miércoles, 19 de abril de 2006

ALGUNAS CAUSAS DE LA DECADENCIA ARGENTINA


Motiva esta nota el enunciado de una teoría que vengo esbozando desde hace tiempo, la lectura de determinados hechos históricos, su interrelación y el llenado de espacios vacíos que hay entre los enunciados de los mismos y lo que en verdad puede interpretarse.
En los espacios de mi mente, confieso aun en parte profana, la aparición de determinados acontecimientos históricos muchas veces surgen casi sin explicaciones o fundamentaciones coherentes.
Esto es provocado parte por mi ignorancia y parte porque tenemos explicaciones históricas incorporadas por terceros, que asumimos casi como dogmas o verdades reveladas y por lo tanto incuestionables.
Muchas veces me pregunté el porque de la decadencia económica-social argentina, dada en forma tan precipitada y hasta violenta.
Sabemos que nuestro país era la décima potencia mundial en 1910, con ingresos per cápita superiores, incluso, a países como Canadá, Australia o Nueva Zelandia, hoy todos estos países convertidos en potencias mundiales.
El quiebre institucional producido en 1930 no solo provocó el fin de décadas de estabilidad política dentro de un marco jurídico constitucional, sino que también marca el advenimiento de fenómenos sociales nuevos y, por sobre todas las cosas, la caída en un estado de violación jurídica permanente y, por lo tanto, la aparición de la corrupción moral como cosa cotidiana y normal.
Ahora bien, la pregunta que uno se formula es la siguiente: ¿esta decadencia acentuada a partir de la década del 30 es natural u obedece a la aparición de nuevos fenómenos o protagonistas e incluso al abandono de otros que ocuparon espacios vitales, dejaron de estar ahí o, por lo menos, perdieron protagonismo?.
Aun me encuentro en face de elaborar esta teoría con la fundamentación total, pero ya me encuentro en condiciones de enunciar un marco de referencia por donde voy a comenzar a investigar profundamente para tener la respuesta a la cuestión que formulo.
Llegamos a 1930 en plena crisis económica provocada por la caída de Wall Street; la segunda presidencia de un ya envejecido Hipólito Irigoyen; con una crisis de conducción y moral de un partido gobernante que llevaba ya catorce años en el poder; con la aparición de un proceso interno dentro de las Fuerzas Armadas y amplios sectores sociales, como parte de la clase alta que simpatizaba con el fascismo italiano y que evolucionaría hacia el filo nazismo en forma rápida; con la institucionalización del fraude electoral sistemático y la digitación de presidentes y otros candidatos electivos a espaldas del pueblo; y con el quiebre de un orden institucional, que si bien no era perfecto, fue el artífice del desarrollo argentino. Estos fenómenos sin dudas marcaron y aún marcan el desarrollo de nuestro país.
Pero a esto también debemos de agregar que nuestra orden cayó en un proceso de deterioro y falta de protagonismo atípico para lo que se venía viviendo hasta ese entonces, provocado por luchas internas y la pérdida de rumbos que repercutieron en la vida política de los argentinos.
Como todo espacio que se abandona es ocupado inmediatamente por nuevos protagonistas o ideas, esto, sin dudas, provocó que aparecieran nuevas fuerzas que mostraron lados totalitarios, como las Fuerzas Armadas apoyadas por parte del viejo régimen conservador, que provocaron la inestabilidad política y la desaceleración del desarrollo económico del país.
Además, este nuevo orden ideo su continuidad o sucesión institucional, no dejando de lado los golpes de timón violentos como mecanismo, ejemplificado esto en la revolución de 1943, de claro corte fascista y con apetencias de continuismo al idear su propio partido de tendencias hegemónicas, como lo fue posteriormente el peronismo.




Afiche propagandístico de la Revolución de 1943

Entonces nos vimos ante el nuevo fenómeno, el abandono de los protagonistas conocidos del escenario socio-político y la aparición de nuevos. La legalidad dejó paso al quiebre constitucional, la corrupción a la ética en el ejercicio de la función pública, la democracia al contubernio, la justicia a la impunidad consagrada, el inicio de la justa repartición de la riqueza a la acumulación de la misma en manos de privilegiados corporativistas.
Involucionamos, pasamos de la democracia al retorno de lo peor del régimen conservador, esta vez sustentado por ideas totalitarias y la fuerza de las armas.
Incluso organizaciones como La Masonería fueron parte de este proceso, le caben responsabilidades aunque, a su vez, fueron víctimas de un reacomodamiento social, político y legal que no supieron interpretar y/o responder en forma adecuada.
Hasta el día de hoy las consecuencias de la crisis desatada en la década del 30, acentuada a partir del 43, tienen repercusión y por ello desatamos un proceso de decadencia que lleva 75 años de evolución.
Llego el momento de detenerlo, repensar nuestro rol, como ciudadanos y como organización, ponernos en marcha para recuperar espacios y ser nuevamente fundamental protagonista para revertir esta decadencia.
Tenemos nuestros principios, nos avala nuestra ética y nos caracteriza nuestra voluntad inquebrantable de mejorar la esencia misma del ser humano, poniendo nuevamente a los ciudadanos a trabajar en pos del bien común y el crecimiento intelectual y material. El enunciado de estas ideas solo está animado por el espíritu de mejorar, de abrir un debate de ideas que contribuya a esclarecer, pero por sobre todas las cosas a enmendar errores. Sin revanchas, pero dejando las cosas en claro.

dp

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