domingo, 1 de julio de 2012

AVELLANEDA ES AVELLANEDA

Ante el loco intento de querer cambiarnos nuestra identidad


Existe la demencial idea de cambiar el nombre de la estación ferroviaria de la ciudad cabecera del municipio de Avellaneda y suplantarla en homenaje de dos personas que fueron asesinadas en medio de una marcha de protesta.
La identidad, entre otros cosas, se la da a la sociedades el sentido de pertenencia, la cultura, el nombre del lugar.
Avellaneda es conocida por todo el país y hasta por el mundo, dado su importancia geopolítica y su trascendencia en distintos ámbitos, sobre todo el deportivo.
Un grupo de militantes políticos, desde hace varios años, desea auto homenajearse, dándole el nombre de dos víctimas de protestas sociales, que más allá del triste y condenable episodio de su muerte, no puede adjudicarse derecho alguno para cambiar el contexto socio histórico en el que vive una comunidad desde hace más de 100 años.
Los políticos que apoyan esta iniciativa, solo se manejan por sus apetencias de popularidad y deseos de poder, cayendo en demagogia y abuso de poder al pretender impulsar algo que va en contra de los intereses, deseos y derechos de los habitantes del Municipio de Avellaneda.
Ningún vecino fue consultado, ningún acuerdo fue dado por ninguna institución local, pero un puñado insignificante de dirigentes políticos quiere cambiar la identidad de un municipio de más de 350.000 habitantes.
Por estas causas y otras que seguro poseen otros ciudadanos, es que nos debemos de oponer vehemente, con energía y denunciando la locura demagógica de un sector minúsculo, para que no nos quiten la dignidad de querer llamarnos como querramos.

Y queremos llamarnos con el nombre de un Presidente de la República, que entre otras cosas, supo tener el valor político de gobernar la Argentina y hacer lo necesario para que toda la Patagonia nos pertenezca y no cayera en manos extranjeras.
Las minorías tienen derecho a expresarse, pero cuando intentan imponer por la fuerza de manifestaciones, cortes de avenidas, puentes, alteración de la paz social, impedimento de los derechos constitucionales de libre circulación y trabajo, exhibición de palos (armas) para garantizar su seguridad, etc, se convierten en factores de poder desestabilizadores, totalitarios y hasta terroristas.
Avellaneda es Avellaneda y no otra cosa, otro nombre, otro espíritu. No nos pueden imponer conductas, partidismos, sectarismos o la voluntad de cualquiera que pretenda avasallar los derechos ciudadanos.

dp