domingo, 25 de julio de 2010

¿DONDE ESTAN LOS NUEVOS PROFETAS?


Quedamos muy fascinados al estudiar la historia antigua y descubrir infinidad de nombres a los que calificamos de profetas o personas capaces de darnos un discurso perdurable, ideas rectoras y hasta vaticinios. Todo en nombre de una intermediación entre lo supremo y lo humano, entre Dios y el hombre.
De la infinidad de nombres, más allá de la individualización de los mismos, nos asombra la cantidad y calidad de los mismos.
Ahora, ¿Porqué en estos tiempos contemporáneos no podemos a animarnos a calificar a ningún mortal como a un verdadero profeta?
¿Porqué cuando vemos aparecer a alguien con opiniones distintas lo descalificamos y lo ponemos en las huestes del anticristo?
¿Es que el mundo actual no puede generar profetas?. Y si es así, ¿porqué?
Los pensadores actuales son solo definidos como filósofos, historiadores, periodistas formadores de opinión, calificativos de mayor o menos envergadura, pero jamás elevados a escalas que al menos denoten una mayor importancia o trascendencia.
¿Y si hay profetas en la actualidad, pero no los reconocemos como tales?.
Los minimizamos, los descalificamos o los ocultamos debajo de un mar general de mediocridad.
¿Un escritor de ciencia ficción o fantástico no podría develarnos enseñanzas y conductas dignas de meditar, practicar o ser tomadas como predicciones?
Así como nombre a un escritor, bien podría nombrar a cualquier otra categoría de intelectual que difunda sus opiniones.
¿Los profetas antiguos máximos no contribuyeron a cambiar de manera drástica el mundo en el cual influenciaron?. Sin dudas que si.
¿Los profetas actuales o aquellos personajes que no ponemos en esta categoría, pero que si influencian y cambian el mundo palpablemente, quienes son?
¿Hay mensajeros o intermediarios entre el hombre y Dios en estos momentos?
¿O la gran diferencia de los tiempos actuales es que el Hombre (calificado por su especie, no por su género) ha asumido roles distintos, no ya como intermediario, sino directamente como Dios?
Calificarse como Dios no es subirse al pedestal de la idolatría más loca, sino asumirse como entidad sagrada, esencia de lo mejor, pero colocada en la minúscula escala de un cuerpo mortal y una mente dinámica.
Somos mucho más de lo que creemos. Tenemos mucho más poder del que sabemos manejar.
Evolucionamos pensando y así la humanidad avanza hacia algo mejor, más justo.
No nos creemos dioses en el sentido soberbio del término, sino en el sentido de la pureza del pensamiento y las acciones.
Los antiguos profetas nos ayudaron a llegar hasta aquí y hay que darles gracias por ello.
Ahora nosotros mismos asumimos roles distintos, quitando a los intermediarios del medio, porque somos mejores, porque nos elevamos.
Llegará el momento en que el Hombre toque la santidad del bien en su forma más perfecta posible.
¿Falta mucho o poco para llegar hasta ahí? No lo se.
Si lo supiera estaría profetizando, sería profeta. Pero me considero solo un ser humano que busca llegar a lo mejor, a la elevación, a ser un pequeño "diosito", pero con toda la grandeza de lo bueno, lo justo y lo bello.

dp

1 comentario:

Anónimo dijo...

Daniel, gracias por la información, alguna no conocía... como la segunda estafa del siglo... y me agrada que estés interesado en hacer periodismo de investigación... contá conmigo... si alguna nota mía o alguna información te interesa o buscás datos en la historia local, escribime... somos vecinos de Sarandí... así que estamos más cerca de lo imaginado... suerte. ajg
Avellaneda