domingo, 15 de noviembre de 2015

Cicerones Buenos Aires Greeters


PUBLICO ESTA NOTA APARECIDA EN EL DIARIO "LA NACION", CON EL ORGULLO DE SER 

PARTE DE ESTA ORGANIZACIÓN





Por Laura Reina, de La Nación. Sábado 14/11/2015


Cuando Joaquín Brenman estaba de vacaciones en Nueva York había pedido un greeter, un local para que hiciera de una suerte de guía turístico que, sin serlo, le mostrara aquellos secretos y tesoros ocultos de la gran ciudad. No quería un profesional, sino alguien que viviera y le contara cómo era la vida allá. No tuvo suerte. Los greeters neoyorquinos estaban colapsados con pedidos de todo el mundo y junto con su mujer se resignó e hizo algunas excursiones tradicionales y otras tantas por su cuenta.
Hoy, veinte años después, Joaquín experimenta en carne propia lo que es sentirse colapsado. Presidente y coordinador de Cicerones Buenos Aires Greeters (www.cicerones.org.ar), una ONG que replica aquí la propuesta de ser anfitrión de uno o varios turistas durante una salida de tres horas por Buenos Aires de manera totalmente gratuita, afirma que no tiene suficientes voluntarios para cubrir la creciente demanda de viajeros que llegan de todas partes. "Esta es la época en que empieza el pico ascendente de pedidos. Nos llegan unos 60 por mes, para unos 50 voluntarios, pero activos reales son unos 35. Y necesitamos más para hacer frente a la demanda en esta parte del año", dice Joaquín, que ha convertido esta actividad en su gran proyecto de vida pos profesional. "Es mi retiro planificado. Esa vez en Nueva York me rebotaron, pero se me ocurrió que esto era lo que quería hacer luego de que dejara de trabajar como ingeniero medioambiental", cuenta con entusiasmo.
El gran secreto del éxito de estas salidas por la ciudad es que aportan datos de la vida cotidiana y una mirada local. Y que se hacen sobre la base de los intereses específicos del visitante. "Muchos vienen con inquietudes más culturales, como el tango o la literatura, y otros más sociales de cómo se vive y se piensa acá. Pero la mayoría quiere recorrer los barrios con alguien que vive en la ciudad, salir de la ruta turística tradicional -dice Joaquín-. Ofrecemos otra visión, nuestro aporte pasa por llevarlos a los lugares que no visitarían nunca con un guía turístico."
¿Ejemplos? En casi 4000 salidas desde que comenzó a funcionar la ONG, en 2002, el anecdotario es bastante extenso. "Me ha pasado de llevar a unas suecas de muy alto nivel a una carnicería para mostrarles los cortes argentinos. Son situaciones que se dan en el momento, que no están planificadas porque surgen de casualidad en una charla. Las suecas quedaron impresionadas", recuerda Joaquín y cuenta que incluso ha llevado a turistas a festejar su cumpleaños y a pasar el 31 de diciembre en su casa. "Eso sucede cuando la empatía es tal que trasciende la mera salida turística -explica-. También me he quedado en la casa de alguno de los turistas que vinieron a Buenos Aires cuando estuve de viaje por su país. Cuando hay verdadera empatía los vínculos perduran. Para mí también es una manera de generar lazos."

Pros y contras

Pero no todas las experiencias resultan tan buenas. Hay veces en que simplemente no se genera buena onda con el visitante o la salida toma un rumbo diferente al deseado. "En casi 14 años, me ha pasado muy pocas veces. En una recuerdo que una persona entraba y salía de varios locales para comprar. Después del cuarto negocio que visitó le dije muy gentilmente que no era la salida que tenía en mente y me fui."
También hay límites sobre los lugares por visitar: la negativa pasa por visitar zoológicos y villas o las zonas muy precarias de la ciudad. "Por supuesto hablamos de la pobreza y de la situación social del país, pero no la mostramos. En cambio, sí hemos ido y vamos a fábricas recuperadas y contamos las devastadoras consecuencias de la crisis de 2001. Pero el tour por las villas, no."
Los turistas que vienen en busca de un greeter que les muestre el lado B de la ciudad, en general tienen más de 40 años y ya han hecho varios viajes por el mundo. Por eso mismo quieren algo menos tradicional. Y los voluntarios locales, por lo general, también han hecho varios viajes y buscan mostrarles el costado menos conocido de Buenos Aires y algunos se esfuerzan por develar algo totalmente desconocido, incluso para un local. La mayoría de los voluntarios tiene más de 40 años (aunque el rango va desde los 20 hasta los 70) y dispone de algunas horas libres durante la semana o el fin de semana para sacarlos a pasear y, de paso, practicar el idioma extranjero (generalmente inglés) que se va perdiendo por falta de ocasiones e interlocutores con quienes hablarlo. Norteamericanos, canadienses, franceses y alemanes están a la cabeza de los que más piden un greeter para pasear por la ciudad. Desde que comenzó el programa, ya pasearon a unos 12.000 turistas.
Pero aunque es bienvenido, manejar un idioma diferente al castellano no es requisito para ser un cicerón, ya que esos voluntarios pueden pasear a españoles y latinoamericanos, que también llegan en gran cantidad.
Mauricio Schejman tiene 66 años y es uno de los voluntarios que se sumó a Cicerones Buenos Aires Greeters en 2008, luego de leer una nota en el diario. "En ese momento tuve que esperar bastante porque había muchos voluntarios -recuerda-. Hoy creo que la gente no dispone de tanto tiempo y el poco que tiene no está tan dispuesta a donarlo. Pero la realidad es que el compromiso es una salida por mes, no más."

Visita a la Recoleta de Voluntarios de Cicerones

Pero a diferencia de otros voluntariados que implican donar el tiempo personal, Joaquín asegura que este sin dudas es el "más placentero" porque consiste en salir a pasear por la ciudad que uno ama. "Es una actividad de puro disfrute. Es cierto que hoy el tiempo es escaso, por eso la gente valora mucho el que vos le estás dando. Incluso muchos llegan con regalos típicos de su país como muestra de agradecimiento por tu tiempo", asegura el presidente de la organización sin fines de lucro que es integrante de una cadena de greeters a nivel mundial que está presente en 107 países.
Con más de 100 salidas en su haber en más de siete años como cicerón, Mauricio comprobó que lo que más desean los extranjeros es simplemente hablar, "tener un amigo en Buenos Aires".
"Muchas veces la salida consiste en ir a tomar algo a un bar y contestar preguntas sobre la educación, la salud y la política. Y cada uno da su opinión, no hay una opinión que se baja desde el grupo. No tener un discurso armado es algo que valoran mucho."
Desde que se convirtió en voluntario, Mauricio asegura que ha ampliado su universo cultural y ha revalorizado su propia mirada de la ciudad. "Las extranjeros resaltan mucho la arboleda de Buenos Aires, no pueden creer que una ciudad tan grande tenga tantos árboles. Es algo que yo también empecé a apreciar".


También se conoce varios rincones del cementerio de la Recoleta y "estudia" para algunas salidas más específicas. "Me ha pasado con la arquitectura art déco. Una pareja quería ir a ver edificios de ese estilo y leí y me preparé mucho. Otra vez llevé a un chef a los mercados de comida, en San Telmo. Y me tocó pasear a un grupo de mujeres canadienses tejedoras que querían ir a conseguir hilados. También hay interesados en ver cómo vive la comunidad judía acá. Hay de todo", cuenta Mauricio que prefiere salir entre semana y durante el día. Lo que no le interesa ni hace es ir a una cancha. "Me gusta el fútbol, pero no ir a un estadio."
Entre los voluntarios también hay jóvenes dispuestos a mostrar la noche porteña, la movida gay y muchas más de las cosas que ofrece la cuidad cuando baja el sol, incluso algunas vistas a boliches y cabarets.
A modo de resumen, Joaquín, el gran responsable de la ONG, sostiene: "Proveemos cordialidad, una visión distinta y tratamos de modificar el handicap negativo que tiene el porteño hacia el afuera. Pero sobre todo ofrecemos ser ese amigo que uno puede llamar para salir a pasear unas horas por la Buenos Aires".


dp


Reunión mensual de Voluntarios de Cicerones

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