 – desfile en Londres

“A las siete en punto de la mañana, los Leales Voluntarios Britanos se congregaron en St. James’Square y después de disparar tres salvas prosiguieron hasta Clapham, a fin de escoltar hasta la ciudad el tesoro desembarcado del Narcissus, en Portsmouth” relata un testigo presencial, John Fairnburn “A su llegada a Claphamn encontraron el desfile consistente en ocho carretones, tirado cada uno de ellos por seis caballos, adornados con banderas, pendones y cintas azules. En las banderas estaba inscripta la palabra ‘Tesoro’

Los precedía una pieza de artillería de bronce tomada al enemigo. El primer carretón llevaba el estandarte virreinal del Perú desplegado por un marino real; el segundo y tercero, las enseñas tomadas de los muros de Buenos Aires, y los siguientes, las insignias navales inglesas azuleas, rojas y blancas, mostrando el conjunto la más triunfal y grandiosa apariencia. Durante su procesión hacia la ciudad, los Leales Britanos, al mando del coronel Davidson, marcharon a la cabeza de los carretones y el coronel Prescott con los Voluntarios de Clapham los escoltaron a retaguardia. Una muy excelente banda perteneciente a este último regimiento interpretó durante la marcha ‘God Save the King’, ‘Rule Britannia’, etc., y el corazón de todos los británicos se regocijó ante la visión de la escolta.

Tras haber entrado en Londres se detuvieron en el Almirantazgo y luego prosiguieron por Pall-Mall hasta St. James’Square, donde la procesión hizo un alto ante la casa del coronel Davidson y la señora Davison obsequió un par de enseñas con la leyenda ‘Buenos Aires, Popham, Beresford, Victoria’ escrita en letras de oro sobre seda azul, rodeadas por ramas de laurel. El tesoro pasó luego a través de la city hasta el Banco, donde se depositaron más de dos millones de dólares. En el frente de cada carretón figuraban las palabras ‘Caja del Tesoro’.

En las ventanas se agolpaba una cantidad poco común de espectadores ansiosos por ser testigos del triunfo de la Vieja Inglaterra. El capitán Donnelly, del Narcissus, participó de la procesión en una silla de posta” .

Nota de Aclaración: Ese mismo capitán Donnelly recibió, por entregar el tesoro, 5500 libras como flete, una comisión del 2% sobre el total, sin perjuicio de lo que le tocara como capitán, en la repartición a su ejército por la toma de Buenos Aires.

“El tesoro siguió por la city hasta el Banco de Inglaterra, donde se depositaron más de un millón de dólares”.

Sábado, 25.09.1806 – de la prensa británica

“Tal es la fertilidad del suelo, que Buenos Aires, en poco tiempo será probablemente el granero de Sudamérica”.
(…) “Las mujeres de Buenos Aires se consideran las más simpáticas y hermosas de toda Sudamérica, y su manera de vestir denota un gusto superior” (…) “El comercio de esta región bajo el ordenamiento británico, promete ser sumamente ventajoso para ella, y podría abrir mercados de incalculables posibilidades para el consumo de manufacturas británicas. En la medida en que las cargas impuestas a los habitantes sean disminuidas por el gobierno británico, sus medios de comprar nuestros productos se verán incrementados, y el pueblo, en lugar de permanecer andrajoso e indolente, se hará industrioso, y llegará a la mutua competencia por poseer no solo las comodidades, sino lo lujos de la vida”.

Por Marcelo De Biase

Publicado en:
http://invasionesinglesas.blogspot.com/2006_09_01_archive.html

dp

Referencia:
(1) Ricardo Darío Primo. E-mail: ricardoprimo@ateneohyv.com.ar . Publicado en:
http://www.ateneohyv.com.ar/Contemporanea/Argentina





miércoles, 6 de febrero de 2008

FUTBOL Y NAZISMO

Diario La Nación, de Buenos Aires. Publicado: 05.02.2008 en Weblog Los Especialistas



La historia más tremenda está contada en el libro "Dinamo: Defendiendo el honor de Kiev", del inglés Andy Dougan. El Dinamo de Kiev, el equipo más popular de Ucrania, había desaparecido desde la ocupación nazi. En 1942, muchos de sus jugadores, que habían sobrevivido como prisioneros de guerra, deambulaban por Kiev con hambre, frío y sin trabajo.
Josif Kordik, dueño de una panadería y favorecido en la ciudad por su origen alemán, ve al gigante arquero Nikolai Trusevich, le da trabajo en su panadería y le dice que busque a sus viejos compañeros. Nace así el equipo FC Start.
El nuevo campeonato ucraniano tiene seis escuadras, cuatro que representaban al Eje y uno a colaboracionistas locales. El sexto, FC Start, aplasta a todos sus rivales, se corona campeón invicto y se convierte en el equipo de la resistencia. Para el 9 de agosto de 1942 se fija la revancha contra Flakelf, el equipo de la Luftwaffe. La historia lo denominó "El Partido de la Muerte".
FC Start debía obedecer y perder. Lo ordenaron emisarios que bajaron al vestuario antes del partido y en el entretiempo. Pero primero, en lugar de gritar "Heil Hitler" con el brazo erguido, sus jugadores llevaron los brazos al pecho y gritaron "Fitzculthura", un slogan soviético con vivas a la cultura física.
FC Start ganó 5-3, no obstante el árbitro, que toleró toda clase de agresiones del equipo nazi. Sobre el final, el defensor Ivan Klimenko eludió a rivales y, sólo frente al arco, se dio vuelta y pateó hacia el centro del campo. Humillación total.
Caído Hitler, Ucrania, otra vez dominada por la URSS y las cacerías de Stalin, se apropió a su modo de ese partido histórico. Y contó su historia oficial, según la cual los jugadores de FC Start, aún con sus uniformes de futbolistas, fueron fusilados por los nazis apenas terminó el juego.
El mito se mantuvo. Posteriores relatos lo agigantaron aún más. Hasta que cayó la URSS. Fue el delantero Makar Goncharenko quien contó a Dougan que los jugadores no fueron fusilados cuando terminó ese partido. Es más, jugaron otro y golearon 8-0 al Rukh. Y luego sí comenzó la cacería. Nikolai Korotkykh fue el primero que murió bajo tortura. Los otros diez jugadores fueron enviados al campo de concentración de Siretz. El goleador Ivan Kuzmenko fue ejecutado como represalia por un ataque de partisanos. Lo siguieron Klimenko (el que se negó a marcar el gol) y el arquero Trusevich, que no era justamente el Sylvestre Stallone de Escape a la Victoria (N. de dp) donde también actuó el legendario Pelé y nuestro Osvaldo Ardiles, estrella del fútbol en Inglaterra), el filme de John Houston sobre los prisioneros que escaparon de un campo nazi gracias a un partido de fútbol.
Goncharenko y sus compañeros Tyutchev y Sviridovsky, sobrevivieron porque lograron escapar. La historia que Goncharenko contó a Dougan antes de morir es aún más horrorosa. Ya con Stalin, los sobrevivientes fueron acusados de colaboracionismo por haber jugado fútbol con el enemigo en la Kiev ocupada.
No fueron ejecutados a cambio de silencio absoluto. La historia de heroísmo de FC Start no era del gusto estalinista: los jugadores habían "confraternizado" con el enemigo, su gesto fue una decisión "individual" y, ante todo, eran ucranianos. Un libro en Ucrania (The Final Duel) reflotó los hechos en 1959, pero con la versión de la ejecución inmediata, apenas terminado el juego. Cayó la URSS y Dougan reescribió la historia.
El caso de FC Start tiene su valor ahora que se cumplieron 75 años de la subida de Hitler al poder. Aquí mismo contamos hace un tiempo la historia de Matthias Sindelar, goleador austríaco elevado a mito porque murió de modo misterioso luego de marcarle dos goles a Alemania y de negarse a jugar en la selección anexada.
El libro Los Soldados de Hitler (de Gerhard Fischer y Ulrich Lindner) rompió en 1999 medio siglo de silencio del fútbol alemán y su actuación en tiempos de Hitler. Contó, entre otras, la historia de Julian Hirsch, héroe nacional antes de la subida del nazismo y luego uno de los trescientos futbolistas judíos desaparecidos en los años del horror. Igual que Absjorn Halvorsen, gran jugador, que murió en el campo de concentración de Alsacia, donde fue custodiado por su ex compañero del Hamburgo, Otto Harder, oficial de las SS. Halvorsen, de origen judío, cometió otro pecado. Fue DT de la selección de Noruega que ganó 2-0 a Alemania en semifinales de los Juegos Olímpicos de Berlín 36. Fue el único partido que Hitler vio en la cancha. Pero -según escribió Joseph Goebbels, su ministro de Propaganda- el Fuhrer no toleró el segundo gol noruego y abandonó el Estadio Olímpico seis minutos antes de que finalizara el juego.
Aquellos Juegos de 1936, que el Comité Olímpico Internacional (COI) permitió en la Berlín nazi, marcan una de las páginas más vergonzosas en la historia del deporte. El COI se defendió invocando los triunfos de Jesse Owens, el fabuloso atleta negro nieto de esclavos y que a los 7 años de edad debía trabajar en las plantas de algodón y al que sancionó luego por tacharlo de profesional?. Owens no fue una víctima del nazismo. Pero también él fue discriminado.
Volviendo al fútbol, la Federación inglesa, por orden de su gobierno, obligó a su selección a jugar un amistoso contra Alemania en 1935 en White Hart Lane, estadio del Tottenham Hostpur, club vinculado con la comunidad judía, lo que desató fuertes protestas. La revancha se jugó el 14 de mayo de 1938 en el Estadio Olímpico de Berlín y los jugadores ingleses fueron obligados por su gobierno a realizar el saludo nazi. Al capitán Eddie Hapgood le faltó el coraje que les sobró a los jugadores de FC Start.
La Federación Alemana (DFB), acaso prevenida de que el aniversario de los 60 años de la caída de Hitler provocaría informes comprometedores, publicó en 2001 su propia investigación. El libro, de 473 páginas, se llamó "El fútbol bajo la esvástica. La DFB entre el deporte, la política y el comercio" y fue escrito por el historiador Nils Haveman. "El resultado del estudio era que los trapos sucios del fútbol no eran más que en el resto de la sociedad alemana, es decir, incontables", me cuenta el colega Javier Cáceres, que vivió muchos años en Berlín.
Los clubes Hamburgo, Dortmund, St Pauli y Hertha, entre otros, también publicaron sus propias investigaciones internas sobre su actitud durante el nazismo. Lo hicieron sesenta años después. Pero lo hicieron.
Aun así, cuando ya no hay chances de desconocer el horror, la discriminación convive en los estadios deportivos y llega inclusive a la Fórmula 1, según lo muestran los insultos que sufrió este fin de semana el piloto inglés Lewis Hamilton en Barcelona, lanzados por españoles fanáticos de Fernando Alonso. En el fútbol, donde cada tanto algunos tontos o ignorantes exhiben esvásticas, eso es una costumbre. Si hasta en un programa de fútbol reciente, en un importante canal de cable local, un periodista lanzó como si nada una "reflexión" de fuerte tono antisemita. A ese periodista, como a muchos otros que se burlan de la historia, podría pasarle lo que le ocurrió al jugador Mario Basler cuando la DFB envió a la selección alemana a jugar a Israel. El plantel fue a visitar Yad Vashem, monumento-memoria del Holocausto. Y Basler preguntó a Bertie Vogts, por entonces DT del equipo: "Míster, ¿esto ocurrió de veras?".

Autor: Ezequiel Fernández Moores

Nota de Dp:

Muchas veces es tremendamente difícil corroborar una historia, porque, en este caso, los testigos directos no quieren hacerlo, pero lo que detallo a continuación fue un secreto a voces en su momento.
En el Mundial de 1978 jugado en la Argentina, la selección alemana tuvo como sede de sus partidos la ciudad de Códoba.
Al arribar a la misma y descender del avión directamente a la pista (aún no existíen las mangas de descenso en ese aeropuerto), se encontraron al pie de las escalerillas con una doble fila de personas, todas de edad avanzada, parados en posición de firmes y...haciendo el saludo nazi.
Imaginense la cara de desconcierto de estos jugadores alemanes.
La cuestión es que estas personas mayores eran sobrevivientes del acorazado de bolsillo nazi Graf Spee, hundido frente al puerto de Montevideo por la escuadra inglesa y sus tripulantes alojados en Córdoba, con la condición de no volver a su patria a continuar el combate.
Tuve la oportunidad de ver una fotografía de este extraño recibimiento, aunque fue imposible conseguir una copia. Doy mi palabra de ello.
Esta es otra muestra más de lo vivido en mi querida Argentina, que como otros muchos países, cobijó a nazis.

dp

lunes, 4 de febrero de 2008

AVENIDA DE LOS CAMPEONES



Quiero homenajear con esta propuesta a un amigo entrañable, ya fallecido, que me la sugirió hace algunos años: Osvaldo López, hincha del Club Atlético Independiente y que vivía justo en frente del estadio de su club, sobre la calle Cordero (hoy Enrique Bochini).
El quería, en tributo a la gloria futbolística de nuestra amada Avellaneda, renombrar la calle Alsina, que corre paralela a los estadios de Racing e Independiente (separados por apenas unos 300 mts.), como Avenida de los Campeones.
En un primer momento, dado la importancia de esta calle y el nombre de este personaje histórico del país, pensé que era descabellado cambiar su nombre, pero evaluando que ya lleva el nombre de Adolfo Alsina la plaza principal de Avellaneda, considero que este personaje de la historia nacional se encuentra suficientemente homenajeado en nuestra vecindad.
Aún a pesar de los conflictos y debates históricos que podrán encarar algunos, soy del criterio de identificar las calles, avenidas, plazas y demás manifestaciones de la urbe, con aquellas cosas que identifican, unen o son originarias de la misma, por eso acepto, ahora, el cambio de la denominación de una calle tan tradicional.
Y porqué planteo esta idea ahora en forma pública?.
Entre otras cosas, porque Avellaneda es una ciudad con identidad propia, de las primeras que surgió como área periférica de la ciudad de Buenos Aires y la de mayor actividad industrial en todo el Gran Buenos Aires y en el país (hasta no hace muchos años atrás), pero con una característica muy peculiar: cuanta con solo 360.000 habitantes, pero con, ahora, tres clubes de fútbol en el campeonato de Primera División: el Racing Club, el Club Atlético Independiente y el club Arsenal , que han cosechado en su conjunto más títulos internacionales que cualquiera otra ciudad Argentina y es la segunda ciudad del país, después de Buenos Aires, en cantidad de títulos ganados, pero con casi 8 veces menos de población.
Si esta no es una característica fuera de lo común, cual lo es?.
Por eso propongo formalmente, desde este humilde medio, el nombramiento de Avellaneda como ¨ Capital Nacional del Fútbol Argentino¨ y el nombramiento de la calle Alsina como ¨Avenida de los Campeones¨, como fuente de promoción de nuestro deporte y cultura y símbolo de unidad y tolerancia entre los vecinos, en épocas donde la violencia en el deporte solo divide y no une.

A modo de apéndice ilustrativo les reseño los máximos logros deportes alcanzados por estos clubes:
Racing
Títulos oficiales en la era amateur Primera División: 1913, 1914, 1915, 1916, 1917, 1918, 1919, 1921, 1925.
Títulos en Segunda División: 1910 y Liguilla de Ascenso de 1985
Títulos oficiales en la era profesional en Primera División: 1949, 1950, 1951, 1958, 1961, 1966, Apertura 2001
Títulos Internacionales: Copa Intercontinental 1967, Copa Libertadores de América 1967 , Supercopa Sudamericana 1988 , Supercopa Interamericana 1988.

Independiente
Títulos Oficiales en la era amateur en Primera División: 1922, 1926
Títulos Oficiales en Segunda División: 1917, 1921, 1923, 1927, 1928
Títulos oficiales en la era profesional Primera División: 1938, 1939, 1948, 1960, 1963, Nacional 1967, Metropolitano 1970, Metropolitano 1971, Nacional 1977, Nacional 1978, Metropolitano 1983, 1988/89, Clausura 1994 y Apertura 2002.
Títulos Internacionales: Copa Intercontinental 1973 y 1984, Copa Libertadores de América 1964, 1965, 1972, 1973, 1974, 1975 y 1984, Copa Interamericana 1973, 1974 y 1976, Supercopa Sudamericana 1994 y 1995, Recopa Sudamericana 1995.

Arsenal
Título Internacional: Copa Sudamericana 2007

dp

Nota:
Otros artículos propios relacionados con Racing u otros clubes de fútbol. Buscar en la sección Archivos de este blog (costado derecho, parte superior):


Avenida de los campeones. En Avellaneda (en Febrero de 2008)
Aqua Solarium. Sobre la fallida obra del Club Atlético Independiente (en Diciembre de 2008)
El Renacimiento de un Gigante . Racing (en Diciembre de 2008)
El pueblo quiere saber. Sobre la ciudad Deportiva de Boca Juniors (en Diciembre de 2008)
Daños Colaterales. Entretelones del campeonato de 1951 ganado frente a Banfield (en Diciembre de 2009)
Como se Construyó la Cancha de Racing (en Diciembre de 2012)

domingo, 3 de febrero de 2008

FARRELL: NACIDO EN AVELLANEDA, PADRE DEL PERONISMO


Durante la presidencia de Farrell se sentaron las bases de lo que posteriormente sería el peronismo.

Edelmiro Julián Farrell nació el 12 de agosto de 1887 en Villa Industriales, Avellaneda (hoy Valentín Alsina, Municipio de Lanús), provincia de Buenos Aires.
Su padre fue Juan Celedonio del Corazón de Jesús Farrell, nacido el 15 de Junio de 1846, hijo de Mateo Farrell, natural de Irlanda y de Mónica Ibáñez, quienes se habían unido en matrimonio en la Iglesia de Quilmes en 1843. Tuvieron diez hijos, uno de ellos fue Edelmiro. Se afincaron en Villa Industriales dado sus actividades de campo y se asociaron con vecinos de la zona, donde se dedicaron a la industria.

Edelmiro J. Farrell se sintió atraído por la carrera militar, ingresando a ella en 1908. Entre 1918 y 1920 fue asignado a distintos destinos en la región de Cuyo, zona Andina. Estudió en la Escuela Superior de Guerra y realizó cursos de especialización en Italia. En 1943, cuando tenía el grado de general, colaboró con el General Pedro P. Ramírez (que combatió en la Primer Guerra Mundial en el ejército alemán) en el golpe de estado que derrocó el presidente Ramón S. Castillo. Ocupó sucesivamente los cargos de Ministro de Guerra y de Vicepresidente de la República. En 1944 desplaza de facto a Ramírez y asume la Presidencia hasta 1946.
Su gobierno fue de marcado tono populista, surgido de una revolución con abiertas simpatías por el fascismo y el nazismo, a tal punto que resistió las presiones de los aliados durante toda la Segunda Guerra Mundial colocándose en una falsa actitud neutral. Solo le declaró la guerra al eje faltando pocos días para la rendición del mismo (27 de marzo de 1945).
Del golpe de estado de 1943, de clara tendencia ultra derechista, surgen varias medidas de gobierno que lo pintan perfectamente desde el punto de vista ideológico, como ser: disolución de la Federación Universitaria y los partidos políticos, reimposición de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y privadas, implantación de una severa censura de prensa, prohibiendo, entre otros medios, la estadounidense TIME que había criticado duramente la neutralidad argentina en la Segunda Guerra. Estableció la veda radiofónica del lunfardo, nuestro argot popular. por considerarlo de origen criminal y moralmente repugnante. Debido a ello las letras de tango debieron modificarse para su transmisión pública. Se nacionalizó la Compañía de Gas, disponiendo inmediatamente una reducción importante en las tarifas, en clara medida demagógica.
Bajo su Presidencia se creó el municipio de Lanús, en ese momento denominado como "4 de Junio", en honor al golpe de 1943 que terminó encumbrándolo, dividiendo así el municipio de Avellaneda, y lo que es peor aún, la unidad barrial de Gerli, que hasta el día de hoy sigue dividido tan artificialmente. Su barrio de nacimiento pasó a jurisdicción del nuevo municipio.
El gobierno de Farrell incluyó al entonces joven coronel Juan Domingo Perón, en la Vice Presidencia de la República, y antes en la Secretaría de Previsión Social y el Ministerio de Guerra, desde donde éste construye su carrera pública y arma la estructura sindical que lo lleva al poder posteriormente. A raíz del crecimiento político desmesurado de Perón, Farrel ordena su arresto y reclusión en la Isla Martín García, dando con esto el pretexto para que los sindicatos reaccionaran y se movilizaran, originando así el movimiento del 17 de Octubre de 1945.
En las elecciones celebradas en 1946 triunfó Perón con el apoyo, ahora oportunista, de Farrell.
Se retiró posteriormente de la vida política en 1947 y murió en la ciudad de Buenos Aires el 31 de octubre de 1980 los 93 años de edad.
En 1998 fue inaugurado un monumento a Farrell en Lanús ubicado frente al edificio del Palacio Municipal. Este Municipio fue gobernado ininterrumpidamente por el peronismo desde 1946 hasta hoy en día.

dp

Fuentes:
http://www.entradagratis.com/DatoMuestra.php?Id=30322&pagina=9
http://www.lanusweb.com/Historia, Museo y Archivo Histórico Municipal «Juan Piñeiro» - Bibliografía:
Del Pago del Riachuelo al Partido de Lanús - De Paula, Alberto S.J. Gutiérrez, Ramón. Partido de Lanús - Nuestro Habitat- Hipoliti María D. Nueva Historia de Lanús - José Levitan
http://www.lmneuquen.com.ar/08-01-23/n_especiales
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Pablo_Ramirez


Intervención en el programa "En la Mira", de FM SECLA 104.7, el 6/6/2017:





sábado, 19 de enero de 2008

EL PORTEÑO QUE FUE PRESIDENTE DE CHILE

Manuel Blanco Encalada



Nacido en Buenos Aires, fue un simpatizante de la causa revolucionaria en Chile. Fue Ministro de Relaciones Exteriores y posteriormente Presidente de la República.

El primer comandante de la escuadra chilena fue Manuel Blanco Encalada. Nació en Buenos Aires el 21 de abril de 1790, hijo del español Lorenzo Blanco Cicerón y de la chilena Mercedes Calvo de Encalada. Aprendió sus primeras letras en su ciudad natal, y a los 15 años inició sus estudios navales en la Academia de Marina de la Isla del León en Cádiz, España, de donde egresó en 1807 con el grado de alférez.
En 1808, participó en su primera acción de combate contra las naves francesas que bloqueaban Cádiz. Ese mismo año, le fue ordenado incorporarse a la dotación naval del Callao, por lo que debió trasladarse a América.
Las simpatías que demostró hacia la causa revolucionaria, ocasionaron que se le enviara de vuelta a la Península. Pero, cuando la nave en que viajaba ancló en Montevideo, Blanco aprovechó la ocasión para saltar a tierra. Desde allí viajó a Chile (1812) en la fragata Paloma.
Acá se incorporó a la lucha por la Independencia y empezó una larguísima carrera al servicio de Chile. Participó en la campaña marítima de la independencia del Perú, en la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana y en la guerra contra España. Casado con Carmen Gana, murió en Santiago en 1876.

La Guerra de Independencia

El año 1813, ingresó al ejército como capitán de artillería. Fue apresado después de la Batalla de Rancagua, cuando se dirigía hacia Mendoza, siendo sometido a un proceso en el que se le condenó a muerte, no por su participación en la guerra, sino por su deserción.
Sin embargo, esta pena fue conmutada por la de destierro en la Isla Juan Fernández. De ahí fue rescatado en 1817, junto a los otros confinados.
Se reincorporó al ejército y participó en las batallas de Cancha Rayada y Maipú. En junio de 1818, fue nombrado Comandante General de Marina y jefe de la escuadra, cargo que entregó posteriormente a Lord Alejandro Cochrane, y que recuperó en 1823, cuando este abandonó Chile.

En la presidencia por dos meses

Mientras Cochrane prestó sus servicios a Chile, Blanco continuó integrando la fuerza naval. Fue comandante de la Galvarino y del navío San Martín, naves con las que mantuvo el bloqueo de Callao, tarea que debió abandonar cuando empezaron a faltar los víveres. Ello le valió ser sometido a juicio militar, del que salió absuelto de todos los cargos.
Más tarde participó, adscrito al ejército, en la Expedición Libertadora del Perú.
En 1826, como comandante de la fuerza naval, participó en la campaña de Chiloé. Ese mismo año fue, accidentalmente, Ministro de Relaciones Exteriores y luego Presidente de la República, siendo el primero en ocupar ese título. Ejerció como tal durante dos meses.

La guerra contra la Confederación

En 1837, volvió a la vida pública cuando se le comisionó la dirección de la primera expedición que partió hacia el Perú, a luchar contra las fuerzas del Mariscal Andrés de Santa Cruz. En una carta que Diego Portales le dirigió a Blanco Encalada, el Ministro le dio exacta cuenta del sentido que tendría la expedición hacia el Perú: "La posición de Chile frente a la Confederación Peruano-Boliviana es insostenible. No puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el gobierno, porque ello equivaldría a su suicidio. No podemos mirar sin inquietud y la mayor alarma la existencia de dos pueblos confederados, y que, a la larga, por la comunidad de origen, lengua, hábitos, religión, ideas, costumbres, formarán como es natural, un solo núcleo. Unidos estos dos Estados, aun cuando no más sea que momentáneamente, serán siempre más que Chile en todo orden de cuestiones y circunstancias".
Más adelante, el Ministro era mucho más enfático al afirmar: "La Confederación debe desaparecer para siempre jamás del escenario de América".
Luego de detallar al marino las razones de la guerra, Portales le indicaba que la victoria de las armas que el oficial comandaba implicaría una segunda Independencia para Chile, puesto que de subsistir la Confederación Peruano-Boliviana, el país sería ahogado por ella.

El Tratado de Paucarpata

Esta experiencia en la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana no fue gratificante. En territorio enemigo, sus fuerzas se encontraban en minoría numérica y, además, diezmadas por epidemias y deserciones.
En tales circunstancias, firmó el Tratado de Paucarpata, en noviembre de 1837, el que posteriormente sería desconocido por el gobierno chileno. Nuevamente fue sometido a juicio militar, y otra vez salió absuelto de los cargos. Hasta 1847, permaneció en diversos países de Europa. Ese mismo año fue nombrado Intendente de Valparaíso, cargo en el que impulsó varias obras de utilidad pública.
Asimismo, fue senador entre 1849 y 1852, y luego Ministro Plenipotenciario ante el gobierno francés hasta 1858.

Un anciano incansable

Su avanzada edad no fue obstáculo para que Blanco nuevamente fuera elegido senador en 1864, cuando contaba con 74 años de edad. Además, dos años después, con motivo de la guerra naval contra España, ofreció sus servicios.
Este conflicto se originó cuando una escuadra española se apoderó de las islas Chincha, uno de los principales centros productores de guano del Perú. En Chile, al igual que en otros países de la América española, este hecho fue considerado como una agresión injustificada por parte de España. Incluso, se temió que este hecho fuera el inicio de una aventura que pretendiera reconquistar las antiguas colonias.
Este sentimiento americanista llevó al gobierno de Chile a formalizar una alianza con el Perú, uniéndose las fuerzas navales de ambas naciones. Blanco Encalada, un PORTEÑO que había luchado por la Independencia de Chile, tampoco podía dejar de preocuparse por estos hechos e inmediatamente se puso a disposición de las autoridades.
El gobierno no quiso desechar su basta experiencia militar y le ofreció un puesto de consejero. Sin embargo, el anciano militar exigió un cargo efectivo, por lo que tras negociar con el gobierno peruano y firmarse un tratado en abril de 1866, se le confió el mando de la escuadra chileno-peruana. Blanco se embarcó en la corbeta peruana La Unión y zarpó hacia Chiloé, donde se encontraba la fuerza naval binacional.

Su última misión

A fines de 1868, se le encargó comandar las tropas chilenas que fueron al Perú a repatriar los restos del Libertador Bernardo O'Higgins. En esa ocasión, participó en todas las ceremonias oficiales y fue cálidamente recibido en Lima por las autoridades peruanas.
Un diario de Callao destacó su presencia en los siguientes términos: "La comisión viene presidida por el benemérito Vicealmirante Blanco Encalada, una de las pocas figuras ilustres que nos quedan de la primera época de la independencia. A él más que a ninguno otro le tocaba la misión de volver al suelo nativo los restos mortales de uno de los más sobresalientes héroes de nuestra emancipación. Las manifestaciones que el Almirante Blanco Encalada ha recibido al pisar de nuevo nuestras playas, son la fiel expresión del acatamiento debido a su nombre y a sus antecedentes".
Las naves chilenas que participaron en la repatriación fueron la O'Higgins, la Chacabuco y la Esmeralda. En la oficialidad de la primera de ellas, figuraba Arturo Prat. Realizadas todas las ceremonias, las naves zarparon escoltadas por el Huáscar, y la Apurimac, de la marina peruana. A ellas se sumaron naves francesas, inglesas y norteamericanas. Finalmente, el convoy chileno llegó a Valparaíso el 11 de enero de 1869, escoltado por la fragata peruana Independencia.

Fuente: http://www.icarito.cl/medio/articulo

dp

sábado, 12 de enero de 2008

LOS ONASSIS






Aristóteles Onassis, nació el 15 de enero de 1906 en Esmirna (Grecia). Las hostilidades entre turcos y griegos obligan a emigrar a su familia. A los 23 años, su padre lo envía a Buenos Aires con unos dólares en el bolsillo y algunas cartas de recomendación para unos griegos, ocupados en la importación de tabaco.
Trabaja en la Compañía de Teléfonos del Rio de la Plata. Onassis siempre tuvo una máxima: la ambición. Realizó diversos empleos; fue friegaplatos, ayudante de tintorería, sereno, electricista y telefonista, hasta que consiguió introducirse en el mundo de los negocios. Un año después participa en una pequeña fábrica de cigarrillos.
Dado su éxito es nombrado Cónsul de Grecia. Gracias a ello, toma contacto con la Flota Mercante Griega. Los barcos que traían el tabaco no volvían a Europa vacíos, sino que llevaban pieles, granos y lana. Esta empresa le sirvió de experiencia en lo que habría de ser su gran negocio: el transporte marítimo. A los 28 años se convirtió ya en un armador.
Su fortuna comenzó a gestarse en los años treinta, en plena depresión y en la Argentina. Compra a un precio bajísimo una pequeña flota de barcos canadienses que estaban parados, pero que pronto empezarían a navegar de nuevo. Sus negocios tuvieron tanto éxito que en 1936 estaba en condiciones de construir su primer petrolero, y antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial había construido dos más, cada vez de mayor porte, en sus propios astilleros.
En la II Guerra Mundial, las bombas alemanas destruyeron buena parte de su flota, pero las compañías de seguros le pagaron por ellos mucho más de lo que costaban. Esto le valió el apodo de "El Griego de Oro", con el que desde entonces sería conocido.
Cuando hubo aumentado su flota petrolera comprando tanques estadounidenses sobrantes de la guerra, Onassis empezó a construir balleneros. Fletó el "Challenger" y no respetó las aguas jurisdiccionales de Perú y Chile, por lo que fue expulsado de ellas.
Gana millones transportando petróleo bajo bandera panameña. En 1946 conoce a Tina Livanos, hija de un gran Armador griego y, en diciembre de ese año contraen matrimonio. Ella tiene 17 años y él 40. En abril 1948, nace su primer hijo, Alexander y, en diciembre 1950, su hija Christina.
De él se decía que su paquete de acciones era de tal magnitud, que si hubiese decidido vender todos sus títulos de golpe a finales de los años cincuenta, se hubiera tambaleado el índice Dow Jones.
También en los 50 conoce a María Callas casada con Giovanni Battista Meneghini, y a quien abandonó en 1959 para unirse a Aristóteles Onassis, su verdadero e imperecedero amor, quien a su vez la rechazó para contraer matrimonio con Jaquelin Kennedy, en 1968. Se dice que María Callas y el millonario griego tuvieron un hijo que apenas vivió unas horas y falleció de muerte natural.

Grandes Hazañas

En el cielo de los super-millonarios pocos han brillado con tanta fuerza (y con luz propia) como Aristóteles Onassis. De una audacia sin límites, seductor, rápido, espléndido amigo y temible adversario, supo atraer sobre sí al mismo tiempo la admiración y el rechazo. Su vida alimentó durante años a la prensa del jet-set internacional, que explotó sus debilidades, y exaltó sus fortalezas, transformándolo en un Midas moderno, que convertía en oro todo lo que tocaba.
Coleccionista de millones y amante de sostener relaciones con personalidades, pudo jactarse de ser íntimo de Winston Churchill y llevar al altar nada menos que a la viuda de John Kennedy. Decenas de biografías reseñaron al detalle un inventario de grandezas, y también de miserias. Sin embargo, muy pocos escritos hablan de sus humildes orígenes, cuando rentaba un cuartito en una pensión de la Avenida Corrientes, en Buenos Aires, a pocos metros del Obelisco, monumento simbólico de Buenos Aires, donde soñaba con hacer fortuna como importador de tabaco.

Su fortuna

Arrancó su fortuna en Buenos Aires con el tabaco griego, que disfrutaba en Buenos Aires de cierta reputación. Incluso se lo consideraba entre los de mejor calidad, pero sólo lo conocían unos pocos, debido a problemas en la importación.
Existía un mercado "insatisfecho", y era allí donde Onassis encontraría su primera oportunidad como empresario. Escribió a su padre y se presentó a sí mismo como el introductor ideal del tabaco griego en la Argentina. Tenía los contactos, conocía el negocio, disponía de capital. El padre suspiró complacido por descubrir que Ari hubiera sentado cabeza, y despachó el primer embarque.
Los primeros pasos fueron decepcionantes. Onassis distribuyó muestras entre varios fabricantes menores de cigarrillos, pero no pasó nada. Sin desanirmarse planeó una nueva estrategia, recurriendo a sus dotes de relacionista público. Buscó el contacto apropiado que lo llevara al despacho de Juan Gaona, propietario de la empresa Piccardo, una importante tabacalera del país. Desplegando su astucia de vendedor Onassis convenció al acaudalado empresario que incluyera tabaco griego en la mezcla de sus cigarrillos. Incluso esbozó ante Gaona algunas ideas publicitarias para el lanzamiento de las nuevas marcas.
Gaona, que además de conocer su negocio era un buen catador de hombres, percibió que ese joven griego tenía algo especial, que auguraba un excelente futuro. Onassis obtuvo su primera orden de compra por U$S 10.000 dólares, para entonces una gran cifra (un auto 0 km. costaba 2.000).
Este filón fue el comienzo de su gran fortuna. El segundo pedido subió a U$S 50.000 y, alentados por el éxito alcanzado por Piccardo con los cigarrillos con mezcla de tabaco griego, otras firmas se sumaron.
Después de su matrimonio se dedicaría al transporte en barcos y al armado de los mismos, en fin un gran emprendedor que vio una oportunidad de negocio y no la desaprovechó.

Fuentes: Manuel Guerrero. e-mail: manuelguerreroa@gestiopolis.com
http://www.univision.com/content




Otro capítulo
Por José Comas, Buenos Aires. 27/11/1988

Cristina Onassis, la multimillonaria griega fallecida a los 37 años en Argentina, murió en el lugar donde su padre inició su fortuna personal, y precisamente en el círculo de amigos que llevan los mismos apellidos de la oligarquía argentina con que Aristóteles Onassis estableció sus primeros contactos financieros. La muerte de Cristina y las circunstancias que la rodearon confirman que en muchas ocasiones la realidad supera la ficción.
La prensa argentina afirma que la presencia de Cristina en Buenos Aires y sus dos viajes en menos de un mes estaban relacionados con su plan de casarse, por quinta vez, con Jorge Tchomelkdjoglou. Este presunto prometido de la Onassis es un empresario textil argentino, de 43 años de origen griego, hermano de Marina, compañera de colegio de Cristina y de veraneos en el balneario de Punta del Este. El apellido Dodero al menos aparece diez veces en la biografía de Onassis escrita por Peter Evans, titulada Ari. Según el biógrafo, fue Dodero quien le acortó el nombre y dejó Aristóteles en Ari. El mismo Dodero le presentó a Onassis una bailarina rusa, que se quedó con el griego en Buenos Aires en vez de regresar a Moscú.
Según Evans, Dodero era "el menor de los cinco hijos de un inmigrante italiano afincado en Uruguay". Dodero se había mudado de Montevideo a Buenos Aires, y, al final de la I Guerra Mundial, con un crédito de 10 millones de dólares, había adquirido 148 navíos de la Armada norteamericana, los vende inmediatamente y obtiene un gran beneficio. Inmediatamente compra un gran porcentaje de las acciones de la próspera compañía naviera Mihanoich, de Argentina.
Fue Dodero quien sirvió de intermediario para un contacto entre Onassis y Eva Perón. Dodero había apoyado económicarnente al peronismo. Robert Crassweiller, en su libro Perán y los enigmas de la Argentina, escribe que "en 1947 Evita compró Democracia, un periódico de poco prestigio, con el dinero adelantado por Alberto Dodero, un empresario amigo y de gran fortuna, y lo transformó en un órgano afín".

Relaciones con Evita

Durante el viaje de novios de Onassis con su primera mujer, Tina Livanos, la madre de Cristina, Dodero le presentó en su mansión de Montevideo a Eva Perón. Onassis va no era el pobre emigrante griego que hacía negocios por un lado y trabajaba en la Telefónica por las noches. Trató de convencerle Eva Perón de que invirtiera en una compañía naviera, para unir su capital al de Dodero, pero Onassis no aceptó.
Un año más tarde, en 1947, Dodero organizó otro encuentro más informal entre Onassis y Evita en la Riviera italiana. Onassis contribuyó con 10.000 dólares para la Fundación Eva Perón y Evita le preparó huevos revueltos. Según el multimillonario griego, no estaban muy buenos y fueron los más caros que comió en toda su vida. Evans insinúa en la biografla de Onassis que hubo algo más que huevos revueltos en la cita. "Ari recordaría que ella había exclamado: 'No te gusta perder el tiempo, ¿verdad?". Dodero, después de que los Perón nacionalizaron buena parte de sus barcos y propiedades, comentó, según Evans: "¡El presidente Perón me hizo a mí lo que yo arreglé que Onassis hiciera a su mujer!".
Fue en una casa alquilada por Alberto Dodero, hijo del amigo de Onassis, donde murió Cristina. Su amiga Marina Tchomlekdjoglou está casada con Alberto Dodero. Cuando Cristina llegó a Argentina para pasar un fin de semana el 20 de octubre de 1988, el motivo de la visita era celebrar los 40 años de su amiga Marina de Dodero. Fue en aquel cumpleaños cuando Cristina bailó acarameladamente con Jorge, el hermano de Marina. Este baile y los posteriores arrurnacos en los jardines de la quinta de Tortuguitas dieron pie a la prensa del corazón argentina para afirmar que estaba en marcha un nuevo romance de Cristina.
El retorno de Cristina a Argentina, el 10 de noviembre, pasó inadvertido a los periódicos. Ahora, después de su muerte, se escribe que "la amistad de 23 años de Cristina y Jorge se había convertido en algo más. Estaban enamorados", escribe la revista Gente, pero, "en la misma casa donde había redescubierto el amor, la encontraron muerta el sábado 19 de noviembre de 1988". Culminaba así la tragedia de los Onassis.
Con los antecedentes familiares y por las circunstancias que rodearon su muerte, la justicia argentina retuvo varios días el cadáver de Cristina. Sus restos sólo pudieron salir de Argentina cuando los jueces se cercioraron de que había quedado suficiente número de vísceras para hacer un examen toxicológico que aclare si había ingerido alguna sustancia que pudo provocar su muerte.
La muerte enmascara todos los defectos. Un peluquero de Tortuguitas, el lugar donde los Dodero habían alquilado la quinta, asegura que estaba delgada y bonita. La autopsia dice que pesaba 76 kilos y medía 1,72. Su obsesión por adelgazar y sus necesidades de combatir el insomnio y otros desajustes le hacía viajar con una auténtica farmacia ambulante.
Los restos mortales de Cristina Onassis fueron sepultados en la intimidad familiar en la capilla de la Virgencita, de la isla de Skorpios, Grecia, adquirida por su padre cuando nació Cristiana.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/ONASSIS/_CRISTINA

La historia continúa

Athina Onassis Roussel, nació el 29 de enero de 1985 en Neuilly-sur-Seine, Francia, es la nieta del fallecido magnate y armador griego Aristóteles Onassis.
Después de la muerte de su madre, Athina fue criada por su padre, el francés Thierry Roussel, quien se volvió a casar con Gaby Landhage de Suecia. En la casa de su madrastra, en Lussy-sur-Morges, Suiza, Athina creció en un ambiente familiar típicamente estable.
Athina heredó una fortuna proveniente de la sucesión de la familia Onassis, estimada en 2,8 mil millones de dólares.
Es la última y única heredera de Aristóteles Onassis. El día en que cumplió 21 años la "pobre niña rica" heredó el total del patrimonio, que cuenta con palacios en Londres, Nueva York y villas en Suiza y España, más terrenos en América latina. Sigue una flota de navíos, dos minas de diamantes en Sudáfrica, 360 sociedades internacionales de diverso tipo y otras 200 cuentas bancarias en todo el mundo, más colecciones de arte y joyas, caballos y la isla griega de Skorpios, en el Egeo, donde yacen los restos de su mamá Cristina, su tío Alejandro y el abuelo Ari.

dp



Yate Christina


Intervención en el programa "En la Mira", de FM Secla 104.7, el 29/8/2017





viernes, 11 de enero de 2008

¿EL MARISCAL TITO VIVIO EN LA ARGENTINA?


Las historias y leyendas en torno al Mariscal Josi Broz "Tito", gobernante de Yugoeslavia, son innumerables y en ocasiones increíbles. Una de ellas cuenta que vivió en Argentina, más concretamente en nuestra vecina Berisso, en la pensión de "El Turco" (sobre la calle Nueva York), trabajó en el frigorífico Swift y comía habitualmente en el ya desaparecido restorán El Águila". Esta es por lo menos la versión de su compatriota Tonka Baric, narrada a Sebastián Cosen, periodista del diario platense "Hoy". Otro hijo de inmigrantes, Jaime Sternovich afirmo: "Yo sé que el mismísimo Mariscal Tito vivió en Berisso escondido de los yugoeslavos que lo perseguían por ser comunista".

Tito nació en Kumrovec (Croacia) un 7 de Mayo de 1892 y murió en Ljubljana, Eslovenia, el 4 de Mayo de 1980. Sin embargo, antes de convertirse en el unificador y presidente de la república socialista de Yugoeslavia, existen momentos de su biografía cargados de intriga. Los venecianos sostienen que en verdad nació en Trieste, siendo entonces italiano. Por otra parte si bien se crió en una aldea muy pobre, nada acostumbrada a una educación de alto vuelo, Tito hablaba varios idiomas y tocaba perfectamente el piano. Dos destrezas no habituales para alguien que debió ganarse la vida como herrero-cerrajero. Algunos se preguntan si realmente fue el hijo de Broz o, por el contrario, de una Broz que trabajó de mucama en lo de un judío de fortuna. En las biografías más conocidas de Tito no existen referencias concretas a su paso por Argentina, en el mejor de los casos sólo interrogantes.

Intrigas, y más intrigas como se puede observar, se entrecruzan en la apasionante historia de este hombre que unió un país fragmentado por conflictos históricos, peleó dos guerras mundiales, reclutó soldados para la guerra civil española, desafío el poder de la Unión Soviética para avanzar en la construcción del socialismo, participó activamente en el desarrollo del movimiento de los no alineados, y dirigió el destino de Yugoeslavia desde fines de la Segunda Guerra hasta su muerte en 1980.

¿Qué sabemos de su vida en Argentina?

Guadalupe Rivero, en una publicación digital que titula “Josip Broz Tito: un enigma argentino” sostiene: “Carmen Verlichak, inmersa en el mundo croata no sólo por su origen y su ascendencia sino por ser una estudiosa de su comunidad, relata con la pasión de quien sabe de lo que está hablando los detalles de esos personajes del viejo continente que adoptaron a la Argentina como segunda tierra. Verlichak cuenta que muchos de sus compatriotas se asentaron en Berisso (“Capital del Inmigrante”), empleándose en los dos frigoríficos de la ciudad. Otros tantos, fueron al norte a trabajar en la construcción del ferrocarril a Socompa. De esos datos se desprende la posibilidad de que Tito haya estado alguna vez en la Argentina, posiblemente infiltrándose entre los trabajadores para introducir las ideas marxistas que había adoptado durante su estadía en Moscú”.
Pero en ningún momento de su artículo Rivero da crédito definitivo a esa posibilidad, por lo tanto concluye, en consonancia con Verlichak: “A este país que la autora (Verlichak) define como “una fábrica de mitos” le falta bastante para saber si la estadía de Tito fue cierta o no. Y una vez revelado el secreto: Suficiente?”

¿El Mariscal Tito era Pincha?

Sin embargo, como decíamos al iniciar este artículo, el diario “Hoy” de La Plata, a partir de una investigación realizada con ciudadanos de Berisso, tiene otra versión de la historia en la que la presencia del Mariscal Tito en nuestra tierra resulta muy probable, tanto que hasta se indica cuál era el equipo de fútbol de sus amores.
En su edición del 25 de mayo de 1999, podemos leer: “Cuentan que en la sala del frigorífico Swuift, trabajaba un hombre enigmático. Desde las 8 de la mañana, y durante 12 horas intensas, el mecánico peleaba en el más absoluto de los silencios, con las viejas máquinas averiadas. Si bien se hacía llamar Walter, todos presentían que el hombre, de unos 38 años, escondía tras sus lentes una misteriosa realidad.
“Josip Broz –el verdadero nombre del mariscal autoproclamado Tito- llegó al puerto de Buenos Aires el 20 de octubre de 1930. El enorme barco de carga de bandera italiana Principesca María lo trajo desde Génova”.

Tanto en una nota el profesor Hugo Satas, publicada en el mismo diario “Hoy”, como en el trabajo que comentamos de Guadalupe Rivero, y en los significativos aportes de Carmen Verlichak sobre la vida de los croatas en la Argentina, los primeros años de la década del treinta constituyen un período oscuro en la vida de Tito. Satas no dice una palabra sobre el tema, mientras Rivero sostiene: “Existen registrados dos Josip Broz que ingresaron a la Argentina. La paradoja es que en las aldeas europeas todos tienen el mismo apellido, por lo cual cualquiera podría llamarse igual que Tito. Además, teniendo en cuenta la inmensa cantidad de identidades del Mariscal (ocho por lo menos, según la Lic. Verlichak) sería muy extraño que hubiera entrado al país con su nombre real. Y la documentación que debería estar en la Dirección Nacional de Migraciones no se encuentra”.




A pesar de la nula referencia al tema por parte del profesor Satas y de las dudas de Rivero, el artículo del diario “Hoy” da mucho crédito a la historia oral transmitida por aquellos que dicen haber conocido directa o indirectamente (a través de familiares o amigos) a ese enigmático trabajador croata que se hacía llamar Walter. Y entre los datos transmitidos de boba en boca surge uno inédito y maravilloso para todos los que por estas tierras gozamos y sufrimos el fútbol a través de los colores rojo y blanco del León: “Además de cargar con el idioma, fotos y recuerdos, Josip Broz desembarcó en la Argentina con el club de sus amores, el Crvena Zvezda de Belgrado. Lo cierto es que los colores de la institución Yugoeslava eran iguales a los del Pincha. Los escudos y la camiseta de ambas instituciones eran rojo y blanco, a rayas, por lo que el mariscal no dudó un instante en adherir sus emociones al Club Estudiantes de La Plata”.

Le cuenta a “Hoy” Tonka Barik, la compatriota de Tito radicada en Berisso, “que en una oportunidad el plantel Pincharrata viajó a la capital yugoeslava en donde fue recibido por el presidente Tito. Cuando el primer mandatario saludaba al equipo, se paró frente al centroforward, de apellido Laferrara y le dijo en perfecto castellano la formación entera del equipo que en la década del 40 deslumbraba a sus simpatizantes: Ogando, Rodríguez y Palma, Bloto, Ongaro y Sande, Gagliardo, Negri, Laferrara, Cirico y Pelegrino, repasó Tito”.

La revista “Animals”, publicación partidaria de Estudiantes de junio de 2007, retoma los contenidos del artículo de “Hoy” y titula: “El Mariscal de Estudiantes”. Un dato interesante aportado, por si alguno intenta desafiar la historia contada por su pueblo es que: “… actualmente en lo que era el emblemático bar Sportsman, el artista berissense Cristian del Vito pintó un mural en el que se ve al dueño del bar junto a Cipriano Reyes, iconográfica figura del movimiento peronista de Berisso, y al mismísimo Mariscal”.

Fuentes: http://www.taringa.net/posts/info/967365/El-mariscal-tito
http://www.harrymagazine.com/200602/tito.htm

Otra historia

Existe otra leyenda urbana que hace como su morada, o por lo menos como frecuentador, al barrio de Dock Sud, Avellaneda, donde también recide una importante colectividad eslava.


dp


Intervención en el programa "En la Mira", de FM SECLA 104.7, el 13/6/2017


Wikipedia enlazó este artículo. Ver en: http://es.wikipedia.org/wiki/Josip_Broz

martes, 8 de enero de 2008

LOS ARGENTINOS QUE PELEARON CONTRA FRANCO


Cientos de brigadistas argentinos fueron a pelear contra Franco. Estuvieron en todos los frentes, pero para ellos la historia fue mezquina y los condenó al olvido.

Por Graciela Mochkofsky, artículo publicado en Revista Viva, del Diario Clarín. Auto del libro ¨Tío Boris, en la Guerra Civil Española (Ed. Sudamerican)

En los días agónicos de la Guerra Civil Española, ciento noventa y siete argentinos esperaban el final en dos parajes de Cataluña. Al Norte, los Pirineos los separaban del exilio. Al Sur, sus compañeros españoles libraban la última gran batalla contra las tropas de Francisco Franco en los márgenes del río Ebro. Los argentinos habían sido obligados a abandonarla por razones políticas, junto con brigadistas llegados de todo el mundo a combatir.

Eran, en su mayoría, jóvenes que se habían ofrecido para luchar una guerra que consideraban propia y de la que ahora, en el momento decisivo, habían sido apartados, en un vano intento de contentar a las grandes potencias. Estas, sin embargo, asistirían impávidas a la primera victoria armada del fascismo en Europa. Intentaban así evitar una guerra mundial que les estallaría en la cara poco después.

En esas largas horas vacías, las burocracias partidarias les pidieron a los brigadistas que llenaran formularios con su puño y letra. Anotaron sus datos personales, sus historiales políticos y de combate, sus opiniones y esperanzas para el futuro del mundo.

¿Qué escribe un idealista en el momento en que todo aquello en que ha creído, aquello por lo que ha matado y ha estado dispuesto a morir, parece a punto de colapsar?. No mucho, después dejarían a pie la España que ya era del general que se había alzado el 18 de julio de 1936, para hacinarse en campos de concentración en Francia. Y, meses más tarde, regresarían a la Argentina –donde les esperaban años de persecución y existencias clandestinas–, o se perderían en el mundo, como sus nombres, sus ilusiones, sus hazañas.

Tras la caída de la República, en abril de 1939, esos formularios fueron el equipaje de algunos comunistas españoles, que como todos los combatientes soviéticos que habían sobrevivido, marcharon hacia la capital del imperio que regía José Stalin en Moscú. Las memorias del grupo más numeroso de los brigadistas latinoamericanos quedaron encerradas en los herméticos depósitos del Instituto de Marxismo- Leninismo. Allí durmieron, en el secreto y el olvido, hasta después de que la Unión Soviética dejara de existir y el Instituto se transformara en el Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica.

La presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, Ana Pérez, me reveló su existencia, décadas después, en una España que había decidido olvidar la guerra tras la muerte de Franco. Yo buscaba el rastro de alguien que había sido olvidado con tanto empeño que, aunque era por sangre y derecho mi pariente directo, sólo supe de su existencia hace un par de años: mi tío abuelo Benigno Mochkowsky, a quien su padre había echado para siempre de su casa por comunista cuando sólo tenía quince años.

Tras diversas aventuras y prisiones en varias provincias y países, había llegado a España. Allí fue uno de los oficiales del legendario Quinto Regimiento. Bajo el nombre comandante Ortiz dirigió a 4.000 hombres en batalla. Con ese nombre lo mencionan en sus memorias el general Enrique Líster y La Pasionaria, y así lo conocerían hasta su muerte la mayoría de sus compañeros.

El, como los otros, no figuraba en los registros de nadie y se borraba de las memorias de cuantos lo habían conocido. Pero me empeñé en que no concluiría mi libro sin recuperar a todos. Gracias a una red de amigos de diversas partes del mundo, un difícil acuerdo monetario con la guardiana del archivo moscovita y la decisiva participación del embajador de España en Buenos Aires, Carmelo Angulo, logré rescatar una copia de ese registro único de los combatientes argentinos y traerlo, por primera vez, al país.

COMBATIR A LOS VEINTE

El menor tenía 17 años; el mayor, una excepción, 55; la mayoría estaba en sus veinte. Eran en gran parte comunistas, porque la Internacional Comunista había organizado las Brigadas Internacionales, pero también había anarquistas, como Ramón Belanguer García, que peleó en la columna del legendario Buenaventura Durruti; socialistas, como Carlos Francisco Acevedo Rodríguez, un músico de 23 años; o simpatizantes republicanos sin partido, como Antonio Moreno Vives, que reclutaba voluntarios para el Ejército Popular de la República desde su puesto de secretario de Finanzas del Centro de Repatriación de Españoles Republicanos.

Había un aristócrata, Carlos Kern Alemán (así firmó su ficha), primo hermano de los economistas Juan y Roberto Alemann, y oveja negra de su familia desde que, mientras estudiaba arquitectura en Berlín, se convirtió en líder de los estudiantes rojos alemanes que se enfrentaron a Hitler. Y varios miembros de la clase media, como Juan Gastón Gilly, hijo de un comerciante, ex cadete de la Escuela Naval, estudiante de Derecho, que había ido preso en Córdoba por el asesinato de "dos fascistas". Pero muchos eran simples trabajadores, como Francisco Comendador López.

La mayoría no tenía experiencia militar. Pocos eran como Salvador Loy Klepach, alias "Ernesto", encargado de "trabajo anti-militarista", es decir, de oposición o infiltración en las Fuerzas Armadas (tarea que el PC intentó, con más o menos éxito, durante años). Entre 1923 y 1930, Loy Klepach había sido detenido por "disparo de armas, lesiones y homicidio", media docena de veces, una de ellas en el congreso partidario en que, fruto de una pelea interna, fue asesinado el dirigente juvenil comunista Ernesto Müller, en 1925.

Muchos de los combatientes comunistas habían sido enviados por el PC argentino, que financiaba y organizaba sus viajes en barco hasta Europa, proveyéndolos con pasaportes, a veces bajo nombres falsos, y contactos. A través del PC francés, los ayudaba a entrar en España por tierra, vía París. Lo mismo hacían otros partidos comunistas, en consonancia con la campaña mundial de reclutamiento lanzada por la Internacional Comunista, o Comintern, en septiembre de 1936, a casi dos meses del golpe que dio comienzo a la guerra civil.

Una vez en España, los combatientes recibían instrucción militar en una base en Albacete, que regía con mano de hierro el comunista francés André Marty. Los argentinos eran destinados a brigadas de españoles, de latinoamericanos o de otras nacionalidades, porque no reunían la cantidad suficiente para tener su propio batallón, como sí ocurrió con ingleses, norteamericanos, franceses, belgas, polacos, y otros que llegaron de a miles. De los latinoamericanos, la participación argentina, con la mexicana, fue de las más numerosa.

El partido envió además funcionarios políticos –que se mantuvieron lejos del frente– asignados al Socorro Rojo Internacional, un organismo de asistencia y solidaridad de la Comintern, al entrenamiento y control ideológico de los combatientes –como Salomón Elguer, que fue comisario político de las Brigadas Internacionales–, o al PCE, bajo el ala del ítalo-argentino Victorio Codovilla, uno de los fundadores del Partido Comunista Argentino, su jefe máximo durante décadas, y organizador del partido español en los años previos a la guerra y hasta 1937.

Algunos estaban en España desde antes de la guerra. Las fichas no aclaran por qué, pero la hipótesis más probable es que se trataba de hijos argentinos de inmigrantes españoles que regresaron a su país de origen a comienzos de los treinta por razones políticas (con la deportación de activistas de izquierda que siguió al golpe de Uriburu) o personales. Entre estos, muchos esperaban regresar a América, como Ricardo Rodríguez Fernández, que había ido preso durante el intento revolucionario de Asturias de 1934 y soñaba con volver a Buenos Aires.

Brigadistas argentinos pelearon en la terrible batalla de Brunete, en la que los republicanos, blancos fáciles en una llanura pelada sembrada de cadáveres pudriéndose al sol, padecieron una sed desesperante y se quedaron sin municiones, mientras algunos de sus jefes militares exageraban sus logros, en la más pura tradición estalinista. Allí, Agustín Denegri, carnicero en Bahía Blanca, chofer y fusilero en España, fue herido (en Brunete, la República perdió su superioridad aérea, con la llegada de los cazas alemanes prestados a Franco por Hitler). Veinte mil combatientes republicanos murieron o fueron heridos sólo en esa batalla. Una dura derrota, por las pérdidas en hombres y armamento, y por las ejecuciones disciplinarias ordenadas por jefes militares comunistas.

Otros pelearon en Belchite, Aragón, Mallorca, Madrid. Pero el combate que se repite y repite en los formularios manuscritos, el más espectacular y dramático, porque estuvo a punto de dar vuelta, a favor de la República, una derrota que muchos políticos y jefes militares republicanos daban por sentada cuando la URSS y Europa la habían dejado librada a su suerte: la batalla del Ebro. Los combatientes cruzaron el inmenso río en un ataque sorpresa la noche del 24 de julio de 1938 y, hasta que en septiembre fueron obligados a retirarse, participaron de una hazaña de voluntad y resistencia que costó decenas de miles de vidas: Alfredo Borello, de Lanús, herido; Emilio Giménez, herido; Pedro Marrube, herido; Loy Klepach, cabo de ametralladoras y ayudante del comisario de la 60 Brigada Mixta; Kern Alemán, elogiado en una orden del día de su unidad "por su brillante actuación en la ofensiva del Ebro y por su valiente actitud y disciplina en todo momento".

UNA RETIRADA OBLIGADA

El 21 de septiembre, en plena batalla, los combatientes del Ebro recibieron la noticia de que el presidente republicano, Juan Negrín, que apostaba al estallido de la Segunda Guerra Mundial como única alternativa para no ser derrotado por Franco, había ofrendado la retirada de los brigadistas internacionales ante la Sociedad de las Naciones. El 23 de septiembre, más de seis mil brigadistas, argentinos incluidos, tomaron sus cosas y cruzaron el Ebro en reversa, hacia la repatriación.

Desfilaron en Barcelona, en un acto histórico en el que La Pasionaria dio un discurso que no se olvida: "¡Camaradas de las Brigadas Internacionales! Razones políticas, razones de Estado, la sustentación de la misma causa por la que ofrecisteis vuestra sangre con tan incomparable solidaridad, obligan ahora a volver a algunos de vosotros a vuestra patria, y a otros a un exilio forzoso. Podéis marchar orgullosos. Vosotros sois la Historia. Vosotros sois leyenda".

Mi tío abuelo mandó a quemar la edición completa del periódico de la Brigada Mixta 24 del Ejército Popular Republicano, que comandaba, cuando descubrió un artículo que lo exaltaba. Los heroísmos, creía, eran siempre colectivos. Cuando un periodista intentó entrevistarlo en plena batalla, lo despidió: "¡Hombre, váyase usted al diablo!". El, como los otros, jamás aspiró a la gloria individual ni a dejar de sí más que la causa por la que había entregado todo. El, como los otros, fue olvidado por la Historia, es decir: por sus partidos, sus familias, por España y el mundo. Es decir: por todos nosotros. ¿Ha llegado el momento de recordarlos?

dp

INTERVENCIÓN EN EL PROGRAMA "EN LA MIRA", DE FM SECLA 104.7, EMITIDO EL 29/6/2017