sábado, 15 de diciembre de 2007

DE AVELLANEDA AL ESPACIO



En la Argentina, localidad de Sarandí, Partido de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, un lejano 2 de agosto de 1963, un pequeño núcleo de jóvenes técnicos y estudiantes fundan el Instituto Civil de Tecnología Espacial. Tienen como primera sede un galpón de apenas 40 m2 construidos en los fondos de una vieja casa.
La naciente organización creada por doce adolescentes se convertiría en los años siguientes en el grupo más avanzado y desarrollado de América Latina, con 32 miembros activos y 120 alumnos en dos cursos. En casi una década de actividades diseñarían y experimentarían diversos tipos de vehículos autopropulsados, propergoles sólidos, sistemas de lanzamiento, seguimiento y recuperación.
El ICTE fijó como uno de sus objetivos despertar una conciencia aeroespacial en la comunidad y sólidas vocaciones en la juventud. Su lema siguiendo el pensamiento de los pioneros de la astronáutica era "La tierra es la cuna de la humanidad, pero no es posible pasar la vida en la cuna". El Intituto tenía cuatro Departamentos: Ciencias, Tecnología, Desarrollo Industrial y Educación.
Estos departamentos se integraban por diversas Divisiones como la de Investigaciones Químicas, Propulsión de Cohetes, Experimentaciones Electrónicas y Construcciones Técnicas. "Programa Felino" fue el nombre de un plan de realizaciones en el terreno de la propulsión a cohete. En los primeros cinco años de ininterrumpida labor el ICTE realizó 137 lanzamientos.
El 1 de febrero de 1970 como producto de una segunda etapa de trabajo sus jóvenes técnicos ensayaron el vuelo 150, un vehículo de 3,10 m de longitud y un peso de 110 kg , que transportó diversos instrumentos y un pequeño mono hembra de 1300 gr , con un peso total de 10 kg de carga útil.

Han pasado 40 años del inicio de una gran aventura juvenil. Del sueño de ciencia y tecnología de argentinos para los argentinos y la humanidad. Fue la manifestación de un ideal patriótico: No fue posible continuarlo, vendrían luego en el país "los tiempos de las destrucciones". Hoy algunos ya no están en la existencia, otros son hombres maduros que quieren legar a las nuevas generaciones el entusiasmo por las disciplinas aeroespaciales.
Por eso el ICTE renace. Algunos de esos adolescentes pioneros del ayer hoy se han vuelto a encontrar en su madurez y han decidido contribuir nuevamente al futuro. A partir de ahora el Instituto convoca a todos los interesados a sumarse a este nuevo proyecto. Anticipamos que está en diseño un vehículo portador de una etapa, de propulsante sólido, con materiales de construcción de producción nacional y destinado a servir como elemento de aprendizaje y capacitación para los nuevos grupos experimentales juveniles y en especial para escuelas técnicas y grupos universitarios. El proyecto ya tiene nombre: "Vector educativo 2003". El mismo se integra con estabilización aerodinámica, motor impulsor, sistema de tiempo, separación de la cápsula de carga útil y recuperación por paracaídas. El instrumental básico incluye una baliza lumínica y una radial para facilitar la recuperación, un acelerómetro y un altímetro. Se estima lograr un costo mínimo y la máxima seguridad operativa. La carga útil y experimentos a realizar estarán a cargo del grupo que lo utilice.

Fuentes: www.icte.com.ar
icte@icte.com.ar

Nota:
A partir de 1976, una vez instalado el último gobierno dictatorial militar, este comenzó a desarrollar presiones sobre el ICTE a fin de la suspensión de los trabajos que venía haciendo, temerosos que los mismos caigan en manos de grupos sediciosos o potencias extranjeras enemigas.
Una vez más, la arbitrariadad de los poderosos pudo más que la investigación y el trabajo genuino de los argentinos.
Recién bien entrado el Siglo XXI el ICTE pudo retomar sus actividades.

dp

3 comentarios:

fresquinha dijo...

Conhecem A Mulher do Próximo ? Logo vi que não.... Vão a www.afresquinha.blogspot.com

EDU dijo...

Cheers, fellow cicerone!
ci vediamo!
EDU

Anónimo dijo...

Siempre aprendemos algo nuevo, con tus aportes.... Gracias....!
Mario A. Mattana